
25 de agosto 2011: De Seván a la frontera georgiana
25.08.2011 Dejamos atrás Seván y su monasterio en un día en el que el tiempo atmosférico invitaba poco al optimismo. Al menos habíamos podido desayunar algo, pero el día amenazaba lluvia e iba a ser de mucha carretera, casi tanta como la que recorrimos el que día en que bajamos de Tiflis a Yereván. En el itinerario inicial estaba previsto regresar por la misma ruta a partir de Vanadzor, por el cañón del Debed, pero ya unos días antes se nos había ocurrido que podía ser interesante pasar por las montañas de la provincia de Tavush.

Una noria en Iyeván. En Seván había una parecida.
El contraste entre estas regiones boscosas del noreste de Armenia y el terreno árido que hay alrededor de Yereván es bastante agudo, pero a la vez nos resulta conocido: es como pasar el puerto de Echegárate en agosto y dejar atrás la Castilla dorada por el sol. Lo primero con lo que nos encontramos al dejar el área de influencia del lago, es con un tunel de montaña respetable y tras atravesarlo, llegamos el parque nacional de Diliyán. El paisaje es montañoso, cubierto el terreno de frondosos árboles. Eso sí, de cuando en cuando, yendo por la carretera uno se encuentra con el inevitable horror urbanístico.

La version rosada y armenia de los bloques estalinistas
La propia Diliyán está considerada un lugar interesante para el turismo de montaña. Es una de las zonas “urbanas” de la provincia de Tavush. El viajero llegará a una especie de explanada en la que se encuentra la parada de autobuses y otro de esos monumentos de hormigón que conmemoran el cincuentenario de la Armenia soviética. Para ver la parte hermosa del lugar hay que subir por una cuesta y siguiéndo hacia arriba uno se encuentra, en un lugar improbabl,e con un centro urbano que no deja de ser a la vez rural.

Cerca de Iyeván
Lo más típico de Diliyán son sus balcones y se ve que es un sitio que tiene potencial turístico si comienza a desarrollarse siguiendo el estilo tradicional y no dejando que lo que tiene siga convirtiéndose en ruina. Nosotros nos dimos un paseo por las alturas de la población, que tiene más vida de la que aparenta, aunque hay demasiados elementos arquitectónicos con aspecto de haber sido bellos hace tiempo y que en cambio hoy se desmoronan. Diliyán solía ser lugar de retiro y creación para los compositores y artistas soviéticos y ese dato condujo mi mente al mundo surrealista y demasiado real que denunciaban el maestro y Margarita.

Paisaje de la provincia de Tavush, en el norte de Armenia
Siguiendo hacia Iyeván, nuestro posible desvío hacia el monasterio de Goshavank fue sacrificado a causa de la saturación mental causada por sobredosis de piedra. Quedó lejos por la carretera de la derecha mientras nosotros seguíamos hacia otra de las cuatro ciudades de Tavush. Iyeván nos pareció más urbana que Diliyán, la actividad que se veía por la calle era la propia de un día de mercado, pero no nos detuvimos sino a repostar combustible.

Las montañas de Azerbaiyán (Göjäzän)
De ahí en adelante, seguimos por terreno rural y agreste, aunque menos boscoso. Hay cierta confusión con respecto a nuestro itinerario. Disponíamos de dos mapas, que no decían la misma cosa entre ellos ni parecían entenderse con el GPS. La región está disputada territorialmente, con Armenia ocupando territorio de Azerbaiyán en algunos lugares. Mi percepción es que el mapa correcto era el que aparecía en la guía Bradt, en el que aparecía una carretera alejada de la línea de alto el fuego. El libro no recomendaba seguir por la carretera antigua, cercana a la frontera, por la presencia de francotiradores azeríes.

