Una historia de amor iraní

08/01/2012

Censurando una historia de amor iraní

Fue en Yereván y en una noche calurosa de agosto. El remero y yo entramos a un local para comer jorovats (o kubidé  si a la historia le conviene mejor una palabra persa) y el moreno de la cola nos oye hablar  y nos dice que su mujer también es española y que está fuera del local. Nos pide que vayamos a saludarla, que le hará mucha ilusión y nos la señala, al otro lado de la ventana. El remero salió al abordaje con la intención de plantarle un beso en la mejilla y metió el remo hasta el fondo. La moza dio un respingo y no parecía entendernos. El moreno se reía desde dentro del local; de fuera podíamos verle mientras seguía haciendo cola. Viene y nos dice en español americano que son iraníes, pero que él vive en Tejas y nos invita a que compartir mesa. Queda claro que la moza no habla español, sólo inglés y persa, como es lógico.

Vamos a por nuestros pinchos morunos y cocacolas y nos sentamos con ellos. Él nos empieza a contar en inglés, para que la mujer entienda, que tiene una agencia de viajes allá en los Estados Unidos. A veces bromea en español. Su modo de hablar es muy enfático, hiperenergético o por decirlo de otro modo muy yanqui. Yo dudo en silencio cuando dice que en el negocio le va genial, con los tiempos que corren. La mujer vive en Isfaján que también es la ciudad natal del marido, pero él está haciendo los papeles para llevársela para allá. Se muestra muy orgulloso cuando deja caer que tiene 49 años  y ella 32.  Me apresto a calcular que la joven nació en el año de la revolución.

El remero se excusa unas cuantas veces y se congracia con la pareja diciendo que Isfaján es la mitad del cielo. Lo sabe bien porque pasó por allí años atrás. Ella habla un inglés más que decente para haber pasado toda la vida en Irán. Aquí viste con vaqueros y no lleva pañuelo alguno en la cabeza. Me imagino que la vida en Isfaján es muy diferente. También me pasa por la cabeza la idea de  que casarse después de los treinta debe de ser tarde para casarse en Irán. El marido habla de Irán como de un país que podría ser una maravilla, pero que está muy atrasado.

Es comida rápida y cuando se despiden él insiste en que ella nos bese. Se lo explica en persa y ella accede. Me imagino que su plan es irla adaptando al choque cultural que supondrá vivir en el territorio del Gran Satán. Qué difícil debe de ser el contacto con nuestras barbas para alguien que ha vivido toda la vida en el régimen de los ayatolas. Hemos acercado las mejillas con mucha cautela y un ligero embarazo ante la insistencia del marido. La chica nos ha rozado muy fugaz y tímidamente. Un matrimonio asimétrico y agradable. Una historia de amor iraní.


Cien mil muertos por línea

12/12/2011
A History of the Middle East

Estoy documentándome sobre el genocidio armenio. El otro día en la biblioteca me leí casi entero The Burning Tigris de Balakián y salí trastornado después de tanta barbarie. Hoy se me ha ocurrido hacer una comprobación en un libro que tengo por casa y que leí hace unos cuantos meses. Es una Historia del Oriente Proximo escrita en 1991 por Peter Mansfield. Tengo la segunda edición, posterior a la muerte del autor,  revistada y actualizada en 2003 por Nicolas Pelham. Son 429 páginas, y en ellas se dedican a las masacres de los armenios en 1915 diez líneas en la página 150.

Más aún, por toda Anatolia oriental los turcos estaban amenazados por la insurrección de sus súbditos armenios, que interrumpían las comuinicaciones y formaban grupos de voluntarios para ayudar a los rusos. Otros se alistaron en las fuerzas de la Armenia rusa. Los turcos ejecutaron una venganza terrible al ordenar la deportación de toda la población armenia de Anatolia oriental hacia el norte de Siria. Mataron a cientos de miles y muchos más murieron de hambre y enfermedad a la intemperie. Entre un millón y cuarto y un millón y medio de armenios perecieron. Los nacionalistas armenios aún buscan venganza frente a los representantes del estado turco.

Peter MANSFIELD, Nicolas PELHAM. A history of the Middle East,  2nd ed. Penguin 2003, ISBN 9780141011233 (traducción mía)

Y luego sigue con cosas de la Primera Guerra Mundial. Así visto de golpe, suena crudo que en un libro de cuatrocientas páginas sólo se dediquen unas líneas a una tragedia de tal calibre. En cambio, puede que tenga cierta lógica. Al fin y al cabo hay quien le atribuye a Hitler la pregunta retórica aquella de quién se acordaba de lo de los armenios (atribución, creo yo, más que dudosa).

Durante siglos un grupo de población habitó unos territorios y quedó borrado de la faz de la tierra en cuestión de meses. En cambio ese democidio no supuso ningún cambio sustancial en la política internacional, ni siquiera en las relaciones entre los estados de la región.

Pero llama la atención: un millón y medio de muertos, diez líneas.


