Leópolis

21/12/2011

Das Schweigen derer, die nichts sagen, ist furchtbar. Es ist das Schweigen derer, die nicht vergessen, derer, die wissen, dass sie verloren sind.

El tren llegó puntual

El otro día no conté demasiado de la novela de Heinrich Böll, casi que me limité a acotar el espacio y el tiempo de Der Zug war pünktlich. Un tren que sale de Alemania y marcha hacia el frente oriental en 1943 y la ciudad de Lemberg, Lwów, Lvov, L’viv, Leópolis.

En cambio anoté algunas líneas, como la llegada a la estación leopolitana, porque también nuestro tren fue puntual y la estación nuestro punto de entrada; aunque nuestro expreso viniera desde Kiev y en dirección oeste para encontrarse la misma ciudad con otro nombre.

Es una lástima que haya vuelto a dormirse, precisamente cuando llegan a Lemberg. La estación es muy grande, con estructura de hierro negro, y unos letreros blancuzcos y sucios situados en los andenes, y en los que el nombre de Lemberg aparece escrito en negro.

Estación. Lemberg, Leópolis, Lwów, Lvov, L'viv

También un párrafo que me recuerda a mi estancia en lo que tuvo de búsqueda del legado que dejó el constante cambio de fronteras y el viejo amontonamiento y yuxtaposición de culturas.

Parece extraño que me encuentre en Lemberg -se dice-. ¿Qué hago en esta casa de la época austriaca, vieja y medio derruida? En alguna gran sala de la misma se celebraron en otros tiempos grandes fiestas y se bailaron valses. Hará unos… – cuenta en silencio- veintiocho años…; no, veintinueve. Veintinueve años atrás no había ninguna guerra. Hace veintinueve años esto era territorio austriaco… Después pasó a Polonia… más tarde a Rusia…. y ahora pertenece a la Gran Alemania.

Lenguas que ya no se oyen en la ciudad

Está hablando en 1943 y piensa en los cambios acontecidos en desde 1914, en 1918, 1939  y 1941.


El tren llegó puntual

17/12/2011

Das Schweigen derer, die nichts sagen, ist furchtbar. Es ist das Schweigen derer, die nicht vergessen, derer, die wissen, dass sie verloren sind.

El tren llegó puntual

Me han pasado este libro de Heinrich Böll y me lo he leído de un tirón. Der Zug war pünktlich, su primera obra, de 1947. La acción se desarolla a finales de 1943 y son tres días, acaso los últimos, de la vida de un soldado alemán de camino al frente oriental que ya está desmoronándose. Comienza a bordo de un tren que sale de Dortmund junto con otros soldados y destacan los pensamientos de Andreas en el trayecto. Dresde, Breslau y luego Polonia para llegar a la capital de Galizia: Lemberg. Andreas ha calculado que morirá en algún lugar entre Lemberg y Czernowitz, pero finalmente ocurrirá o no entre Lemberg y Stryj.

Lo he leído con avidez porque junta tres intereses míos como lo son la historia cultura y literatura de Alemania (nada menos); la Segunda Guerra Mundial y los nacionalismos de Europa oriental. Además ocurren cosas en dos de ciudades de las que hemos escrito como son Breslavia (entonces Breslau, hoy Wrocław) y Leópolis (Lemberg, Lvov, L’viv).

Cuando lo he leído me ha venido a la cabeza la idea importante de que hay libros que sólo pueden escribir quienes han vivido lo que se narra. Böll fue soldado raso durante la guerra y seguramente conoció cosas que cuenta y que son muy difíciles de inventar: pequeñas como el olor a café de los trenes, el sabor de las raciones; otras que tienen más importancia y no suelen salir en los libros, como las corruptelas en el ejército, el mercado negro o la interacción de soldados y población civil ocupada o sucesos terribles como los de las marismas de Ssiwasch; pero también hay algo discutible en su planteamiento y es que Andreas “sabe” lo que va a pasar, tiene la premonición de que todo está perdido y llega a hablar a Olina de de 1945.

Aquí no es problemático porque es literatura, pero cuánta gente quiere escribir la Historia así. Siempre me ha parecido interesante observar las cosas desde la perspectiva del que falta y no pudo saber. Uno de los inconvenientes de la muerte es no poder satisfacer la curiosidad por qué pasará luego. Andreas lo ha visto todo sin duda a través de los ojos de Böll, pero algunas veces he pensado en sus coetáneos, que murieron en la estepa a cientos de kilómetros de casa defendiendo una superioridad racial absurda y una ensoñación imperial demente. No se les dio la oportunidad de cambiar y si ya es malo morir, cuánto más lo es hacerlo luchando por unas tonterías en las que ya sólo los tarados creen.

