Tener preferencias es tener debilidades

26/12/2011

Es una frase sacada de una entrevista de Chessbase a Magnus Carlsen. Quizá me hubiera pasado desapercibida, de no ser por un tuit de Tyler Cowen:

Me parece una idea muy interesante y me sorprende no haber reflexionado nunca al respecto, porque la acepción de debilidad y de weakness como preferencia es relativamente usual: el chocolate es mi debilidad.

Lo que Carlsen quiere decir es que en ajedrez hay que jugar de acuerdo con lo que exige la posición. Esto implica tener una vocación de todoterreno. No se debe evitar la complejidad por pereza, ni buscar las complicaciones en posiciones que requieren un enfoque tranquilo.

Yo siempre había pensado lo contrario y creo que las dos ideas pueden ser ciertas. Sin duda, hoy por hoy, para ser el mejor del mundo seguir el camino que apunta Carlsen parece inevitable. En cambio, si uno está en la gran masa de jugadores es sensato buscar el terreno conocido y no el objetivamente mejor, porque no todos somos funambulistas que puedan caminar alegremente por la cuerda floja. S uno se conforma con ser bueno y no necesariamente el mejor, nosce te ipsum.

Quizá lo que me ha deslumbrado de la frase es su aplicación más allá del ajedrez, a muchas circunstancias del mundo real. He visto gente sufrir, sea porque no pueden hacer nada por las mañanas antes de tomar café o porque se tienen que quedarse sin comer porque nada de lo que se ofrece les agrada o que son incapaces de dormir en el duro suelo, o de trabajar después de haber dormido sólo un par de horas.

Creo que como gran parte de la generación anterior fuí víctima y beneficiario de una educación que entonces parecía normal y corriente pero que hoy tenderíamos a considerar espartana. En realidad era de lujo y fantasía comparada con la de la generación que nos precedió. Hoy me parece que es uno de los mejores activos de los que podemos disponer para afrontar la vida.


¿Cómo acabará esta historia?

19/12/2011

The Mammoth Book of Chess

No sé quien acabará escribiendo la historia, pero me parece que quien la haya escrito primero y en inglés ha de tener ventaja sobre el resto. Esto a viene a cuento de que en The Mammoth Book of Chess, de Graham Burgess, escrito y publicado en 2009 el autor da por buena la lista según la cual Kaspárov es campeón del mundo de ajedrez hasta el año 2000 cuando pierde frente a Krámnik, y luego Krámnik es campeón hasta 2007 cuando pierde con Anand y así Anand es campeón hasta nuestros días (p. 350) y luego en la página siguiente viene la lista de los campeones FIDE desde 1993 a 2006

1993–9 Anatoly Karpov
1999–00 Alexander Khalifman
2000–2 Viswanathan Anand
2002–4 Ruslan Ponomariov
2004–5 Rustam Kasimdzhanov
2005–6 Veselin Topalov

La verdad es que fueron años en los que cuando me preguntaban quién era el campeón del mundo de ajedrez, a veces no sabía ni qué decir… y eso es porque para mí era más bien uno de estos. Claro, en esa lista hay tres nombres (Jálifman, Ponomáriov y Kasimyánov) cuyo legado no está a la altura del de Kárpov, Anand, Topálov por un lado ni de Krámnik y Kaspárov por el otro.

A mí no me gustaba el rollo de Kaspárov, porque era una dictadura e iba todo por dinero, pero me supongo que ese rollo le gusta a los ingleses, porque así podían meter a Short en el ajo y a los estadounidenses, porque este tipo de estructuras del deporte profesional basadas en la pasta es lo que les gusta allí. La desgracia o la fortuna es que el dinero se acabó y también ha sido una suerte (o no) que Anand derrotara a Krámnik en el encuentro de revancha para que ambos cetros convergieran en uno.

¿Cómo se verá este periodo 1993-2007 dentro de veinte o cincuenta años? No tengo ni idea, probablemente a casi nadie le interese. La versión de los cismáticos como legítimos poseedores tiene ventaja por su simpleza y porque me imagino que el resto de los anglos seguirán la línea de Short y Burgess. Habrá que ver que se escribe en otros sitios.


El río Vóljov, provincia de Leningrado

15/11/2011

El río Vóljov

Siempre que uno ha tenido ocasión de leer algo sobre la División Azul, el río Vóljov (Волхов) aparece nombrado con la grafía alemana Wolchow, por razones diría que obvias.

