Carteles del referéndum

23/05/2015

Ayer se celebraron en la rIrlanda sendos referendos cuyo resultado aún se desconoce mientras escribo. Apenas nadie ha hablado del que se ha hecho para rebajar de 35 a 21 años la edad legal para ser presidente de la república. No he visto ni un cartel al respecto. El otro, sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo, ha tenido más miga.

En Irlanda se vota hasta las diez de la noche y el cómputo de votos se deja para el día siguiente, costumbre ésta que no tendría demasiado éxito en un país de desconfiados como España. Tampoco hay jornada de reflexión y se hace campaña incluso en el día de la votación. Ayer por la tarde todavía me ofrecían pegatinas y folletos por la calle. Esto último me parece bastante más normal que lo que se viene haciendo por allí abajo.

En algún momento del día de hoy sábado saldrán los resultados. Entiendo que pronto. Cuando hay elecciones legislativas a veces se tarda más de un día y en contar y recontar los votos, debido al sistema de voto transferible. Entre esto, Eurovisión y las elecciones de mañana en trece regiones y más de ocho mil municipios españoles el fin de semana puede estar bastante entretenido.

En general el matrimonio llamado igualitario me importa bastante poco. Entre los activistas me parecía más simpática la tribu del sí, que en Dublín al menos parecía bastante mayoritaria. He visto a muchos con pegatinas del sí, y a nadie con pegatina del no, pero habrá que ver los resultados en el retropaís culturalmente dominado por la iglesia romana.

Como a rasgos generales se puede decir que de lo que estoy en contra es del matrimonio como institución tengo dudas de si extenderlo contribuye a su consolidación o a su disolución.

Aquí dejo unas fotos con carteles del sí y del no que saqué por la zona de Westland Row y Merrion square.


Postal de Camboya

18/05/2015
Angkor Wat (Camboya)

Angkor Wat (Camboya)

Sin demasiado que contar y relativamente ocupado en estos días y en los que vienen aprovecho para colgar una postal que tenía pendiente y que nos llegó de Camboya hace unas semanas. Está fechada el 30 de marzo, pero el matasellos de Siem Reap es del 3 de abril.

Los templos de Angkor era una de esas cosas que antes me habría gustado ver pero a la que ahora más o menos he renunciado. Mi hermana estuvo por allí hace un puñado de años y por entonces me enteré de lo grande que era en realidad el complejo de templos. Leí un libro interesante al respecto, se titulaba Angkor: Heart of an Asian Empire y estaba muy bien con sus mapas. Por casa de la síster debe de andar. Luego vi un reportaje que me provocó lástima al ver cómo el turismo estaba deteriorando los monumentos. La lástima por las piedras es siempre poca comparada con cualquier cosa que se lea de todo lo que ocurrió en ese pequeño país en los años setenta e incluso con la situación actual de la pobre infancia, un asunto al que también alude nuestro admirado corresponsal. Ese conjunto de sensaciones negativas y otras consideraciones prácticas me desaniman hoy por hoy de llegarme a ese rincón del sureste asiático.

Danzas de los jemeres

Danzas de los jemeres

 


Tristeza extraña

09/05/2015
Mangan

Mangan

James Clarence Mangan es un poeta cuya estatua en Dublín tiene más fotógrafos que lectores sus obras. Un día pasando por delante de la misma me percaté de que el argótico verbo mangar seguramente tiene bastante que ver con llevarse algo escondido en la manga.

La semana pasada, a pocos metros del busto inmortal del autor, me encontré con un billete de cincuenta en el suelo. Al abrirlo vi que envolvía a otro de diez y una inspección más detallada confirma que los billetes anaranjados son dos y que de golpe y porrazo me he encontrado con ciento y diez euros. Nadie cerca. No parece que haya cámara oculta.

