Lo del Titanic

10/04/2012

Comercial desde el origen

En 1997 yo iba a clase de inglés con una chica del valle de Oyarzun. Salió la película de James Cameron y la moza fue una de las que acudió a verla en varias ocasiones. Cuando volvíamos en el autobús me contaba todo lo que había aprendido y de su necesidad de investigar y saber más de la historia, que a mí me parecía ni menos ni más que una historia de naufragios más.

Vi el filme años después y me pareció mucho mejor de lo que había esperado. Se me hizo algo largo, la verdad sea dicha, pero el hundimiento está más que trabajado y espectacular. He oído que algunas películas anteriores sobre el evento son mejores, pero no las he visto. Sí que he visto trozos de una versión nigeriana que parece casi humorística y que directamente se ventila las tomas de lejos de la superproducción jolibudiana.

El caso es que en este año 2012 del centenario tendremos Titanic para dar y tomar. A lo mejor cuando vuelva a Bélfast, que ya hace unos años que no lo piso, me da por ir a ver lo que han montado en la ciudad que vio nacer al barquito de marras.

Una de las cosas en mi opinión un tanto absurdas que se están viendo estos días es lo de los minutos de silencio que se están guardando en varios lugares por esas personas a las que nadie que hoy esté vivo conoció.

Pero lo que llevo diciendo años y quería dejar aquí escrito, es que la fama del Titanic por nuestros pagos perdura por ser un barco en el que viajaba mucha gente de posibles y que pertenecía al grupo etnolingüístico anglosajón.  Lo digo sobre todo por comparación con las dos mayores tragedias marítimas de la Historia: la mayor en tiempos bélicos fue la del Wilhelm Gustloff, barco alemán que transportaba sobre todo a civiles que huían del frente oriental en enero de 1945 y que fue hundido por un submarino soviético, lo que ocasionó unos 9.400 muertos. La mayor tragedia marítima medida en víctimas y acaecida en tiempos de paz  fue la del transbordador filipino llamado precisamente Doña Paz que se hundió en 1987 y que dejó como balance unos 4.200 muertos.

Y será que no era plan poner en lugar de Leonardo di Caprio a un Jackie Chan ni de que los salvavidas llevaran esvásticas, pero los que controlan el mundo controlan nuestros sentimientos y sólo quería poner de manifiesto la dimensión política de efemérides aparentemente neutras e inocentes.


Ocho que ochenta

30/12/2011

Génova 1955

Hoy cumple ochenta años el autor de la reina de mis días. Nació hace ocho décadas en un mundo que ya no existe, que es algo que se puede decir de todos pero que en su caso adquiere una connotación especial.

El otro día contaba un viaje que hizo por Europa en un escarabajo en el año cincuenta y cinco, con un amigo suyo que tiene ahora noventa y dos tacos y que anda tan campante. Nos dio unas fotos viejas para escanear. Hay varias de Westspanien y de Südspanien que quizá publique algún día. También las hay de Suiza, de la costa azul y de Italia. Ésta de Génova que adorna la entrada es la que más me ha gustado.

Contó  que en España unos “soldados de Franco” les preguntaron si habían estado en la guerra. Él era demasiado joven, pero su amigo sí que había tomado parte en la segunda guerra mundial. Le dejaron el fusil para ver sí podía hacer no sé qué movimiento o malabarismo, prueba que superó con éxito. Luego comentó que le había sorprendido mucho porque en la Wehrmacht le dijeron que nunca prestara su arma a nadie, y menos a un extranjero. El clásico choque entre las dos formas de entender esta parte del mundo.

Que sean muchos más, Otón.


Vuelve Hans Hummel

29/12/2011

La bayeta

De la hermosa ciudad portuaria de Hamburgo, he recibido una bayeta que servirá para aclarar la vista borrosa que ofrezcan mis lentes. Sobre la imagen en blanco y negro sólo destaca el castillo que aparece en el escudo de la ciudad. Imágenes del puerto y los barcos sobre las que destaca la del aguador Hans Hummel, de quien hablamos en su día.


Leópolis

21/12/2011

Das Schweigen derer, die nichts sagen, ist furchtbar. Es ist das Schweigen derer, die nicht vergessen, derer, die wissen, dass sie verloren sind.

El tren llegó puntual

El otro día no conté demasiado de la novela de Heinrich Böll, casi que me limité a acotar el espacio y el tiempo de Der Zug war pünktlich. Un tren que sale de Alemania y marcha hacia el frente oriental en 1943 y la ciudad de Lemberg, Lwów, Lvov, L’viv, Leópolis.