Hoy estaba mirando un mapa del río y me llama la atención el hecho de que se encuentra en el óblast de Leningrado, región en la que está la ciudad de San Petersburgo. (Por cierto San Petersburgo, ¡vaya castellanización más rara! ¿qué santo es ese? ¿no tendría que ser “Sampetersburgo” como en portugués?) El caso es que la ciudad de Leningrado retomó su antiguo nombre en 1991, pero la subdivisión rusa no lo hizo del mismo modo.

Recuerdo una de tantas discusiones ajedrecísticas absurdas a principios de los años noventa, en las que nos preguntábamos si el Sistema Leningrado de la Defensa Holandesa también cambiaría su nombre. No lo hizo y ahora hay una razón más para justificarlo.


Ajedrez en Tiflis

03/10/2011

Ajedrez

El día en que me quedé solo en Tiflis volví al tablero gigante del parque Rike. Era más temprano que la vez anterior y no había casi público. Uno de los tipos que jugaban, también había estado jugando la otra tarde. Era el que consiguió quedarse perdido con blancas en una especie de Säemisch en la que lo tenía todo para ganar. Sólo le faltaba un jugada defensiva, que no hizo, y lanzar los peones de “g” y de “h”. Esta vez acababa de ganar un final de caballos, que yo expliqué cómo se entablaba y me invitó a jugar.

Las siguientes fueron a4 y ...a5

La partida fue bastante mala, pero la voy a poner aquí para regodeo de mis compañeros de club y para que conste que uno de nuestro pueblo jugó en el país de las campeonas. Creo que el nivel de juego de mi rival sería de cerca de 1850 o algo así (ustedes dirán), aunque no creo que los que juegan en ese tablero gigante sean jugadores federados, ya que no me preguntaron por mi Elo ni nada. Jugar en un tablero gigante no es nada agradable y tengo la impresión de que, paradójicamente, se ve menos. Tras acabar, hubo otro que quiso jugar contra mí, pero me escabullí con la excusa de que tenía que llegar pronto a Marjanishvili, ya que no quería cebarme en mi fortuna.

[Site "Tbilisi"]

[Date "2011.08.27"]

[White "alfanje"]

[Black "uno de Tiflis"]

[Result "1-0"]

[ECO "D06"]

[PlyCount "55"]

[EventDate "2011.08.29"]

1. d4 d5 2. c4 g6?! esa mezcla de sensaciones: el alivio porque el rival no puede ser muy bueno y el peso de la obligación moral de ganar 3. cxd5 Dxd5 4. Cc3 Dd8 5. e4 Ag7 6. Ae3 Cf6 7. f3 O-O  8. Ac4 Cbd7 9. Cge2 c6 más o menos, tengo todo lo que se puede querer con blancas en la jugada diez. Tanto en la jugada anterior como ahora puedo jugar e5-e6, que ni consideré,  supongo que porque no parece muy coherente con f3

Tras …9 c6

10. a4 esta jugada responde a uno de los valores de mi estilo: la avaricia; otras posibilidades más decentes son enrocarse o 10.Ab3 e5 11. Qd2 esta será floja, supongo que es mejor enrocarse exd4 12. Cxd4 Ce5 13. Ae2 c5 14. Cdb5 Dxd2+ 15. Rxd2 Rd8+ se ha llegado a la  posición sin damas en la que no estoy demasiado feliz. Creo que dejarse cambiar las damas y perder el enroque es malo, aunque aquí el enroque no valga nada. Es posible que 15… Td8+ a pesar de natural también sea mala. 16. Rc2 b6 17. Thd1 en esta ocasión está muy claro que esta es la torre correcta.

Tras 17.Tha1

17… Ab7? me regala un peón 18. Txd8+ Txd8 19. Cxa7 lo único que no me gusta es el caballo esquinado 19…Cc6? pero tengo suerte y me lo cambia 20. Cxc6 Axc6 21. a5 para abrir el juego a los alfiles 21…Ta8  y si no, tengo un superpeón pasado 22. a6 Ce8 23. Ab5 tras 23… Axb5 24 Cxb5 habrá completa dominación

Tras 23.Ab5

23… Axc3 24. Axc6 Tc8 25. a7 esta no se la esperaba 25…Aa5 26. a8=D Txa8 27.Axa8 Cd6 28. Bxc5 1-0

Posición final

La verdad es que no estoy nada contento con no haber siquiera considerado e5 con la idea de e6 tras 8…Cbd7 y no me gustan nada mi 10.a4 y mi 11.Dd2, después todas mis jugadas son más o menos correctas aunque el rival me regala todo. No he visto la partida de modo intensivo con un ordenador porque no vale mucho la pena, para mí tiene el valor de ser la primera partida en un tablero gigante y la primera partida al otro lado del telón de acero.