Tengo que ampliar el mapa que hice en su día con los lugares dublineses donde me había encontrado dinero para agregar la cartera con más de trescientos euros que se me apareció en Merrion sq en octubre y este último hallazgo. La china de la cartera tuvo la suerte de haberse dejado también las tarjetas y de tener colgado su currículo en internet.

Estas cosas no deberían ocurrirme a mí, estando como está la calle llena de gente que malvive. Ni cien euros ni mil me resuelven la vida y en realidad ni siquiera me la alegran el día, dado que no me compensan por la alteración del orden natural de las cosas. Me quedo unos veinte minutos por los alrededores de la estatua, a la espera de esa persona azorada que deshace el camino andado mirando al suelo con preocupación y como no aparece me acabo yendo más triste y casi igual de pobre o de rico.


Metros y pies

04/05/2015

[1’35”] “When the mark of 8.90 m. appeared on the scoreboard, Beamon -used to non-metric measurement- still didn’t know exactly how far he’d jumped.”

[1’35”] “Cuando la marca de 8,90 m. apareció en el marcador, Beamon -que no estaba acostumbrado al sistema métrico- seguía sin saber cuánto había saltado.”

Creo que todo el mundo conoce este récord de salto de longitud en los Juegos Olímpicos de México de 1968. Me acabo de dar cuenta de que el salto que lo batió en Tokio en 1991 lleva más años vigente que aquel. Un poco antes en el mismo vídeo [1’20”] el protagonista, Bob Beamon, aparece en una entrevista diciendo algo sobre veintitantos pies.

Soy partidario acérrimo e intransigente del sistema métrico internacional. Aquí en Irlanda se utiliza más que en Inglaterra y en Estados Unidos excepto en casos contados: alguna distancia consabida en millas, comprar carne en libras el mercado, la altura de la gente en pieses y -un dato que descubrí hace pocos años y con el que vengo teniendo contacto- el peso de los bebés al nacer.


Samuel Johnson

26/04/2015
Lexicografía

Lexicografía

Estoy leyendo una biografía de Samuel Johnson, lexicógrafo inglés del XVIII y autor del que fue el diccionario de la lengua inglesa por antonomasia durante el XIX. Esto de la lexicografía es un oficio que creo que me habría gustado hasta cierto punto, si no fuera porque me falta la disciplina necesaria. Hay cosas que ya dan pereza con ordenadores y programas que manejan bases de datos, imagínense a esos hombres de hace tres siglos rellenando sus fichas a la luz de las velas.

No es que me esté gustando mucho, pero mi crítica es infundada. El libro es una biografía y yo medio me salto las partes más biográficas para buscar historias de palabras.

Defining the World es el nombre de la obra y Hitchings el apellido del autor. Ha ordenado los capítulos alfabéticamente y en la E de English pone un trozo que acaba con aquello de la lengua compañera del imperio, pero que primero trata el asunto del ordenado proceso del conocimiento en aquel periodo de estética barroca en el que el mundo empezaba a conceptuarse como un mecanismo:

El siglo XVIII fue poseído por una fiebre del orden que se manifestó en una variedad de fenómenos novedosos: las etiquetas con los precios, los pesos y medidas normalizados, la proliferación de letreros en vías públicas, un incremento en el uso de calendarios y libros de contablidadad, los oficios artesanos convetidos en tecnología. El coleccionismo floreció como nunca antes lo había hecho. Organizar, estructurar y metodizar estaban en boga. Las obras de consulta se conviertieron en una necesidad y a la vez artículos de moda – entre los ejemplos clásicos se encuentra la Historia de Inglaterra en seix volúmenes de David Hume (1754-62) y la primera Enciclopedia Británica (1768-71). Hay algunas pistas lingüísticas que apuntan a esta nueva cultura: la expresión inglesa “to look something up” (buscar algo en un diccionario o índice similar) apareció en 1692, año en que la utilizó el anticuario Anthony Wood.

