23.08.2011 Aunque titular esta entrada “el vaticano armenio” me parece en cierto modo una falta de respeto, la cantidad de transliteraciones que tiene el lugar en el que se encuentra la Santa Sede armenia me ha obligado a ello. Echmiadzin me ha parecido la mejor de todas, aunque según parece, desde hace algún tiempo es Vagharshapat el nombre oficial de la ciudad.

Mapa de la zona en armenio para dar exotismo
Poco más de cincuenta mil habitantes, 25 kilómetros al oeste de Yereván en la provincia de Armavir. El lugar perfecto para hacer otra excursión matinal y volver a disfrutar de la tarde en la capital armenia.
Como ya ha quedado apuntado, Echmiadzin es el centro religioso de Armenia. El lugar de residencia del catolicós, la máxima autoridad eclesial. Y para allí nos fuimos. Primero nos confundimos con la salida de Yereván, poco después de pasar por el puente de la Victoria y la famosa fábrica del coñac Ararat, hay un letrero que indica la vieja carretera a Echmiadzin. Al parecer hicimos lo correcto no tomándola, y seguimos por un área fantástica, llena de casinos de tragaperras y restaurantes, que no parecen gran cosa a la luz del día. Muchas vallas para que los peatones no atraviesen la carretera por las bravas y en un punto a la izquierda, la enorme embajada de los Estados Unidos de América. Una monstruosidad de edificio blanco, bastante feo.

Echmiadzin y lo que contiene
De todas las letras del alfabeto armenio, sólo llegamos a reconocer por algún tiempo la eme (Մ), que aparece al lado de los nombres de las carreteras. Siguiendo la M-5 ó Մ-5 Nos equivocamos en la entrada a Echmiadzin e hicimos una espectacular jugada campo a través, cerca de donde está la iglesia de santa Rípsima, que a pesar de su importancia histórica no nos dignamos visitar. Como no logramos entrar por el lugar correcto, nos metimos por unas calles sin asfaltar en un estado lastimoso y luego, preguntando se va a Roma, logramos llegar a la plaza de Komitas, donde el vehículo quedó aparcado.

- Bandera de la ciudad de Vargharshapat en la plaza de Komitas
Ya llevo escrito bastante sobre Armenia y no he mencionado aún algunos de los aspectos relativos a mi investigación anterior al viaje. Por ejemplo, sobre la música armenia tradicional, que para mis escasos conocimientos se reduce a dos elementos: Komitas y el duduk. Komitas era un musicólogo y compositor que recorrió toda Armenia (la de antes del Genocidio) recopilando canciones. Tras los eventos de 1915 perdió la cordura, pero su obra es ingente y vale la pena escucharla para introducirse en una música a medio camino entre Oriente y Occidente. El duduk es un instrumento tradicional de viento, el instrumento armenio por antonomasia. Su música se adapta bien al efecto melancólico de las bandas sonoras. Muchos músicos callejeros lo utilizan y, por ejemplo, en la Cascada de Yereván la música de ambiente que sale por los altavoces, es música de duduk. El gran solista del duduk es Yiván Gasparián y también vale la pena acercarse a los tubos de internet para conocerlo.

Nuevo edificio en construcción
Jorge seguía enfermo y se quedó en la caravana mientras Xabi y yo nos acercamos al complejo, dentro del cual está la catedral. Muchos edificios que no sabemos lo que son, pero sobre todo muchos jachkares, cosa que nos encanta. Algunos fueron rescatados del cementerio de Yulfa antes de su destrucción, de la que ya hemos hablado otras veces.

Dentro del recinto
Una vez dentro del recinto nos dimos un paseo, mirando los jachkares en detalle y rodeando la catedral, antes de entrar en ella. Luego en el interior contemplamos escenas de devoción de las que yo al menos no he presenciado en iglesias católicas españolas. Sí que hay gente que besa apasionadamente tallas de madera en lugares más folclóricos, pero la sobriedad de lo vasco impregna todas mis experiencias pararreligiosas. “Pararreligiosas” quiere decir, “yo, ahí al lado de los que practican o fingen la religión”. Pues eso, dentro de la catedral mucha gente arrodillándose para besar un libro y unos metales y algunos cuadros con imágenes más parecidos a los iconos de las iglesias orientales que a las de la imaginería católica.

Jachkares
Por supuesto, si se compara con San Pedro en el Vaticano, esta catedral es diminuta. Había otra zona de la catedral para la que hacía falta pagar entrada y a la que no accedimos. Allí hay una especie de salón del trono del catolicós y también se encuentra el tesoro. Antes de volver a comprobar si Jorge seguía vivo, nos dimos otra vuelta por los alrededores de la catedral, viendo en primer término las tumbas de los catolicós y un poco más lejos más y más jachkares. Entramos en la tienda oficial de recuerdos, donde vimos varias baratijas interesantes.

- Entrada a la catedral y tumbas de los patriarcas

La catedral
Y luego tras de salir del reino celestial, nos fuimos a comprar agua y zumos. Se nos ocurrió comprar también pan lavash para Jorge, ya creímos que podría dar estabilidad a su castigado estómago. En un principio parecía que habíamos comprado una tonelada de pan laminado, pero entre ese día y el siguiente dimos buena cuenta de él.

Estatua de Komitas Vardapet en la plaza que lleva su nombre
Para salir de Echmiadzin volvimos a hacernos un lío. Salimos de la ciudad hacia el oeste y acabamos viendo las torres de refrigeración de la central nuclear de Metsamor. La Unión Europea no está muy contenta con esta central, que no reune las condiciones técnicas de seguridad que se exigen en Europa occidental. De hecho, estuvo unos años cerrada tras el terremoto de 1988, a causa de lo cual la mayoría de los armenios no dispuso de electricidad en los inviernos de entre 1992 y 1995. En la práctica, Armenia acepta el riesgo, porque no tiene alternativas energéticas.
Volviendo a Yereván paramos en Zvartnots, que junto con Echmiadzin es Patrimonio de la Humanidad para la UNESCO. Este lugar de interés arqueológico lleva el mismo nombre que el aeropuerto de Yereván, que queda justo al lado y que dirigen unos empresarios argentinos. Esta al lado de la carretera y es junto al templo de Garni, uno de los pocos lugares en los que hay que pagar una minucia para poder verlo. Nos dejaron entrar con la caravana y todo hasta cerca de las ruinas de una catedral del siglo VII que debió de ser algo excepcional, pero que un terremoto destruyó, sin que nadie se molestara en volver a poner las piedras en su sitio. Había que pagar algo más por el derecho a hacer fotografías, que gustosamente declinamos, ya que al final uno acaba haciendo más de las que nunca le apetecerá volver a ver. Es curioso que haya llegado a alegrarme de que haya sitios en los que me prohiben cosas.

Zvartnots: lo que hay y lo que se cree que hubo (wikipedia)
Aparte de nosotros no había nadie más por allí para padecer el calor de las tres de la tarde. Nos dimos un paseo por entre las piedras que quedan y de hecho nos llamaron más la atención unas vasijas enormes y una piedra con escultura cuneiforme. Cuando nos íbamos me dí cuenta de que a un lado, había un montón de piedras. Algunas estaban ordenadas y numeradas, formando en el suelo la forma de los arcos. En algún momento se intentó reconstruir algo de la catedral antigua, pero hubo quien protestó y las obras pararon. A falta de otra cosa, se puede ver la reconstrucción virtual de Toramanián en internet.
Y tras el breve paso por los restos de Zvartnots, volvimos para Yereván, aunque antes de entrar de nuevo al centro de la capital se nos ocurrió otra interesante parada técnica.