Escenarios.

La historia va en dos sentidos, el del soldado hacia el frente y el del frente hacia el soldado. He puesto un mapa para ilustrar el recorrido geográfico que hace Böll. Aunque el primer título de la novela fue Zwischen Lemberg und Czernowitz la historia de Andreas acaba entre Lemberg (F) y Stryj (G). pero las menciones a otros lugares, a un mapa que lleva y al lugar en el que calcula que lo encontrará la muerte son continuas.

En mi edición española no hay mucha coherencia toponímica, pero quizá en el original alemán tampoco la haya. Przemyśl se llama en alemán Premissel, pero me supongo que lo que hacen los traductores es copiar lo que pusiera Böll excepto para Cracovia. En esta lista pongo los topónimos que aparecen en la novela junto con los actuales. El mapa en Google Maps tiene las fronteras posteriores aa 1945, lo cual no es ideal pero sólo llego técnicamente hasta ahí. Yo hago indicaciones teniendo en cuenta las anteriores a 1939, ya que en los años de la guerra las fronteras son flexibles y sin demasiado valor.


View Larger Map
  • A: Dortmund, Alemania
  • B: Dresden, Alemania (en español Dresde)
  • C: Breslau, Alemania (en español Breslavia; pertenece a Polonia como Wrocław desde 1945)
  • D: Cracovia (en polaco Kraków, en alemán Krakau)
  • E: Przemysl, Polonia (en polaco la ese es acentuada: Przemyśl)
  • F: Lemberg, Polonia (en Polonia hasta 1939 como Lwów; en la URSS desde 1945 [ruso Lvov] [ucraniano L'viv] )
  • G: Stryj, Polonia (es el nombre polaco; hoy pertenece a Ucrania [en ucraniano Стрий, Srtiy]) – no confundir con otro Stryj que hay en la Polonia actual.
  • H: Czernowitz, Rumania (es el nombre alemán, en ucraniano es Чернівці Chernivtsi; hasta 1940 perteneció a Rumania como Cernăuţi)
  • I: Stanislau, Polonia (hoy en ucraniano Ivano-Frankivsk, antes fue Stanyslaviv, perteneció a Polonia hasta 1939 como Stanisławów)
  • J: Kolomea, Polonia  (hoy en ucraniano Коломия Kolomya, perteneció a Polonia hasta 1939 como Kołomyja
Más adelante aparecen Nikopol (K) y Anapa (L), que también se mencionan. Las marismas de Ssiwasch están en Crimea.



Primera emisión de radio

26/07/2011

Ayuntamiento de Breslavia

La que comparte mis días no pasa los de esta semana a mi lado, porque de vez en cuando vuelve a Polonia por asuntos de trabajo. Me hubiera gustado mucho volver a acompañarla a Silesia, y de hecho estaba previsto, pero en esta ocasión no ha sido posible, por agendas varias. Me gusta mucho esa ciudad de Breslavia y querría volver sin la nieve. Tarde o temprano será, si las circunstancias laborales siguen siendo las que son.

Lado sur de la plaza mayor

Pero puede ser buen momento para rescatar una de esas historias que se me quedaron en el cajón. Tiene que ver con una placa que lleno de curiosidad fotografié en la plaza mayor,  el Rynek, y cuyo desenlace pospuse meses y meses. Estaba en una casa de color rosado que había en el lado sur de la plaza. Si uno está mirando de frente al ayuntamiento gira la cabeza hacia la derecha y, entre varios edificios elegantes, es quizá el más llamativo.

Placa de 1971

No puede decirse que diera la sensación de tratarse de una placa importante, junto a las conexiones de la electricidad y otros acompañantes domésticos. Sólo me llamó la atención porque decía 1945 y supuse que conmemoraría una acción bélica durante la toma de Breslau o algo de esa naturaleza. El día que me puse manos a la obra, deduje que decía asi:

W tym domu w. 1945 r miescila sie pierwsza siedziba Polskiego Radja we Wrocławiu.
W 25- ta rocznice nadania
pierwszej Polskiej audycji na fale eteru
Towarzystwo Milosnikow Wrocławia

29 wrzesnia 1971

Primera emisión de radio en polaco en Breslavia

Es una placa del 29 de septiembre de 1971 en el que los Amigos de la Ciudad de Breslavia (Wrocław) conmemoran el vigesimoquinto aniversario de la primera emisión de radio en polaco en la ciudad. El edificio albergó las oficinas de la primera emisora polaca. Quizá eso sea más característico de las guerras que las maniobras militares y las acciones heróicas. Por lo menos de las guerras nacionalistas: el decidir cómo se llamarán las cosas y quienes quedarán para llamarlas.


