24.08.2011 Después de parar en Jor Virap seguimos hacia el sur por la carretera paralela al río Araxes y la línea que trazó el Tratado de Kars. Pasamos por un lugar llamado Armash, que en el mapa destaca por sus espacios dedicados a la piscicultura y llegamos hasta Yerash, un lugar donde estamos obligados a girar hacia el este, ya que desde hace veinte años no se puede seguir por la carretera que continuaba hacia el enclave azerbaiyano de Najicheván. Tras la guerra de 1991-92 este acceso ha quedado cerrado hasta quién sabe cuándo. La vista de la estrada abandonada lo dice todo.
La carretera que seguía hacia Najicheván (Azerbaiyán)
No sólo tenemos Azarbaiyán a la vista, Irán está a menos de diez kilómetros en línea recta. Este es un terreno pródigo en fronteras. Seguimos un poco más adelante, y la M-2 atraviesa el antiguo enclave de Karki, donde hasta 1990 vivían azeríes, pero que fue ocupado por Armenia y ahora se llama Tigranashén. Como el asunto de las fronteras no esta cerrado definitivamente y la Comunidad Internacional no reconoce otras que no sean las de las antiguas repúblicas soviéticas, este lugar sigue apareciendo en los mapas como perteneciente a Azerbaiyán. Ya dije que este era uno de los casos dudosos por los que podría llegar a decirse que hemos estado en Azerbaiyán, aunque en este en concreto no cumplimos con la regla del pie en tierra.
Poco después dejamos la provincia de Ararat para entrar brevemente en un rincón de la de Vayots Dzor. En Arena tomamos un desvío para subir a Noravank por una carretera sinuosa que sigue el curso del río Gnishik, que forma una garganta en esta zona. Noravank es un monasterio con pocos edificios, edificado entre los siglos XII y XIV en un lugar majestuoso y restaurado parcialmente hace poco más de una década. Para los amigos de nuestras etimologías diremos que nor significa nuevo y vank, monasterio.
Como puede parecer lógico, “nor” aparece en muchos topónimos. El nombre de muchos barrios de Yereván está compuesto por esta palabra, seguida del nombre de una localidad perdida de la Armenia occidental, hoy en Turquía. A mís amigos eternos estudiantes del vascuence, les gustará saber que hay un lugar que se llama Nor Nork como cierta tabla de verbos. Respecto de vank, sólo puedo decir que banco es bank, y que es interesante este equilibrio entre lo material y lo espiritual. También que si el armenio fuera tan conocido como otras lenguas, la expresión “monasterio de Noravank” quedaría un poco ridícula, como “la calle Oxford street” y otras parecidas que a veces oigo y otras veces se me ocurren.
La carretera que sube al monasterio de Noravank
El color dorado y brillante de la piedra contrasta con la negritud de otros monasterios que hemos visto. No hay apenas público. Un tipo con aspecto de portero de discoteca y al que acompaña una mujer muy atractiva nos oye hablar en español y se mete en la conversación. Es un armenio, se llama Jari y ha trabajado en Madrid. Le contamos nuestros planes, que venimos de Yereván y que hoy queremos llegar al lago Seván. Nos dice que le llamemos para tomar algo cuando lleguemos a Martuni, que es su pueblo, el primero de los de la ribera del lago por el que pasa la carretera. No el homónimo del Karabaj. Aunque pasaremos por allí, por desgracia no habrá tiempo. La exigencia de la carretera es a veces una lástima, porque uno se ve obligado a perder ocasiones de conocer gente y cosas que enriquecerían los kilómetros.
Surb Astvatsatsin (Iglesia de santa María, en Noravank)
Aunque dimos un vistazo por la zona, pasamos la mayor parte de nuestro tiempo allí en el edificio más peculiar, la iglesia consagrada a la Madre de Dios. Para llegar al interior del primer piso hace falta subir, pegado a la pared, por una escalera algo engañosa. Tuvimos suerte de que no hubiera nadie por allí. También dentro la piedra está limpia. Creemos que debe de haber recibido un buen masaje de chorro de arena. La puerta de madera labrada era toda una obra de arte. Esta iglesia la completó en 1339 el famoso escultor Momik. En el recinto hay un pequeño museo con una exposición dedicada a su figura del que sobre todo me gustaron las miniaturas en pergamino y la parte en la que se mostraban los materiales de pintura.
La otra iglesia, la de san Juan Bautista (Surb Karapet)
Después nos tocó volver a bajar la garganta del Gnishik, ya que la carretera termina en las montañas cobrizas del monasterio. Después de girar a la derecha en Areni y seguir unos diez kilómetros hacia el este, pusimos finalmente rumbo norte, dejando a un lado Tatev, Karahunj y otras cosas hermosas y curiosas que pueden verse en la siguiente ocasión, cuando por fin alcancemos la provincia de Syunik. Poco sospechaban mis camaradas que tardarían tan poco en tomar esa ruta.

Escrito por alfanje 











