Desarrollo político y económico en China (2003)

Lipset define “democracia”, en el contexto de una sociedad compleja como “un sistema político que de forma regular y constitucional, proporciona oportunidades para cambiar a los gobernantes”.

En principio, China no cumple este requisito ya que la Constitución de la Republica Popular sigue asignando un papel rector al Partido Comunista y como es sabido el nivel de pluralismo tolerado es mínimo, independientemente de que existan elecciones locales desde los ochenta (década que, por otra parte, concluyó con la matanza de Tian An Men). Este tipo de elecciones forman parte de la tradición leninista del “soviet” a través de instituciones de democracia indirecta en las que se aplica el llamado “centralismo democrático”.1 Parece que hay que entender las bienintencionadas declaraciones del funcionario de Naciones Unidas, Fukuda-Parr, en el contexto diplomático de su cargo.

De todas formas hay una serie de cambios socio-económicos que se están produciendo en China y que, según Lipset, sí que aumentarían la probabilidad de que se diera una democracia.2

La riqueza del país, en términos de crecimiento del PIB y PIB per cápita está aumentando considerablemente. La industrialización y las nuevas tecnologías ocupan a un porcentaje cada vez mayor de la población. Unido a ello, el gigante asiático, que aún es un país eminentemente rural, está sufriendo una transformación demográfica y su población muestra cada vez un perfil más urbano y, por otra parte, la instrucción pública ha alcanzado éxitos notables.3

Esta serie de factores son las variables intermedias a través de las que el efecto causal del desarrollo económico operaría, de forma indirecta, sobre la democracia política. Ya que, a medida que la economía se desarrolla se va haciendo más compleja y su administración a través de las instituciones de la dictadura se hace más difícil (Maravall 1994: 5).

Como consecuencia de todos estos cambios socioeconómicos, podría producirse un cambio en los valores que estimulara la democracia. Este salto de las condiciones materiales a los valores morales, es preciso en tanto en cuanto la legitimidad de un régimen es una magnitud de orden afectivo y valorativo (Lipset 2001: 130).

Para Dahl “cuanto más éxito tienen [las dictaduras] en transformar la economía (y con ella, de forma inevitable, la sociedad) tanto más amenazadas estarán por el fracaso político.4 Por lo que es previsible que China pudiera seguir la senda de España, Chile o Corea del Sur.

Una razón complementaria por la que la economía afecta a las dictaduras es que suelen basar su legitimidad en el rendimiento más que en la ideología, por lo cual resultan más vulnerables a las crisis económicas (Maravall 1994:6). Esto sugiere la idea de la destrucción del régimen autoritario en dos tiempos. Al principio garantiza la estabilidad política y se vale de ciertas ventajas para mejorar la situación económica5 (esto haría evolucionar a la sociedad de modo que aumentan los factores objetivos que favorecen la democracia). En la segunda fase, se produce una crisis en la cual la sociedad ve amenazadas las mejoras que el país ha conseguido (y a la vez el régimen pierde aquella legitimidad instrumental), con lo cual se entra de lleno en la fase de transición.

Ciertamente en los regímenes comunistas se da una mezcla de legitimación ideológica y de legitimación en el rendimiento (principalmente orientada hacia la educación, la salud), en la que la base ideológica parece más importante que en otros regímenes de tipo autoritario De todos modos, quizá este sea un escenario posible para China, y el camino hacia la democracia lo tenga que pavimentar una crisis que interrumpa el espectacular ciclo de crecimiento económico en el que se haya inmersa.

Existen ya estudios respecto del rendimiento de democracias y dictaduras en situaciones de crisis, la mayoría de los cuales muestra que “en un periodo de crisis económica profunda los resultados de las dictaduras no fueron mejores” (Maravall 1994:24).

Curiosamente las democracias han ofrecido un rendimiento económico menor en países culturales cohesionados, mientras que los resultados de las dictaduras fueron comparativamente mejores en países polarizados entre etnias, razas y religiones.6 El 92% de la población china pertenece a la etnia Han, pero el 8% restante supone una cantidad considerable de personas en un país con más de 1.200 millones de habitantes.

Fukuda-Parr puede estar cometiendo un error de “alargamiento de concepto” cuando, por último, dice que “diferentes países tienen diferente concepto de democracia” y que “China puede tener su propio modelo de democracia”, ya que si se analizan detenidamente las características del modelo chino, aún dista mucho de los requisitos considerados aceptables por los teóricos y las sociedades democráticas.

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1 Este tipo de “pseudodemocracia” también se da, por ejemplo, en Cuba.

2 Para Lipset el desarrollo económico tan sólo facilitaría la democracia, y siempre habría excepciones. No se trataría de una causa suficiente y la relación no excluiría la posibilidad de involuciones de los regímenes políticos a pesar del desarrollo económico (Maravall 1994: 4)

3 Esta característica, la instrucción, es para Lipset “el factor más importante entre los que dan respuestas democráticas y los demás”(Lipset 2001:123). Por motivos ideológicos, los regímenes autoritarios de tipo comunista siempre han favorecido la cultura popular, el alcance de la cultura por las masas. Quizá sea un factor que haya contribuido a su caída y por ello, hoy en día, sólo nos encontramos con un puñado de casos de estos regímenes.

4 Dahl, “La Poliarquía” p.78.

5 Maravall cita: ausencia de ciclos electorales, menor rependencia del apoyo popular, menor vulnerabilidad frente a las presiones de los grupos de interés y menor rotación de los responsables políticos (Maravall 1994:21). En consecuencia “En la medida que un Estado domina una sociedad civil cuyos derechos y libertades están restringidos, los gobiernos tendrán una capacidad mayor de llevar a cabo sus decisiones. El único requisito para que su política económica sea eficiente es que tales decisiones sean las correctas” (ibidem).

6 Nelson, J “The Politics of Adjustment in the Third World” 1990.

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