Gdynia

22/07/2011

Gdynia (Polonia)

Ha querido la casualidad que mi compañera haya salido hoy para Gdynia, en Polonia, y que uno de mis blogs favoritos haya publicado hoy una entrada sobre la pronunciación del nombre de la ciudad y, por extensión, del grupo consonántico -gd- . Creo que las cosas que dice valen tanto para el inglés como para la lengua española, con la salvedad de que nosotros diremos /ged-/, más que /ɡəd-/.

Gdynia está muy cerca de otro puerto polaco, el de Gdańsk, con el que comparte esas consonantes difíciles. En parte el puerto de Gdynia creció como respuesta polaca al estatus internacional que en el período de entreguerras tuvo la ciudad libre de Danzig (el nombre alemán por el que se conocía a Gdańsk por entonces, incluso en lengua polaca – Gdańsk es un topónimo fabricado en 1945). La otra cosa por la que creo que más se conoce a Gdańsk es por ser el lugar en el que se encontraban los Astilleros Lenin, donde nació el sindicato Solidarność (Solidaridad) del bigotón Lech Wałęsa.

Gdynia en cambio, no se conoce por casi nada y es curioso que así sea, porque tiene un puesto en Historia universal de la infamia. Tras la invasión de Polonia por parte de la Alemania nazi en 1939, la ciudad cambió su nombre por el de Gotenhafen (que para mí es un poco más pronunciable; significa algo así como “puerto de los godos”). Las tornas cambiaron y seis años después, tanto  el ejercito como millones de alemanes se batían en retirada hacia el oeste.

El 30 de enero de 1945, salió del puerto de Gotenhafen el navío Wilhelm Gustloff, con varios miles de civiles a bordo. Era un barco que en el pasado había servido como hospital pero también participado en operaciones como la repatriación de la Legión Cóndor desde España tras el final de la guerra civil. El barco fue hundido por un torpedero soviético, con un resultado que se considera la mayor catástrofe naval de la historia: más de 9.000 muertos, la mayoría mujeres y niños.

No podemos esperar ninguna película glamurosa como el Titanic de James Cameron, porque sólo fue horror. Es además, una de las memorias incómodas que aborda Maja Zehfuss en su libro Wounds of Memory, en el que entre muchas cosas analiza profundamente la novela que Gunther Grass escribió en 2002 con el hundimiento como trasfondo.

Es curioso que nunca oigamos hablar de la mayor tragedia naval de la Historia y sí de otras de menor entidad. Sin duda, es debido a que el hecho de que sus victimas fueran connacionales y coetáneos del gobierno genocida que causo la mayor tragedia de la Historia nos genera sentimientos conflictivos. El hundimiento del Wilhelm Gustloff nos resulta más terrible porque a bordo iban mujeres y niños y una forma más fácil de digerirlo es pensar que fue por un bien superior y que también iban a bordo miembros de la Gestapo, cosas que no dejan de ser ciertas.

También puede ser injusto que nos parezca automáticamente que la muerte de soldados varones sea menos trágica o tenga menos valor. Es otro de esos mecanismos bioéticos, que tienen su lógica pero que es una que no se compadece con nuestros valores. Al fin y al cabo, de qué sirve hacer listas de tragedias ordenadas por número de muertos y por qué iban a tener más valor las vidas de los 9.000 caídos del Wilhelm Gustloff que las de los 7.000 del Armenia.

Son preguntas muy difíciles que no tienen ninguna respuesta satisfactoria. En cualquier caso, tanto en esto como en ese debate permanentemente abierto sobre la guerra de España, soy partidario del saber y sobre todo del saber amargo, de ese que incomoda y remueve las certidumbres y nos aleja de nuestro bando y tribu, porque aunque no soy tan ingenuo como para creer que nos libera, sí que creo que puede ser el que tenga un efecto más parecido.


Cuatro tipos de nacionalismos en Europa oriental

27/07/2010

Debido a mis viajes de este año al otro lado del ya desparecido telón de acero, me suelen preguntar qué es lo que me gusta tanto de la Europa del Este. Debe de haber muchas razones y una que es sin duda importante debe de ser la de haber recorrido ya bastante la Europa de por aquí. Pero hace poco me di cuenta de que una de las cosas  que me atraían era que me recordaba en muchos aspectos a la España de los años ochenta, y ya se sabe que no hay patria como la infancia.

