Leopoldo II y el Congo

15/07/2018

Portada

Tengo una pila de libros pendientes. El siguiente que tocaba era el último de Pinker sobre la Ilustración, pero tras leer a Hans Rosling me ha parecido conveniente no abundar en el optimismo racional y he preferido inmiscuirme de nuevo en los abismos duros de la experiencia humana. La mujer me suele preguntar por mi querencia hacia estos asuntos a lo que no sé responder con eficacia, pero sirve al menos para apreciar lo que tenemos y para no olvidar que cuando las cosas se pongan malas, debajo de estos trajes y estos bienes de consumo y esta civilización aparente lo que quedará será eso.

Además, aunque todas estas cosas sean ciertas es posible incluso que los optimismas tenga razón. En su libro póstumo Hans Rosling escribía que de pequeño cayó en una zanja y podía haber muerto y que eso pasa hoy en los países que él no quiere llamar en vías de desarrollo. Más o menos esto le ocurrió al hijo y heredero de Leopoldo II. Quizá nos veamos abocados a leer de guerras y masacres antiguas porque por fortuna hoy ya no hay tantas.

King Leopold’s Ghost se publicó en 1998 pero según compruebo la que acabo de leer es una segunda edición corregida de 2008. Veo que se ha traducido al español y al portugués utilizando la palabra “fantasma” en el título. Ghost es una palabra algo más amplia en significado que el que solemos dar a fantasma, llegando a veces a ser sinónimo de espíritu. Seguramente yo habría escogido espectro, como veo que se ha hecho en italiano.

Dado el nivel bajo de conocimiento del África negra del que partía he aprendido bastates cosas. Más allá de los temas principales de los libros siempre me gustan pequeños datos. Por ejemplo, hasta este libro no había tenido constancia de la existencia de una efímera Somalia rusa (1889), de la tradición entre los reyes de Kongo de darse nombres ibéricos iniciada por Alfonso I en el siglo XVI o de los orígenes africanos del cubismo descubiertos por Picasso y otros en 1907 en una exposición parisina en la que pudieron ver arte de los grupos Pende y Songye. Sendas búsquedas en Google Images me hace sospechar que pueda haber bastante de cierto en que esta sea una influencia importante en el arte moderno de principios del siglo XX. Metiéndonos de lleno en este siglo globalizado, más del 80% del uranio usado en las bombas de Hiroshima y Nagasaki provenía de las minas Shinkolobwe.

Respecto a la sustancia del libro. Es interesante pensar cuáles son las razones por las que el peor colonialismo de todos, que supera en maldad al de cualquier otra potencia europea no se conoce demasiado. He mirado una de esas listas para determinar el peor personaje histórico, competición que suele ganar Hitler, y veo que Leopoldo II aparece en el puesto nº 100, por debajo de otros malos bastante más inocuos. Un aspecto muy interesante es que el Congo no era una colonia belga sino una colonia personal de Leopoldo II, lo cual me hace suponer que la maldad individual de Leopoldo II fue superior a las de otros gobernantes. Uno se puede imaginar que el sistema de la URSS podría haber sido similarmente nefasto con otro cualquiera en la cúspide que no fuera Stalin y otros muchos moviemientos sociales o políticos son una realidad que alguien ha de encabezar sin que importe tanto quién. En cambio, la aventura colonial del Congo fue básicamente el proyecto de un hombre para su propio beneficio.

La mayoría de los belgas había prestado poca atención a la frenética actividad diplomática africana de su rey, pero una vez pasado el chaparrón, comenzaron a darse cuenta con sorpresa de que su nueva colonia era mayor que Inglaterra, Francia, Alemania, España e Italia juntas. Equivalía a una decimotercera parte del continente africano, más de setenta y seis veces el tamaño de la propia Bélgica.