En cambio anoté algunas líneas, como la llegada a la estación leopolitana, porque también nuestro tren fue puntual y la estación nuestro punto de entrada; aunque nuestro expreso viniera desde Kiev y en dirección oeste para encontrarse la misma ciudad con otro nombre.

Es una lástima que haya vuelto a dormirse, precisamente cuando llegan a Lemberg. La estación es muy grande, con estructura de hierro negro, y unos letreros blancuzcos y sucios situados en los andenes, y en los que el nombre de Lemberg aparece escrito en negro.

Estación. Lemberg, Leópolis, Lwów, Lvov, L'viv

También un párrafo que me recuerda a mi estancia en lo que tuvo de búsqueda del legado que dejó el constante cambio de fronteras y el viejo amontonamiento y yuxtaposición de culturas.

Parece extraño que me encuentre en Lemberg -se dice-. ¿Qué hago en esta casa de la época austriaca, vieja y medio derruida? En alguna gran sala de la misma se celebraron en otros tiempos grandes fiestas y se bailaron valses. Hará unos… – cuenta en silencio- veintiocho años…; no, veintinueve. Veintinueve años atrás no había ninguna guerra. Hace veintinueve años esto era territorio austriaco… Después pasó a Polonia… más tarde a Rusia…. y ahora pertenece a la Gran Alemania.

Lenguas que ya no se oyen en la ciudad

Está hablando en 1943 y piensa en los cambios acontecidos en desde 1914, en 1918, 1939  y 1941.


El tren llegó puntual

17/12/2011

Das Schweigen derer, die nichts sagen, ist furchtbar. Es ist das Schweigen derer, die nicht vergessen, derer, die wissen, dass sie verloren sind.

El tren llegó puntual

Me han pasado este libro de Heinrich Böll y me lo he leído de un tirón. Der Zug war pünktlich, su primera obra, de 1947. La acción se desarolla a finales de 1943 y son tres días, acaso los últimos, de la vida de un soldado alemán de camino al frente oriental que ya está desmoronándose. Comienza a bordo de un tren que sale de Dortmund junto con otros soldados y destacan los pensamientos de Andreas en el trayecto. Dresde, Breslau y luego Polonia para llegar a la capital de Galizia: Lemberg. Andreas ha calculado que morirá en algún lugar entre Lemberg y Czernowitz, pero finalmente ocurrirá o no entre Lemberg y Stryj.

Lo he leído con avidez porque junta tres intereses míos como lo son la historia cultura y literatura de Alemania (nada menos); la Segunda Guerra Mundial y los nacionalismos de Europa oriental. Además ocurren cosas en dos de ciudades de las que hemos escrito como son Breslavia (entonces Breslau, hoy Wrocław) y Leópolis (Lemberg, Lvov, L’viv).

Cuando lo he leído me ha venido a la cabeza la idea importante de que hay libros que sólo pueden escribir quienes han vivido lo que se narra. Böll fue soldado raso durante la guerra y seguramente conoció cosas que cuenta y que son muy difíciles de inventar: pequeñas como el olor a café de los trenes, el sabor de las raciones; otras que tienen más importancia y no suelen salir en los libros, como las corruptelas en el ejército, el mercado negro o la interacción de soldados y población civil ocupada o sucesos terribles como los de las marismas de Ssiwasch; pero también hay algo discutible en su planteamiento y es que Andreas “sabe” lo que va a pasar, tiene la premonición de que todo está perdido y llega a hablar a Olina de de 1945.

Aquí no es problemático porque es literatura, pero cuánta gente quiere escribir la Historia así. Siempre me ha parecido interesante observar las cosas desde la perspectiva del que falta y no pudo saber. Uno de los inconvenientes de la muerte es no poder satisfacer la curiosidad por qué pasará luego. Andreas lo ha visto todo sin duda a través de los ojos de Böll, pero algunas veces he pensado en sus coetáneos, que murieron en la estepa a cientos de kilómetros de casa defendiendo una superioridad racial absurda y una ensoñación imperial demente. No se les dio la oportunidad de cambiar y si ya es malo morir, cuánto más lo es hacerlo luchando por unas tonterías en las que ya sólo los tarados creen.

Escenarios.

La historia va en dos sentidos, el del soldado hacia el frente y el del frente hacia el soldado. He puesto un mapa para ilustrar el recorrido geográfico que hace Böll. Aunque el primer título de la novela fue Zwischen Lemberg und Czernowitz la historia de Andreas acaba entre Lemberg (F) y Stryj (G). pero las menciones a otros lugares, a un mapa que lleva y al lugar en el que calcula que lo encontrará la muerte son continuas.

