Mi Teherán en venta

06/02/2012

Esta es la película que vi ayer: Mi Teherán en venta (My Tehran for Sale) una coprodución iranoaustraliana de 2009 que, a mi modo de ver, no es que contenga una gran historia, pero que me lancé a ver a causa de mi interés por las cosas de Persia y porque de las películas, como antes de las novelas, siempre se sacan piezas que no forman parte de las estadísticas y de la Historia con mayúsculas pero que ayudan a componer el cuadro.

No diré nada de la trama. Invito a que cada cual la vea (está disponible en Youtube con subtítulos en inglés). Sí que diré que en diferentes momentos se pueden apreciar detalles de la vida iraní, como el modo en que la poesía está imbricada en la lengua, la diferencia radical entre el comportamiento en la esfera pública y la privada, la represión sexual y la hipocresia que conlleva, el infierno de tráfico que es Teherán y las heridas que deja la brecha entre el mundo tradicional y el contemporáneo que los iraníes pueden percibir tan vívidamente.

Esta película alcanzó cierta notoriedad a causa de que a Marzieh Vafamehr, que es la protagonista, la condenaran a un año de prisión y noventa latigazos por su participación en la misma.


La guerra de Osetia en la pantalla

17/08/2011

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Uno intenta estar atento a los sucesos de actualidad internacional. A veces le cogen a uno con el pie cambiado, como la guerra de Osetia del Sur entre Rusia y Georgia. Quizá no nos enteramos muy bien debido a que comenzó en la fecha de la suerte 08-08-08 que los chinos habían elegido para el inicio de los Juegos Olímpicos de Pekín. Para informarme y a la vez intentar mantener el equilibrio he visto la dos películas que recomienda Tim Burford en la guía Bradt de Georgia.

Por un lado está el documental prorruso War 08.08.08: The Art of Betrayal  disponible en línea. Dentro de lo que se puede manipular la edición de vídeo, las imágenes son reales. Nunca comentan nada de la presencia militar rusa en Gori, que Rusia negó, pero que se produjo. Si lo que cuenta el documental es cierto, la invasión georgiana fue una acción criminal y una puñalada por la espalda y la intervención rusa una mera respuesta de defensa para defender a los osetios, que además tienen pasaporte ruso.

La película progeorgiana Five Days of War llamada en otros países Five Days of August está aún en el circuito comercial, pero puede encontrarse por ahí. Parece ser que ha sido financiada por el gobierno georgiano a través de canales indirectos. No sé si no habrán escogido a Andy García para hacer de Sakashvili porque subconscientemente representa a la derecha dura de los cubanos de Miami. Como película se deja ver, aunque tampoco se puede recomendar a los aficionados del genero de acción. Aquí el juego está entre Rusia y Georgia y no sale un osetio. Rusia ataca e invade Georgia y los georgianos se defienden ante la falta de interés del mundo. Por cierto, que se pueden ver bonitas imágenes de Tiflis y su acantilado, la carretera militar georgiana, el canto polifónico e incluso la tradición del tamada. Si la película no tiene éxito comercial o si el gobierno georgiano no tiene éxito al explicar su versión de los hechos, al menos han sabido meter unos fotogramas para favorecer el desarrollo turístico del país.

Después de vistos ambos filmes y leyendo superficialmente algunas cosas por internet, paso a escribir cómo lo veo: Georgia es un estado inconcluso, que no puede ejercer soberanía sobre dos trozos significativos de su territorio en los que se dan problemas que por simplificar podríamos llamar “étnicos” (Abjasia y Osetia del Sur) y ha tenido problemas en otro (Ayaria). Por supuesto, Georgia es también una nación inconclusa, debido a la existencia de minorías como los abjasios y los osetios, pero también los armenios y los griegos que habitan ese territorio desde tiempo inmemorial y que prefieren utilizar el ruso como segunda lengua. No está claro que la política de georgianización y alejamiento de Rusia vaya a ser exitosa ni que Georgia llegue a ser algún día una nación como las de Europa occidental.