De hecho, el nacionalismo tiene mucho que ver con un regreso a una edad dorada e idealizada en el que las cosas eran mejor. Enlazando las dos ideas traigo a colación esta pequeña tipología que hemos traducido del libro de Sugar y que ayuda a entender diferencias importantes en la construcción de los países del oriente europeo.

Teniendo en cuenta los rasgos que el nacionalismo en Europa oriental compartía con el de Occidente, así como aquellos que los diferenciaban, podemos dividirlo [...] en cuatro grupos principales. Por conveniencia, los denominaremos burgués, aristocrático, popular y burocrático. Se pueden detectar manifestaciones de todas las variedades en casi cualquier región de la Europa del Este. Sin embargo, en el primer período de los nacionalismos uno de ellos dominaba y dejó marca en el subsiguiente desarrollo de los acontecimientos.

De las cuatro variedades, el nacionalismo burgués es el que más se parecía al de Occidente. La versión aristocrática, que era básicamente una contradicción en sus propios términos, se parece vagamente a la democracia jacksoniana, mientras que la variedad burocrática tiene mucho que ver con el nacionalismo en los nuevos países que han emergido en África y Asia. El nacionalismo burgués triunfó sólo entre los checos. Polonia y Hungría son los mejores ejemplos del segundo tipo, o aristocrático; Serbia y Bulgaria del tercero; Turquía, Grecia y Rumania del cuarto.

External and Domestics Roots of Eastern European Nationalism, in Peter F. Sugar and Ivo J. Lederer (eds.), Nationalism in Eastern Europe (University of Washington Press: Seattle, 1969)


Mapa electoral de Polonia

23/06/2010

Polonia, presidenciales 2010. Mapa por distritos (ElectoralGeography.com)

Este pasado fin de semana se celebró la primera vuelta de las elecciones presidenciales polacas, forzadas tras la tragedia de Smolensk en la que murió el presidente Lech Kaczyński y gran parte de la elite política del país. Los principales candidatos eran Jaroslav Kaczyński, el hermano gemelo del difunto presidente y el candidato liberal, Komorowsky. Hubo un tercer candidato, el izquierdista  Napieralski, que se quedó en el 13.60% y que no pasa a la segunda vuelta. Es de prever que Komorowski recoja la mayor parte de los votos del candidato eliminado y sea elegido presidente.

No es eso lo que me interesaba. En realidad, me ha llamado la atención ver que sobrevive la división territorial del mapa electoral. El que encabeza esta entrada proviene de ElectoralGeography.com. En el se aprecia la división de la mayoría de voto con relación a una antigua frontera.   Strange Maps ya lo publicó en 2008, aunque creo que el crédito corresponde a David G.D. Hecht. Después de mi viaje a la Baja Silesia en febrero lo tengo ciertamente presente. La población que vive en los territorios que antes de 1945 pertenecían a Alemania vota mayoritariamente  a los candidatos progresistas, mientras que en los territorios de la vieja Polonia es mayoritario el apoyo a los candidatos más conservadores, como los hermanos Kazcyński.

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Resultados electorales en Polonia (2007)

Es interesante discutir el porqué de esta situación. Los comentarios de la entrada en Strange Maps sugieren algunas hipótesis interesantes. Estaba seguro de que alguien más se habría dado cuenta de la repetició del patrón, y también hoy el usuario Lurker ha enlazado a undetallad  mapa de la wikipedia, que muestra con más precisión los resultados y la misma idea.

Hay una oportunidad interesante de ver si el mapa mantiene su forma el próximo 4 de julio.


Habermas habla de Alemania

14/06/2010

Anteayer apareció una entrevista muy interesante del Irish Times con Jurgen Habermas. En ella habla del cambio generacional en las elites políticas alemanas. También me han parecido interesantes sus reflexiones sobre el papel que Alemania puede desempeñar en el futuro de la UE.

“Ángela Merkel ha dilapidado en las últimas cuatro semanas gran parte del capital de confianza cumulado por sus predecesores a lo largo de cuatro décadas. … Después de Helmut Kohl, nuestras elites políticas han cambiado radicalmente su mentalidad. Con la excepción de Joschka Fisher, que se desgastó muy pronto, desde que Gerhard Schröder llegó al poder éste ha estado dominado por una generación normativa y poco ambiciosa. Parece que disfrutan del regreso de Alemania a la normalidad como nación-estado y quieren que Alemania sea “como los otros”.  Como son conscientes de que el espacio de maniobra político se ha reducido, se alejan de objetivos  a largo plazo y ambiciosos y de proyectos políticos de construcción, por no hablar de un empeño como el de la unidad europea. Percibo una cierta indiferencia hacia este proyecto. Por otra parte, los políticos no pueden seguir engañándose respecto al hecho de que la República Federal es el mayor beneficiario de la moneda única. El propio interés dicta que deben apoyar la supervivencia de la eurozona.

