Mañana voy a ir a un apartamento para echarle un vistazo, con la intención de comprarlo. En Irlanda, un apartamento o sea un apartment es el equivalente a un piso en España. Algunos habrán aprendido la palabra flat como propia del inglés británico y que apartment es la versión estadounidense. Esto debió de ser así hasta hace algunos años, pero por su connotación han dejado claramente de ser sinónimas.
En Dublín (y por lo que veo en las noticias de Sky News, en el Reino Unido es bastante parecido) flats son los council flats. Unos bloques de viviendas que el ayuntamiento construyó en los años cincuenta y sesenta para las clases desfavorecidas. Quienes los ocupan pagan un alquiler bastante bajo, pero tienen los problemas inherentes a la construcción de posguerra. Será por eso que quienes quieren vender pisos elegantes han sacado a pasear la palabra yanqui de relumbrón.
Es menester decir aquí que, a diferencia de España donde una parte muy importante de la población vive en régimen de copropiedad horizontal, las familias de clase media irlandesas tienen todas su casa con jardincito. Hasta la aparición de los apartments en la década de 1990, habitar un edificio de viviendas era, simplificando, “de pobres”. Lo digo por si algún español viene por las islas Británicas y al comentar a sus interlocutores que vive con su familia en un flat no entiende su mirada o incluso el elogio de que hable un inglés tan notable proviniendo de un entorno tan difícil.
Y hoy me he dado cuenta de que para lo del piso de mañana no tengo que hacer nada especial. Hasta la fecha las únicas viviendas que había tenido interés en ver eran para alquilar. Pero claro, en las visitas a casas para alquilar uno intenta dar sensación de solvencia, sobre todo si las muestran a varios candidatos a inquilinos a la vez, que esa es una fea y eficiente costumbre en esta ciudad. En cambio, aquí al propietario le da bastante igual lo solvente que uno sea mientras lo sea su banco durante las pocas semanas en que tarda en hacerse el papeleo. No es que tenga ninguna estrategia específica con el de la inmobiliaria, pero supongo que fingir un cierto interés pero muy condicionado al precio final debe de ser la correcta.
Si seré ingenuo que nunca me había percatado de este juego de señales contrarias.