Para dejar clara la diferencia entre sus dos funciones, el rey de los belgas pensón en llamarse “emperador de Congo”; también acarició la idea de vestir a los jefes leales con uniformes inspirados en el de las famosas casacas rojas de los Beefeaters de la Torre de Londres. Luego, decidió ser simplemente el “rey soberano” del Congo. En años posteriores, Leopoldo se refirió en varias ocasiones a sí mismo como “propietario” del Congo, lo cual era más exacto, pues su principal interés en el territorio consistía en extraerle hasta el último céntimo de su riqueza. Su poder como rey soberano de la colonia no era compartido en ningún sentido por el gobierno belga, cuyo gabinete ministerial se quedaba tan sorprendido como el resto de la población al abrir los periódicos y descubrir que el Congo había promulgado una nueva ley o firmado un tratado internacional.

Luego en su testamento el rey entrega la colonia a Bélgica. El libro explica que presenta como un acto de generosidad lo que era el resultado de un arreglo financiero. En general los belgas de hoy no se sienten muy concernidos por este asunto del Congo. Sobre todo si se compara con lo de Alemania y el Holocausto, que es de una ejemplaridad más que notable. El mejor ejemplo es el de un diplomático belga que había trabajado dos décadas en el Congo en los años cincuenta y sesenta y que años después descubre un libro que habla de diez millones de muertos (hay cálculos que indican incluso treinta millones de muertos) y que en principio considera que es una injuria contra su país e investiga y comprueba que no. También es relativamente sencillo de entender que, por ejemplo, en la España del franquismo era más fácil vivir sin enterarse de las atrocidades de la guerra civil que en la actualidad. Por poner otro ejemplo español y del África: ¿Quién sabe hoy del uso de armas químicas en el Rif, o de lo que fué la Guinea española o el Sáhara occidental? Es muy fácil vivir de espaldas a toda esa realidad.

Hace diez años subí al Atomium en Bruselas. Recuerdo estar allí arriba mirando el estadio Heysel que queda justo al lado y pensando en la tragedia de la final aquella de la Copa de Europa de fútbol. Desde el mismo sitio, pero mirando hacia el sur, pueden verse los jardines del palacio de Laeken donde Leopoldo pasaba sus días. De hecho, luego fuimos a dar un paseo por allí, pero en ningún momento se me ocurrió nada del Congo. En toda mi vida creo que sólo he conocido a dos congoleños. De hecho uno era belga, y me dijo que su lengua materna era el lingala. Otra trabajó en el mismo equipo que yo allá por 2003. Recuerdo que había vivido mucho tiempo en Londres (tenía acento inglés) y me llamaba la atención que a su país todavía lo llamaba Zaire varios años después de que hubiera pasado a ser la República Democrática del Congo.

A través del relato pueden verse las biografías de diferentes anglosajones: Verney Lovett Cameron fue el primero europeo en cruzar África de este a oeste. Del segundo, Henry Morton Stanley, famoso por su expedición para encontrar al Dr. Livingstone no sabía que había estado tan involucrado en la aventura colonial leopoldina. Un personaje muy peculiar, como también lo fue el pachá judeoalemán de Jartum al que supuestamente fue a rescatar. Otra biografía curiosa del lado de los partidarios de Leopoldo es la del diplomático estadounidense en Bélgica que acabó ejerciendo de diplomático belga en los EEUU:  el “general” Sanford.

En el lado de los críticos con la barbarie son de notar las biografías de los para mí desconocidos George Washington WilliamsWilliam Sheppard, E.D. Morel y los muy famosos Roger Casement (martir de la independencia irlandesa a posteriori, pero consul británico en el Congo en los años que se tratan – y tengo que releer esa parte en la biografía novelada de Vargas Llosa), Joseph Conrad (El corazón en las tinieblas está basado en este tiempo y lugar) y Mark Twain (escribió un breve panfleto El soliloquio del rey Leopoldo).

Lo que tiene de malo este libro es a mi modo de ver lo mismo que tenía el otro que leí del mismo autor, aunque en aquel estuviera acaso más justificado. Parece que la historia del Congo colonial se escribe entre Bruselas, Londres y los Estados Unidos y que la clave de todo es lo que opinan o hacen un puñado de gringos que el libro además salen más que los propios belgas. No pudo ser así. Dado el equilibrio de fuerzas de aquel momento tiene que haber mucho y muy importante escrito en francés y en alemán; en París y en Berlín y en las colonias de ambos países en África y ese es un material que en este texto no aparece por ningún lado. Eso requiere más trabajo de visitar archivos y saber idiomas. Muy típico de la bibliografía anglosajona creer que ellos han inventado el mundo.