Mapa étnico de Georgia

De hecho, Georgia, es un ejemplo muy bueno para ilustrar la trampa del derecho de autodeterminación. Recuerdo cómo el Euzkadi Buru Batzar, máximo órgano del Partido Nacionalista Vasco se congratulaba cuando Georgia proclamó su independencia respecto de la URSS. Luego nunca les ha preguntado si los abjasios y los osetios también tienen ese derecho o si no. Nadie es capaz de delimitar con claridad ese supuesto derecho ni parece que entre los que lo proclaman spuedan ponerse de acuerdo para decidir a quiénes  afecta y cuándo se aplica. A mí me encantaría oír la opinión del PNV sobre Georgia. Al fin y al cabo, Bilbao está hermanada con Tiflis desde mucho tiempo después de que los filólogos serios desecharan la conexión vascocaucásica.

Dicho esto, la evolución política de Georgia desde 2003 parece suponer un acercamiento decidido hacia nuestra parte del mundo, y la cultura definida por la democracia liberal capitalista, la OTAN y la UE. Puede decirse que Sakashvili es “nuestro hombre en Transcaucasia”.

Por eso no se ha hecho mucha sangre en Occidente con su gran error político y militar. Una vez analizados todos los datos, me parece que la versión de Rusia se aproxima más a lo que ocurrió en agosto de 2008 que la versión que el gobierno de Georgia ha puesto sobre la mesa. Probablemente Sakasvili pretendió repetir su éxito de Ayaria en 2004 y le salió el tiro por la culata. Aunque esté feo y quizá no se deba hacer, voy a obviar los crímenes contra civiles, que además forman un grupo étnico minoritario, para dejarlo en que jugó de farol y para acabar perdiendo. Hace años un argentino me dijo que las Malvinas serían ya suyas si no las hubiesen invadido en 1982. Quizá sea exagerado, pero tiene su parte de lógica en lo de que la invasión no ayuda para nada. Puede que aquí pase lo mismo.

El fracaso le ha supuesto dificultar la entrada de Georgia en la OTAN y la UE. En mi opinión también habrá debido de perder prestigio como estadista y ahora es un aliado incómodo para occidente. Quizá fue ingenuo y pensó que los Estados Unidos iban a poner toda la carne en el asador para defenderle en sus veleidades. Georgia ha seguido haciendo gestos como eliminar el visado para los turistas occidentales. Otro de los gestos que me ha sorprendido es que además de en georgiano los billetes de curso legal se imprimen en inglés. Hasta hace poco se hacía en georgiano y ruso. No he sabido encontrar cuándo exactamente se produjo el cambio.

Es de suponer que Georgia podrá mejorar económicamente y seguir acercándose al bloque occidental. Mucho más difícil parece que en algún momento pueda afirmar su soberanía sobre Abjasia u Osetia del Sur, que al igual que Nagorno Karabaj o Transnitria son consecuencias de la chapuza soviética a la que desde hace bastante tiempo se viene uniendo la chapuza georgiana.


El color de la granada

10/08/2011

El color de la granada

Hace unas semanas, cuando me puse a leer sobre Transcaucasia, encontré por todas partes referencias a esta película soviética, “El color de la granada” (Цвет граната), también conocida como Sayat Nova (Саят-Нова) del director armenio-soviético Sergio Paradyánov, al que normalmente se le conoce por el nombre ruso de Serguéi Paradzhánov (Сергей Параджанов), aunque el armenio era Sargis Parayanián. Ya hemos escrito que cambiar el genitivo armenio -ian por el eslavo -ov era habitual en tiempos de la URSS.

El color de la granada puede encontrarse en los diferentes tubos de Internet. Me imagino que los derechos de autor ya han caducado, o que está en el dominio público por pertenecer al extinto estado soviético. No soy abogado ni tengo para investigar estas cosas, pero dicen que si no fuera así, al parecer habría perpetrado un robo y debería pagar un canon a una asociación privada que no está en Rusia ni Armenia sino en España ¿alguien lo entiende?