En mi edición española no hay mucha coherencia toponímica, pero quizá en el original alemán tampoco la haya. Przemyśl se llama en alemán Premissel, pero me supongo que lo que hacen los traductores es copiar lo que pusiera Böll excepto para Cracovia. En esta lista pongo los topónimos que aparecen en la novela junto con los actuales. El mapa en Google Maps tiene las fronteras posteriores aa 1945, lo cual no es ideal pero sólo llego técnicamente hasta ahí. Yo hago indicaciones teniendo en cuenta las anteriores a 1939, ya que en los años de la guerra las fronteras son flexibles y sin demasiado valor.


View Larger Map
  • A: Dortmund, Alemania
  • B: Dresden, Alemania (en español Dresde)
  • C: Breslau, Alemania (en español Breslavia; pertenece a Polonia como Wrocław desde 1945)
  • D: Cracovia (en polaco Kraków, en alemán Krakau)
  • E: Przemysl, Polonia (en polaco la ese es acentuada: Przemyśl)
  • F: Lemberg, Polonia (en Polonia hasta 1939 como Lwów; en la URSS desde 1945 [ruso Lvov] [ucraniano L'viv] )
  • G: Stryj, Polonia (es el nombre polaco; hoy pertenece a Ucrania [en ucraniano Стрий, Srtiy]) – no confundir con otro Stryj que hay en la Polonia actual.
  • H: Czernowitz, Rumania (es el nombre alemán, en ucraniano es Чернівці Chernivtsi; hasta 1940 perteneció a Rumania como Cernăuţi)
  • I: Stanislau, Polonia (hoy en ucraniano Ivano-Frankivsk, antes fue Stanyslaviv, perteneció a Polonia hasta 1939 como Stanisławów)
  • J: Kolomea, Polonia  (hoy en ucraniano Коломия Kolomya, perteneció a Polonia hasta 1939 como Kołomyja
Más adelante aparecen Nikopol (K) y Anapa (L), que también se mencionan. Las marismas de Ssiwasch están en Crimea.



En tiempos de Hitler

04/12/2011

Demolición del Deutschlandhalle

Un día mencioné de pasada, y si no lo hice lo hago ahora, que soy miembro de una asociación cultural cuya sede se encuentra en la planta baja de un edificio de viviendas y que en un momento dado, hará una veintena de años, se produjo un conflicto con los copropietarios del inmueble, que precisaban de un pequeño trozo de nuestra planta para acometer las obras de instalación de un ascensor. El edificio, de seis alturas, se construyó en 1958 sin este complemento hoy considerado esencial.

El caso es que en las discusiones para la cesión de esos pocos metros cuadrados un vecino dijo varias veces lo de “llevamos con esta situación desde el franquismo”. Bien. Con dos cojones. No le valía con decir más de treinta años o lo que fuera. Parecía que mentar al mal absoluto le cargaba de razón en algo en lo que realmente no la tenía, aunque finalmente se acabara saliendo con la suya. Probablemente hoy en día se le habría añadido algo de gender perspective al argumento emocional, ya que la ausencia de elevador afecta sobre todo al ama de casa que vuelve al hogar cargada con las bolsas de la compra.

Hoy me he encontrado con una pequeña nota en El País que trata de la demolición del Deutschlandhalle, un edificio polideportivo multiusos berlinés construido en la década de 1930. Yo lo digo así porque la razón del derribo es que el edificio es viejo y no está en condiciones. En cambio, el país prefiere “un edificio construido en tiempos de Hitler”. Bien otra vez. O sea, en algún momento entre 1933 y 1945  si tomamos en cuenta el tiempo en que Hitler estuvo en el poder. O quizá entre 1923 si tomamos como referencia el putsch de la cervecería, cuando su figura empieza a tomar relevancia o 1889 si preferimos pensar en su año de nacimiento. Probablemente lo primero de todo.

En los tiempos actuales, cuesta menos de diez segundos saber que el edificio se construyó en nueve meses y fue inaugurado por Hitler el 29 de noviembre de 1935. No creo que le debamos exigir a la prensa seria menos precisión que el año. Es que además el edificio lo tiran porque está viejo, y no porque tuviera nada que ver específicamente con el nazismo.

Cada vez que uno lee la palabra “franquismo” puede estar casi seguro de que se encuentra frente a una vaguedad moralizante y cada vez que uno lee el nombre “Hitler” lo más probable es que se encuentre con una comparación que no viene a cuento o una generalización de estas. Son dos términos que casi quitaría del libro de estilo.


