Los cuentos de Odesa

28/01/2012

Cuentos de Odesa

Estuve leyendo los Cuentos de Odesa de Isaak Bábel. Hubo muchas cosas en ellos que me gustaron, pero volví a tener esa sensación de que los textos vienen del ruso al español a través de traducciones muy precisas que adolecen de arritmia.

Isaac Babel fue fusilado en 1940, uno más en la larga lista de las purgas estalinianas. Supongo que más de setenta años después de su muerte la obra ya no tiene derechos de autor y es por eso que se encuentra libremente por esos mundos de las redes, aunque no estoy seguro respecto de las traducciones. La que yo he encontrado no incluía ninguna referencia al autor de la versión.

Judío nacido en el Imperio ruso y que vivió las dos primeras décadas de la Unión Soviética, Babel vio al igual que muchos de sus correligionarios la posibilidad de la emancipación para los suyos a través de la revolución sovietista, pero se dieron cuenta demasiado tarde de la realidad.

Los cuentos de Odesa retrotraen al pasado de la ciudad fundada a finales del siglo XVIII a orillas del mar Negro y que tuvo una enorme comunidad judía hasta octubre de 1941, un año después de la ejecución de Bábel, cuando los rumanos aliados de los nazis perpetraron la gran masacre. Los relatos de Bábel narran esa pieza mal encajada en el mundo multicultural anterior a la Europa del nacionalismo que era el barrio de la Moldavanka.


Error en mapa impreso

25/01/2012

Lago Chad y mar de Aral (1978-2008)

Tengo entre mis manos un libro bastante interesante, del que no voy a dar el nombre para no hacerle publicidad ni desacreditarlo. Entre las muchas cosas buenas que contiene están estos mapas infográficos en los que se muestra la variación en la extensión del lago Chad y del mar de Aral entre 1978 y 2008.

El asunto del mar de Aral me pareció muy interesante desde la primera vez que oí hablar de él y se da la circunstancia de que dos amigos míos y tocayos entre sí (1, 2), han podido presenciar la orilla del otrora mar y los cascos abandonados de sus barcos in situ. He de decir que por las fotos de la NASA, el mar de Aral alcanzó su peor momento en 2009 y en 2010 se recuperó algo, aunque parece haber vuelto a perder extensión en 2011. La desecación del lago Chad es una tragedia ecológica similar. Este año conocimos el lago Seván de Armenia que parece estar recuperándose de los nefastos planes soviéticos de antaño y hogaño el lago Urmia de Irán sigue sufriendo parecidos problemas.

Aunque los mapas cumplan hasta cierto punto su función principal, lo que me sorprende es que en los mapas de contexto en los que aparecen África y Europa, al lago Chad nos lo ubiquen casi en el golfo de Guinea y que el mar de Aral aparezca en la frontera entre Rumania y Ucrania.


Leópolis

21/12/2011

Das Schweigen derer, die nichts sagen, ist furchtbar. Es ist das Schweigen derer, die nicht vergessen, derer, die wissen, dass sie verloren sind.

El tren llegó puntual

El otro día no conté demasiado de la novela de Heinrich Böll, casi que me limité a acotar el espacio y el tiempo de Der Zug war pünktlich. Un tren que sale de Alemania y marcha hacia el frente oriental en 1943 y la ciudad de Lemberg, Lwów, Lvov, L’viv, Leópolis.

En cambio anoté algunas líneas, como la llegada a la estación leopolitana, porque también nuestro tren fue puntual y la estación nuestro punto de entrada; aunque nuestro expreso viniera desde Kiev y en dirección oeste para encontrarse la misma ciudad con otro nombre.

Es una lástima que haya vuelto a dormirse, precisamente cuando llegan a Lemberg. La estación es muy grande, con estructura de hierro negro, y unos letreros blancuzcos y sucios situados en los andenes, y en los que el nombre de Lemberg aparece escrito en negro.

Estación. Lemberg, Leópolis, Lwów, Lvov, L'viv

También un párrafo que me recuerda a mi estancia en lo que tuvo de búsqueda del legado que dejó el constante cambio de fronteras y el viejo amontonamiento y yuxtaposición de culturas.

Parece extraño que me encuentre en Lemberg -se dice-. ¿Qué hago en esta casa de la época austriaca, vieja y medio derruida? En alguna gran sala de la misma se celebraron en otros tiempos grandes fiestas y se bailaron valses. Hará unos… – cuenta en silencio- veintiocho años…; no, veintinueve. Veintinueve años atrás no había ninguna guerra. Hace veintinueve años esto era territorio austriaco… Después pasó a Polonia… más tarde a Rusia…. y ahora pertenece a la Gran Alemania.

Lenguas que ya no se oyen en la ciudad

Está hablando en 1943 y piensa en los cambios acontecidos en desde 1914, en 1918, 1939  y 1941.


El tren llegó puntual

17/12/2011

Das Schweigen derer, die nichts sagen, ist furchtbar. Es ist das Schweigen derer, die nicht vergessen, derer, die wissen, dass sie verloren sind.

El tren llegó puntual

Me han pasado este libro de Heinrich Böll y me lo he leído de un tirón. Der Zug war pünktlich, su primera obra, de 1947. La acción se desarolla a finales de 1943 y son tres días, acaso los últimos, de la vida de un soldado alemán de camino al frente oriental que ya está desmoronándose. Comienza a bordo de un tren que sale de Dortmund junto con otros soldados y destacan los pensamientos de Andreas en el trayecto. Dresde, Breslau y luego Polonia para llegar a la capital de Galizia: Lemberg. Andreas ha calculado que morirá en algún lugar entre Lemberg y Czernowitz, pero finalmente ocurrirá o no entre Lemberg y Stryj.

Lo he leído con avidez porque junta tres intereses míos como lo son la historia cultura y literatura de Alemania (nada menos); la Segunda Guerra Mundial y los nacionalismos de Europa oriental. Además ocurren cosas en dos de ciudades de las que hemos escrito como son Breslavia (entonces Breslau, hoy Wrocław) y Leópolis (Lemberg, Lvov, L’viv).