Compañía de capellanes castrenses

26/11/2011

De los tres grandes poderes fácticos sólo falta la banca

Poco después de que yo regresara del Cáucaso mis camaradas se vieron obligados a saltar en avión al Asia central. Cuando Jorge se fue de Uzbekistán regresó a Armenia y entre otras cosas pudo contemplar en Yereván el desfile militar conmemorativo por el vigésimo aniversario de la independencia del país.

De entre las fotos que vi de tan magno acontecimiento, me impresionó una en la que un grupo de clérigos marcha al compás junto al resto de compañías. Sabida es la importancia de la religión en la formación de la identidad armenia y también son conocidas sus disputas con sus vecinos musulmanes. Con todo, pareciera como si el ejército armenio se pasara de la raya, y esta escena en la plaza de la República yerevaní es más que llamativa.


Viaje por Transcaucasia 2011

01/10/2011

Londres-Bakú-Tiflis

Transcaucasia 2011

Finalmente creo que he acabado de contar todo lo que quería sobre el viaje por esta zona entre Europa y Asia que debería llamarse, con propiedad, Transcaucasia (aunque he solido escribir el Cáucaso por conveniencia). En lo escrito a lo largo del mes de septiembre está todo lo que sucedió en los tres países, aunque la presencia en Azerbaiyán siga siendo más que discutible. Me ha parecido conveniente hacer una especie de índice para cuando mis amigos me pidan consejo y se encuentra al final de esta entrada.

Bandera de Azerbaiyán

En realidad lo que mejor hemos visto ha sido Armenia, con un trayecto circular que ha acabado pareciéndose mucho al del primer itinerario que se previó. Los cinco días en el país, teniendo como base su capital, nos han permitido acceder a sus mejores vistas. ¿es un país por el que recomiendo viajar? No lo sé, quizá sólo a los viajeros experimentados. Puede decirse que está a mayor distancia en millas y en dinero que muchos otros destinos hermosos. Por otra parte, uno de los grandes atractivos del país reside en sus antiguos edificios de piedra y es fácil caer en el síndrome de la fatiga monasteril. El otro es su antigua cultura, su historia y su modo de vida. Cosas cotidianas de las que disfrutar, como los albaricoques o el pan y el trato con las gentes y el aprender a entender cómo se vive con menos de cuatro mil dólares de renta per cápita. Una gran oportunidad para leer sobre el cristianismo antiguo, sobre el Imperio otomano o sobre las barbaridades acaecidas durante  el genocidio de 1915.

Bandera de Armenia

De Georgia y por desgracia, apenas pudimos ver la capital Tiflis (en georgiano Tbilisi), que nos pareció una ciudad mucho menos centrada y dinámica que Yereván, pero con mucho encanto, con su barrio antiguo y sus viejos balcones. Tuve la posibilidad de acercarme a la antigua capital, Misjeta, pero poco más. Quedan zonas muy interesantes que recorrer: Tushetia, Esvanetia, Kajetia. Por lo que leí, no me pareció que sus playas del mar Negro valieran mucho la pena. Es un país para subir a la montaña, por la carretera militar georgiana hacia Kazbegi. La república socialista de Georgia tenía la fama de disponer de la mejor gastronomía soviética y en este momento de malas relaciones con Rusia los georgianos suelen decir que el imperio quiere que vuelvan a ser su restaurante. Esto es algo que sin duda el viajero debe aprovechar. No creo que me haya quedado sin ver mucho de Armenia, pero a Georgia sin embargo sí que me gustaría volver. A Azerbaiyán, en cambio, como que le hemos cogido manía.
Además de mis textos, malnarrando los sucedidos, he colgado una barbaridad de fotografías. Es síntoma de ser mal escritor que en realidad, los textos no tengan demasiado sentido sin ellas. Considero el blogueo un género mixto y mi técnica consiste, gran parte de los días, en rellenar los espacios que quedan entre las fotografías que subo. Considero que esta subida de archivos de imagen es una de las partes más arduas de bloguear y no creo que vuelva a tratar una escapada con tanta profusión. Hay dos fotos que debo poner y que para mí son las más importantes, porque sin estas dos ninguna de las otras tiene demasiado sentido. Son las únicas que los tres tripulantes de que la Slowly había tenido hasta ese momento se hicieron juntos. Como la aventura de este vehículo singular es de largo recorrido han pasado muchas cosas desde entonces: una denegación de visado, un abandono de nave, un vuelo a Uzbekistán, una incorporación al equipo, fracturas de huesos, despedidas, regresos…. la última vez que supe algo de la máquina infernal fue hace dos días, desde Teherán. Sin Jorge, esta pequeña locura no habría sido posible y estas líneas son en cierto modo un homenaje. También porque a mí me gusta creer que me gustaría hacer lo que el hace. Una alegría compartir y repartir galeras con alguien que sabe remar y aporta el glamur de la capital de la moda. Aparte de unas horas decembrinas, no había visto a Xabi desde el día de las góndolas.