Gdynia

22/07/2011

Gdynia (Polonia)

Ha querido la casualidad que mi compañera haya salido hoy para Gdynia, en Polonia, y que uno de mis blogs favoritos haya publicado hoy una entrada sobre la pronunciación del nombre de la ciudad y, por extensión, del grupo consonántico -gd- . Creo que las cosas que dice valen tanto para el inglés como para la lengua española, con la salvedad de que nosotros diremos /ged-/, más que /ɡəd-/.

Gdynia está muy cerca de otro puerto polaco, el de Gdańsk, con el que comparte esas consonantes difíciles. En parte el puerto de Gdynia creció como respuesta polaca al estatus internacional que en el período de entreguerras tuvo la ciudad libre de Danzig (el nombre alemán por el que se conocía a Gdańsk por entonces, incluso en lengua polaca – Gdańsk es un topónimo fabricado en 1945). La otra cosa por la que creo que más se conoce a Gdańsk es por ser el lugar en el que se encontraban los Astilleros Lenin, donde nació el sindicato Solidarność (Solidaridad) del bigotón Lech Wałęsa.

Gdynia en cambio, no se conoce por casi nada y es curioso que así sea, porque tiene un puesto en Historia universal de la infamia. Tras la invasión de Polonia por parte de la Alemania nazi en 1939, la ciudad cambió su nombre por el de Gotenhafen (que para mí es un poco más pronunciable; significa algo así como “puerto de los godos”). Las tornas cambiaron y seis años después, tanto  el ejercito como millones de alemanes se batían en retirada hacia el oeste.

El 30 de enero de 1945, salió del puerto de Gotenhafen el navío Wilhelm Gustloff, con varios miles de civiles a bordo. Era un barco que en el pasado había servido como hospital pero también participado en operaciones como la repatriación de la Legión Cóndor desde España tras el final de la guerra civil. El barco fue hundido por un torpedero soviético, con un resultado que se considera la mayor catástrofe naval de la historia: más de 9.000 muertos, la mayoría mujeres y niños.

No podemos esperar ninguna película glamurosa como el Titanic de James Cameron, porque sólo fue horror. Es además, una de las memorias incómodas que aborda Maja Zehfuss en su libro Wounds of Memory, en el que entre muchas cosas analiza profundamente la novela que Gunther Grass escribió en 2002 con el hundimiento como trasfondo.

Es curioso que nunca oigamos hablar de la mayor tragedia naval de la Historia y sí de otras de menor entidad. Sin duda, es debido a que el hecho de que sus victimas fueran connacionales y coetáneos del gobierno genocida que causo la mayor tragedia de la Historia nos genera sentimientos conflictivos. El hundimiento del Wilhelm Gustloff nos resulta más terrible porque a bordo iban mujeres y niños y una forma más fácil de digerirlo es pensar que fue por un bien superior y que también iban a bordo miembros de la Gestapo, cosas que no dejan de ser ciertas.

También puede ser injusto que nos parezca automáticamente que la muerte de soldados varones sea menos trágica o tenga menos valor. Es otro de esos mecanismos bioéticos, que tienen su lógica pero que es una que no se compadece con nuestros valores. Al fin y al cabo, de qué sirve hacer listas de tragedias ordenadas por número de muertos y por qué iban a tener más valor las vidas de los 9.000 caídos del Wilhelm Gustloff que las de los 7.000 del Armenia.

Son preguntas muy difíciles que no tienen ninguna respuesta satisfactoria. En cualquier caso, tanto en esto como en ese debate permanentemente abierto sobre la guerra de España, soy partidario del saber y sobre todo del saber amargo, de ese que incomoda y remueve las certidumbres y nos aleja de nuestro bando y tribu, porque aunque no soy tan ingenuo como para creer que nos libera, sí que creo que puede ser el que tenga un efecto más parecido.


Poephila acuticauda

21/07/2011

Pinzón de cola aguda

Los que siguen lo que escribo saben que en días de pereza agarro alguna foto vieja que me quedara de algún viaje y me pongo a investigar alguna de esa spreguntas que me quedaron sin responder, porque nunca hay tiempo para todo lo que se quiere.

En general tengo problemas para memorizar palabras alemanas, aunque es más fácil cuando uno conoce los trozos en que se descomponen. Una que se me quedó pegada es Spitzschwanzamandine, y es un desperdicio de mi disco duro gris porque poca gente sabe lo que es ni en alemán ni en ninguna lengua. Es el nombre de un pájaro que casi nadie conoce, pero aunque el alemán promedio no sepa lo que es Amandine, al menos sabrá que es algo de cola (Schwantz) puntiaguda (spitz).