Cuando lo he leído me ha venido a la cabeza la idea importante de que hay libros que sólo pueden escribir quienes han vivido lo que se narra. Böll fue soldado raso durante la guerra y seguramente conoció cosas que cuenta y que son muy difíciles de inventar: pequeñas como el olor a café de los trenes, el sabor de las raciones; otras que tienen más importancia y no suelen salir en los libros, como las corruptelas en el ejército, el mercado negro o la interacción de soldados y población civil ocupada o sucesos terribles como los de las marismas de Ssiwasch; pero también hay algo discutible en su planteamiento y es que Andreas “sabe” lo que va a pasar, tiene la premonición de que todo está perdido y llega a hablar a Olina de de 1945.

Aquí no es problemático porque es literatura, pero cuánta gente quiere escribir la Historia así. Siempre me ha parecido interesante observar las cosas desde la perspectiva del que falta y no pudo saber. Uno de los inconvenientes de la muerte es no poder satisfacer la curiosidad por qué pasará luego. Andreas lo ha visto todo sin duda a través de los ojos de Böll, pero algunas veces he pensado en sus coetáneos, que murieron en la estepa a cientos de kilómetros de casa defendiendo una superioridad racial absurda y una ensoñación imperial demente. No se les dio la oportunidad de cambiar y si ya es malo morir, cuánto más lo es hacerlo luchando por unas tonterías en las que ya sólo los tarados creen.

Escenarios.

La historia va en dos sentidos, el del soldado hacia el frente y el del frente hacia el soldado. He puesto un mapa para ilustrar el recorrido geográfico que hace Böll. Aunque el primer título de la novela fue Zwischen Lemberg und Czernowitz la historia de Andreas acaba entre Lemberg (F) y Stryj (G). pero las menciones a otros lugares, a un mapa que lleva y al lugar en el que calcula que lo encontrará la muerte son continuas.

En mi edición española no hay mucha coherencia toponímica, pero quizá en el original alemán tampoco la haya. Przemyśl se llama en alemán Premissel, pero me supongo que lo que hacen los traductores es copiar lo que pusiera Böll excepto para Cracovia. En esta lista pongo los topónimos que aparecen en la novela junto con los actuales. El mapa en Google Maps tiene las fronteras posteriores aa 1945, lo cual no es ideal pero sólo llego técnicamente hasta ahí. Yo hago indicaciones teniendo en cuenta las anteriores a 1939, ya que en los años de la guerra las fronteras son flexibles y sin demasiado valor.


View Larger Map
  • A: Dortmund, Alemania
  • B: Dresden, Alemania (en español Dresde)
  • C: Breslau, Alemania (en español Breslavia; pertenece a Polonia como Wrocław desde 1945)
  • D: Cracovia (en polaco Kraków, en alemán Krakau)
  • E: Przemysl, Polonia (en polaco la ese es acentuada: Przemyśl)
  • F: Lemberg, Polonia (en Polonia hasta 1939 como Lwów; en la URSS desde 1945 [ruso Lvov] [ucraniano L'viv] )
  • G: Stryj, Polonia (es el nombre polaco; hoy pertenece a Ucrania [en ucraniano Стрий, Srtiy]) – no confundir con otro Stryj que hay en la Polonia actual.
  • H: Czernowitz, Rumania (es el nombre alemán, en ucraniano es Чернівці Chernivtsi; hasta 1940 perteneció a Rumania como Cernăuţi)
  • I: Stanislau, Polonia (hoy en ucraniano Ivano-Frankivsk, antes fue Stanyslaviv, perteneció a Polonia hasta 1939 como Stanisławów)
  • J: Kolomea, Polonia  (hoy en ucraniano Коломия Kolomya, perteneció a Polonia hasta 1939 como Kołomyja
Más adelante aparecen Nikopol (K) y Anapa (L), que también se mencionan. Las marismas de Ssiwasch están en Crimea.



Ucrania

26/05/2011

La semana pasada completé un pequeño proyecto que llevaba exactamente un año en el cajón. Quería escribir sobre las cosas que vimos y que nos pasaron en Ucrania y poner algunas fotos. Quería haber hecho algo mucho mejor, pero al final, es lo que ha habido. Aprovecho esta entrada para que sirva de índice a las diferentes etapas del itinerario ucraniano:

Desde el día en que nos decidimos a ir para allá había estado leyendo y escribiendo sobre asuntos ucranianos: sobre su población, sus féminas, sus lenguas y sus palabras. Después del regreso las lecturas me ayudaron a recordar los lugares. Hoy por hoy, las fotografías son los mejores recuerdos y el haber estado allí deja un poso de interés para rebuscar en historias ya conocidas o descubrir algunas nuevas. Agradezco a mis lectores su interés. Con esto cierro más o menos el capítulo aunque siempre es posible que otras cosas de Ucrania aparezcan escritas algún día por aquí.


Kiev, 22 de mayo de 2010

22/05/2011

Lybidska

Después de entretenernos disfrutando la noche kievana nos costó despertarnos, pero ¿qué prisa puede haber en un sábado de vacaciones? Así que salimos tarde de casa, atravesando una vez más la estepa de Osokorky para ir al metro. Hoy vamos a la estación de  Lybidska, para tomar allí un autobús que nos conduzca al parque-museo de Pirogovo (Пирогово), Pyrohiv en ucraniano (Пирогів).

De camino a Pirogovo

Averiguar de dónde salía nuestro autobús fue complicado entre todos los autobuses que salen desde Lybidska, pero al final lo conseguimos y entramos en un autobús que iba lleno hasta los topes. Íbamos de pie, junto al conductor, y como apenas había espacio, todos los que entraban por las puertas traseras acababan haciéndonos llegar su dinero para pagar el billete. Uno está allí y de pronto el pasajero de al lado le da dinero y le dice un número y hay que devolverle el cambio. Menos mal que íbamos con Eva.

Mapa de las regiones de Ucrania

Como cuando volvíamos de Odesa, pasamos por delante de la Feria de Muestras y tardamos en llegar al parque cosa de media hora. Una vez pagada la entrada posamos junto a un mapa enorme de las regiones de Ucrania y nos pusimos a recorrer el enorme terreno sobre el que se encuentra este museo al aire libre.

Iglesia típica de la región de Cherkassy

Lo primero que vimos fue un poblado en el que vendían artesanía. Las casas de madera, la iglesia. Todo muy bonito. Los que trabajan en el lugar, y muchos de los visitantes, van ataviados con trajes típicos. Algunos de esos atuendos regionales son bellos en su simpleza. Uno puede comprar allí de todo, desde cubiertos de madera a sábanas bordadas, todo tipo de alfarería, y camisas de paño, que están muy bien. Una de las cosas que más me gustó fueron unas muñecas que son muy curiosas, que no tienen ningún rasgo de la cara. En una de las muchas casitas del parque estuve hablando con un hombre simpático, que era de Lvov y había estado en Salamanca y al que le acabé comprando una cajita lacada de arte de Petriyivka y un huevo pysanka a juego.