La película es cine experimental puro y duro. Heredera de la estética tanto del cine mudo como del de los cómicos que recorrían las plazas de los pueblos. Lleno de imágines sorprendentes y con un buen dominio del color. Quienes estén más inmersos en la cultura caucásica y en la vida del trovador Sayat Nova, entenderan más referencias. Yo sólo he podido disfrutar de las miniaturas de los manuscritos armenios, los jachkares, el inconfundible estilo de las iglesias. Luego hay otra parte que me parece más georgiana, con sus vestidos principescos y canto politonal. La película se divide según las fases de la vida del artista.

Por cierto, que Sayat Nova es admirado y considerado como algo propio tanto en Armenia como en Georgia. Aunque armenio cantó en la corte del rey georgiano y también lo hizo en las lenguas georgiana y armenia. De alguna manera es un héroe prenacional, como podríalo ser Viriato en los dos países de la península Ibérica. Me gustaría saber, por ejemplo, cómo se considera a Sayat Nova en Yavajetia. Es probable que más que a la unión su figura incite a la apropiación, como hizo Sabino con sus glorias patrias.

Algunas escenas me han parecido muy buñuelianas, como las ovejas que abarrotan la iglesia junto al ataud del Catolicós. Aquellas en las que aparece el color rojo de las granadas y la sangre suelen ser más llamativas, aunque hay varias con libros y con el alfabeto armenio que me han gustado. No sé si la película pierde en intensidad o que mi déficit de atención no me permite aguantar setenta minutos sin entender nada. Definitivamente no es cine que cuenta una historia ni que sea fácil de digerir, por eso no se la puedo recomendar a quienes no estén especialmente interesados en el Cáucaso o en la historia soviética.

La verdad es que este tipo de cine casa muy mal con los postulados del realismo socialista. Berlanga y otros dijeron que la censura alentaba la creatividad. Lo que ocurre es que si para esconder el mensaje a los censores hay que buscar una estética tan opaca, es inevitable que éste acabe no llegando a los espectadores. Paradyánov acabó en prisión en 1973 por homosexualidad y por vender tesoros artísticos. Al parecer estaba enfrentado al poder de Moscú. Además del surrealismo, otro elemento que quizá no le ayudó fue poner el foco en la etnografía y espiritualidad de Georgia, Armenia y Ucrania en lugar de la del grupo étnico dominante.

Junto con Ararat de Egoyán, que comentamos hace unos días, una película de obligada visión para quienes quieran sumergirse en la cultura de Armenia. Véanla si quieren, pero es su responsabilidad.


Ararat de Atom Egoyán

06/08/2011

Ararat

Ayer me puse a ver Ararat, una película de Atom Egoyán del año 2002 que versa sobre el genocidio armenio. Se podría decir que es un metafilme, ya que está basada en el rodaje de una película histórica sobre los mismos hechos históricos. Se mezclan varias tramas que no unen precisamente  el pasado con el presente, pero el trasfondo son siempre los hechos luctuosos de 1915 que Turquía se niega a definir como genocidio y el efecto devastador que mantiene en la psique de los armenios, en especial en la de los de la diáspora. Imágenes de los Estados Unidos del presente se mezclan con imágenes del asedio a la ciudad de Van en 1915.

Me imagino que las tramas del pasado no se unen bien porque el salto generacional es grande. Quizá son ya cuatro o cinco generaciones. El otro día estuve pensando que noventa y seis años después, ya no deben de quedar supervivientes que recuerden aquellos momentos históricos. Quizá algún niño de entonces que sea hoy centenario. Muchos armenios no han conocido en persona a nadie que los viviera, ya que afectó a la generación de sus bisabuelos y tatarabuelos. En este caso especial me temo que contra lo que sería la distancia, en lugar de conducir al olvido del odio conduzca en cambio a la radicalización. Leí también que el dialecto armenio occidental contenía muchas palabras turcas, pero que en décadas posteriores la diáspora lo “depuró”. Es muy difícil imaginar el mundo prenacional, sea en Armenia o los territorios de la corona Habsburgo, después del trauma nacionalista.