La tripulación de la Slowly, ante la catedral de Yereván

Didube, Tiflis (Georgia): la despedida

Como el rendimiento es bajo, no voy a volver a escribir tan extensamente sobre viajes. No sé si mi principal lector, que es mi yo futuro, me lo tendrá que agradecer o reprochar. Puede que vuelva  a tocar temas de la región caucasiana o de cada uno de los países, como de hecho ya había hecho con anterioridad. Las entradas pueden encontrarse clasificadas con sus respectivas etiquetas (Cáucaso, Armenia, Georgia, Azerbaiyán), a continuación el índice de entradas:

 ÍNDICE


De la frontera georgiano-armenia, de nuevo a Tiflis

23/09/2011

De Tiflis a la frontera armenia y viceversa

25.08.2011 Esta vez había muchísimo menos tránsito en el puesto fronterizo entre Bagratashén y Sadajlo. Debe de ser porque a la ida era sábado. También influye en la rapidez de los trámites el hecho de que para entrar en Georgia no hace falta visado. Nos sobró algo de tiempo y algunos drams y nos fuimos a tomar el último refresco en Armenia. En ese último local, había un grupo de currantes pegándose una comilona. Tenían tanta comida que incluso nos invitaron. También nos invitaron a vodkazo. Yo decliné la invitación, pero Xabi se metió un par de tragos con el más golfo de los armenios. Un tal Karen, de Ajaltsije en Yavajetia, la zona de Georgia donde es mayoritaria la minoría armenia y de donde proviene la familia de Charles Aznavour.

El Debed, frontera natural entre Armenia (izquierda) y Georgia (derecha)

La verdad es que el tío era majete. En un momento nos dijo que como los ispansi y los armensky éramos como hermanos (brat) nos iba a a llevar a conocer a unas amigas suyas (prostitutka). Xabi aprovechaba para sablearle tabaco y creí que los chupitos de vodkorro le habían hecho perder el juicio, cuando le pidió fuego a un soldado que estaba allí con su subfusil. Las malas compañías. No sabemos si el tal Karen era un pobre hombre del que pasaban los aduaneros o un capo mafioso que andaba por allí como Pedro por su casa. Él cruzaba y se pasaba de la raya de un lado para otro y nadie le decía nada. Cuando nos desembarazamos de él, Xabi y yo fuimos caminando hasta el puesto georgiano, donde unas aduaneras muy simpáticas nos declararon su pasión por Antonio Banderas. A mí siempre me ha caído muy bien Antonio. Es una pena que ninguno de los tres somos muy futboleros, porque en varios momentos del viaje nos hablaban de cosas de fútbol español y del Barcelona y de Messi hemos oido hablar, pero de muchos otros no. Se me ocurre porque el fútbol suele ser especialmente útil con los aduaneros.

Con la famosa camiseta roja que estropeaba todas las fotos

Al entrar de nuevo en Georgia, un gringo que había pasado antes que nosotros tuvo la grandísima suerte de que lo recogiéramos para ir a Tiflis. Xabi fue con él en la parte de atrás de la Slowly. Veintisiete tacos, creo. El tipo venía de trabajar en Mosul, en Iraq, con un amigo suyo. ¿Recuerdan la Segunda Guerra Mundial? Pues fíjense cuanto mal han hecho los gobiernos yanquis en las últimas décadas, que este hombre viaja diciendo que es alemán para ahorrarse problemas. La carretera por el lado georgiano es la misma que recorrimos en sentido inverso el día después de mi llegada.

La rotonda de Marneuli, con los escudos de las poblaciones de los alrededores

La Madre

Coche de policía y puesto de sandías

Es una zona donde el grupo étnico mayoritario es el azerí. Desde la carretera hemos visto algunas mezquitas. Largo mi rollo de que Georgia es tanto un estado inconcluso como una nación inconclusa. El único núcleo de población destacado entre la frontera y Tiflis es Marneuli, donde hay una rotonda que distribuye el tráfico hacia carreteras de menor entidad o hacia la otra ruta entre la capital y la frontera (en otro puesto fronterizo), que pasa por Bolnisi. En Marneuli, vemos de nuevo ese monumento bélico y patriótico a la madre.

En una parada técnica vimos un coche de policía. La policía tiene aquí vehículos bastante modernos, casi lujosos. Creo que he leído en algún lado que es parte de la ayuda de Estados Unidos. Si no es cierto, sí lo es que en muchos lugares tanto de Georgia como de Armenia pueden verse los carteles de USAID, la agencia estadounidense de cooperación internacional. A mi modo de ver esta ayuda no es filantrópica, sino que tiene que ver con la posibilidad de disputarle Transcaucasia a Rusia en el tablero geopolítico.

Luego poco a poco nos vamos acercando a Tiflis, la ciudad que se extiende a lo largo del curso del río Kurá, que los georgianos llaman Mtkvari. En georgiano casi todo es impronunciable desde Tblisi para abajo. Me imagino que la eme y la te iniciales son mudas, como leí que ocurría con el nombre de  la población de Mtsjeta, aunque yo oía perfectamente decir Misjeta.

Afueras de Tiflis

La periferia de Tiflis es como todas las demás. Algunos sitios son más bonitos que otros, pero no abunda la belleza.

Extrarradio de Tiflis

Zona postindustrial

Entramos en la parte que ya conocemos de la ciudad. Primero vemos esas casas colgando sobre el acantilado que da al río y luego el nuevo pero ya famoso puente de la Paz, al que el público ya le ha sacado la chanza de que se parece a una compresa femenina. El gringo nos ha pedido que lo dejemos en una parada de metro y somos poco originales y se nos ha ocurrido ir a dormir al mismo sitio de la otra vez. lo dejamos en la de Marjanishvili, que nos queda al lado de casa.