Frustración e impotencia

02/10/2011

Frustración e impotencia

Los pocos de mis lectores que no juegan al ajedrez sabrán disculparme, pero hace algún tiempo encontré esta posición compuesta por un tal James Kipping y creo que nada que conozco expresa mejor la impotencia que la posición después de que el bando blanco hace su primera jugada a partir de la posición del diagrama. Observen que todas las piezas negras se encuentran sobre el tablero y que a las blancas les resta apenas un mísero peón.


Apellidos armenios

08/08/2011

Bandera de Armenia

Llevo varias semanas leyendo sobre Transcaucasia, sobre Georgia y Armenia en particular. Quizá una de las sensaciones que siempre me han gustado de leer es percibir el efecto multiplicador que ejerce lo que uno aprende con lo que ya sabía. Hoy escribiré un poco sobre los apellidos armenios[1]. Esto me lleva de modo inevitable a los nombres de los ajedrecistas que ya conocíamos desde los tiempos de la URSS, como el campeón del mundo Petrosián, Smbat Lputián, Rafael Vaganián, el último campeón soviético Minasián e incluso Kaspárov con el que haremos un inciso.

Lo más obvio es que existe un sufijo -յան que puede transliterarse como -ian o -yan en el que acaban casi todos los apellidos. Es un típico genitivo. No es meramente patronímico del modo en que -ez funciona como “hijo de” en español, sino que a veces denota origen geográfico (“Yerevanián”, de Ereván) o profesión (Vartabetián o Vardapetián, sacerdote). Los apellidos son agudos así que lo normal sería que en español aparecieran con tilde en la a de la última sílaba, con la clásica tolerancia de cortesía hacia los nombres forasteros. Suele verse en el caso del tenista argentino Nabaldián, aunque creo que los ajedrecistas españoles hemos pronunciado siempre llanamente los apellidos de los armenios, en especial el de Petrosián. Petrosián significa “hijo de Pedro” y por consiguiente es el equivalente de un popular apellido español: Pérez.

Me ha venido a la mente un párrafo del libro Ajedrez en la cumbre donde aparece la anécdota de que Petrosián fue a la Argentina, donde se encontró con la numerosa comunidad armenia que le preguntó por la situación de su lengua nacional en la República Socialista Armenia. Estaban preocupados ya que había oído que estaba prohibido publicar tratados. Petrosián les tranquilizo diciendo que en la lengua armenia no solamente se publicaban libros, sino también las leyes[2].

La razón por la que unos apellidos acaban en -ian y otros en -yan (o -ián/-yán en nuestro caso), tiene que ver en parte con la división dialectal entre la lengua armenia oriental (la que se habla en la actual República de Armenia) y la lengua armenia occidental (la que se hablaba en los territorios en que la población fue diezmada durante el Genocidio, y que hablan la mayor parte de los armenios de la diáspora). Normalmente, los apellidos en -ian están escritos en armenio occidental y los acabados en -yan en armenio oriental, aunque no siempre es así[3].

La distinción entre ambos dialectos es bastante brusca y se da también un fenómeno similar a aquel por el que las consonantes oclusivas sordas del latín pasan a ser sonoras en castellano (y que se suele recodar con la regla mnemotécnica petaca-bodega, ya que p,t,c -> b,d,g). En armenio es algo más complejo, ya que en el dialecto oriental además de las categorías sorda y sonora hay una tercera intermedia, mientras que en armenio occidental sólo hay sordas y sonoras. El resultado es que algunos apellidos pueden encontrarse en dos o más formas y puede haber combinaciones que impliquen varios cambios: Akopian-Akobyan-Hagopian-Hakobyan (hijo de Jacob)

Kaspárov es hijo de judío y armenia, criado en Bakú, capital de Azerbaiyán y hoy día de nacionalidad rusa. El apellido de su padre, que murió cuando él era pequeño era Weinstein (piedra de vino en alemán y yidis, que en español conocemos como bitartato de potasio). Su madre era armenia. En algunos sitios aparece como azerí (grupo étnico al que nunca ha pertenecido) y en otros como azerbaiyano, lo cual sería válido en el sentido de ciudadano soviético de la R.S.S. de Azerbaiyán, cosa que fue, pero sólo hasta 1990. Sus antepasados armenios se apellidaban Kasparián o Gasparián (hijo de Gaspar), pero la rusificación de los apellidos era un fenómeno común en tiempos soviéticos, por lo que no era nada extraño cambiar el -ian por -ov. Otro ejemplo podría ser el compositor Alexander Spendiaryán, también conocido como Spendiárov.