Llegando a Kirants
Esta carretera nueva no aparecía en el por otra parte excelente mapa de la editorial alemana, que a pesar de ser impreso en 2011 debe de contener la información de una versión anterior sin haberla actualizado. Las montañas de Azerbaiyán se ven muy cerca todo el tiempo y no debemos de ir a más de un kilómetro de distancia del país vecino, pero la carretera nueva está protegida por una línea de colinas como parapeto natural. Más allá del embalse de Yoghaz puede verse una montaña de curiosa forma, creo que se puede llamarse Gavazán, que en armenio es el nombre del báculo de un sacerdote y en algunas lenguas túrquicas como el azerí puede ser el plural de ciervo, aunque parece que la grafía azerí es Göjäzän con todos esos puntos sobre las vocales.

Ganado: son vacas
Llegando a Kirants la carretera pasa no ya por un enclave sino por terreno del propio Azerbaiyán. Esta es otra de las ocasiones discutibles en las que se puede decir que hemos estado en el país enemigo. Nunca estábamos seguros de dónde estábamos realmente debido al lío con los mapas.

Voskepar
Un poco más adelante llegamos a un lugar llamado Voskepar, en el cual vivimos uno de los episodios más curiosos de nuestro recorrido por Armenia. Seguíamos con la confusión cartográfica y sin saber exactamente dónde estábamos. Nuestro libro decía que nos acercábamos a un antiguo enclave azerí, ocupado hoy por armenia, llamdo Verin Voskepar. El GPS nos confundía constantemente. Al parecer había una iglesia antigua, del siglo VII, bastante digna como para merecer una visita. Debía aparecer en una curva de la carretera y, en efecto, allí estaba.

Militares en Voskepar
El pueblo estaba abandonado. Xabi se dio cuenta de que en la colina había militares, por el color de camuflaje de sus edificios. Siempre me he preguntado de qué sirven esos colores de camuflaje militar, con otros cualesquiera no hubiéramos imaginado que el ejército andaba por allí. Cuando estamos aparcando el vehículo, a lo lejos y por la posición de los brazos, nos dimos cuenta de que alguien nos está observando con unos prismáticos.

Iglesia
Descendemos y nos ponemos a caminar despacio, dubitativos, mientras los de arriba nos siguen observando. Decimos unas cuantas tonterías como “no creo que nos disparen”, pero tampoco nos atrevemos a ir más deprisa. Los de arriba nos gritan ¡dabay!, que es una palabra rusa que Jorge conoce bien y con eso nos quedamos tranquilos. Nos acercamos a echar un vistazo a la diminuta iglesia de santa María, en la que hay murciélagos como en otras y diez minutos más tarde y tras varias conjeturas sobre el estado de destrucción militar en que se encuentra el poblado, seguimos rumbo a Noyemberián, la ciudad de noviembre.

Vista desde Voskepar
La carretera de estas tierras húmedas del noroeste ha traido consigo dos cosas que me llamaron la atención. Por un lado, los productos que se vendían en las cunetas eran diferentes a los de la tierra de secano. En lugar de los albaricoques y frutas que se veían en en el centro del país, por esta parte septentrional, la mazorca de maíz era la estrella. Luego, es cierto que esta zona de frontera está muy militarizada. Por la carretera veíamos continuamente instalaciones militares y grupos de soldados. Algunos puede que no lo fueran, ya que por la edad y la planta parecían más bien campesinos utilizando ropa militar reciclada. Cerca de Noyemberián vimos mucho transporte de tropas. Curiosamente se veían militares desplazándose en vehículos particulares, tipo coches Lada y cosas así. No sabemos si es falta de recursos, o el ultimísimo medio de desplegarse sin llamar la atención.
Tras Noyemberián volvemos a incorporarnos a la ribera del Debed, que hace de frontera entre Armenia y Georgia. El mismo paso fronterizo entre Bagratashén y Sadajlo unos días después. Esta vez las cosas fueron más fáciles, pero no menos interesantes.

Puesto fronterizo de Bagratashén / Sadajlo