Muñecas descaradas

Lo primero que hicimos fue meternos en varias de las casas. Intentan representar el modo de vida rural del siglo XIX. Unas son más pobres, otras más ricas. En todas se ven los aperos de labranza y el ajuar típico de aquellos tiempos. Muebles tradicionales, baúles. También me gustó entrar en la iglesia de madera de la región de Cherkassy, que era la que estaba más próxima a la entrada. El resto de las iglesias las vimos sólo por fuera. Entre las casas que más me gustaron estaban las de la región de los Cárpatos, por sus fachadas de color azul.

Gallinero de Transcarpatia

No hay nada mejor que caminar libre por el campo en un día soleado. Otro de los momentos bonitos fue llegar a la campa donde estaban los puestos de comida. Todo tipo de alimentos y dulces imaginables en Ucrania. Acabamos comiendo unas salchichas sabrosas. En esa zona, que era la ladera entera de una colina, había un escenario para las actuaciones folclóricas, bancos para que la gente comiera su almuerzo, juegos para los niños. Había muchos niños. En la parte más alta de la colina había unos molinos de viento y subimos para verlos de cerca. Los niños de por allí arriba jugaban con cometas.

La campa

La verdad es que hasta que subimos adonde los molinos no llegué a entender la magnitud del parque. Pensaba que apenas era lo que había cerca de la entrada y en realidad consiste en muchos poblados. Cada uno representa a una de las regiones de Ucrania y contiene casas hechas según el estilo tradicional de la arquitectura local en las que se venden los productos más típicos de cada región. Nos dijeron que el lugar que ocupan en el parque también depende del paisaje de la región, que se intenta imitar. Si una región es montañosa, su poblado se encuentra en una colina y cosas así.

Iglesia ucraniana de madera

Desde la colina de los molinos continuamos con nuestro paseo por la parte del parque más alejada de la entrada. Vimos un par de poblados más, pero como ya atardecía, las iglesias estaban cerradas y las tiendas cerrando. Es una pena no haber madrugado más para haber visto el parque completo en sus horas de más actividad, aunque algunas de las fotos nos han quedado como si de verdad hubieramos estado en algún pueblo perdido de la estepa. En cualquier caso, lo pasamos como enanos y siendo Kiev una ciudad de tanto hormigón creo que vale la pena escaparse un poco a pisar verde.

Colmenas de la región de Poltava

Muchas veces he criticado la impostura de las experiencias que no son, y además no me gusta la parte esa de formación del espíritu nacional que ilumina la vocación del parque. Pero de entre todas las cosas falsas que he visto en mis viajes, este parque museo de Pirogovo es una de las que más agradables me han resultado.

Babushkas

Un elemento muy importante de los nacionalismos es la mitificación de la pureza de la vida rural. Una de las escenas que pudimos contemplar fue un grupo de chiquillas haciendo las labores del campo. El cuadro me recordaba un poco a la zarzuela de La rosa del azafrán.

Mozas ucranianas representando labores agrícolas

En el autobús de vuelta a Kiev nos tocó de nuevo ir de pie. Habíamos quedado con Nadia en Kontraktova para ir a cenar a un restaurante georgiano. Hace años yo había cenado en Dublín en un restaurante lituano-georgiano que ya no existe. Su nombre era Nikala, y no me pareció nada mal. Curiosamente este georgiano de Kiev también se llama Nikala y no sé si es una coincidencia o hay alguna razón para que los restaurantes georgianos se llamen Nikala y los chinos Gran Muralla. Cenamos varias cosas, pero me gustó sobre todo el jachapuri. También una bebida de tarjún (Тархун), que es como llaman allí al estragón. Tras la cena acompañamos a Nadia a la boca del metro, cerca del funicular, y nos fuimos al Maidán, para verlo iluminado en la última noche. En los otros días no habíamos tenido tiempo de verlo desde el lado del Hotel Ucrania.

Jachapuri

Tras pasear un poco por el Jreschátik vacío del fin de semana, volvimos a casa en un taxi que no era capaz de encontrar el sitio. Una de las ventajas de que eso ocurra en esa ciudad es que el precio se pacta antes de montar. Al día siguiente nos fuimos al aeropuerto con pena. Borispol queda en la margen izquierda del río, como Osokorky, y llegamos rápido. Es un poco antiguo si se compara con los aeropuertos de Europa occidental, me pareció que había mucha seguridad y luego lo asocié con que había varios vuelos a Israel, la sala de espera estaba llena de judíos ortodoxos. Tras un rato por allí salimos para Fráncfort, donde gracias a lo larga que era la conexión pudimos salir del aeropuerto para pasar unas horas con Laura y conocer a su tierno infante. Después Rod y yo nos despedimos en la terminal, poniendo punto y aparte a la aventura a la que pongo hoy punto final.


Kiev, 21 de mayo de 2010

21/05/2011

Después de desayunar con Eva volvimos a pisar a las calles de la capital los tres juntos. Lo primero que fuimos a ver fueron las Puertas Doradas de Kiev, restos de la muralla.  Se las encuentra uno nada más salir del metro en la parada del mismo nombre (Золоті ворота, Zoloti vorota). Al parecer, el rey Yaroslao el Sabio, cuya estatua se encuentra a los pies del hoy monumento, hizo tres entradas como esta para la ciudad. Lo que hoy puede verse en esta plaza es una reconstrucción inventada porque no se sabe como eran las puertas originales de la ciudad. Los restos que quedaban antes de la reconstrucción, a principios de los años ochenta del siglo XX, eran mucho menos aparentes.

Puertas Doradas de Kiev, Zoloti vorota

Ya he criticado este tipo de reconstrucciones otras veces. Además, en este caso la plaza se queda diminuta con un monumento de tal tamaño plantado en su interior. Llamar a esto puerta o entrada no le hace justicia en absoluto. Por un lado el megaloinvento tiene su belleza y es de suponer que atraerá al turismo. Quizá la sensación de agobio se deba más al calor húmedo que a la claustrofobia. En cualquier caso, la zona en la que está enclavada esta puerta es bastante elegante, y lo segundo del día ha sido dar un paseo entre sus edificios señoriales.