Los aficionados al ajedrez que sean menos competitivos y más apreciadores de la belleza tendrán en su memoria el nombre de Guenrij (Enrique) Kasparián (o Kasparyán), famoso por sus composiciones y estudios artísticos. Últimamente he descubierto la obra de Yiván Gasparyán, considerado el mejor intérprete de duduk y por cerrar el círculo diremos que es difícil imaginar que ambos comparten apellido con Kaspárov.

Además del noveno campeón del mundo hay otro gran maestro de ajedrez que se llama Tigrán Petrosián (y también un futbolista lleva el mismo nombre), no es extraño si se considera que Petrosian es como Pérez (o Peterson para los anglosajones y nórdicos). También llevan un nombre eufónico que suena como el del fiero tigre y es el del rey Tigranes el Grande, que hizo grande a Armenia en el siglo I anterior a nuestra era.

Por seguir con ajedrecistas, que es lo que conozco, el mejor jugador armenio de hoy en día es Levón Aronián, que ocupa el tercer lugar en el escalafón mundial. No he encontrado referencias, pero entiendo que su apellido significa hijo de Aaron. Algunos apellidos son bastante obvios (Simonyán, Stepanián, Nazarián, Movsesián, Grigorián, Gabrelián, Abrahamián -> Simón, Esteban, Nazario, Moisés, Gregorio, Gabriel, Abraham); otros me resultan más dificiles: por ejemplo, he comprobado que mi intuición acertaba y que el apellido Sargisián en sus múltiples formas (Sargyán, Sargsián, Sargssián, Sarkisyán, Sarkisián, Sarkissián) significa hijo de Sergio. Es un apellido muy común, lo llevan 5 de los 12 primeros ministros de Armenia que ha habido desde la independencia.

Otros que también están basados en nombres de pila no tienen en cambio traducción que yo conozca a las lenguas occidentales. En los casos en los que el genitivo es gentilicio también puede ser muy evidente (Istamboulián -> Estambul) aunque hace falta algo más de conocimiento en geografía armenia para acertar con poblaciones menores.

Tengo a alguien que no juega al ajedrez. Existe una Kim Kardashián, que no sé exactamente a qué se dedica, pero sus antepasados eran escultores. La raíz kar- (piedra) que se encuentra en la palabra jachkar (cruz en piedra), también lo hace en este apellido. Hay muchos que son profesiones. En especial la raíz Ter- o Der-, implica que un antepasado era sacerdote, un ejemplo podría ser Levón Ter-Petrossián, presidente de Armenia entre 1991 y 1998. Por otra parte, los apellidos de algunas familias nobles terminan con el sufijo -runi (e.g. Artsruni).


[1] A falta de otra cosa, basándome en http://en.wikipedia.org/wiki/Armenian_surnames

[2] Ajedrez en la Cumbre, Tigrán V. Petrosian, Ediciones Eseuve, Madrid 1989 p.21

[3] Georgia, Armenia & Azerbaijan travel guide, 3rd edition, Lonely Planet, 2010 p.136


¿Por qué los tontos no nos damos cuenta de lo tontos que somos?

02/08/2011

O menos humildemente ¿por qué los tontos no se dan cuenta de lo tontos que son?. Por simplificar dieremos que ayer hemos escrito un poco contra el ajedrez, aunque en realidad fuera contra el ajedrez sino contra sus demagogos y propagandistas, que adulan a quienes lo practican convirtiéndolo en panacea contra todos los males. El ajedrez tiene algunas cosas buenas, aunque no sean tantas como la gente que vive de ese cuento quiere hacer creer, y hoy por falta de imaginación, se me ha ocurrido traducir este trocito, que he encontrado en uno de mis blogs de lectura diaria. Me ha parecido una traducción difícil y entiendo que es mejorable:

El éxito para sortear las circunstancias de la vida cotidiana parece requerir cierto entendimiento de la propia habilidad intelectual y social. Sin embargo, la gente tiende hacia un estado de feliz ignorancia respecto de su incompetencia. Esta falta de consciencia surge debido a que los que no están a la altura sufren una doble condena: su falta de habilidad les priva no sólo de la posibilidad de dar respuestas correctas, sino de la capacidad necesaria para darse cuenta de que no las están dando. La gente basa sus percepciones sobre el propio rendimiento en función de sus propias nociones preconcebidas respecto a su capacidad. Como a menudo estas nociones no correlacionan con el rendimiento objetivo, pueden llevarles a hacer juicios sobre su rendimiento que tienen poco que ver con lo que realmente logran.