Puente de la Paz y Parlamento

Nos aposentamos de nuevo. Esta vez no nos dan una habitación para los tres, sino que tenemos que compartir una de dos literas con otro yanqui. Dejamos los trastos y aprovechamos que aún es de día para ir a conocer la ciudad, de la que aún no hemos visto casi nada.


Del lago Seván a la frontera georgiana

22/09/2011

25 de agosto 2011: De Seván a la frontera georgiana

25.08.2011 Dejamos atrás Seván y su monasterio en un día en el que el tiempo atmosférico invitaba poco al optimismo. Al menos habíamos podido desayunar algo, pero el día amenazaba lluvia e iba a ser de mucha carretera, casi tanta como la que recorrimos el que día en que bajamos de Tiflis a Yereván. En el itinerario inicial estaba previsto regresar por la misma ruta a partir de Vanadzor, por el cañón del Debed, pero ya unos días antes se nos había ocurrido que podía ser interesante pasar por las montañas de la provincia de Tavush.

Una noria en Iyeván. En Seván había una parecida.

El contraste entre estas regiones boscosas del noreste de Armenia y el terreno árido que hay alrededor de Yereván es bastante agudo, pero a la vez nos resulta conocido: es como pasar el puerto de Echegárate en agosto y dejar atrás la Castilla dorada por el sol. Lo primero con lo que nos encontramos al dejar el área de influencia del lago, es con un tunel de montaña respetable y tras atravesarlo, llegamos el parque nacional de Diliyán. El paisaje es montañoso, cubierto el terreno de frondosos árboles. Eso sí, de cuando en cuando, yendo por la carretera uno se encuentra con el inevitable horror urbanístico.

La version rosada y armenia de los bloques estalinistas

La propia Diliyán está considerada un lugar interesante para el turismo de montaña. Es una de las zonas “urbanas” de la provincia de Tavush. El viajero llegará a una especie de explanada en la que se encuentra la parada de autobuses y otro de esos monumentos de hormigón que conmemoran el cincuentenario de la Armenia soviética. Para ver la parte hermosa del lugar hay que subir por una cuesta y siguiéndo hacia arriba uno se encuentra, en un lugar improbabl,e con un centro urbano que no deja de ser a la vez rural.

Cerca de Iyeván

Lo más típico de Diliyán son sus balcones y se ve que es un sitio que tiene potencial turístico si comienza a desarrollarse siguiendo el estilo tradicional y no dejando que lo que tiene siga convirtiéndose en ruina. Nosotros nos dimos un paseo por las alturas de la población, que tiene más vida de la que aparenta, aunque hay demasiados elementos arquitectónicos con aspecto de haber sido bellos hace tiempo y que en cambio hoy se desmoronan. Diliyán solía ser lugar de retiro y creación para los compositores y artistas soviéticos y ese dato condujo mi mente al mundo surrealista y demasiado real que denunciaban el maestro y Margarita.

Paisaje de la provincia de Tavush, en el norte de Armenia

Siguiendo hacia Iyeván, nuestro posible desvío hacia el monasterio de Goshavank fue sacrificado a causa de la saturación mental causada por sobredosis de piedra. Quedó lejos por la carretera de la derecha mientras nosotros seguíamos hacia otra de las cuatro ciudades de Tavush. Iyeván nos pareció más urbana que Diliyán, la actividad que se veía por la calle era la propia de un día de mercado, pero no nos detuvimos sino a repostar combustible.

Las montañas de Azerbaiyán (Göjäzän)

De ahí en adelante, seguimos por terreno rural y agreste, aunque menos boscoso. Hay cierta confusión con respecto a nuestro itinerario. Disponíamos de dos mapas, que no decían la misma cosa entre ellos ni parecían entenderse con el GPS. La región está disputada territorialmente, con Armenia ocupando territorio de Azerbaiyán en algunos lugares. Mi percepción es que el mapa correcto era el que aparecía en la guía Bradt, en el que aparecía una carretera alejada de la línea de alto el fuego. El libro no recomendaba seguir por la carretera antigua, cercana a la frontera, por la presencia de francotiradores azeríes.

Llegando a Kirants

Esta carretera nueva no aparecía en el por otra parte excelente mapa de la editorial alemana, que a pesar de ser impreso en 2011 debe de contener la información de una versión anterior sin haberla actualizado. Las montañas de Azerbaiyán se ven muy cerca todo el tiempo y no debemos de ir a más de un kilómetro de distancia del país vecino, pero la carretera nueva está protegida por una línea de colinas como parapeto natural. Más allá del embalse de Yoghaz puede verse una montaña de curiosa forma, creo que se puede llamarse Gavazán, que en armenio es el nombre del báculo de un sacerdote y en algunas lenguas túrquicas como el azerí puede ser el plural de ciervo, aunque parece que la grafía azerí es Göjäzän con todos esos puntos sobre las vocales.