 

 

Anuncios

Factfulness

08/07/2018

Factfulness

Hace cosa de diez años estuve muy interesado en temas gráficos y visualización de datos. Esto lo interpreto ahora como una secuela de posgraduado en ciencias sociales. Me parece que alguna de las páginas sobre esos temas que seguía fue el modo a través del que descubrí a Hans Rosling y su participación en las conferencias TED. Así incorporé un nuevo héroe a mi panteón personal de los interneles.

Algunos de esos vídeos los he visto varias veces. Se los enseñaba a la jefa, que ni compartía mi excitación ni el sentido del humor del sueco (I’ve solidified the beam pointer!). Creo que el gráfico de bolas de Gapminder sí que le llegó a resultar interesante o al menos lo suficientemente memorable como para que hace unas semanas se le ocurriera regalarme el libro póstumo escrito por el divulgador junto con su hijo y nuera, que ha salido este mismo año

Factfulness es una palabra inventada que evoca la idea de que hay que debatir basándose en datos. Creo que “factualidad” podría se una traducción adecuada. Gran parte de la obra de divulgación de Rosling consistía en ilustrar la ignorancia reinante en muchos aspectos clave para entender la realidad del mundo. En realidad preconcepciones que son peores que la ignorancia, o que dan peores resultados que el conocimiento cero respondiendo preguntas de un test alazar. Mi prueba de que los prejuicios son muy difíciles de borrar es que  yo habré visto casi todos sus vídeos y todavía he fallado dos preguntas en el test de trece que viene al principio del libro.

La idea central del libro es que arrastramos una serie de instintos que nos dificultan entender la realidad. Ofrece herramientas para comprobar si no estamos apresurándonos a conclusiones equivocadas. De todo lo que se trata puede uno ver ejemplos en la prensa de cualquier día. Aparte de en una comparación entre los sistemas sanitarios de EEUU y Cuba no se hace especial énfasis en el prejuicio ideológico (que a mí me parece que es el más fuerte en algunos países).

 

Una cosa que me ha gustado mucho que el libro incorpora es el proyecto Dollar Street, que creo que en realidad es idea de su hija y sirve bien para aproximarse a la realidad de los diferentes niveles de ingresos en diferentes países. Hace poco cogimos de la biblioteca un libro para niños con un espíritu bastante parecido y lo disfrutamos bastante.

Factfulness incluye también el gráfico ingresos / esperanza de vida y unas fotografías en color que muestran las condiciones típicas de transporte, agua, fogón, cama y plato de comida en los 4 niveles de ingresos. Me pregunto si algún día este modelo de los 4 niveles puede acabar sustituyendo a aquel de países subdesarrollados, en vías de desarrollo y desarrollados con el que nos contaban el mundo en la EGB. Hoy día creo que ya nadie dice lo de subdsarrollados siquiera.

Lamenté mucho la muerte de Rosling el año pasado. El libro está bien pero quizá recomendaría más los vídeos, que ya están subtitulados en muchos idiomas y creo que representan mejor su legado. Este es un tipo de mensaje que quizá no habría calado del mismo modo sin el carisma personal de su portavoz. Las charlas TED son breves, pero hay un reportaje biográfico con entrevistas para la televisión sueca que me parece que se aproxima mucho al contenido del libro.


Pyramiden en Spitzberg o Spitsbergen en Svalbard

07/07/2018

El mes pasado estuve viendo un breve vídeo de National Geographic sobre uno de esos lugares raros de rusos que gracias a Internet he acabado conociendo medio bien. Esta vez no era Norilsk sino Pyramiden, el asentamiento minero ruso en la isla noruega de Spitsbergen. El ruso joven que lo protagonizaba lleva viviendo allí unos cuantos años y en un momento del reportaje sale estudiando español delante del ordenador. Si algún día vais por allí ya tenéis a alguien con quien hablar. En Barentsburg quizá ni eso.