Sin embargo, esto solo se puede conseguir si los países del euro construyen un gobierno económico común y coordinan sus políticas fiscales. Existen desequilibrios extremos entre los países de la zona euro: esta es la razón por la que en el momento en que se introdujo el euro, el objetivo a medio plazo era armonizar los niveles de desarrollo de esas economías nacionales, bastante heterogéneas. Ahora, parece que el pacto de estabilidad es un instrumento demasiado rígido para conseguir este objetivo. Como resultado, nos enfrentamos a la alternativa de decidir si queremos cooperar más estrechamente o si desechar la moneda única. La pregunta clave desde una perspective alemana es si la República Federal está dispuesta a cambiar su política europea antes de que sea demasiado tarde y si entonces será capaz de cooperar con Francia, liderando a los demás países de la UE en la misma dirección.”

Lo recojo, porque es un poco contrario a lo que he estado pensando últimamente, a propósito de la crisis de Grecia. Si se renuncia a profundizar en la armonización europea, la situación será insostenible y el euro tendrá que desaparecer, pero desde la crisis parece que todo el mundo ha renunciado a seguir avanzando por esa senda.

También me ha parecido interesante este trozo, respuesta a una pregunta sobre la etapa postsecular en algunos países. Más que nada porque habla de países en los que algo de eso he visto:

Irlanda y Polonia han sido durante mucho tiempo la excepción al rápido avance de la secularización entre los países europeos. Pero parece que esto está cambiando, si creemos en las estadísticas más recientes. Presumiblemente, estos dos países seguirán el ejemplo de España que, tras la muerte de Franco, inició una tendencia secularizadora.


Breslavia, 20 de febrero de 2010

30/05/2010

Hace unas semanas, la tragedia del avión presidencial polaco estrellándose en Smolensk me llevó a volver pensar en Katyn y en aquella guerra y a la idea de Polonia y la identidad polaca. Hace un tiempo se me ocurrió un simil entre Polonia y Corea y lo extraño que resulta que ambos países hayan sobrevivido, entre dos imperios oculturas tan enormes. En realidad el simil es la típica deformación nacionalista de la Historia, aunque no deja de tener su interés. Polonia entre Alemania (Austria-Prusia) y Rusia; Corea entre la China y el Japón.

Torre de la iglesia de Santa Isabel, Breslavia

En realidad, hay formas de imaginar Polonia dentro del Imperio Ruso como a Cataluña dentro de España hoy. Habrían sido eslavos católicos, otra nacionalidad dentro de la Gran Madre Rusia. Más aún en un siglo XIX en el que Europa oriental era diversidad cultural y étnica por doquier. Pero la historia es la que fue y si el siglo XIX fue el de los nacionalismos, las guerras del XX  y los posteriores movimientos de población los consagraron. De eso saben mucho las piedras de nuestra Breslavia, Breslau-Wroclaw.

Casas del Rynek, al fondo Sta. Isabel

La primera vez que leí sobre Katyn rechazaba creerlo. Tenían que haber sido los alemanes. Incluso creí durante mucho tiempo que el pacto Molotov-von Ribbentrop fue un mal necesario para la expansión del socialismo. La historia de las relaciones polaco-rusas es compleja. Es cierto que el estalinismo asesinó a veintitantos mil polacos en Katyn, pero también fue la Unión Soviética quien ganó un país para Polonia, o para una cierta Polonia, o para apropiarse lo que hoy es Ucrania Occidental. En cualquier caso, sin el concurso de la URSS Wroclaw seguiría siendo una ciudad alemana.

Rynek (Breslavia)

El gobierno polaco en el exilio de Londres (cuyo último presidente también murió en el avión de Kaczynsky) estaba dispuesto a volver a las fronteras de 1939. Pero el nuevo gobierno comunista polaco quería y debía anexionarse Silesia y Pomerania. Necesitaba ese espacio para meter a los “repatriados” de la Kresy. A los territorios conquistados los llamó recuperados, basándose en los límites territoriales de la dinastía de los Piast en el siglo XII. Apenas se había hablado una lengua eslava al oeste de Breslau en los siglos XIX o XX. La población era germana en la totalidad de la Baja Silesia y en Oppeln (Opole) y mixta en la Alta Silesia. Ese hecho contribuyó a que casi todos los bajosilesios fueran expulsados, mientras que en Oppeln y la altasilesia quedaron algunos polonizables. Ese es el origen de la minoría alemana que aún persiste en Polonia, que a veces se autodefine como “silesia” y que tuvo que atravesar el proceso de desgermanización durante las cuatro décadas largas del régimen comunista.