Los emigrantes tienden a disolver su identidad en las de sus países de acogida. Quizá los armenios de Estados Unidos o de Argentina sólo lo son ya (y cuesta escribir “gracias a”) a causa del genocidio. Me imagino que sin ese hecho su ritmo de asimilación y pérdida de etnicidad hubiera sido mucho más acelerada. En cualquier caso, como hay más parientes de los masacrados entre los armenios de la diáspora, y como los de la diáspora son más y más pudientes que los de la República de Armenia actual, en cierto sentido marcan la agenda politica de esta última y la empujan a un mayor radicalismo. Por su parte Turquía sigue ciega, pero es un país más grande y para el cuál todo este asunto sólo tiene un interés marginal.

Un evento histórico de tal calado no cabe en el cine y probablemente sea mejor de una historia épica o de un modo de narrar tragedia de la altura de la lista de Schindler. Esta no va a ser la gran película sobre el genocidio armenio. Me imagino que los problemas para ir a rodar a Turquía oriental, lo que antes era la Armenia occidental son a día de hoy insalvables.

Así pues, la opción de mostrar un pueblecito armenio reconstruido en un plató, fue una forma ingeniosa de salvar el escollo, a pesar de que el Ararat no pueda verse desde Van, como bien se indica al espectador. Sin duda, lo que me ha resultado más atractivo de la película son las escenas del rodaje de la otra película que contiene en su interior, una pequeña ventana a lo que era esa parte del mundo antes de la Primera Guerra Mundial. También descubrir la obra de Arshile Gorky, pintor que a través de su cuadro más famoso aparece en una de las tramas y que se une a mi nómina de pintores armenios interesantes, junto con Saryán y Aizakovsky. También me parecen muy sugerentes las escenas que ruedan a escondidas, con una cámara doméstica, en Turquía. Las iglesias abandonadas sobre el terreno árido ejercen todo un simbolismo.

En conjunto, la salvo por mí interés particular. No me parece una película buena ni se la recomendaría a nadie que no estuviese interesado en asuntos armenios. No es una película de entretenimiento. Tampoco es un filme histórico, ni bélico: es un filme político, pero ni siquiera es excesivamente bueno en eso. Ante una masacre como la sufrida por los armenios es muy difícil ser imparcial, ahora bien, se debe intentar ser objetivo siempre, porque si no se corre el riesgo de caer en la parodia. En mi opinión el personaje del turco homosexual no ayuda a dar credibilidad a la obra.


Territorio prohibido

23/04/2011

Territorio prohibido (2009)

Vi esta película, Crossing Over, de 2009, con Harrison Ford. No es que me pareciera genial, pero me entretuvo. Es de estas en las que se cruzan varias historias sin que haya una dominante. El nexo entre ellas es la migración, la emigración o la inmigración, según el punto de vista desde el que quiera verse.

La versión que he visto estaba doblada al español: Territorio prohibido. Supongo que si la hubiera visto en inglés hubiera calado a la australiana y al judío inglés por el acento. Como el judío ateo no dicen de dónde es me he quedado hasta el final con la duda de si sería ruso. En esa historia en concreto me ha parecido que era más fácil para los hacedores de cine que quien sucumbe a un sórdido chantaje sexual sea una anglosajona blanca. Veo problemas de politically correct en la ficción que hace pasar por lo mismo a una dama de una minoría racial o cultural.

Respecto al resto de las historias, están bien pero reflejan esa mentalidad yanqui de “somos los más guays y todo el mundo quiere venir aquí a triunfar como nosotros” y la moraleja es “los que sean buenos lo lograrán y a los que no, les daremos una patada en el culo”. No sé ni si se pueden llegar a imaginar la cantidad de millones de seres humanos que no tenemos ni la más mínima intención de ir a vivir allí. En fin.


Derecho pleno a la información (incluso en otro formato)

11/02/2011

Se habla mucho de los derechos de autor y curiosamente no se habla casi nada de los derechos de los consumidores de entretenimiento. Y digo entretenimiento porque la palabra cultura me parece excesiva. De hecho, su uso me parece un inteligente modo de manipulación por parte de los cerebros de las entidades gestoras de regalías.

