Hace unas semanas, la tragedia del avión presidencial polaco estrellándose en Smolensk me llevó a volver pensar en Katyn y en aquella guerra y a la idea de Polonia y la identidad polaca. Hace un tiempo se me ocurrió un simil entre Polonia y Corea y lo extraño que resulta que ambos países hayan sobrevivido, entre dos imperios oculturas tan enormes. En realidad el simil es la típica deformación nacionalista de la Historia, aunque no deja de tener su interés. Polonia entre Alemania (Austria-Prusia) y Rusia; Corea entre la China y el Japón.

Torre de la iglesia de Santa Isabel, Breslavia
En realidad, hay formas de imaginar Polonia dentro del Imperio Ruso como a Cataluña dentro de España hoy. Habrían sido eslavos católicos, otra nacionalidad dentro de la Gran Madre Rusia. Más aún en un siglo XIX en el que Europa oriental era diversidad cultural y étnica por doquier. Pero la historia es la que fue y si el siglo XIX fue el de los nacionalismos, las guerras del XX y los posteriores movimientos de población los consagraron. De eso saben mucho las piedras de nuestra Breslavia, Breslau-Wroclaw.

Casas del Rynek, al fondo Sta. Isabel
La primera vez que leí sobre Katyn rechazaba creerlo. Tenían que haber sido los alemanes. Incluso creí durante mucho tiempo que el pacto Molotov-von Ribbentrop fue un mal necesario para la expansión del socialismo. La historia de las relaciones polaco-rusas es compleja. Es cierto que el estalinismo asesinó a veintitantos mil polacos en Katyn, pero también fue la Unión Soviética quien ganó un país para Polonia, o para una cierta Polonia, o para apropiarse lo que hoy es Ucrania Occidental. En cualquier caso, sin el concurso de la URSS Wroclaw seguiría siendo una ciudad alemana.

Rynek (Breslavia)
El gobierno polaco en el exilio de Londres (cuyo último presidente también murió en el avión de Kaczynsky) estaba dispuesto a volver a las fronteras de 1939. Pero el nuevo gobierno comunista polaco quería y debía anexionarse Silesia y Pomerania. Necesitaba ese espacio para meter a los “repatriados” de la Kresy. A los territorios conquistados los llamó recuperados, basándose en los límites territoriales de la dinastía de los Piast en el siglo XII. Apenas se había hablado una lengua eslava al oeste de Breslau en los siglos XIX o XX. La población era germana en la totalidad de la Baja Silesia y en Oppeln (Opole) y mixta en la Alta Silesia. Ese hecho contribuyó a que casi todos los bajosilesios fueran expulsados, mientras que en Oppeln y la altasilesia quedaron algunos polonizables. Ese es el origen de la minoría alemana que aún persiste en Polonia, que a veces se autodefine como “silesia” y que tuvo que atravesar el proceso de desgermanización durante las cuatro décadas largas del régimen comunista.

Plaza de la Sal, Breslavia
La política de desnazificación lo fue también de desgermanización. La última escuela alemana de Wroclaw cerró en 1963. Ahora se ve publicidad de escuelas bilingües. Es complicado encontrar vestigios de la cultura alemana. Letreros antiguos, placas. En la mayor parte de los lugares destruyeron las placas de los cementerios. Hay algunas placas en Santa Isabel. Buscar este legado es un pasatiempo tan interesante como el safari fotográfico de los enanos.

Estatua de Alexander Fedro en el Rynek
El Rynek es un buen lugar para empezar el pasatiempo. Por ejemplo, la estatua del escritor Alexander Fedro ocupa el mismo lugar que la que le antecedió, del káiser Guillermo. Bajo el Ayuntamiento, que hoy es Ratusz y antes era Rathaus, se encuentra un restaurante famoso, uno de los más antiguos de Europa, según dice. Es la bodega de Świdnica, Świdnica (Piwnica Świdnica), en alemán llamada Sweidnitz Keller, por la ciudad que otrora rivalizara con Breslau.