Hoy me ha pasado un amigo una noticia sobre el inminente éxito de los audiolibros. Mi intuición es que eso no puede ser y lo dice alguien que lleva unos cuantos meses escuchando podcasts entre semana como unas cuatro horas al día. De todos modos he indicado que probaría a escuchar uno a ver si le encontraba el potencial. He pensado que sería mejor comenzar con un relato breve y en un portal que se dedica a los audiolibros de dominio público me he encontrado con las Novelas Cortas de Pedro Antonio de Alarcón, la última de las cuales es El año en Spitzberg (1,2). La experiencia no me ha parecido mala, pero es totalmente distinta a la de contemplar el texto ante tus ojos. Texto, por cierto, que merece comentario aparte.

Aprovechando el tirón me he propuesto averiguar de una vez por todas qué es Spitzberg, qué es Spitsbergen y qué es Svalbard y qué hacen o hacían los rusos por allí si es que aquello es de Noruega (alguna vez había pensado que el archipiélago estaba dividido entre ambos países, pero no es así). Yo estoy seguro de que el primer nombre que vi en mapas era Spitzberg, pero al parecer este era el nombre del archipiélago hasta el tratado de 1920 en el que se decidió que Noruega se lo quedara con ciertas restricciones en forma de ventajas a los países que tuvieran algún interés por ahí. No sé por qué, pero parece que el topónimo Spitzberg resiste bien en francés y en cambio no en los demás idiomas. La isla grande era Spitzberg Occidental (y luego Spitsbergen ídem) , pero Noruega decidió dar el nombre Svalbard, sacado de las antiguas sagas, al archipiélago y la isla mayor se quedó con el nombre de Spitsbergen a secas.


Todos los caminos me llevan a Roma

04/07/2018

Me parece mentira que ya hayan pasado dos meses desde que leí el SPQR de Mary Beard. Unos días después de acabarlo me puse a intentar averiguar cosas y me encontré con un par de documentales presentados con la autora. El que más se parece al libro es “Cómo vivían los romanos” (Meet the Romans) de tres episodios y rodado para la BBC en 2012. Quien tenga pereza por la lectura puede verlo y enterarse de bastante de lo que trata el volumen. Quizá incluso lo recuerde mejor, que es una ventaja no menor de lo audiovisual.

.

.

Después me puse a ver “Roma: un imperio sin límites” (Mary Beard’s Ultimate Rome: Empire without Limits), que son cuatro episodios, más reciente (2016) y también para la BBC. Más genérico y que se aproxima al tipo de conocimiento-marco que andaba buscando.

Respecto a esto último he tenido tiempo de leer un libro, A Brief History of the Roman Empire de Stephen Kershaw, que lamento que no esté aún disponible en español ya que lo recomendaría mucho. Meter 500 años en 400 páginas tiene mucho mérito, pero los mapas y cronogramas lo hacen especialmente valioso. Cuando vuelva a leerlo quizá comente algunos aspectos del mismo que me han gustado especialmente.

La falta de tiempo hace que mis fuentes de absorción de conocimiento hayan quedado limitadas al formato podcast. Últimamente me está interesando la historia militar, Roma incluida. Nunca me habían llamado nada las historias bélicas pero ahora les concedo como mínimo un gran potencial metafórico para el mundo laboral en el que me muevo.


Nescio nomen, jugador de ajedrez

21/06/2018

Me gustaría tener más a menudo la posibilidad de corregir errores en los que he estado inmerso muchos años. Tantos como treinta. Es una sensación muy agradable.

Hace tres décadas otro ajedrecista más veterano me indicó que las iniciales N.N. referidas a un jugador de ajedrez provenían de la expresión inglesa “no name“. Cuando hice la pregunta ya sabía que se trataba de un jugador desconocido, pero quería saber cuál era el significado exacto de las iniciales.