Esta idea se me vino con el estropicio de mi disco duro externo, en el que en realidad no guardaba más que mis archivos personales. Pero imaginemos que hubiera adquirido películas, canciones, libros electrónicos…. ¡podría haberlo perdido todo! ¡un dineral!

Yo creo que a día de hoy es viable que exista un registro de compradores de cada obra (que al fin y al cabo son bytes -unos y ceros-) para que el derecho del consumidor se extienda a la producción y no a un mero continente de la misma. Lo que le pasó a los que tenían colecciones de discos de vinilo, que tuvieron que volver a adquir los mismos en cedé es inaceptable en los tiempos que corren.

Si me compro un libro de papel, debería tener derecho al libro electrónico con el texto. Si el valor de los discos es simbólico y hay avances tecnológicos, debería tener acceso a disfrutar lo que ya he pagado en la mejor calidad disponible.

Si el derecho de autor se extiende a cualquier formato, el derecho del adquiriente también debería hacerlo. Si el producto son bytes de información sin coste económico, el reemplazo debería ser gratuito en caso de pérdida. Así, al menos, lo veo yo.


Odesa: Las escaleras de Acorazado Potemkin

19/01/2011

El famoso cochecito

Ayer me ha mandado un amigo un enlace a una serie de carteles antiguos, de los que invitaban a viajar cuando el mundo era enorme y se iba en barco y sin prisa. Esto era, sobre todo, antes de los años cincuenta. Hay algo que me gusta mucho en la simplicidad de este grafismo.

Aunque hay varios mejores, me he quedado con el de Odesa, tras el paso fugaz de mayo por la ciudad del mar Negro. En gran medida porque lo ilustra la escalinata que hiciera famosa la obra inmortal de Eisenstein, Acorazado Potemkin.

Creo que todo el mundo sabe de qué estoy hablando, aunque más que por el nombre, algunos recuerdan la película por los fotogramas en los que aparece el cochecito del niño precipitándose sin control escaleras abajo.

El póster muestra una vista desde la escalinata que hoy en día es incluso peor. No entro en detalles, porque hace meses que tengo el propósito de poner por escrito las cosas que vimos y aprendimos por aquellas tierras y tengo la sensación de que es un proyecto que va a quedar siempre al setenta por ciento.

Odesa: Descubra la URSS

Me parece ilustrativo contraponer la visión idealizada del cartelismo con la hiperrealista de Eisenstein. Hiperrealista porque los sucesos que se describen no sucedieron y también porque quien haya estado allí se dará cuenta de que la carrera de descenso en el tiempo que dura la escena sería algo inaudito.

La masacre

Como es inevitable, tengo una fotografía de mí mismo bajando las escaleras. Al parecer, la grandeza de su efecto arquitectónico consiste en que cuando uno contempla la escalinata desde arriba los descansillos no le dejan ver los escalones, en cambio cuando uno la mira desde abajo, no parece que haya descansillos.

El turismo

Hay muchas otras cosas que ver en Odesa. Creo que las escaleras son sólo una excusa y una forma de buscar el espíritu de algo. Un recuerdo antiguo, un meme potente de cultureta, o la nostalgia tonta de la adolescencia física e intelectual con la que una vez leímos cosas de revoluciones que parecía que servían para algo.


Los niños españoles en la URSS

13/12/2010

Los niños españoles en la URSS (1937-1997)

Hace años me compré este libro por correo, y no me lo leí porque tras hojearlo, no me convenció demasiado. Esperaba más información histórica. En realidad, el título completo del libro es Los niños españoles en la URSS (1937-1997): narración y memoria; y el énfasis está puesto en el relato que aquellos niños hacen hoy de sí mismos. Y como hemos escrito recientemente, la memoria muchas veces se opone a la historia. Pero en fin, es precisamente mi reciente interés por estos temas lo que hace que ahora me lo haya acabado de leer.  Se trata del resultado de una investigación a través de una serie de entrevistas con una gran parte de los niños, ahora ancianos, que quedan.