Why People Fail to Recognize Their Own Incompetence” from Current Directions in Psychological Science

Sí que creo que el ajedrez podría tener entre sus virtudes la de aminorar el efecto Dunning-Kruger, ya que por fortuna retroalimenta con información útil de modo inmediato, y la única forma de progresar es entender qué se está haciendo mal.

A lo mejor tampoco sirve de nada enseñar a jugar al ajedrez a personas en las que el efecto DK se muestra en su máximo esplendor. Quizá simplemente no entienden cómo funciona el juego, y se cansan de “tener mala suerte” y lo dejan. Me imagino que al menos habrá un grupo de gente con tendencia a ser así que podrá educarse en el hábito de analizar retrospectivamente y sacar conclusiones provechosas para el futuro.

Que la autoevaluación que uno hace de sí mismo sea precisa debe de tener algún valor. Del mismo modo que sube mejor una montaña quien tiene  pocas fuerzas pero conoce bien sus límites y la energia de que dispone, que aquel otro que tiene más fuerzas pero no las sabe medir y se extralimita. En la vida cotidiana la gente disputa por méritos que son a veces difíciles de medir, por cosas como ¿quién aporta más en el trabajo? cualquier forma de medición puede ser hasta cierto punto discutible. En ajedrez lo hace bien el que gana y mal el que pierde y punto. El feedback de la derrota es inmediato y aprender a saber por qué uno pierde es lo más importante que da el juego.


El brillante ajedrez de Máximo Borrell

01/08/2011

Ajedrez brillante, Máximo Borrell (1975)

Ayer cité un libro, Ajedrez brillante, de Máximo Borrell. Me parece apropiado rendirle un homenaje más extenso porque es uno de los libros de ajedrez que más me influyeron. Recuerdo dónde lo compre, una librería de segunda mano de la calle Morronguilleta e incluso su precio: 50 pesetas. No recuerdo si fue en 1987 ó en 1988, pero sí que lo compré junto con otros volúmenes de la Editorial Bruguera que tenían el mismo precio y sin embargo mucho menos valor. Este libró salió en 1975 y, que yo sepa, nunca se hizo una segunda edición. Sé que la Editorial Bruguera quebró en los años ochenta, ya que como toda una generación fui un ávido lector de los tebeos que publicaban y nada de Máximo Borrell, a quien atribuyo mucho más talento como recolector de anécdotas y datos misceláneos que como estudioso de las aperturas.

Ajedrez brillante no sirve para aprender ajedrez. Si alguien quiere jugar y ganar, le puedo recomendar un centenar de libros que serían más útiles para ese empeño. En cambio, en mi caso tuvo una virtud que fue la de mostrarme un universo de interconexiones más allá del juego en sí. Hace tiempo quise escribir la frase “el ajedrez es tan sólo un algoritmo más” y fui reprendido con precisión científica. Creo que podría decirse que sería tan sólo un juego más, si no fuera por la historia y la literatura y las anécdotas y circunstancias del tipo de las que aparecen en el libro de Borrell. Los demagogos del ajedrez defienden que es beneficioso para la salud y la inteligencia y yo pienso más bien lo contrario. En cambio es una pieza de valor inestimable en nuestra civiliación, con todas sus historias en la Historia y su poderosa posibilidad de metáfora.

Así pues, aunque nunca gané una partida gracias a este libro sí que puedo decir que me impulsó a jugar tantas y tantas. Alentaba mi vanidad de querer ser como Napoleón, como Cervantes y como el Che. Fue en él donde leí por vez primera el nombre de Harún al-Raschid, el califa de las mil y una noches. También el de mi primera aproximación a las coplas de Jorge Manrique. Gracias a él el problema de las ocho damas dejó de parecerme un sortilegio. Tiene claros y oscuros: el capítulo dedicado al humor en el ajedrez es totalmente olvidable, pero hay toda una colección de curiosidades sobre diferentes aspectos del tablero, que en parte contribuían a desvelar el misterio del juego y  lo hacían más misterioso a la vez.