Ganado: son vacas

Llegando a Kirants la carretera pasa no ya por un enclave sino por terreno del propio Azerbaiyán. Esta es otra de las ocasiones discutibles en  las que se puede decir que hemos estado en el país enemigo. Nunca estábamos seguros de dónde estábamos realmente debido al lío con los mapas.

Voskepar

Un poco más adelante llegamos a un lugar llamado Voskepar, en el cual vivimos uno de los episodios más curiosos de nuestro recorrido por Armenia. Seguíamos con la confusión cartográfica y sin saber exactamente dónde estábamos. Nuestro libro decía que nos acercábamos a un antiguo enclave azerí, ocupado hoy por armenia, llamdo Verin Voskepar. El GPS nos confundía constantemente. Al parecer había una iglesia antigua, del siglo VII, bastante digna como para merecer una visita. Debía aparecer en una curva de la carretera y, en efecto, allí estaba.

Militares en Voskepar

El pueblo estaba abandonado. Xabi se dio cuenta de que en la colina había militares, por el color de camuflaje de sus edificios. Siempre me he preguntado de qué sirven esos colores de camuflaje militar, con otros cualesquiera no hubiéramos imaginado que el ejército andaba por allí. Cuando estamos aparcando el vehículo, a lo lejos y por la posición de los brazos, nos dimos cuenta de que alguien nos está observando con unos prismáticos.

Iglesia

Descendemos y nos ponemos a caminar despacio, dubitativos, mientras los de arriba nos siguen observando. Decimos unas cuantas tonterías como “no creo que nos disparen”, pero tampoco nos atrevemos a ir más deprisa. Los de arriba nos gritan ¡dabay!, que es una palabra rusa que Jorge conoce bien y con eso nos quedamos tranquilos. Nos acercamos a echar un vistazo a la diminuta iglesia de santa María, en la que hay murciélagos como en otras y diez minutos más tarde y tras varias conjeturas sobre el estado de destrucción militar en que se encuentra el poblado, seguimos rumbo a Noyemberián, la ciudad de noviembre.

Vista desde Voskepar

La carretera de estas tierras húmedas del noroeste ha traido consigo dos cosas que me llamaron la atención. Por un lado, los productos que se vendían en las cunetas eran diferentes a los de la tierra de secano. En lugar de los albaricoques y frutas que se veían en en el centro del país, por esta parte septentrional, la mazorca de maíz era la estrella. Luego, es cierto que esta zona de frontera está muy militarizada. Por la carretera veíamos continuamente instalaciones militares y grupos de soldados. Algunos puede que no lo fueran, ya que por la edad y la planta parecían más bien campesinos utilizando ropa militar reciclada. Cerca de Noyemberián vimos mucho transporte de tropas. Curiosamente se veían militares desplazándose en vehículos particulares, tipo coches Lada y cosas así. No sabemos si es falta de recursos, o el ultimísimo medio de desplegarse sin llamar la atención.

Tras Noyemberián volvemos a incorporarnos a la ribera del Debed, que hace de frontera entre Armenia y Georgia. El mismo paso fronterizo entre Bagratashén y Sadajlo unos días después. Esta vez las cosas fueron más fáciles, pero no menos interesantes.

Puesto fronterizo de Bagratashén / Sadajlo


Sevanavank

21/09/2011

25 de agosto 2011: De Seván a la frontera georgiana

25.08.2011 Me suelo refierir al establecimiento en el que pernoctamos en Seván como motel. Es por falta de una etiqueta más precisa. Era una mezcla de hotel, restaurante y campamento de colonias, con muchos turistas iraníes.   Tras intentar desayunar en el lugar, y algún tipo de confusión, decidimos salir y que sería mejor intentarlo en la primera parada del día, que estaba bastante  cerca: Sevanavank, el monasterio de Seván.

El lago Seván

Este es el último monasterio por el que pasamos en nuestra etapa armenia. Nos había alcanzado ya la fatiga monasteril, que es otra versión de lo que se llama la fatiga faraónica en Egipto o el síndrome de Stendhal en Italia. Es un monasterio que no tiene demasiado interés artístico ni histórico, pero que al estar al lado de un importante centro turístico, acaba siendo el que más turistas recibe de toda Armenia.

El lago

Y, ciertamente ,el aparcamiento es el mayor que hemos visto. Y es el primer lugar en el que vemos grupos organizados haciendo el tour. Varios de los grupos parecen de escolares de la propia Armenia. También la cantidad de vendedores de recuerdos y artistas callejeros supera a la que hayamos visto en ningún otro lugar del país. Acaso porque a ningún otro sitio hemos llegado tan pronto como a este.

El turisteo

Leí que Sevanavank se encuentra en una península a la  que los armenios llaman isla. Cuando lo leí, recordé que no había caído en la cuenta de que la relación entre ínsula y península era la misma que la que hay entre último y penúltimo hasta que no aprendí la palabra alemana Halbinsel (península = media isla). Me preguntaba si sería algo cierto y debido a que Armenia sea un país sin mar o si es una tontería como si yo dijera que los alemanes llaman a las penínsulas medioislas. ¿cuántos de nosotros somos conscientes de que las estamos llamando todo el tiempo cuasi-islas?