Aunque en líneas generales, la existencia de los niños de la guerra o niños de Rusia es conocida en España, no se conocen muchos detalles sobre su periplo y su situación actual. Parte del libro trata del enfoque de la prensa española en diferentes períodos. Otro tema interesante es el de las diferencias en el colectivo, entre los que regresaron en 1956-57 (que el franquismo llamó los repatriados) y los que han permanecido hasta la desaparición de la Unión Soviética, y los que todavía quedan.

Uno de los temas importantes del libro es el agradecimiento a la URSS. Curiosamente, en la portada aparece una fotografía de agradecimiento que puede ser cualquier cosa menos espontáneo. La pancarta dice “Gracias al camarada Stalin que ha dado a nosotros la segundo patria”, algo que no puede ser obra de ningún hablante nativo de español.

También me ha resultado interesante lo problemático de la categoría (¿quiénes son y quiénes no son los niños?) y el fenómeno de interpretar toda la biografía del individuo a partir de la infancia. La imposibilidad de una existencia apolítica y a la vez el distanciamiento de la política son otros hechos interesantes.

Me imagino que dentro de poco resurgirá el interés por este episodio colateral de la guerra civil española, ya que hace unos días se ha estrenado Ispanski, una película que toca el asunto. Servirá de réplica a aquella Murió hace quince años del franquismo, que apenas recuerdo.

Es difícil hacer justicia a esta historia, pero este libro puede ser un buen prisma desde el que analizar la historia que se escriba. Creo que ahora lo he leído en el momento adecuado.


Nankín

08/12/2010

 

Nankín en China

Tengo que rescatar un cuaderno con notas de mi viaje por China, porque hay cosas que tengo olvidadas casi por completo. Probablemente lo que más, haya sido el paso por la Nankín, la capital del sur (Nanjing, Nanking, 南京). Mis recuerdos se limitan a llegar en tren desde Xi’an y contemplar desde el vagón la enormidad del Yang-tsé, que encontramos alojamiento en un edificio alto que era de una universidad; que cerca había un garito con un ambiente un tanto extraño en el que la clientela era una mezcla de jóvenes chinos pudientes y estudiantes extranjeros. Me resultaba extraño porque mezclaba música pop con la actuación en directo de un hombre que tocaba la guitarra clásica. Una cerveza costaba unos 15 yuanes (algo menos de 2€), lo que parecía carísimo comparado con los precios que veía.

Recuerdo un trozo de la muralla y una pagoda peculiar, pero no ir a ver el mausoleo de Sun Yat-en y calcular mal la inmensidad de la ciudad en el mapa y que Antoñito y yo nos perdimos y el acabó llegando a las estribaciones de la muralla púrpura y que yo, casi por casualidad, me encontré con el Memorial de la Masacre de Nankín, sobre la que había leído sucintamente en la guía de viaje. Por aquellos tiempos yo era totalmente ignorante en asuntos de la Historia de China, a diferencia de ahora que soy casi totalmente ignorante, y acababa de descubrir lo que en inglés suelen llamar The Rape of Nanking, y que ni la palabra rapto ni violación transmiten en toda su intensidad.

Allí pasé un mal rato leyendo las atrocidades perpetradas por los soldados japoneses, contemplando los monumentos desgarradores y paseando por una zona acristalada en la que se preservan centenares si no milesde restos óseos. De entre los visitantes una mujer china, casi anciana, lloraba a gritos acompañada por sus familiares que la sujetaban. El rato no fue un buen trago, pero tengo que decir que no se me quedó grabado en la memoria de las emociones como si hubiera visto Mathausen. No sé si es la falta de educación sentimental, la distancia entre oriente y occidente, o que lo reciente que me resultaba el descubrimiento de lo que había acontecido en 1937 bloqueaban en mí una empatía mayor con la historia, con sus protagonistas y con sus legatarios.