José Martí

Están los restos de las antiguas puertas de la ciudad en el cruce entre la calle de Vladimiro el Grande (Volodymyrska) y otra que se conoce como el Foso de Yaroslao, por el foso de la muralla. Paseando por ellas vimos edificios de principios del siglo XX y una curiosa placa que conmemoraba a José Martí, el padre de la independencia de Cuba y una de las figuras históricas que se han manipulado con mayor habilidad. Fidel supo convertir a este católico conservador en un revolucionario y hoy lo tenemos aquí en Ucrania por una carambola del internacionalismo sovietista.

Luego volvimos a tomar el metro hasta Arsenalna, porque de allí, caminando un cuarto de hora, se llega a Pecherska Lavra, que quiere decir el monasterio de las cuevas y es el centro religioso más importante de Ucrania.

El río Dniéper desde Pechersk

Antes de llegar vamos caminando por una larga calle y luego entramos en un parque enorme, que es un bosque, y en el que hay un monumento a las víctimas de la Gran Hambruna de 1932. Este evento, conocido como Holomodor (en ucraniano Golomodor por lo que ya hemos comentado de la hache rusa y la ge ucraniana) es una de las disputas históricas clave para entender la Ucrania moderna. Rusos y rusófilos remarcan la dificultad de los tiempos y el hecho de que la población rusa también sufrió. Los nacionalistas ucranianos destacan el hecho de que la hambruna fue producida por las decisiones políticas y ven en ella un intento de genocidio contra la población ucraniana. En esto me recuerda a la visión convencional que existe en Irlanda respecto a la Hambruna de la Patata. Hay una correlación fuerte entre nacionalismo y la opinión de que la hambruna es un producto de decisiones políticas más que de circunstancias naturales.

Los monasterios de Pecherska Lavra están divididos en dos zonas con los poco imaginativos nombres de: el monasterio de arriba y el  monasterio de abajo. Nosotros llegamos primero al de arriba, y tras pasar entre dos murales pintados al óleo llegamos a la entrada, una gran puerta que es a su vez una iglesia, la iglesia de la Trinidad.

Iglesia de la Trinidad. Entrada a Pecherska Lavra

La iglesia forma parte de la muralla. Es oscura, pero me parece más interesante que alguna de las grandes.

Luego, ya dentro del complejo, vemos las cúpulas doradas de la catedral. El primer edificio que investigamos, con su cúpula decorada de estrellas, no está abierto al público. En la catedral hemos visto parte de una ceremonia que era parecida a una boda, quizá era una renovación de votos matrimoniales algo así. Sabemos bien poquito de ninguna liturgia y de la ortodoxa menos, y nuestras seis palabras de ruso no dan como para preguntar, ni es el mejor momento.

La catedral es una reconstrucción de la destruída en 1941 y lleva el nombre de la Dormición (de María de Nazaret). Gracias a este viaje he descubierto que la asunción y la dormición son casi lo mismo, aunque el primero es el nombre que le dan los católicos y el segundo el que le dan los ortodoxos. Para los legos vienen a ser la misma cosa, aunque creyentes de ambos bandos podrían enzarzarse en una de las proverbiales disputas bizantinas respecto a la cuestión.

El reflectorio tiene su gracia y es un bonito lugar para comprar recuerdos. Rodri se lleva un icono de algún santo, que no me acuerdo cual era.

Catedral de la Dormición

Es imposible no maravillarse ante el brillo de las cúpulas doradas. Fuimos afortunados ya que tuvimos un día luminoso aunque nublado, pero radiante a ratos, y la vista desde la colina hacia al Dniéper era muy buena.

El Dniéper, los monasterios de abajo y Rodina Mat

Justo al salir del recinto de los monasterios, vi un monumento que por las fechas que tenía inscritas, creí que podía estar dedicado a los caídos en Afganistán. Mi investigación posterior lo confirmó. Por usar otro paralelismo hibérnico, la guerra de Afganistán, al igual que la Segunda Guerra Mundial, podría ser para los ucranianos lo que la Gran Guerra es para los irlandeses.

Alcantarilla

En nuestro paseo por el recinto de los monasterios vimos todo tipo de gentes, turistas y creyentes y también algo de clero. A uno siempre le parece que los popes con medio metro de barba no utilizan modernos teléfonos portátiles, pero tiene que ser un prejuicio absurdo que la realidad desmiente.

Monjes, beatas y estatuas

Después vamos a los monasterios de abajo. En estos, una de las cosas interesantes es meterse en las cuevas donde están las momias de los monjes. Por supuesto, debe de ser mucho más interesante si uno es creyente. Nos hacen comprar unas velas muy finas para irnos alumbrando y hay que tener bastante cuidado para no quemarse con la propia o con la del turista o devoto de al lado. El pasillo es muy estrecho. Algunos se paran cada dos por tres y se ponen a rezar o a besar los ataudes donde están las momias. En conjunto es una experiencia ligeramente claustrofóbica, pero nada exenta de interés. Al parecer la religiosidad y la superstición están en auge desde la independencia de Ucrania. Incluso la gente joven es religiosa.

Pisanka

De los monasterios, dando otro pequeño paseo, nos acercamos a la estatua de la madre patria, Rodina Mat. Un monstruo de titanio, modelo de realismo socialista. La estatua es enorme y es el centro de un parque bélico de estatuas y restos de tanques y helicópteros. La gente disfruta haciéndose fotos en los tanques decorados con pintadas y colores poco aptos para el camuflaje militar.

Rodina Mat y un tanque

No estuvimos mucho rato en la explanada porque empezaba a hacer algo de frío. Las vistas sobre el río son buenas y es entretenido ver una estatua tan grande y varios esqueletos de tanques y aviones. Bajo la estatua hay un museo que conmemora la Gran Guerra Patria y que tampoco vimos. También hay un memorial con estatuas titánicas de soldados, madres, campesinos…. también muy en el estilo del realismo socialista.  A pesar de eso, me gustó bastante.

Rodina Mat

En el resto del día no hicimos mucho más como turistas, desandar el camino andado y volver por delante del monasterio de arriba. Tras pasar por delante de un hotel muy feo con forma de colmena, volvimos a tomar el metro en Arsenalna para volver a Zoloti vorota.