Los artistas de la subida

Descarté mentalmente la explicación de que los armenios, al no tener mar, no tuvieran una palabra para decir isla. Había una isla muy famosa en el lago Van y allí sigue aunque hoy pertenezca a Turquía y no haya armenios en sus alrededores. La explicación era más simple: la península era una isla hasta que comenzó el proceso de desecación del lago y se convirtió en lo que es hoy, pero mantuvo el nombre de isla.

La típica imagen del monasterio y el lago

En el lugar hay dos iglesias,  la mayor consagrada a la virgen María (Surb Astvatsatsin) y la otra a los santos apóstoles (Surb Arakelots). Son de los siglos XVII y XVIII, por lo que no tienen la antigüedad de otros monumentos armenios. Nosotros entramos brevemente en ambas, pero a estas alturas ya habíamos perdido la capacidad de maravillarnos ante la piedra vieja y monacal. Por otra parte, la abundancia de público hace más difícil disfrutar del silencio y del halo de espiritualidad que debería inspirar la arquitectura de estos lugares.

Enésimo jachkar y papelotes

Desde el aparcamiento, uno comienza a subir escaleras flanquedas por pintores y mercachifles. También había un viejo poco talentoso aporreando la guitarra. Las iglesias están a algo más de la mitad de la altura que tiene la colina. Realmente lo que nos interesaba era dejarlas atrás y subir hasta la cumbre para tener una buena vista del lago mientras hacíamos conjeturas y comparaciones sobre su extensión.

Sevanavank va quedando atrás

Llegando al final de la península se encuentra uno con una valla. A partir de ese lugar en el que no se puede seguir para abajo. Desde la cima se ve, junto a la orilla del lago, lo que parece un hotel y en realidad es la residencia de verano del presidente de Armenia.

Creo que la montaña es Mets Lchasar

En el punto de mayor altura se encuentran las ruinas de un edificio contemporáneo. Una característica común de los países postsoviéticos es su incapacidad para librarse de las ruinas y los escombros. Si una civilización extraterrestre llega a este planeta tras la extinción de la Humanidad, es probable que el territorio de la Unión Soviética sea el mejor lugar del que dispongan para recoger pruebas.

Nubes

Las montañas de la orilla oriental del lago estaban cubiertas de nubes. Disputamos si bajaban o subían. Esa parte del lago Seván, por la que no pasamos, debe de ser interesante de ver, ya que no está desarrollada urbanísticamente con los pros y los contras que ello conlleva, pero que cuando uno acaba de ver Seván no puede sino interpretar como un dato favorable.

Minibús y monasterio

Después de bajar de las alturas tuvimos el par de episodios agradables de Sevanavank. Por un lado, desayunar en una terraza con vistas maravillosas del aparcamiento. Hacía frío y fuimos capaces de pedir pan y mantequilla -que no aparecían en la carta- en ruso del que hablan los tártaros.

La marshrutka de Sevanavank

Luego nos encontramos con una maravillosa marshrutka de esas que funcionan con gas. Jorge no pudo resisitir la tentación de subirse, para lo cual pidió permiso al conductor, que era un hombre muy afable. También chapurreando a lo tártaro conseguimos entenderle que el cacharro hace trescientos kilómetros con una carga de gas, y que tiene un motor fuerte y tira bien. Y de allí para el norte.

La terraza del desayuno


Seván: la ciudad que tomó el nombre del lago

20/09/2011

El recorrido de aquel día

24.08.2011-25.08.2011 Del campo de jachkares de Noratús salimos para Seván, la ciudad fundada por rusos a la vera del lago. Unos herejes la fundaron como Yelenovka, no sé en honor de qué Elena, allá por 1842 y ese nombre mantuvo hasta 1935. Se supone que es una ciudad turística, pero parece cualquier cosa menos eso. De hecho creo que debe de ser el lugar turístico más deprimente de los que he visto, con sus bloques de hormigón estalinistas y su noria, que me parece un calco de la icónica rueda del parque de atracciones de Prypiat.

El motel

Al llegar a una calle que tenía aspecto de céntrica vimos a un par de mochileros y como buscábamos posada creímos que sería buena idea preguntarles dónde se alojaban. Eran polacos que venían haciendo dedo desde Tiflis. Ellos tenían su tienda de campaña y tenían pensado acampar junto al lago, donde si no está permitido al menos está tolerado. Si hay gente que se ha hecho casas sin permiso, qué menos. Curiosamente, muchas de las playas son privadas y hay que pagar por el derecho a utilizarlas.  El caso es que los muchachos hablaban ruso y me ayudaron a preguntar por algún alojamiento. Entramos en una especie de obrador, donde aunque el polaco preguntaba, la gente me daba las indicaciones a mí. Al final salimos de allí buscando un sitio cuyo nombre he olvidado.