Piwnica Swidnica
Aunque no todo es nacionalización. Ese es quzá un proceso ya agotado por su propio éxito. Hoy tenemos otros procesos en marcha: multiculturalidad, globalización. Un paseo por el Rynek nos permite ver hamburgueserías y restaurantes de sushi y hasta un antro de salsa que se llama, en español, La Casa de la Música. Esta es la globalización en marcha. Primero llega a las capitales de los países y luego a las ciudades que disponen de aeropuertos. Las zonas fronterizas son también de las primeras en recibir el influjo de capitales y las influencias culturales.

Ayuntamiento de Breslavia. Fachada este.
Y así, pizzerías, cadenas de hoteles, alquiler de autos y concesionarios de vehículos y marcas extranjeras que luchan por hacerse con un hueco en el mercado van llenando el paisaje y el vocabulario de palabras de grafía extraña. Todo ello se mezcla con el sustrato local y con la historia del lugar, y así en el lado norte del Rynek tenemos un bar que se llama pod Zlotym Jeleniem (el ciervo dorado) y una joyería Schubert, algunos anticuarios, la susodicha Casa de la Música y la Taverna Española (con uve, de vino).

Rynek, lado norte
Luego salimos del Rynek por el noreste y pasamos por una zona que fue de las más dañadas de la ciudad. Por ello las viviendas que hubiera han sido sustituidas por bloques de hormigón al estilo soviético. Es fácil criticar su fealdad, pero es probable que dieran la vida a muchos, en años en que la vida estaba para pocas florituras. Wita Stwosza, cerca de la Iglesia de Santa María Magdalena.

Wita Stwosza, Breslavia
Por esa calle se llega a la Galería Dominikanka, donde se puede apreciar una invasión germana a través de las marcas comerciales y las cadenas de tiendas. Un edificio funcional, convertido en un templo del capitalismo de esos que veinte años atrás habrían parecido imposibles. Nos dirigimos a otro templo, este de la identidad del país y de la ciudad, que también es interesante para entender cómo se ha construido: el Panorama Raclawice.

Panorama Raclawice
El panorama Raclawice es una obra de arte digna de verse. En realidad se trata de un cuadro. Una sucesión de lienzos de modo circular que conforman el paisaje de la batalla de Raclawice que enfrentó a tropas rusas y polacas en 1794. El espacio que hay entre la plataforma desde donde los espectadores observan está cubierta por tierra, vegetación, despojos bélicos y otros elementos de atrezzo que realzan la sensación de autenticidad.

Maqueta de la batalla de Raclawice
Hasta aquí, nada de especial salvo la grandeza artística. El asunto es que el cuadro se exponía en la ciudad de Lvov, ahora en Ucrania, pero que hasta antes de la Segunda Guerra Mundial perteneció a Polonia. Al parecer la mayor parte de quienes repoblaron Wroclaw durante y tras la expulsión de los alemanes provenía de Lvov y alrededores y con ellos se trajeron su obra de arte. El problema era que la obra representaba la victoria de los polacos del siglo XVIII frente a sus enemigos rusos entonces, pero aliados en el bloque comunista siglo y medio después. Durante más de cuarenta años la obra no pudo exponerse. En la República Socialista de Polonia el nacionalismo polaco era un elemento clave en la dirección política del país en cuanto que antialemán, pero no podía mostrarse como antirruso, para las relaciones con la Unión Soviética podía sacarse de la librería de recursos marxista el internacionalismo proletario y la fraternidad paneslava. Y ahí la mentira de Katyn y otras que perduran hasta nuestros días.