Total, que dos años después de verlo en el aviario de los jardines de Herrenhäuser, cerca de Hanóver, me ha dado por averiguar algo del pajarito, y eso tiene que ser en idiomas que domine, y de todos los que hay en el mundo esos son uno y medio. El primer sitio al que me ha mandado Google es un glosario húngaro-alemán de nombres de aves (no estaría mal, si en lugar de en 2011 estuvieramos en 1911: eran los idiomas llamados a imperar en Europa). De ahí he sacado el nombre latino, poephila acuticauda y eso es suficiente para encontrar caudales de información.

Es un pajarillo del norte de Australia y en español se lo conoce como pinzón de cola aguda y también como diamante babero. En inglés tiene muchos nombres y tomo todos los que encuentro en la wikipedia (Long-tailed Finch, Blackheart Finch, Shaft-tail Finch, Heck’s Grassfinch, Heck’s Grass Finch, Heck’s Finch). Tiene un canto que sin ser especialmente agradable suena a jungla tropical.

Ahora más o menos la relación entre pinzón y finch quedará grabada en mi mente, pero me apetece describir el siguiente fenómeno diglósico: Hasta el día de hoy sabía que ambos eran nombres de pájaros, sin conocer la correspondencia de la palabra con el elemento en el mundo real ni la equivalencia de las palabras de ambas lenguas entre sí.

A partir de hoy, si la memoria no me falla,  ambos términos pasan a estar ligados en mi mente, y junto a ellos una pequeña relación con el mundo real (un pájaro pequeño, parecido a un gorrión pero más bonito, el resto de las especies de pinzones deben de ser parecidas).

Lo que me ocurre con frecuencia, en especial con los árboles, es que conozco ambos nombres y la equivalencia y en cambio no sé distinguir el árbol en el mundo real. De hecho, “árbol” es una palabra que puedo utilizar con frecuencia y que mis abuelos seguramente no utilizaban nunca. Estos pensamientos me recuerdan eso que dice Borges en su biografía de que todo lo conoció primero por los libros.


Postal de Hamburgo

08/05/2011

Speicherstadt (Hamburgo)

Nos llegó una postal de Hamburgo, ciudad deliciosa que no piso desde 2009 y a la que habrá que volver pronto. En ella aparece la Speicherstadt, que al igual que donde vivo es una zona portuaria, aunque me parece mucho más sugerente, y eso sin haber leído las novelas de Craig Russell.

Hallo ihr beiden,

Viele liebe Grüße aus dem sonnigen Hamburg! Vielleicht kommt ihr ja bald mal wieder vorbei, dann können wir in die Speicherstadt und die neue Hafen-city gehen. Und auch sonst gibst es viel zu sehen (-:

Alles Liebe & bis bald

Me sigue maravillando que la gente joven escriba a boligrafo la combinación <dos puntos – guión – paréntesis> (en este caso en orden inverso). Podrían, directamente, dibujar una cara sonriente. O nada. Predicción: que la eñe desaparezca y varios emoticonos entren como letras del abecedario. O para el idioma en el que está escrito el texto, la eszett, ya en peligro de extinción.


Comiendo con Tom en la cantina y con Max Weber en Suecia

27/02/2011

En mi nueva oficina somos poquita gente. Me llevo bien con los de mi equipo, pero he tomado el hábido de ir a comer con Deirdre y con Tom, que son muy majetes. El otro día nos estábamos riendo de la cultura de empresa de los yanquis, toda esa pasión por ser el number one y la parafernalia que la acompaña, por ejemplo en reuniones de empleados.

Tom dijo que no entendía esa manía de machacar a los competidores, que él era un tipo normal, un irlandés, y que pensaba que los competidores serían gente normal, como él, que tienen un empleo y a los que no querían perjudicar. La mesa asintió, debemos de ser todos de la misma escuela de perdedores. Luego apuntó que eso tendría que ver con la religión protestante, que es la que impera en EEUU, a diferencia del catolicismo de gran parte de Europa.

Es una idea que tiene reminiscencias de Weber, pero con la que yo no estaba de acuerdo del todo, apuntando que también alemanes y suecos son protestantes. Lo dije en gran parte era porque tenía en la cabeza una idea de las muchas que tomo de Marginal Revolution. Dice Tyler Cowen que en cada uno de los tres países (EEUU, Alemania y Suecia) priman dos de tres elementos (individuo, familia, Estado) en las relaciones políticas. En los Estados Unidos el eje individuo-familia es el esencial, mientras que en Alemania lo sería el eje Estado-familia y en los países nórdicos el eje Estado-individuo.

Esto tiene implicaciones importantes en la política social sin duda, y también en consideraciones sobre la libertad (positiva o negativa, respecto del Estado o de otros) sobre las que me gustaría reflexionar con más profundidad.


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