N.N. es todo un clásico y el equivalente soldado desconocido de la bibliografía ajedrecística, pero la fórmula no proviene del inglés. Sería incapaz de volver a encontrarlo pero creo que hace pocos años mirando un libro alemán de finales del siglo XIX llegué a sospechar que no podía ser una sigla inglesa, ya que esta lengua no alcanzó su posición de dominio internacional hasta décadas más tarde… sin embargo en aquel momento no le dí más vueltas.

Hago un párrafo para revindicar a N.N. ya que es el actor de reparto que se lleva todos los golpes en las partidas. Puede que la mayoría de las veces no se supiera su nombre nombre aunque es presumible que en bastantes otras ocasiones sí y que pudiera tratarse de un jugador apalizado cuya reputación se trataba de proteger. Ese era N.N.: la víctima del maestro, el perdedor de todas las partidas simultáneas del mundo o el fantasma necesario para una anécdota impostada además del blanco de la consabida broma en los corrillos de los torneos (-¿contra quién juegas? – contra N.N. [un jugador muy malo])…. usos varios de la doble ene más allá de los casos en los que en efecto se tratara de un jugador cuyas partidas o jugadas se conocian y su nombre simplemente no.

Gracias a una noticia en la BBC sobre un muerto muy vivo del Paraguay me entero de que al cadaver desconocido lo entierran con las iniciales N.N. del latín “nescio nomen“, nombre desconocido (creo que “desconozco el nombre” sería la traducción mala y más literal).

Esto me ha recordado que en el mundo anglosajón muchos creen que RIP es rest in peace en vez de requiescat in pace, una expresión que también tiene mucho que ver con el caso que me sacó de la ignorancia que hemos tratado. Así pues, me despido agradecido a Juan Ramón Alfonso Penayo por ayudarme a salir de este duradero error.


Toma de agua céltica

19/06/2018

Toma de agua

Desde que vivo lejos de Dublín suelo encontrarme con unas pequeñas tapas de alcantarilla con una bonita cenefa y un trisquel y que llevan el acrónimo WSC-R y la palabra uisce, que quiere decir agua y suena algo así como iska. Me gustaría comprender por qué siempre me encuentro con que la etimogía de la palabra inglesa whisky es uisce beatha que quiere decir algo así como agua de vida, pero el beatha no aparece por ningún lado. Vodka también es un diminutivo de voda, agua. Y está el aguardiente. Luego cuando los indios de las del oeste decían agua de fuego sonaba como muy imaginativo y exótico.

Creía que estas tapas con uisca serían exclusivas de Wicklow pero están por toda Irlanda. Sin llegar al nivel de Japón hay algunas joyas y a lo mejor me pongo a hacer una colección.


Gulag de Anne Applebaum

17/06/2018

Portada

He estado un par de semanas enredando con este libro de la biblioteca local. Gulag: A History de Anne Applebaum. Me gusta el apellido hebreo e híbrido angloalemán de la autora, que significa manzano. Quería completar ciertas carencias de conocimiento. La información sobre el Gulag nos llegó tarde a Occidente y en algunos sectores no quisimos creerla o al menos no del todo. En los años ochenta todavía había quien creía que la Unión Soviética era la patria de los trabajadores de la Tierra y si se escarba un poco todavía se encuentra uno a alguno así en Tuíter o en algún foro, sea por puro despiste o por pura maldad. El caso es que los campos de trabajo forzados soviéticos no han dejado la impronta en la memoria colectiva que sí dejaron los de los nazis. Esto es bastante sorprendente para un sistema de castigo y muerte por el que pasaron dieciocho millones de personas. En parte será debido a la menor documentación visual, en parte porque se considera un asunto de política interna y no internacional y también porque en los genocidios hay categorías y uno puede por ejemplo hacer apología, revisionismo o negacionismo del genocidio camboyano hasta puntos inimaginables si se compara con el exterminio de los judios europeos. Y en esto el Gulag no anda lejos.