Trozo de la muralla que me evocó el frío que debieron de pasar los contendientes en el episodio de la Festung Breslau, 65 años atrás.
Tengo la sensación de que los polacos miran su historia con cierto sentido de victimismo y como desde fuera de la misma. Hoy día es sencillo criticar a la Unión Soviética y dárselas de anticomunista. Es difícil encontrar a un polaco comunista o a un español abiertamente franquista, pero sería muy difícil explicar cómo esos regímenes duraron cuarenta años con tan poca base social. Reconozco que la muestra social de la gente con la que hablo debe de estar bastante sesgada, porque tampoco he encontrado nunca a un italiano que haya admintido haber votado a Berlusconi. En general, los polacos me hablan de los comunistas en pasado y en tercera persona del plural, como si fueran extraterrestres. En cuanto a Rusia y a pesar de la leve mejoría a partir de la conmemoración conjunta de Katyn y la tragedia de Smolesk, la relación de amor-odio entre estos hermanos eslavos es espinosa. Es de suponer que los bajosilesios saben que URSS ganó la guerra, y este país de Silesia para ellos.

Nunca había visto tanta nieve
Desde el exterior del edificio del Panorama se ve, al otro lado del Óder (en polaco Odra) la catedral. Antes de ir había visto una película corta rodada en la ciudad en 1938 que comienza con la misma toma. Me llamó la atención el hecho de que estuviera rodada en color, muy infrecuente. Se aprecian algunas vistas de la ciudad. Un militar alemán y su hijo van a la frontera con Polonia, que entonces quedaba muy lejos de aquí.

Catedral de Breslavia, frente al Óder helado.
Sería más propio citar a Goethe, a Singer o a Zymborska, pero pensando en esta ciudad, el exterminio de sus judíos y los de toda Europa central y oriental. O pensando en ese Breslau alemán que ya no existe y en otros universos extintos he entendido “yo amo los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles como pompas de jabón”.

Patos y cisnes sobre el río Óder helado (y vista de la catedral desde Piakowy Most, el puente de Piaskow)
Luego hemos ido a ver las catedral. Un paseo por entre los puentes. Esta es la zona más antigua de la ciudad, donde se produjeron los primeros asentamientos prehistóricos. Me he parado a mirar la cruz en cuya base esta grabada la imagen de San Juan Nepomuceno siendo arrojado al Moldava en Praga, que después tendría ocasión de observar de nuevo en Świdnica. Muy popular el culto en Bohemia y Silesia. Santa Eduvigis (Hedwig, Jadwiga) es la santa local.

Mercado Hala Targowa en la calle de Piasków
Una breve parada en el mercado de Hala Targowa, que es un mercado como todos. Es más atractivo por fuera que por dentro, donde su aspecto no escapa de la fealdad del hormigón. Por delante aún pasan tranvías de los antiguos, un tanto destartalados.

Calle Szewska en la zona de la universidad. Quizá hace veinte años todo tuviera este aspecto gris.
Después nos dirigimos a la universidad, donde se puede visitar el Aula Leopoldina, que no nos gusta por demasiado barroca y recargada, aunque en su estilo impresiona. Hay una exposición muy interesante sobre los premios Nobel que han formado parte de la institución. Se dice que Wroclaw es la ciudad más oriental de Polonia, ya que su población de posguerra proviene de la frontera ucraniana. A la Universitas Wroclawiensis la han llamado la Universidad de Lwov en Wroclaw, porque de allí llegaron quienes la organizaron tras la guerra. Hay algunas otras exposiciones, por el edificio pasa el meridiano 17, que está marcado en el suelo y como colofón las vistas de la ciudad desde la terraza.

Edificio de la Universidad. Al fondo, la catedral.
Con esto se nos había ido la mañana. Hemos ido a comer a la bodega de Świdnica, debajo del ayuntamiento. Unos pierogy especiales que nos han ayudado a entrar en calor. Después nos ha dado tiempo a hacer fotos de gnomos y a bajar por la calle Świdnica (que antes también se llamaba Sweidnitzstrasse) hasta el paseo de la muralla, por donde el hotel Metropol, para volver al centro y al Rynek atravesando la plaza de la sal.

Casa con muchas ventanas
Febrero en Breslavia y yo injustamente pensando en el frío y en la guerra y en el pasado de la ciudad que fue.