Vista del lago

Por esas pistas llenas de baches llegamos hasta una especie de chatarrería, donde unos cuantos viejos se quedaron perplejos al ver nuestra máquina infernal y nos recondujeron hacia la carretera principal en nombre, que no en asfaltado. Finalmente llegamos a un lugar que nunca supimos si era el que buscábamos o no, pero en el que nos dieron una habitación por un precio módico y creemos que con derecho a un salón comedor que estaba justo debajo. No nos quedó claro si con derecho a desayuno. Allí también cenamos opíparamente. Nos ofrecieron trucha del lago a un precio prohibitivo, por lo que declinamos. Al parecer la trucha del Seván está en extinción y no puede pescarse, pero a saber.

Don Quijote y Sancho en el lago Seván

Dormimos bien y cierto que a mejor temperatura que en Yereván. La única peculiaridad de la habitación es que el cuarto de baño era la propia ducha, así que cuando uno se duchaba limpiaba váter, lavabo y paredes, todo al mismo tiempo. Uno de mis proyectos era bañarme en el Seván, pero el viento gélido que sentí por la mañana no me invitó a hacerlo. Salió un día luminoso y frío, con niebla bajando en algunas de las montañas que hay alrededor del lago. Antes de salir me dio tiempo a dar un paseito hasta cerca de la orilla, contemplando la fealdad hasta cierto punto fascinante de Seván en el regreso.

El lago en una zona poco edificante y poco edificada

De ahí salimos para el norte, porque ese día 25 de agosto, jueves, queríamos llegar a Tiflis por la noche, para que así Jorge y Xabi pudieran hacer los trámites en la embajada de Azerbaiyán al día siguiente. Aunque nuestra primera parada estaría muy cerca: el monasterio que también lleva el nombre de la ciudad y del lago: Sevanavank.

Hormigón de Seván


Noratús y el cementerio de los jachkares

19/09/2011

El recorrido de aquel día

24.08.2011 Y ya en Gegharkunik, nos pusimos a bajar desde las alturas del paso de Selim hasta el lago Seván, que todavía está a la considerable altitud de 1.900 metros sobre el nivel del mar. Cuando dibujé el itinerario de esta parte del viaje lo consideré una zona interesante para pernoctar, a causa del calor insoportable que había leído que hacía en Yereván en agosto. El lago tiene una extensión de 940 km², que eran más en el pasado. Dice la principal fuente de información de los vagos que 1416 km² en 1933, pero a mí francamente me parecen demasiados. He intentado sin éxito encontrar un mapa en el que aparezca el contorno que tenía en esa época, un mapa similar a los que he visto muchas veces del mar de Aral. La comparación con el Aral es relevante, porque también hubo un proyecto soviético de desecación de este lago. Al parecer el nivel del agua ha bajado desde los 1.916m en 1933 a los 1.900 que tenía en 2010, siendo la buena noticia que ha recuperado unos cuantos metros en la última década.

Esta introducción a las peculiaridades del lago viene a cuento porque una vez que pasamos por Martuni, algo tarde y sin tiempo de contactar con Jari, el de Noravank, fuimos observando la línea costera del lago con los ojos que se nos quedaron tras haber leído la parte relativa al lago de la guía Bradt, que da unas cifras un poco diferentes de las disponibles en wikipedia, pero que vienen a significar lo mismo. En los metros ganados al agua hubo quien plantó y quién edificio, la mayoría de ellos sin permiso y ahora, segun vaya subiendo el nivel del lago, perderan lo que allí tengan sin derecho a compensación. Vimos muchas casas que el agua había empezado a inundar y en algunos lugares parecía obvio que el nivel del lago fue superior en algún momento, aunque nunca tanto como los 18 metros que habíamos leído, que resultan inimaginables.

No nos detuvimos en ningún momento porque nos apresurábamos para ver el cementerio de Noratús (o Noraduz), cerca de Gavar, antes de que se nos hiciera de noche. Leí sobre este lugar por vez primera en los Poemas del río Wang, y como anoté en mis ideas sueltas antes de emprender el viaje quise hacerle las mismas fotos que Yulia, Vitaly o Hairenik. Nicholas Holding dejó advertido en su manual que, debido a la ubicación del camposanto, se obtienen los mejores resultados fotográficos con la luz de la tarde. En cambio esa luz vespertina nos fue esquiva. Apenas un rayo al llegar al lugar, en el momento en que los niños y las hilanderas se acercaban a ofrecernos sus productos.

Gorros, calcetines y manoplas de lana. Quizá lo mejor para cualquier otra época del año. Una niña me pareció mostrar talento para la mercadotecnia, ya que ponía a la venta su propio dibujo en el que aparecían el monte Ararat y el alfabeto armenio. Me pareció adecuado, por que la experiencia de viajar y ver antaño reservada a unos pocos ha sufrido un proceso de commodification que en aras de la simpleza sacrifica lo real por lo ideal y lo auténtico por lo icónico. De hecho, yo no vi el lago Seván sino a través de los ojos de Holding, creyendo a piés juntillas  lo que él había escrito, como otras veces hago con la wikipedia e informadores incluso menos fiables. Las experiencias se convierten en una mercancía porque la mercancía que la mayoría de nosotros ponemos en el mercado escasea: el tiempo.