Las cúpulas doradas de Kiev

Allí en un bar estilo pub inglés que había cerca de las Puertas Doradas os encontramos con otros amigos de Eva. Estuvimos un buen rato conversando con gente joven bastante interesante. Los jóvenes de aquí, me parecen más dinámicos y estudiosos que los de otros países. Quizá no sean una muestra representativa. Cuando nos íbamos, me sorprendió que la camarera nos pidiera propina directamente, también más emprendedora que las de otros países. Luego acabamos tomando algo en un antro muy underground (en los dos sentidos) que había en la zona de Jreschátik.


Odesa, 20 de mayo de 2010

20/05/2011

Deribasovskaya

El día veinte amaneció lluvioso en Odesa. Una de las cosas buenas del Frapolli es que da a Deribasovskaya. Las copas de los castaños casi entran en el balcón. Tras un desayuno importante, salimos a fisgar. Nos metemos en sitios por los que ya habíamos transitado el día anterior, pero es que se nos acabaron las pilas de la cámara y nos hacía ilusión inmortalizarlos.

Jardín de la ciudad

Jueves por la manaña y no se veía un alma, cuatro gatos con paraguas. Primero fuimos hacia arriba y entramos por el pasaje del Hotel Passage. Es una galería de cierta belleza, que recuerda a otras, como la Vittorio Emmanuelle de Milán. Contiene algunas tiendas y restaurantes por lo general poco interesantes. El espectáculo está en levantar la cabeza y contemplar la arquitectura y la escultura singular.

Passage

A la salida nos encontramos con la plaza que hay frente a la  catedral ortodoxa, derribada en 1936 y ahora reconstruida, que lleva el nombre de la Transfiguración. En la plaza  hay una estatua de Vorontsov. Por la tarde veremos a los viejos jugar a las cartas y al ajedrez en el mismo lugar.

Casas en ruina

Bajamos hacia la zona de la escalinata por calles diferentes a las de ayer. Son algo peores y menos concurridas y vamos viendo edificios un tanto echados a perder, mal conservados unos y otros en estado de casi ruina. Es una lástima, porque algunas tienen que haber sido mansiones muy elegantes a finales del siglo XIX.

Casa de estilo arábigo

Aunque también hay alguna que otra sorpresa arquitectónica, como un edificio de estilo oriental, no sé si tártaro, pero que a mí al menos me evocaba la mezquita de Córdoba por sus arcos. Hablando de influencias orientales y de los tártaros de Crimea, resulta curioso pensar que esta ciudad fue fundada en un territorio dominado por el Imperio otomano hasta 1792. Apenas dos siglos en Occidente, si se quiere considerar al mundo ruso como occidente.

Mansión en ruina

Una vez llegados a la parte desde la que se ve el mar nos encontramos con una extraña escultura. Semanas después de haber vuelto del viaje conseguí averiguar que era el monumento a la naranja, que salvó Odesa. Sólo pude descifrar la historia a través de un traductor automático del ruso, pero es larga y curiosa y algún día la contaré.

Monumento a la naranja

Así que al igual que el día anterior, bajamos al Bulevar Primorsky, y pasamos por el puente desde el que se divisa el puerto, un elemento fundamental para entender esta ciudad. El puente tiene un par de leyendas famosas con militar y con suegra.

Puente y candados

Aquí también los enamorados o los que fingen serlo tienen la mala costumbre de dejar quincalla oxidándose al aire libre. Como se oxida el amor. También pasamos por delante del elegante Hotel Londonskaya.

Puerto de Odesa

Columnata del Palacio Vorontsov

Cuando hemos llegado a la columnata no había nadie. Es mucho más elegante que el lugar en que se encuentra, aunque tiene cerca el Palacio Vorontsov, con su decoración arabesca. Me ha llamado la atención una especie de poema escrito con rotulador en una de las columnas. Pena de no entender nada.

Bulevar Primorsky

Después de volver a pasar junto a las escaleras de la película, se nos ha ocurrido acercarnos al mar. Yo tenía la idea loca de coger el tranvía y llegarnos hasta Arcadia Beach, que está unos kilómetros más abajo. Entre que el día estaba lluvioso y no sabemos manejarnos con los tranvías, preferimos ir caminando. Primero por el bulevar Pushkin, donde hay ejemplos arquitectónicos de grandeza.

Hotel Krasnaya

Luego llegamos al parque grande, que no está muy cuidado que digamos. Allí vemos unas obras que nunca habríamos pensado que eran el estadio del Chernomorets. Por aquí, cerca del consulado de Turquía nos confundimos y acabamos regresando al Bulevar Francés, donde también nos pasamos de largo la entrada y llegamos hasta unas pistas de atletismo y un miniestadio del Spartak. Lo más lejos que llegamos, una vez extraviados como de costumbre, fue al lugar en donde había unos estudios de cine.

Tuve ocasión de utilizar mi famoso izvinitze gdie, y no sé si dije cherni more….. finalmente llegamos al sitio donde hay un extraño telesilla. Comenzamos a bajar escaleras y al final llegamos hasta la playa de Otrada. Hay un paseo marítimo de hormigón no demasiado aparente. La arena es fina, no hay demasiada gente en los chiringuitos, se supone que dentro de unos meses habrá más gente.

Playa de Otrada

El mar Negro en Odesa

Después de la segunda playa, Lanzaron, ya se veía más gente. Iban grupos de escolares a un delfinario. En volviendo al centro nos topamos con un gran obelisco bélico. Tras un rato descansando, suena una música marcial, como de banda sonora de las que emocionan.

Obelisco

Total, que volvemos a la ciudad, y nos acabamos pasando junto a un monumento hay un montón de perros tirados y que luego he sabido que estaba dedicado a Antón Golovaty. En Alexandrovsky Prospekt hay un mercadillo de discos y libros bastante pirata y tras sortear a los vendedores nos encontramoa a toda la loca academia de policía en formación, esperando por algo o alguien.

La policía en Alesandrovsky Prospekt

y anduvimos de nuevo por el zoológico humano de Deribasivska, en medio de las estupendas, los tirados, los vanidosos y supongo que la famosa mafia local. No sé cuantas veces merendamos ese día.

Estación de autobuses de Odesa

Tras los consabidos homenajes en Tabriya y a una hora prudencial nos acercamos a la estación de autobuses a esperar nuestro Autolux de la 1.30. El viaje estuvo bien, el asiento muy espacioso y cómodo. Había hasta una azafata y nos dieron un café y un pequeño bocado de desayuno. Tardamos unas seis horas en llegar a una zona del sur de Kiev desconocida para nosotros. Vi de pasada la entrada Feria de Muestras. Lo más divertido estaba por llegar, llegando a Osokorky, la portera no nos dejaba pasar, a pesar de que teníamos la llave, y yo le decía que yo era una. Una llave. Я ключ, Я ключ !!!