Pero cuando uno pasa por un sitio, ese sitio es ya parte de su historia. Al menos si pasa on los ojos abiertos, y desde entonces, ya hace más de nueve años, siempre que tengo la ocasión de ver o leer algo sobre esa parte de la segunda guerra sinojaponesa, lo hago. Por ejemplo, en 2007, me desagradó lo que leí en unos paneles del museo Yūshūkan de Tokio, enclavado en el polémico santuario de Yasukuni. Algo de un negacionismo que en Alemania hoy no sería posible y que sigue lastrando las relaciones entre Japón y sus vecinos.

 

Ciudad de vida y muerte

En las últimas semanas he visto dos películas sobre la masacre: una  es Ciudad de vida y muerte, de 2009, muy estética y a la que creo que no se le puede alegar mucho ni desde el punto de vista cinematográfico ni desde el histórico-político. Muy recomendable. La otra, siendo peor, es Black Sun: The Nanking Massacre, una película de Hong-Kong de 1994. Me falta por ver John Rabe, que es bastante nueva y tiene buenas críticas.

De Black Sun:The Nanking Massacre, me han sorprendido un par de técnicas. Mezcla trozos de rodaje histórico con la película, para meter el contexto con calzador, nada de sugerir, es así. Hay trozos muy crudos y relativamente mal hechos (no sé si para bien o para mal), como cuando a una mujer embarazada le sacan el feto a bayonetazos; y relativamente,  la intención política es mucho menos sutil que en Ciudad de vida y muerte.

 

Black Sun: La masacre de Nankín

Me llamó la atención un momento en el que un japonés le dice al alemán John Rabe. “Nosotros entendemos lo que hicieron con los judíos, espero que nos entiendan a nosotros”, que es un comentario bastante improbable en diciembre de 1937 y que supongo que tiene la intención de meter al espectador occidental u occidentalizado en un contexto de referencia que pueda entender. A mí me parece una pequeña chapuza.

A lo mejor, si encuentro mi cuaderno y algunas fotografías que tengo sin escanear, puedo recuperar algún recuerdo agradable, porque a día de hoy una ciudad vibrante como Nankín me ha quedado en el recuerdo sólo como el escenario de la masacre.


Roma, de Adolfo Aristaráin

02/12/2010

Roma

Es la primera vez que la nieve cuaja en el balcón, así que no me han dado muchas ganas de salir a la calle a celebrar el primer día de mi nueva vida. Me he quedado en casa esperando a que Fedex me trajera el billete de ingreso a la siguiente, pero al parecer debía de ir en el avión de Tom Hanks.

Así que hemos estado haciendo otras cosas. Una de ellas, ver esta película hispanoargentina del año 2004. “Roma”, dirigida por Adolfo Aristaráin y que nada tiene que ver con la fundada por Rómulo, sino que es el nombre de la madre del protagonista. Recuerdo haber visto “Martin Hache” en el cine hace muchos años (creo que es del 97). Lo recuerdo con agrado y no me pareció mal ver otra película en la que apareciera Juan Diego Botto, que me ha gustado a veces, aunque lo considero irregular. Irregular también Pepe Sacristán, pero con eso y con todo me he puesto a ello.

Para lo que se cuenta en la historia, la peli es larga. Dos horas y media para narrar el encuentro entre el escritor joven y el viejo que fue como él, y la biografía del viejo cuando fue joven, es mucha tela. En cambio, lo he visto como quien ve nevar cálida y apaciblemente. Hay algo que me atrae en el periodo histórico de la Argentina de los sesenta y setenta. Un país que estaba en muchos sentidos mucho más desarrollado que España y que luego se acabó hundiendo y de qué manera. Esperamos que resurja de sus cenizas de 2001.

Creo que ni Sacristán ni Botto hacen una gran interpretación, pero en conjunto, aunque sea por debilidad sentimental he pasado un buen rato. No se la recomendaría ni por asomo a alguien que no supiera español, pero nosotros nos vemos reflejados en el otro lado del charco y quizá sea otra cosa. Regular tirando a bien, por decir algo.


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