Castilla

30/08/2015

Hace muchos años, cuando me tocó hacer el COU, tuve un examen de literatura española en el que había que comentar un poema de la generación del 98. No recuerdo cuál, puede que fuera alguno de los “Campos de Castilla” de Antonio Machado. Lo que recuerdo es que se me ocurrió poner que le debía mucho a la influencia de Castilla, de Azorín,  que era un libro de ensayo que yo ni había leído (ni ningún otro del autor) ni sabía de qué trataba y que además estaba en prosa. El caso es que a la profesora le pareció muy bien mi infundada osadía. Debe de ser porque al fin y al cabo, gran parte del género de la crítica literaria es pura pose y soltar como quien no quiere la cosa nombres de autores que uno tampoco ha leído.

Hoy he tenido por fin la oportunidad de conocer la “Castilla” de José Martínez Ruiz, ensayo que se considera regeneracionista y lamento mucho haber olvidado cuál fue la obra que hubo que comentar en el examen aquel, ya que ahora estoy convencido de que poco tenía que ver con este texto. A lo sumo alguna conexión a través del paisaje castellano.

¿Y el libro en cuestión qué tal está? Bueno, pues toca un poco los temas esos del país atrasado y decadente que había sido imperio y se veía reducido a un pedregal, las esperanzas puestas en el progreso y en el desarrollo de los ferrocarriles, y cuadros costumbristas de la España eterna con críticas a algunas tradiciones como la tauromaquia y a otros modos e instituciones de raigambre. Cuando había oído mentar este ensayo en el pasado siempre entendí que había en él algo de manifiesto o de programa político que no he encontrado por ninguna parte.

¿Por qué vale la pena leerlo? Éste que aquí les escribe está emigrado y en cierto modo alejado de su idioma. En parte por eso y en parte por ciertas carencias formativas la riqueza de vocabulario me habrá parecido espectacular. Aprender al menos treinta palabras en un libro ciento cincuenta páginas es una ganancia notable, y  si no hemos aprendido otras tantas más ha sido por la pura pereza de ir a buscarlas al diccionario . Si eramos ignorantes por no conocer estos términos con anterioridad el consuelo es que gran parte de ellos son vocablos propios de un mundo agrario que por suerte en gran medida España ya dejó de ser. La lectura de un libro bien escrito siempre será agradable aunque el valor de sus lecciones quede reducido al tipo arqueológico.


Antiglobalización

29/08/2015

En serio

Hace mucho que no oigo hablar del movimiento antiglobalización.

La primera vez que entré en un Starbuck de esos, hice una foto y la subí a Instagram para deleite de mis dos seguidores, que eran un friqui que había conocido años antes y un bot.

Quiero decir que aunque lo intenté con todo lo que pude no me ha dejado de parecer un café bastante flojo para su excesivo precio. Puede que su objetivo sea un público con más carencias afectivas incluso que yo. Es en serio.


Ocaso español en Filipinas

22/08/2015
Población de Filipinas (1891)

Población de Filipinas (1891)

Cada época de mi vida virtual ha tenido su modo predilecto de procrastinación. Últimamente he dejado atrás los lectores de RSS y las redes sociales y en cuanto tengo algo de tiempo que perder me pongo a buscar libros antiguos de esos sin derechos de autor que uno puede encontrar en diversas bibliotecas de la red de redes.

Hoy me he encontrado con un opúsculo publicado en Madrid en 1891 y cuyo autor es un español de larga residencia en las Filipinas. Trata de lo que él entiende “el problema fundamental” de las islas y además de una crítica al Noli me tangere de Rizal plantea algún proyecto a mi modo de ver bastante absurdo (desde el punto de vista ventajista que supone conocer cuál fue el final de aquella historia).

Puede que los vientos de la Historia no sean fáciles de leer, pero una tabla demográfica que aporta me ha llamado la atención ya que a la vista de sus datos parece ¿obvio? que la presencia española era bastante insostenible. No es sólo que la gestión de un archipiélago distante fuera imposible para un estado obsoleto en el lado opuesto del mundo ni que la ambición de poderes más cercanos a esas posesiones fuera incontenible. Es que, si la última década del siglo XIX había tan sólo 15.000 españoles en las islas y a lo sumo 100.000 españolizados para una población total de ocho millones que tenía el archipiélago por aquel entonces (hoy deben de ser unos cien millones).

La poquedad de españoles antes de 1898 es un dato que como digo me ha sorprendido y me pregunto cómo habrán variado el número total y la proporción a lo largo de los más de tres siglos de la colonia. Siendo tan pocos como eran es normal que su permanencia tras la ocupación estadounidense o su regreso a la metrópoli no hayan sido una fuerza cultural importante en ninguno de los dos países, si se comparan por ejemplo con los pies negros franceses de Argelia y algún caso semejante.


El hambre

17/08/2015
El libro que tratamos hoy

El libro que tratamos hoy

Me envió un amigo un ladrillo consierable que a golpes y ratos robados he tardado un par de semanas en culminar. “El hambre” del argentino Martín Caparrós. Libro ambicioso donde los haya para explicar de modo holístico un fenómeno inmenso. Ya son ganas de escribir seicientas páginas sobre el hambre y no saber o aceptar que es palabra femenina. A lo mejor en vez de un libro de seicientas podía haber hecho dos de trescientas: uno más humano con los retratos de la gente que pasa hambre y otro más teórico sobre cómo funcionan los mercados de alimentos y ese tipo de cosas.

Hay muchas ideas buenas y frases notables. No veo la forma de conectarlas todas. Falta quizá una narrativa unificadora. A lo mejor el asunto es que “hambre” o “desnutrición” son conceptos demasiado grandes. Probablemente no sean el problema sino las consecuencias del problema y a lo mejor lo que funciona para resolverlo en Níger no vale en Bengala.