Plaza de la Sal (Breslavia)

Plaza de la Sal, Breslavia

La política de desnazificación lo fue también de desgermanización. La última escuela alemana de Wroclaw cerró en 1963. Ahora se ve publicidad de escuelas bilingües. Es complicado encontrar vestigios de la cultura alemana. Letreros antiguos, placas. En la mayor parte de los lugares destruyeron las placas de los cementerios. Hay algunas placas en Santa Isabel. Buscar este legado es un pasatiempo tan interesante como el safari fotográfico de los enanos.

Estatua de Alexander Fedro en el Rynek, en el lugar que antes ocupó la del Káiser Guillermo

Estatua de Alexander Fedro en el Rynek

El Rynek es un buen lugar para empezar el pasatiempo. Por ejemplo, la estatua del escritor Alexander Fedro ocupa el mismo lugar que la que le antecedió, del káiser Guillermo. Bajo el Ayuntamiento, que hoy es Ratusz y antes era Rathaus, se encuentra un restaurante famoso, uno de los más antiguos de Europa, según dice. Es la bodega de Świdnica, Świdnica (Piwnica Świdnica), en alemán llamada Sweidnitz Keller, por la ciudad que otrora rivalizara con Breslau.

Piwnica Swidnica

Aunque no todo es nacionalización. Ese es quzá un proceso ya agotado por su propio éxito. Hoy tenemos otros procesos en marcha: multiculturalidad, globalización. Un paseo por el Rynek nos permite ver  hamburgueserías y restaurantes de sushi y hasta un antro de salsa que se llama, en español, La Casa de la Música. Esta es la globalización en marcha. Primero llega a las capitales de los países y luego a las ciudades que disponen de aeropuertos. Las zonas fronterizas son también de las primeras en recibir el influjo de capitales y las influencias culturales.

Ayuntamiento de Breslavia. Fachada este.

Y así, pizzerías, cadenas de hoteles, alquiler de autos y concesionarios de vehículos y marcas extranjeras que luchan por hacerse con un hueco en el mercado van llenando el paisaje y el vocabulario de palabras de grafía extraña. Todo ello se mezcla con el sustrato local y con la historia del lugar, y así en el lado norte del Rynek tenemos un bar que se llama pod Zlotym Jeleniem (el ciervo dorado) y una joyería Schubert, algunos anticuarios, la susodicha Casa de la Música y la Taverna Española (con uve, de vino).

Rynek, lado norte

Luego salimos del Rynek por el noreste y pasamos por una zona que fue de las más dañadas de la ciudad. Por ello las viviendas que hubiera han sido sustituidas por bloques de hormigón al estilo soviético. Es fácil criticar su fealdad, pero es probable que dieran la vida a muchos, en años en que la vida estaba para pocas florituras. Wita Stwosza, cerca de la Iglesia de Santa María Magdalena.

Wita Stwosza, Breslavia

Por esa calle se llega a la Galería Dominikanka, donde se puede apreciar una invasión germana a través de las marcas comerciales y las cadenas de tiendas. Un edificio funcional, convertido en un templo del capitalismo de esos que veinte años atrás habrían parecido imposibles. Nos dirigimos a otro templo, este de la identidad del país y de la ciudad, que también es interesante para entender cómo se ha construido: el Panorama Raclawice.

Panorama Raclawice

El panorama Raclawice es una obra de arte digna de verse. En realidad se trata de un cuadro. Una sucesión de lienzos de modo circular que conforman el paisaje de la batalla de Raclawice que enfrentó a tropas rusas y polacas en 1794. El espacio que hay entre la plataforma desde donde los espectadores observan está cubierta por tierra, vegetación, despojos bélicos y otros elementos de atrezzo que realzan la sensación de autenticidad.

Maqueta de la batalla de Raclawice

Hasta aquí, nada de especial salvo la grandeza artística. El asunto es que el cuadro se exponía en la ciudad de Lvov, ahora en Ucrania, pero que hasta antes de la Segunda Guerra Mundial perteneció a Polonia. Al parecer la mayor parte de quienes repoblaron Wroclaw durante y tras la expulsión de los alemanes provenía de Lvov y alrededores y con ellos se trajeron su obra de arte. El problema era que la obra representaba la victoria de los polacos del siglo XVIII frente a sus enemigos rusos entonces, pero aliados en el bloque comunista siglo y medio después. Durante más de cuarenta años la obra no pudo exponerse. En la República Socialista de Polonia el nacionalismo polaco era un elemento clave en la dirección política del país en cuanto que antialemán, pero no podía mostrarse como antirruso, para las relaciones con la Unión Soviética podía sacarse de la librería de recursos marxista el internacionalismo proletario y la fraternidad paneslava. Y ahí la mentira de Katyn y otras que perduran hasta nuestros días.