Un aspecto clave del movimiento fue una cierta obsesión con la búsqueda de los orígenes – de filosofías, creencias y sistemas políticos; de principios científicos y fenómenos naturales,; y de la lengua, en todas sus ramificaciones. A los nuevos historiadores de las ideas, al igual que a los innovadores y aventureros, se les demandaba que pusieran nombres a las cosas que inventaban o descubrían. Los científicos y los filósofos necesitaban vocabulario especialidzado y específico con el que articular su visión novedosa del mundo. Los escritores de todo tipo se estaban volviendo más analíticos y técnicos. La expansión del Imperio insinuaba la oficialidad del idioma y requería que lo británico en sus muchas formas, fuera codificado para ser exportable. El imperialismo es en parte una proeza de retórica: para los imperialistas del siglo XVIII estaba claro que una lengua inglesa estandarizada era una herramienta administrativa de valor incalculable a la vez que la materialización de una idea aún muy novedosa: lo británico.

Sin caer en la metonimia o sinécdoque de equivocar Inglaterra y el reino que se unió a principios del XVIII he recordado que tengo que leer el libro de Hastings para descubrir por qué cree que estos procesos de imaginación, homologación y estandarización  pudieron pasar antes de lo que parece que estaban pasando.

 


Tulipanes

25/04/2015
Bicho raro

República de flores

Esta semana me he enterado de que al directivo del trabajo anterior que vino a despedirnos le ha dado un infarto y me he sentido muy mal por el hombre, que me cayó muy bien cuando le conocí en persona y al que le debo un pedazo importante de mi felicidad cotidiana actual.

Una parte no pequeña de la misma es debida a que mi nuevo empleo está a una distancia razonable de casa y puedo ir caminando en una media horita (también en autobús si lloviera demasiado). Maravillas de la cuadrícula puedo escoger varios caminos para no aburrirme del trayecto.  Llego a la oficina mucho más contento y en mejor forma que en los tiempos del autobus, cuando pintaban espadas. Una de las mayores ventajas del recorrido es que atravieso zonas verdes y ya he visto petirrojos, ardillas y flores antes de encender el ordenador.

En el prado de san Esteban, ahora que se están yendo los narcisos, llevo unos cuantos días fijándome en un grupo de tulipanes morados entre los que hay otro de color rojo. No estoy seguro de si el jardinero lo ha metido aposta entre los otros o si es que se ha equivocado de bulbo. Cosa que dejo dicha en un veinticinco de abril, que era el día los claveles.


Grossman en Armenia

24/04/2015
An Armenian Sketchbook

El Tólstoi de la URSS

Los dirigentes del Comité del Partido en la Ciudad de Yereván me contaron que en una asamblea general de los trabajadores de las cooperativas agrícolas de un pueblo del valle del Ararat, respondiendo a una propuesta para eliminar la estatua de Stalin, los campesinos habían dicho: “El Estado recaudó cien mil rublos para erigir esa estatua. Ahora el Estado quiere destruirla. ¡Adelante, destruidla!, pero devolvednos nuestros cien mil rublos”. Un anciano propuso retirar la estatua pero para enterrarla intacta. “¿Quién sabe? Si otros llegan al poder aún puede servirnos. Así no tendremos que apoquinar por segunda vez”.

Hace unas semanas estuve leyendo An Armenian Sketchbook, la versión inglesa de Добро вам!, que son las notas que Vasili Grossman tomó durante los dos meses de 1961 que pasó en la entonces república soviética (y hoy país independiente) para una actividad que durante todo el texto denomina “traducción” pero que en realidad consiste en la mejora de la calidad literaria de una traducción anterior de una novela escrita originalmente en lengua armenia. La novela se titulaba “Los hijos de la casa grande,” y su autora se llamaba Hrachya Kochar, que aparece en el texto como “Hortensia”. Grossman reconoce que sólo conoce dos palabras del armenio así que, partiendo de esa base, poca traducción puede hacer.

