Jorge me escribió hace poco tiempo y estuvimos a punto de coincidir en Madrid. Una de las cosas que me dijo es que estaba a punto de volver a Uzbekistán. La otra vez nos contó interesantes historias de su viaje por el país y mandó varias fotografías, entre las que escogí la de la pila de dinero uzbeco.
Le pregunté por esta del mar de Aral, ya que su desecación era un asunto que siempre me había interesado e incluso había visto documentales y coleccionado mapas. Me dijo que la había tomado desde una plataforma a la que los turistas se suben para imaginar lo que fue aquel mar y ver los residuos de chatarra en que han quedado los barcos que otrora lo surcaban.
Lo que más me conmovió de su respuesta fue lo que me contó de esa pobre gente que se queda por allí, porque cree que el mar va a volver. La mera idea es una lágrima.

[...] Ayer Marco Polo pidió consejo sobre cómo cruzar uno de los pequeños obstáculos que están puestos en medio de su particular Ruta de la Seda: un charco que se llama “el mar Caspio”. En el mapa que nos envió también aparece el mar de Aral, pero como todos saben este otro charco ya no existe. [...]
[...] vez que oí hablar de él y se da la circunstancia de que dos amigos míos y tocayos entre sí (1, 2), han podido presenciar la orilla del otrora mar y los cascos abandonados de sus barcos in situ. [...]