Trozo de la muralla que me evocó el frío que debieron de pasar los contendientes en el episodio de la Festung Breslau, 65 años atrás.

Tengo la sensación de que los polacos miran su historia con cierto sentido de victimismo y como desde fuera de la misma. Hoy día es sencillo criticar a la Unión Soviética y dárselas de anticomunista. Es difícil encontrar a un polaco comunista o a un español abiertamente franquista,  pero sería muy difícil explicar cómo esos regímenes duraron cuarenta años con tan poca base social. Reconozco que la muestra social de la gente con la que hablo debe de estar bastante sesgada, porque tampoco he encontrado nunca a un italiano que haya admintido haber votado a Berlusconi. En general, los polacos me hablan de los comunistas en pasado y en tercera persona del plural, como si fueran extraterrestres. En cuanto a Rusia y a pesar de la leve mejoría a partir de la conmemoración conjunta de Katyn y la tragedia de Smolesk, la relación de amor-odio entre estos hermanos eslavos es espinosa. Es de suponer que los bajosilesios saben que URSS ganó la guerra, y este país de Silesia para ellos.

Nunca había visto tanta nieve

Desde el exterior del edificio del Panorama se ve, al otro lado del Óder (en polaco Odra) la catedral. Antes de ir había visto una película corta rodada en la ciudad en 1938 que comienza con la misma toma. Me llamó la atención el hecho de que estuviera rodada en color, muy infrecuente. Se aprecian algunas vistas de la ciudad. Un militar alemán y su hijo van a la frontera con Polonia, que entonces quedaba muy lejos de aquí.

Catedral de Breslavia, frente al Óder helado.

Sería más propio citar a Goethe, a Singer o a Zymborska, pero pensando en esta ciudad, el exterminio de sus judíos y los de toda Europa central y oriental. O pensando en ese Breslau alemán que ya no existe y en otros universos extintos he entendido “yo amo los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles como pompas de jabón”.

Patos y cisnes sobre el río Óder helado (y vista de la catedral desde Piakowy Most, el puente de Piaskow)

Luego hemos ido a ver las catedral. Un paseo por entre los puentes. Esta es la zona más antigua de la ciudad, donde se produjeron los primeros asentamientos prehistóricos. Me he parado a mirar la cruz en cuya base esta grabada la imagen de San Juan Nepomuceno siendo arrojado al Moldava en Praga, que después tendría ocasión de observar de nuevo en Świdnica. Muy popular el culto en Bohemia y Silesia. Santa Eduvigis (Hedwig, Jadwiga) es la santa local.

Mercado Hala Targowa en la calle de Piasków

Una breve parada en el mercado de Hala Targowa, que es un mercado como todos. Es más atractivo por fuera que por dentro, donde su aspecto no escapa de la fealdad del hormigón. Por delante aún pasan tranvías de los antiguos, un tanto destartalados.

Calle Szewska en la zona de la universidad. Quizá hace veinte años todo tuviera este aspecto gris.

Después nos dirigimos a la universidad, donde se puede visitar el Aula Leopoldina, que no nos gusta por demasiado barroca y recargada, aunque en su estilo impresiona. Hay una exposición muy interesante sobre los premios Nobel que han formado parte de la institución. Se dice que Wroclaw es la ciudad más oriental de Polonia, ya que su población de posguerra proviene de la frontera ucraniana. A la Universitas Wroclawiensis la han llamado la Universidad de Lwov en Wroclaw, porque de allí llegaron quienes la organizaron tras la guerra. Hay algunas otras exposiciones, por el edificio pasa el meridiano 17, que está marcado en el suelo y como colofón las vistas de la ciudad desde la terraza.

Edificio de la Universidad. Al fondo, la catedral.

Con esto se nos había ido la mañana. Hemos ido a comer a la bodega de Świdnica, debajo del ayuntamiento. Unos pierogy especiales que nos han ayudado a entrar en calor. Después nos ha dado tiempo a hacer fotos de gnomos y a bajar por la calle Świdnica (que antes también se llamaba Sweidnitzstrasse) hasta el paseo de la muralla, por donde el hotel Metropol, para volver al centro y al Rynek atravesando la plaza de la sal.

Casa con muchas ventanas

Febrero en Breslavia y yo injustamente pensando en el frío y en la guerra y en el pasado de la ciudad que fue.