Este cuaderno armenio es algo que quizá me hubiera convenido leer antes de viajar a aquel país, obviando el pequeño detalle de que la edición inglesa se publicó dos años después de nuestro paso por el mismo. La introducción y los apéndices que añaden los editores, en especial las 74 notas explicativas, han hecho que sea una versión especialmente productiva y agradable de leer, sobre todo teniendo en cuenta la cantidad de aspectos que habrían quedado en la oscuridad de no haber sido por estas explicaciones adicionales y la incómoda sensación que produce ser consciente de esas amplias zonas de ignorancia sin resolver.

Aparecen en el texto varios escenarios armenios que tuvimos la fortuna de contemplar en 2011: la propia Yereván a la que llega y cuya apariencia es aproximadamente la misma medio siglo después, a pesar de los simbólicos cambios de estatuas. Cerca de la capital de la república están el monasterio de Ghegard y el templo de Garni. También Echmiadzin, en donde como nosotros se fija en la tumba de algún antiguo katolikós. Ya yendo para el norte se acerca a la gastronomía a orillas del lago Seván, cuyo proceso de aralización ya había comenzado y donde por entonces la trucha ya escaseaba. Un escenario importante de las andanzas de Grossman y que no vimos fue Ծաղկաձոր (Tsajkadzor, el valle de las flores), que era el lugar donde llevaba a cabo su actividad “traductora”. Tsajkadzor era y es localidad balnearia y de reposo y por ello debe de ser simililar a la cercana Diliyán de los balcones, de la que sí había leído con anterioridad y que en tiempos soviéticos era un destino de retiro con el que premiaban a “los ingenieros del alma”.

Grossman toma estas notas dos años antes de su muerte. Son una especie de diario y no constituyen una estructura muy elaborada, lo cual puede verse en datos como que confunde a Edison con Graham Bell, el modo en que reconstruye la historia de su familia para acaso hacerla más literaria o cómo atribuye a los alemanes crímenes de guerra perpetrados en Ucrania por sus aliados rumanos. Las notas aclaratorias y biográficas y los apéndices añadidos por el editor son de nuevo de gran ayuda para separar la paja del grano.

El año pasado un amigo andaba leyendo Vida y destino y me escribió que desmontaba mi argumento de que no se puede aprender historia a través de las novelas. Mi respuesta quedó a la espera de que yo también leyera la principal obra de Grossman. En realidad creo que nunca he dicho tanto, aunque sí que recuerdo haber dado un papel secundario a las novelas en relación a las estadísticas para la comprensión de la realidad. La novela histórica suele adolecer de diversos errores y de la habitual presencia de la falacia del historiador. Quizá esto no sea tan problemático en el caso de Grossman, que más o menos escribe a la vez que suceden las cosas y parte de cuya obra (El libro negro) es en realidad documentación histórica.

A causa de su parecido físico (por unas fotos que aparecen en el libro) se me ocurre establecer paralelismos con un héroe personal: el jugador soviético de ajedrez Mijaíl Botvínnik, que fue campeón del mundo. Judíos ambos que alcanzaron notoriedad en la URSS. A pesar de los problemas que su condición les supusiera durante el estalinismo y las discrepancias que pudieran tener con el sistema, se alinearon con la ortodoxia y el poder.

Del paso de Grossman por Armenia me queda la impresión de un hombre derrotado y enfermo, con miedo de perder lo que le queda. A veces se percibe una inseguridad propia de los adolescentes, que quizá sea normal que se extienda a otros grupos de edad si se ven obligados a desenvolverse en un régimen totalitario. Es curioso que acabara enfrentándose con la autora del libro que debía “traducir” (vide supra) a causa de que su reescritura de la novela estuviera siendo más creativa de lo que se suponía que tenía que ser. Esa búsqueda de espacios de libertad.

Grossman murió en 1964. Sus notas armenias se publicaron en ruso en 1967. Vida y destino en 1980, fuera de la URSS.


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