Una idea interesante es que a diferencia de los campos de concentración y exterminio nazis los del Gulag no estaban herméticamente separados del exterior. Los que estaban en lugares remotos a los que no llegaban carreteras no necesitaban estarlo. Hay una idea que parece ser solchenichiana y que me gustó (aunque sea más que discutible), que la de que los prisioneros llamaban al perimetro del campo “la zona pequeña” y al resto del territorio “la zona grande”. Considerar a la URSS un inmenso campo de concentración da lugar a ciertas comparaciones interesantes y tiene valor propagandístico pero quizá no ayude lo suficiente a la comprensión de lo que era el Gulag ni de lo que era la URSS.

Siempre me interesa lo relacionado con Norilsk, una ciudad que hace años que me fascina estéticamente hasta el punto de que he recorrido todas sus avenidas en el streetview de Yandex:

Hacia los años cuarenta, las ciudades que estaban en el centro de los complejos de campos más vastos (Magadán, Vorkutá, Norilsk, Ujtá) eran asentamientos grandes, animados, con tiendas, teatros y parques. Las oportunidades de vivir bien habían aumentado enormemente desde los primeros días del Gulag. Los jefes superiores en los campos más grandes conseguían salarios más altos, mejores casas y vacaciones más largas que aquellos que trabajaban en el mundo laboral ordinario. Tenían mejor acceso a alimentos y a bienes de consumo que eran escasos en otras partes. “La vida en Norilsk era mejor que en cualquier otra parte de la Unión Soviética”, recordaba Andréi Cheburkin, un capataz en Norilsk, y después burócrata local.

No he conseguido averiguar más sobre el español que se menciona en el libro y que escapó a Irán tras un terremoto. Hace unos años vi el interesante documental Los olvidados de Karagandá, que trataba el destino de varias decenas de españoles que experimentaron el infortunio de aquel campo en Kazajistán soviético.

Historias terribles hay a patadas así que omitiré la brutalidad de la tortura y el hambre y la muerte y para ilustrar el sistema me quedaré en la temperatura:

En teoría, cuando hacía demasiado frío o cuando la tormenta era inminente, los prisioneros no debían trabajar en absoluto. Vladimir Petrov afirma que durante el régimen de Berzin en Kolimá, los prisioneros dejaban trabajar cuando la temperatura a -50ºC. En el invierno de 1938-39, tras la caída de Berzin la temperatura tenía que bajar a -60ºC para que cesara el trabajo. Pero ni siquiera esta norma se seguía siempre, escribe Petrov, ya que el único de la mina que tenía un termómetro era el capataz.

No me resisto a una barbaridad. Al parecer ocurrió varias veces que dos prisioneros se compinchaban para escapar y convencían a un tercero que habría de ser el avituallamiento.

Una palabra del Gulag que puede ser interesante importar es tufta, que define al trabajo de poca calidad hecho para aparentar que se está cumpliendo con la cuota asignada.

Hace años descubrí unos libros que trataban el el tatuaje en el mundo criminal ruso. Un submundo apasieonante. Una de las curiosidades ha sido el detalle de que había prisioneros que se tatuaban el rostro de Lenin o el de Stalin en el pecho en la creencia de que ningún pelotón de fusilamiento dispararía sobre ellos.

El Gulag era kafkiano en el sentido de El Proceso por la cantidad de gente que acababa allí sin saber por qué. Esto puede que sea una excepción histórica. Quizá el caso camboyano pueda añadirse ahí. En general a lo largo del tiempo la gente que sufre un destino semejante suele saber por qué lo cual hace más factible guardarse, defenderse o cuidarse de no acabar ahí. No sé cuánto de lección encierra más allá de que es muy importante defender los controles y contrapesos. Si la revolución rusa hubiera instaurado un sistema de garantías quizá no hubiera degenerado del modo en que lo fue haciendo en sucesivas ocasiones. En nuestro mundo política occidental persisten siniestros payasos de elevados ideales que no se compadecen demasiado con su conducta personal. Aunque acumulan el sectarismo necesario para desear algo así ni su poder ni su capaz organizativa dejan entrever que fuera posible, pero en todo caso y con vistas a impedir este escenario en la lección es que la superviviencia de la civilización está en la defensa de las leyes y las fronteras.