Carteles de la crisis

27/04/2010

A veces no se me ocurre nada que escribir y recurro a eso tan manido de que una imagen vale más que mil palabras. Como suelo llevar el teléfono encima y ahora casi no hay teléfono que no tenga cámara, de vez en cuando echo un afoto a algo curioso.

Este fin de semana me he encontrado con un par de carteles dublinícolas. Creo que el leit-motif que los une es la crisis económica. El primero, de humor negro no exento de crueldad, lo encontré cerca de Middle Abbey street, en la confluencia con Upper Liffey street.

El cartelito de marras

No es que se viera muy bien, pero me llamó la atención que algo tapara el cartel de Freckles (pecas), una tienda de por allí. En realidad lo ocultaban dos elementos: por un lado un elefante y por otro un cartel con mensaje.

Ideas de un elefante malote

When will our government follow the Polish one? (¿Cuándo seguirá nuestro gobierno los pasos del polaco?) , escrito en un bocadillo de tebeo, en el que se incluye un avión cayendo en barrena. Supongo que es un mensaje de crítica por la situación económica del país o algo de eso. Por un lado me parece que recoge una crueldad innecesaria, más aún teniendo en cuenta que los polacos son una comunidad importante en la ciudad y lo reciente de la tragedia de Smolensk. Por otra parte lo entiendo en un sentido muy figurado y soy capaz de entender el humor negro sin hipocresía y sin escándalo (de no ser así, no le habría dado más difusión de la que tiene en una esquina adonde nadie mira).

El otro me lo he encontrado en la estación que lleva el nombre de Patrick Pearse, en la calle Pearse. Además de referirse a la crisis económica, puede que también se refiera a una crisis cultural, o de hábitos y valores.

Pearse station

El otro día me encontré con los resultados de una investigación, según cuyos datos Irlanda era el país con más bebedores compulsivos y alcohólicos a la vez que con más abstemios. El 48% de los varones bebía más de lo debido al menos una vez por semana.

Pedro, desde que tiene Internet en casa, no baja al bar a tomarse unas pintas con los amigotes

Por ello es quizá sorprendente que los pubs se anuncien de esta manera:

Peter has taken 27 quizzes today > view first quizz

We all need to get out more > getoutmore.ie

Dublin Pubs, the Original Social Network

(Peter ha hecho 27 tests hoy > ver el primer test

Todos necesitamos salir más > getoutmore.ie

Pubs de Dublín: La primera red social)

Pero sí, al parecer los pubs también están sufriendo la crisis. Aunque parezca que siguen estando llenos, imagino que la recaudación que hagan será menor. Los pubs de la zona rural llevan bastante tiempo en franca decadencia y atribuyen su infortunio a casi todo: la prohibición de fumar, los controles de alcoholemia…. en Dublín centro imagino que se nota la menor afluencia de turistas y que habrá habido un descenso en el consumo incluso en el de los fieles a los pubs locales.

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Ya te digo que no es la primera vez que vamos a lo fácil y ponemos fotos de carteles dublineses. Casi todos ellos enlazan con los temas que hemos tocado hoy: crítica política, crisis económica y alcohol.

* El Caribe viene a Dublín

* Maldito lobo, maldita crisis

* Irlanda: horarios de venta de alcohol

* Guerrilla art

* Actualidad política irlandesa en carteles (septiembre 2009)

* El día de Arturo


Ayer y hoy

04/04/2010

Mirando postales antiguas y recordando nuestras fotografías de hace unas semanas en Silesia, Anja se dio cuenta de que el que fue el Hotel del Ciervo Pardo (Hotel zum braunen Hirschen) de Hirschberg im Riesengebirge es hoy el  Centro Cultural de Jelenia Góra (Jeleniagorsky Centrum Kultury).

Es un edificio muy bonito. Creo que es ciertamente el pequeño tejadillo sobre el pórtico lo que lo hace singular. Es una arquitectura que se adapta bien a un clima de mucha nieve. El lugar era un centro turístico en los años veinte y treinta, debido a la proximidad de las Montañas Gigantes. Se encuentra frente a la hoy iglesia católica de la Santa Cruz, entonces iglesia protestante de la Misericordia (Gnadekirche)

Es un ejemplo en el que no sólo se ve la “limpieza étnica”, la sustitución lingüística la y expulsión de la población de un territorio para su sustitución por otra, sino que además, probablemente, el paso de un sistema basado en el capitalismo a una sociedad supuestamente sin clases. (El hotel para adinerados turistas alemanes pasa a ser casa de la cultura en la República Socialista de Polonia).


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