Odesa, 19 de mayo de 2010

19/05/2011

Ласкаво просимо в місто-герой Одесу!  ¡Bienvenidos a la heróica ciudad de Odesa! Finalmente llegamos a la ciudad a orillas del mar Negro. La estación nos recibe con un saludo marcial, de esos que tanto abundan en el espacio postsoviético.

Estación de Odesa

Día soleado que da brillo a la estación blanca, radiante. A pesar de que es temprano ya hay bastante gente anunciando y vendiendo cosas. Nuestra prioridad es desayunarnos con lo que sea. Según nuestro mapa hay un McDonalds a la salida de la estación. Sí, es una vergüenza, pero necesitamos ir a un sitio en el que podamos pedir señalando. Tomamos un túnel subterráneo que hay a la derecha según se sale y en unos pocos metros ya estamos. Al final hubo que hablar más de lo que parecía, pero sólo para decir que el café lo queríamos con leche (с молоком) y escoger si a los млинці (mlyntsi, una especie de tortas parecidas a los crêpes franceses) los acompañaba mantequilla, mermelada o miel.

Iglesia de san Pantaleón

Con el estómago lleno se piensa mejor. Decidimos que la mejor opción es ir primero a comprar el billete de autobús para volver a Kiev el día siguiente. La estación de autobuses queda ligeramente fuera del centro de la ciudad. Son unos tres kilómetros caminando. Luego podemos regresar hacia el centro. El camino es casi una línea recta. Nos ponemos a caminar por la calle Panteleimonovska, y pronto vemos las cúpulas doradas de la iglesia de san Pantaleón, que está en obras. Seguimos por delante de unos hoteles que no tienen mala pinta. De hecho tenemos que encontrar algún hotel, pero preferimos buscarlo luego, en el centro. Luego hay que seguir por una calle que se llama Staroportofrankivska, que entendemos que es la del antiguo puerto franco. Al rato llegamos a un  bifurcación que queda fuera de nuestro mapa y en la que no sabemos bien por donde seguir. Le preguntamos a un hombre, que nos indica la dirección correcta. Tras otros diez minutos caminando por zonas relativamente sórdidas -un kilómetro en línea recta por la calle Kolontaivska- llegamos a una rotonda junto a la cual queda la estación, a la derecha. Sabemos que tenemos que comprar el billete de la compañía Autolux, pero nos cuesta encontrar la oficina, a la que se llega por una puerta relativamente oculta. La mujer que vende periódicos nos ha indicado dónde estaba y casi ni con esas.

Calle de Tiraspol (Tyraspolska)

Había un calendario con los horarios de los diferentes servicios. He copiado dos en una hoja, para que nos indicaran los precios. Cuando hemos preguntado al hombre del mostrador si hablaba inglés nos ha dicho que no, y casi parecía que no nos quería vender los billetes. El tío daba por imposible la comunicación por pura desidia. He sacado el papelito con los horarios en el que había escrito Київ . Por suerte, no hizo falta porque el otro cliente que estaba allí sabía inglés y nos echó una mano. Nos dijo que el billete cuesta 5 grivnas más de lo que aparece en el cartel, pero que no es la típica corrupción ucraniana, sino un impuesto. Debe de ser cierto, porque  las 5 grivnas aparecen en el billete. Luego volvimos al punto donde habíamos preguntado  y en lugar de volver hacia la estación, seguimos directos hacia el centro por la calle Tyraspolska. Hasta ahora no me había dado cuenta de lo cerca que está las fronteras moldava y rumana. Tiraspol es la capital de la república rebelde de Transnitria. En ese cruce la ciudad cambia por completo. A partir de aquí, las avenidas son ya bastante decentes.

Vista del centro de Odesa desde la Puzata Hata

Llegando a la zona céntrica de la ciudad, nos hemos puesto a buscar un par de hoteles que recomendaba nuestra guía de viaje, pero que ya no existían. El vigilante del apartamento de la manzana nos dijo que “finish”. Finalemente aterrizamos en el Frapolli, que no tiene nada de especial, aparte de su ubicación en la calle principal. Es un hotel bastante caro para lo que son los precios ucranianos y no lo recomiendo en absoluto, pero al fin y al cabo, entre la hospitalidad de Eva y los trenes nocturnos, sólo hemos tenido que pagar dos noches de hotel en toda nuestra estancia. Tras aposentarnos y descanasar un poquito, hemos ido a almorzar, de nuevo a la Puzata Hata, cadena que nos ha salvado la vida, aunque aquí en Odesa acabamos encontrando un sitio incluso mejor.

Arquitectura de Odesa

Luego nos hemos ido a caminar un poco, para hacer contacto con la ciudad. No sabemos mucho de Odesa y para nosotros es sobre todo la ciudad de las escaleras que aparecen en las escenas culminantes de de Acorazado Potemkin, la obra maestra de Eisenstein. Así que vamos en busca de los escalones, que aunque oficialmente tienen otro nombre, a efectos prácticos del turismo todo el mundo loa conoce en inglés por Potemkim Stairs.

Teatro de la Ópera de Odesa

Para llegar allí, bajamos de Deribasivska al Teatro de la Ópera y pasamos por delante del Ayuntamiento. Al final de un paseo jalonado de castaños, que se llama Primorsky, se encuentra la famosa escalinata.

Letrero

¿Odesa u Odessa? La versión con dos eses es la transliteración del ruso Одесса, mientras que la que lleva la ese sola es la del ucraniano Одеса. Yo prefiero Odesa. Si las cosas siguen como parece que van a seguir, cada vez la grafía Odesa será más habitual en los idiomas que distinguen entre una y dos eses. Por otra parte, hace mucho tiempo que el español perdió la sibilante líquida del castellano medieval.

Ayuntamiento de Odesa

Si no lo hubéramos leído con anterioridad, la primera impresión de las escaleras también nos habría resultado decepcionante. En el lugar desde el que los cañones de un acorazado deben disparar a la muchedumbre, se encuentra un hotel más bien horrible. No sé si es justo criticar a la naturaleza por esto, o quizá debiéramos haber traido gafas de sol, pero hay veces que uno quiere ver un lugar en blanco y negro.