No estoy muy contento con mis fotografías de Noratús, pero para hacer de esto algo personal me veo abocado a subirlas. Recomiendo encarecidamente que vean las de los fotógrafos que mencioné con anterioridad, y si tienen tiempo, lean también a Studiolum narrar la historia de un cementerio armenio aún mayor, el de Yulfa, cuyos jachkares, más del doble en número de los novecientos que hay en Noratús, fueron destruidos hace unos pocos años por el fanatismo identitario.

En algunas lápidas aparecen escenas laborales o celebraciones de boda. Hay quien cree que no sólo se trata de monumentos funerarios, sino también conmemorativos de otros acontecimientos importantes en la vida de los armenios de por aquel entonces.

El cementerio está en su lugar desde tiempo inmemorial, las inscripciones más antiguas que contienen los jachkares son del siglo X, pero al igual que en el resto de Armenia, la edad dorada del jachkar se alcanza entre los siglos XVII y XVIII con maestros canteros que alcanzaron renombre. Hoy en día el cementerio no sólo está conformado por jachkares cubiertos de liquen, sino que también hay una zona del mismo en el que las tumbas tienen forma de ataud sobre pequeña pirámide escalonada, y muestras de ese hiperrealismo funerario que tanto nos llamó la ateción en Armenia y que también se da en otras partes que pertenecieron a la Unión Soviética.

Para la mayoría de los que hablan mi lengua (y pueden leer estas líneas) Noratús es un lugar bastante a desmano. De difícil acceso a causa de la distancia, el tiempo y los precios. Si alguien tiene la ilusión de ver alguno de estos jachkares, quizá le resulte más conveniente acercarse al Museó Británico de Londres, donde tienen uno, regalo del Catolicós. Por lo que indica la página del museo no salió directamente de aquí, sino de la santa sede de Echmiadzin.


El caravasar de Selim

18/09/2011

El recorrido de aquel día

24.08.2011 Una vez que dejamos atrás Noravank y la garganta del Gnishik, nos volvimos a incorporar a la carretera por la que veníamos y tras seguir unos pocos kilómetros en dirección este, nos desviamos al norte por la M-10, iniciando el ascenso a las montañas para salir de la provincia de Vayots Dzor, por la que hemos pasado fugazmente. Muy poco antes de la cima está el paso de Selim, a 2.410 metros de altitud. Y en el paso hay un caravasar o cavanserrallo (llamado en otras lenguas caravanseray o caravansaray) que era el lugar de reposo de las caravanas que hacían la ruta de la seda.

La subida al paso de Selim (o Sulema)

No sé por qué este paso lleva el nombre de Selim o Sulema, de claras resonancias turcoarábigas, como la palabra seray o saray. De esta descubrimos hace años en Sarayevo que es serrallo sin ser necesariamente harén. Respecto a Selim, el nombre significa “seguro”, así que quizá no se refiere a nadie en concreto (aunque hubo varios sultanes con ese nombre) sino a que el camino es bueno para permanecer sano y salvo. El caravasar es un edificio sólido de piedra, en el que destaca la entrada adornada por dos bóvidos. Por dentro es mucho más espacioso de lo que podría suponerse, pero por desgracia no está nada iluminado. Una linterna habría sido de utilidad. El aspecto que tiene su galería es el de cuadra para el reposo de las caballerías. Por su estado de descuido parece que se mantiene en pie de puro milagro, pero leemos que fue restaurado a finales de la década de 1950. Al parecer, una pequeña escombrera que hay justo a la derecha de la entrada fue en tiempos una capilla.

Caravasar de Selim

Hay dos inscripciones que datan el lugar. Una está en armenio y otra en persa (aunque algunas fuentes dicen que es árabe y nosotros no pudimos verla, ya que ha sido destrozada por gente insensata). La inscripción armenia da el año de 1332 y la persa 1326-27. En cualquier caso, siglo XIV, construido por el príncipe César Orbeliani durante el reinado del jan Abu Said II. Esta dinastía orbeliana era de origen georgiano, en un periodo prenacional en que estas etiquetas no tenían demasiado sentido. Se trata del momento histórico de las invasiones mongolas y además del elemento armenio y el georgiano, tenemos los túrquicos, persas y mongoles en una continua mezcolanza dinástica, de imperios y culturas, que dura unos cuantos siglos antes de dejar paso a las actuales formas nacionales, aún por consolidar.

Explorador del caravanserrallo

Después de haber pasado calor por la mañana en Yereván y Jor Virap, se agradece el viento fresco que acompaña la altura. El atardecer nos depara una luminosidad gloriosa. Es de suponer que aquí el clima es muy diferente a la aridez que hay más abajo. Sin duda, vale mucho más la vista  de las montañas que el caravasar, por mucha historia que tenga. Tenemos muy cerca parques naturales como las reservas de Josrov, Yeghegis y Herher. A unos treinta kilómetros hacia el oeste está Azerbaiyán.

Don Quijote y Sancho buscan molinos y encuentran viento

Tras alimentar a los camellos en nuestra breve parada en el lugar, proseguimos nuestro rumbo. Entramos en la provincia de Gegharkunik y siguiendo esta carretera, que sigue estando muy transitada por el ganado, muy pronto tenemos la primera vista del lago Seván, que será el protagonista de las próximas horas.

Llegando a Martuni, cerca del lago Seván


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