Por ejemplo, ahora leo mucho en prensa que en España hay hambre y sobre todo hambre infantil. Ya me cuesta creerlo, pero pongamos que así sea. Para mí está bastante claro que si esto existe es una consecuencia del mercado de trabajo tan disfuncional que tiene el país más que de nada que tenga que ver con el precio y el mercado de los alimentos ni la productividad de la agricultura. Teniendo esto en cuenta las políticas de reparto de alimentos y sopa boba serán -nunca mejor dicho- pan para hoy y hambre para mañana mientras que resolver el problema del mercado de trabajo pondría al país en el lugar en el que debe estar. Al final me parece que intentar resolver el hambre es como intentar resolver la mortalidad. No se puedes ataca a la muerte en sí, sino a diferentes enfermedades que resultan en ella.

A lo peor es que el hambre no es lo excepcional y lo digno de estudio. Quizá lo más próximo a la verdad sea que el hambre es una experiencia consustancial a la humanidad y que lo que merece análisis es el desarrollo por el que cientos de millones de seres humanos han logrado olvidarlo.

Lo mejor del libro es lo que dice James, que atiza a todo y a todos: a los ricos, a los pobres, a los gobiernos, las multinacionales, las oenegés, los buenistas, los pasotas, los que lo ven sencillo, los que lo ven complejo y los que leen y escriben libros como este, que al final no pasamos hambre.


Con Camba en Londres

16/08/2015
El libro de hoy

El libro de hoy

Inglaterra es grande, es fuerte, es rica, es temible, sabe leer y escribir de corrido y está muy vestida; pero le falta el alma. La España pobre, sucia y analfabeta, puede llamarle bárbara. Es un consuelo melancólico.

Aunque quedé algo defraudado tras mi acercamiento a Camba de hace unos meses (1,2) no he podido resistir la tentación de echarle una ojeada a “Londres: impresiones de un español“. Al fin y al cabo, es la capital británica estación por la que uno ha tenido que pasar varias veces. Uno busca conectar la literatura con su biografía, aunque el mayor punto de unión que he encontrado con el gallego ha sido que un día fue a jugar a la pelota a un lugar en el que pasé dos días  (pero con el que me comunico casi a diario) y admiración compartida por el genio de José Raúl Capablanca.

Los artículos están escritos en 2012 y adolecen de la misma perspectiva que los escritos desde Berlín. De hecho, considero que el volumen sobre Alemania es superior. Aquí no hay demasiada alusión al contexto político del momento. Mucho costumbrismo sí y mucho tópico sobre el “carácter nacional”. A mí en general no me agrada demasiado este tipo de anécdota confirmadora del prejucio aunque me cuesta estar en desacuerdo con cualquier cosa que se escriba sobre la insignificancia de la gastronomía en la cultura británica.

En la edición antigua que he consultado hay problemas con la transcripción con las palabras extranjeras, que me invitan a pensar que Camba escribía una hache parecida a la ca y hacía la erre como la ene. También ha habido algunas cosas que no he llegado a entender.

Podría decirse que estos artículos son niebla que oculta el Londres de 1912 que yo quería ver.

Hace algún tiempo se decía que lo mejor de Londres es la niebla.
— ¿Por qué? — preguntaba uno cándidamente
— Pues porque impide ver todo lo demás.


El mundo es un barco

15/08/2015
Barco

Barco

Pasamos por el puerto a menudo, lo que nos da la oportunidad de sufrir vientos impenitentes, observar gaviotas agresivas y de vez en cuando contemplar algún que otro barco notable. Últimamente están atracando muchos cruceros en Dublín. En general lo hacen más lejos de la ciudad que este “The World” que estaba amarrado junto a la rotonda del Point y el puente de Ringsend el fin de semana pasado.

El barco es como un hotel. Dijo la jefa que en este sí que se puede viajar cómodamente y sin claustrofobia, a diferencia de esos otros con camarotes iluminados por apenas un ojo de buey. El inconveniente, supongo, es si se hunden por el lado de tu balcón.


Once is enough

14/08/2015
s

How often? Eleven

En Candem st hay varias tiendas de segunda mano que echan una mano en beneficio de la beneficencia. He entrado varias veces en una que tiene libros a tres por un euro (malos, todo sea dicho) y deuvedeses a un euro. La mayor parte de las películas no las conozco, porque no estoy muy enterado del cine actual, pero había una de la que había oído hablar muchas veces, porque está rodada en el Dublín de hace unos cuantos años.

Once, que es una vez y no once. La he estado viendo esta noche y me ha parecido bastante mala. Para mí tiene hasta cierto punto su gracia ya que al fin y al cabo sale la ciudad en la que vivo y puedo deleitarme viendo modelos de autobuses retirados y cabinas de teléfono que han dejado de existir, el típico náquer medio yonqui con su chándal, zonas reconocibles de la ciudad: Temple Bar, Grafton, St Stephen Green y también calles de esas de aspecto chungo por las que, si estuvieran en EEUU, no nos atreveríamos a entrar (“eso así oscuro no sé dónde está, pero seguro que a menos de dos kilómetros de aquí”).

Seguramente no he entendido muy bien el sentido de la trama pero la voy a resumir con la etiqueta”tensión sexual irresoluta como pretexto para presentar canciones”. Los protagonistas me han parecido malos hasta el punto de que se podría decir que a a veces estaban leyendo. A la chica checa, que sabe inglés bien, la han hecho hablar inglés mal de un modo imposible y no le sale. Si a uno le gusta Dublín y cierto tipo de pop, que hay gente para todo, puede que le agrade ver este filme sin pensárselo mucho ni prestar atención.

No vale decir “me gusta la banda sonora”, porque la banda sonora es la película.


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