Escalinata Potemkin

De todas formas, unas escaleras como estas hay que bajarlas y subirlas un par de veces, y más siendo de donde somos. Un dato que me sorprendió y que se aprecia en las fotografías es que la distancia entre escalones y descansillos está calculada de tal modo que mirando de arriba a abajo parezca que no hay escaleras, y en cambio, mirando de abajo a arriba, parezca que los escalones son continuos, sin descansillo alguno.

Richelieu

Justo encima de la escalinata se encuentra la estatua de Richelieu, que no es el cardenal que hacía imposible la vida a los mosqueteros, sino otro gabacho. Después de tanto escalón hemos subido por la calle que sigue en línea recta hasta el monumento a Catalina la Grande, la fundadora de la ciudad. El monumento fue erigido en 2007 con  la consabida polémica que tiene que ver con el nacionalismo ucraniano y el imperialismo ruso. Cuatro hombres flanquean el pedestal y uno de ellos es el español José de Ribas, cuyo nombre lleva la calle principal de la ciudad. Un hombre de fama en Rusia y gran desconocido en España, cuya biografía me recuerda por ello a la de Agustín de Betancourt.

Monumento a Catalina la Grande

Después nos hemos acercado al puente de los enamorados y al de las suegras, a la Columnata y el Palacio de Vorontsov. No les hemos tomado imágenes, porque se nos han vuelto a agotar las pilas, pero hemos decidido volver al día siguiente. Hay ratos en que llueve y otros en que el tiempo se pone decente. El gran espectáculo de Odesa es ver pasar la gente en Deribasivska. Dicen que las odesitas son las mujeres más bellas del país. Se ven nuevos ricos en los centros comerciales.

Calle de De Ribas

Después para cenar nos metimos en un centro comercial que se llama Afina, en la primera planta del subsuelo había un local llamado Tabriya que es como la Puzata Hata pero con más variedad. Aquí hemos pasado un buen rato. Por cierto, tienen una decoración un tanto retro, que incluye una estatua de Stalin.

Afina

Cuando ha anochecido hemos seguido por Deribasicka. Un detalle sorprendente es que los bares y restaurantes de la calle ofrecen mantas a sus clientes para que puedan disfrutar de las terrazas sin pasar frío. Nosotros hemos tomado algo bien cubiertos en un irlandés. También nos las hemos ingeniado para conseguir comida basura. En la parte alta de la calle se encuentra el jardín de la ciudad y allí hemos pasado un rato viendo el espectáculo de fuentes de agua y luces de colores, que quedaba un tanto arruinado por la música pseudoclásica con caja de ritmos, estilo Luis Cobos.


Lvov, 18 de mayo de 2010

18/05/2011

Vista desde el Hotel George - Plaza de Galicia (Halytska, Galizia, Galitzia)

En el Hotel George dormimos francamente bien. Está en una ubicación muy central. Aquellos días estaban de obras y por eso se entraba por un lateral, en lugar de por el vestíbulo principal. Creo que deben de estar remozándolo para la Eurocopa de 2012. Me parece que por el precio que tenía era una pequeña ganga. El desayuno fue abundante, tipo bufé de gran hotel. No nos podemos quejar, salimos bien avituallados y pertrechados para la aventura.

Teatro de la ópera de Lvov

Se nos ocurrió ir a ver un museo de la cerveza. Hubo un momento de confusión porque estaba fuera de la zona que cubría nuestro plano. El hospital hebreo y la cúpula de la sinagoga nos liaron; pero preguntando se va a Roma, y como sabíamos decir pivo y musei, nos anotamos otro tanto. El problema fue al llegar, que estaba cerrado y nos dijeron vuelva usté mañana. Lo interesante entonces fue atravesar un mercadillo y meterse por calles nada elegantes.

Fábrica de cerveza Lvivske

Al final, de tanto liar la madeja tuvimos que preguntar a otra chica a ver por dónde se iba al centro, pero con suerte estábamos al lado. El día había empezado bien, bastante soleado. Nos acercamos al rynok, donde había más gente que el día anterior. Grupos de estudiantes, sobre todo.

Nº 31 Ploschka Rynok

Decidimos acercarnos a ver la capilla de la familia Boym, de la que hemos leído que es muy interesante. Está en la plaza de la catedral, a unos pasos de la plaza mayor. Por uno de los lados no llamaría nada la atención si no fuera por unos cuadros que dan al exterior. La fachada sí que impresiona. Luego dentro, es pequeña, pero está ornamentada muy barrocamente. El estilo es, por consiguiente, muy recargado. Uno se sienta y comienza a mirar al techo y cuesta no perderse entre tanto detalle.

Capilla de la familia Boym

Poco a poco, el día se ha ido poniendo más oscuro y de repente se pone a llover bastante, así que nos metemos en una terraza a echar una cervecita. Una Lvivske, la marca local cuyo museo queríamos haber visitado esta mañana.

Cerveza Lvivske (Львівське)

Después no tenemos ningún plan en concreto hasta las siete y pico de la tarde, hora en la que sale el tren para Odesa. Así que nos ponemos a callejear, en la esperanza de que la lluvia pare.

Hotel George

En algún momento volvemos a la Puzata Hata para repostar. Pasamos por delante de nuestro bonito hotel y probablemente -ya no recuerdo- volvemos a escoger un camino que nunca es el más corto. En alguno de los momentos nos hemos cruzado con un anciano condecorado, con bastón y medallas. Aún pueden verse abuelos bélicos de la Gran Guerra Patria, aferrados a esa hojalata que quizá les haga la vida un poco mejor en un mundo postsoviético que es difícil para los viejos.

Knigi (libros)

Había una librería, que creo que pertenecía a alguna iglesia, en la que nos pusimos a mirar mapas y libros con muchas fotos. En un mapa hemos visto el recorrido de nuestro tren nocturno. También lo lejos que queda Crimea. Antes de venir nos habíamos planteado la posibilidad de ir allí, y desistimos ya que el tren entre Lvov y Simferopol tarda un día: veinticuatro horas enteras.

Publicidad

Aquel día había un espectáculo de flamenco-tango en la ciudad: María Serrano. En Polonia había visto la posibilidad de utilizar coches viejos, en muy mal estado, como soporte publicitario. Por otra parte, percibo que aquí en Ucrania las tentaciones del capitalismo (juego, sexo) utilizan reclamos más agresivos que en occidente.