El misterio fue un factor fundamental en mi vocación. Hace veinticinco años el ajedrez era un enigma. Un jeroglifico esperando su piedra de Rosetta. Las disputas filosóficas sobre el mecanismo de deducción e inducción para alcanzar su verdad eran aún aceptables. Luego con los ordenadores llegó el ajedrez cuántico y todo cambió. Hoy en día no es posible buscar la verdad, casí puede decirse que no hay verdad o que si la hay está más allá de nosotros, lo que es la misma cosa. La verdad del ajedrez está a la vez mucho más cerca y mucho más lejos, lo cual ha hecho que el juego haya perdido para mí gran parte de su interés. Gligoric escribió que lo interesante del ajedrez era que está sólo un poco por encima de la capacidad humana y me temo que con el nivel de precisión al que se ha llegado hoy día eso ya no sea así.


Caballo por los rincones

31/07/2011

Número de casillas a las que puede acceder el caballo desde cada casilla

Hoy me he dado cuenta de que ya hace veinte años de mi primera actividad lucrativa (llamarlo trabajo sería excesivo), dando clases de ajedrez a niños de ocho a diez años. No puedo negarlo: fui un profesor malísimo. Creo que no conseguí que ninguno de mis alumnos aprendiera nada de valor y ni siquiera algo que hubiera sido más importante: inspirarles afición por el juego rey. En fin, a lo mejor así les salvé la vida y ahora tienen empleos y novias.

Aparte de la dificultad inherente a transmitir lo que uno sabe sobre un campo en el que es más o menos experto a alguien que no tiene ni idea sobre el particular y la incapacidad de empatizar con seres diminutos con intereses muy diferentes a los propios, uno de los problemas de la época era la dificultad de acceso a materiales interesantes. He criticado varias veces la literatura ajedrecística por su baja calidad en muchos sentidos. La calidad de las traducciones era pobre, leyendas urbanas que pasaban por hechos se copiaban repetidamente en uno y otro material y consejos erróneos se tomaban por las tablas de la ley, invocando el principio de autoridad. Estoy elaborando una lista negra con mis favoritos.

Una de las carencias era no abordar el juego desde un enfoque multidisciplinar, o por lo menos más científico. Por no hablar de la historia y el arte, el ajedrez tiene mucho que ver con las matemáticas y otras ciencias. Hay frases curiosas que me encantan como aquella de Albert Ducrocq que escribió: “los aminoácidos, son a la vez ácidos y bases…, es como la dama en el juego del ajedrez, con respecto a las torres y a los alfiles”[1].

Hoy día en cambio, la profusión de materiales ha aumentado exponencialmente (del mismo modo que mi interés por el juego ha decrecido). En cambio no he sabido encontrar por ningún lado el diagrama que he construído hoy. Hacía mucho tiempo que quería colocar números en un tablero para mostrar el potencial del caballo de ajedrez. Yo hablaba a mis alumnos una y otra vez de la importancia de centralizar los caballos, y creo que el tablero relleno de números muestra mejor que el dicho inglés de a knight on the rim is dim,  que nosotros conocíamos como caballo por los rincones, jugador de los cojones.


[1] Albert Ducrocq, Logique de la vie, Julliard, 1956, citado en Máximo Borrell, Ajedrez brillante, Editorial Bruguera, 1975


Mundos extintos

30/06/2011

William Shinkman, White Rooks, 1910

Vuelvo a ver este vídeo que RTVE subió a su archivo de internet hace unos meses. Es un fragmento de Informe Semanal de 1984, sobre el encuentro final por el campeonato mundial entre Kárpov y Kaspárov.

Es interesante ver a un entrenador que luego se radicó en España, Boris Zlótnik, muchos años más joven y contando las típicas batallitas sobre el ajedrez y la educación. Mijaíl Tal comentando las partidas para el telediario soviético o Smyslov hablando de generalidades.

Resulta curioso ver las calles moscovitas sin apenas tráfico, y los jugadores llegando en un Lada. La sala de prensa con sus máquinas de escribir y los teletipos. El palacio de pioneros. Curiosamente el programa se grabó en el momento en que Kárpov iba ganando a Kaspárov por 5-0 y parecía que su victoria estaba cantada. No han corrido ríos de tinta con lo acaecido a partir de entonces. Me ha producido nostalgia volver a ver aquellos relojes soviéticos de la marca Yantar. Muchos de estos mundos ya no existen.


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