Sbovody Prospekt - Avenida de la Libertad

Las calles se poblaron de paraguas. Por la mañana hacía un día soleado, bastante bueno y ahora las cosas se ha puesto así. Por fortuna, uno no suele venir a Ucrania a disfrutar del tiempo. Durante la mayor parte del año el clima es extremo. Frío extremo con mucha nieve en invierno y mucho calor en verano. Venimos en una zona templada del calendario y nos llueve.

Banderas y tridentes del Ejército Insurgente y de Ucrania

Junto a la estatua de Ivan Pidkova-Juan Herradura, vi dos banderas iguales en forma y distintas en color. La azul y amarilla es la bandera nacional de Ucrania con su tridente. Dicen que los colores simbolizan el cereal y el cielo. La roja y negra no sé de qué es. Luego buscando en internet he visto que es la bandera del Ejército Insurgente Ucraniano, el UPA de Stepan Bandera, un personaje histórico con el que se puede simpatizar muy poco, a no ser que uno sea un nacionalista ucraniano muy recalcitrante.

Hombre pidiendo

En el rynok había un hombre pidiendo que parecía de otro tiempo. Llevaba una taza de loza. Su aspecto podría ser hebráico, pero quizá la larga barba tenga más que ver con la indigencia que con la ortodoxia religiosa. Pienso en la imagen y la sueño en blanco y negro.

Leones

Ya hemos dicho que Lvov es la ciudad del león. En el rynok había un banco de metal con dos leones forjados, no sé si con cañones tomados al enemigo.

Nº 4 Ploscha Rynok

Una de las casas más bonitas de esta plaza mayor es el nº 4, de color negro. No sé si es el contraste con las estatuas blancas o con las flores moradas lo que realza más su belleza, pero sin duda destaca entre muchas otras casas principales. La llaman “la Mansión Negra” y perteneció a un mercader italiano del siglo XVI. El jinete montado de la fachada es san Martín.

Jardín en el Rynok

Es tan grande la plaza que hasta cabe un trozo grande de césped y arbolado, junto al ayuntamiento, que en ucraniano se llama ratusha, muy parecido al polaco ratusz y al alemán Rathaus. Otra palabrita ucraniana que oí varias veces en esta ciudad fue diakuyu (Дякую), que quiere decir gracias y se parece mucho al polaco dziękuję y nada al ruso spasiva. El continuum dialectal eslavo y sus cosas.

)

Patio Italiano

Podía habernos pasado inadvertida tranquilamente, pero una de las casas del rynok esconde un patio italiano en su interior. Era la casa del rey polaco Juan III, de la Casa  Sobiecki. Hay un café restaurante y una galería de arte. Nos introdujimos furtivamente cuando ya nos íbamos de la plaza y no nos acabó de quedar claro si había que pagar entrada.

Taras Shevchenko

Cuando decidimos salir hacia la estación, el día se pone bonito. Volvemos por la avenida de la libertad y vamos despidiéndonos de estas  vistas que hemos tenido estos dos días. El monumento a Taras Shevchenko es muy interesante. Un regalo a la ciudad de la diáspora ucraniana en la Argentina. Curiosamente, lo más interesante no es la escultura del propio escritor, sino la columna que se levanta a su espalda, con forma de bumerán. Tiene que ver con el renacimiento nacional y cosas de esas que dan miedo, pero es bonito.

Ópera leopolitana

Poco a poco las calles se van secando y dejamos la ciudad por la misma calle que vinimos, entre los castaños de Svobody Prospekt, pasando por delante del edificio del Teatro de la Ópera.

Высокий замок - Vysoky Zamok, la colina del castillo

Antes de girar a la izquierda, vemos la colina del castillo a la que subimos ayer para tener una vista completa de la ciudad desde el lugar en el que nació. Inevitable, por supuesto, intentar imaginar cómo sería el castillo en sus tiempos. Por fortuna hay láminas antiguas que lo muestran.

Цирк - Circo

Tienda de hábitos ortodoxos

Y en el camino a la estación vamos recogiendo las mismas vistas por la misma avenida que ayer: el circo, la tienda de hábitos para el clero ortodoxo, una tienda que se llama “Manco: Moda de España & Italia”. No sé si sabrán lo que quiere decir “manco”, pero creo que buscan imitar el logotipo de la empresa “Mango”, de Inditex.

Chernivetska vulitsya

Y cuando llegamos al principio o final de la avenida Godorotska, donde ésta se encuentra con el paseo de la estación, la encontramos con el mismo aspecto desolado de ayer. Hay unas casas a mano izquierda, señoriales ellas, que hace cosa de cien años deben de haber estado muy bien. Pero una revolución, limpieza étnica, tres guerras, setenta años de dictadura del proletariado y una independencia titubeante hacen que se resienta la ciudad más pintada.

Andén de la estación de Lvov

La estación es un pequeño museo. Tiene hasta una sala de espera algo mejor, en la que hay que pagar algo para entrar. Hemos estado un rato merodeando, pero nos hemos aburrido. Al salir al andén hemos visto una oficina de correos que parece sacada del decorado de una película. Hemos comprado unos sellos y desde allí mismo hemos enviado unas postales. También las cabinas de teléfonos tienen su aquel.

Paisaje desde el tren

Sin intérprete ni nada, pero ha sido fácil instalarnos en el tren. Esta vez no vamos en clase cupé, porque no existe. El vagón está abierto, tenemos literas, pero hay un pasillo por el que la gente va pasando. Nos han tocado las dos literas de abajo. También hay otra litera enfrente, al otro lado del pasillo. Ha venido un tipo a vendernos una tarjeta para el teléfono móvil. Ha estado muy gracioso, porque iba borracho. Como veía que no le entendíamos mucho nos ha empezado a explicar en ruso “esto es una tarjeta, con ella puedes llamar a tu madre -¡hola mamá” – o a un amigo “¡hola amigo!“. Al final se ha ido, persiguiendo a una tía buena que ha aparecido de modo providencial. El paisaje es monótono y el tren va parando en muchas ciudades. En un momento de la noche nos ha tocado levantarnos, porque han llegado dos mujeres que se tenían que poner en las literas que estaban sobre nuestras cabezas.

Tren

Finalizada la aventura leopolitana, intentamos dormir atravesando Rutenia en un ferrocarril de tiempos soviéticos. Dentro de unas horas llegaríamos a Odesa. A la heróica ciudad de Odesa.


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