Limónov

16/03/2019

Limónov

“Limónov” (2011) de Emmanuel Carrère. Al autor lo descubrí con El adversario, que me fascinó hará cosa de década y media. Este lo tenía en la pila virtual desde hace más de dos años y gracias a un encuentro fortuito ha sido mi lectura de este fin de semana. Creía que no me iba a gustar demasiado, a causa de una crítica que leí en un blog hace tiempo y con la que concuerdo en gran medida. Sin embargo, aunque la biografía de Limónov no me resulte especialmente interesante, significativa o representativa en sí misma, creo que hay mucho aprovechable en la forma dinámica de narrar de Carrère y en los márgenes que muestran el contexto del mundo soviético. Otrosí: yo leo a menudo traducciones bastante pobres y esta me ha parecido muy buena.

A causa de un apuntoesobre la Plaza de la Libertad de Jarkov (Ucrania), llamada en aquellos tiempos en honor de Félix Yerzinski y de magnitud considerable, he sabido que la plaza de Tiananmén no es la mayor plaza urbana del mundo (hay listas de estas cosas)

Un fragmento sobre la perspectiva rusa de la Gran Guerra Patria y el holocausto y también sobre el elitismo del protagonista:

Una de las primeras reacciones suscitadas por el proyecto de este libro fue la de mi amigo Pierre Wolkenstein, que casi se peleó conmigo porque yo me proponía escribir sobre un individuo que, siendo ruso y dirigente de una formación política digamos que dudosa, según él sólo podía ser antisemita. Pero no. Se pueden incluir muchas aberraciones en el pasivo de Eduard, pero no ésa. Lo que le protege a este respecto no es la elevación moral ni la conciencia histórica, pues es verdad que como la mayoría de los rusos, desde la perspectiva de sus veinte millones de muertos, la shoá le importa un bledo y estaría totalmente de acuerdo con Jean-Marie Le Pen en verla simplemente como una “cuestión de detalle” de la Segunda Guerra Mundial, como algo rayano en el esnobismo. Que el ruso y más aún el ucraniano corriente sean antisemitas notorios es para él la mejor razón para no serlo.

Otro sobre escenarios postconflictuales:

Es verdad que hubo el período delicado en que tras la muerte de Stalin liberaron a millones de zeks, y a algunos incluso les rehabilitaron. Los burócratas, provocadores y soplones que les habían enviado al gulag estaban seguros de una cosa: de que no volverían nunca. Pues bien, algunos han vuelto y, por citar de nuevo a Ajmátova, “dos Rusias se han encontrado cara a cara; la que denunció y la que fue denunciada”. No se produjo el potencial baño de sangre. Delator y prisionero se cruzaban, recíprocamente sabían a qué atenerse, y cada uno desviaba la mirada y se iba por su lado, a disgusto, los dos vagamente avergonzados, como personas que en otro tiempo han cometido juntas una fechoría de la que es mejor no hablar.

Como recientemente estuve leyendo una biografía de Trotski, una anécdota que también aparecía en la misma contada por alguien que lo conoció en su etapa neoyorquina y que aún trabajaba en la redacción de Russkoe Dielo cuando Limónov se dejó caer por allí en los setenta:

El anciano cuenta a quien quiera escucharle que Lev Davídovich vivía en el Bronx y sobrevivía con los magros ingresos de las conferencias que que daba sobre la revolución mundial ante salas vacías. Los camareros de los pequeños restaurantes donde comía le detestaban porque consideraba ofensivo para su dignidad -la de ellos- dejarles propina. En 1917 compró muebles a plazos por doscientos dólares y luego desapareció sin dejar dirección, y cuando la sociedad crediticia localizó su rastro él estaba al mando del ejército del país más grande del mundo.

Y esta descripción de Martin Malia (que también se puede aplicar a otras ideologías) del socialismo como negación de la realidad:

“El socialismo integral no es un ataque contra abusos específicos del capitalismo, sino contra la realidad. Es una tentativa de abolir el mundo real, un intento condenado a largo plazo, pero que durante un determinado período consigue crear un mundo surrealista definido por esta paradoja: la ineficacia, la penuria y la violencia se presentan como el bien supremo.”
La abolición de la realidad implica la de la memoria. La colectivización de las tierras y los millones de kuláks asesinados o deportados, la hambruna organizada por Stalin en Ucrania, las purgas de los años treinta y los millones adicionales de muertos y deportados de un modo puramente arbitrario: todo esto no había sucedido nunca. Por supuesto, un chico o una chica que tuviese diez años en 1937 sabía muy bin que una noche había venido una gente a buscar a su padre y que después nunca habían vuelto a verle. Pero sabía también que no había que hablar de ello, que ser el hijo de un enemigo del pueblo era peligroso, que más valía actuar como si nada hubiera pasado. De este modo todo un pueblo hacía como si nada hubiese ocurrido y aprendía la historia según el Curso abreviado que el camarada Stalin se había tomado la molestia de escribir él mismo.

Lectura no demasiado densa y no demasiado edificante. La idea más notable que me ha sugerido es cuánta influencia habrá tenido la crisis constitucional de 1993, con el parlamento contra Yeltsin para que se acabara consolidando el sistema presidencialista de democracia limitada que llevamos viendo en Rusia durante más de veinte años.

Anuncios

Eva, una aventura de Lorenzo Falcó

10/03/2019

Eva

“Eva”, la segunda novela de la serie Falcó de Arturo Pérez-Reverte ha sido mi entretenimiento de este fin de semana. Compruebo que hace ya más de dos años que leí la primera y tengo la siguiente y de momento última en la pila para cuando toque.

Como he leído casi todas las novelas del insigne académico, aparte de las horas invertidas en sus artículos semanales y vistas más de dos y más de tres entrevistas televisadas tengo para mí que conozco sus opiniones mejor que las de muchas personas que forman parte de mi vida real. El mundo virtual forma amistades asimétricas extrañas. En esa especie de portavocía del español normal y corriente que involuntariamnte ejerce comparto con él muchos puntos de vista aunque discrepo de varias de las intuiciones morales que más tiempo dedica a propagar. Un ejemplo: me parece muy nociva para el ecosistema la cría de perros, mucho más que la de toros de lidia. Otro: España tiene un fondo de país analfabeto y cainita, pero eso utilizado como argumento queda muy cojo para explicar el enorme progreso experimentado por el país en los últimos sesenta años.

Creo que gran parte del éxito que este escritor obtiene, al menos conmigo, tiene que ver con el equilibrio en una prosa que salta fluidamente entre registros doctos y coloquiales. Como en este caso se trata de una novela de espías en la que debe mantenerse la emoción hasta el giro final on comentaré nada de la misma. Sólo diré que supone una buena oportunidad para intentar comprender el ambiente extraño del Tanger del estatuto internacional.

Un punto flaco revertiano a mi modo de ver es que no es excesivamente preciso en la arqueología del lenguaje. Por ejemplo a mí me resulta muy extraño que alguien pudidiera utilizar en los años treinta la expresión “absolutamente” para decir “por supuesto” o que se preguntara de alguien si era “heterosexual”. Esto, que me resulta aceptable para el narrador omnisciente, me parece un gran fallo en los diálogos.

– ¿Y cómo es el fulano? -se interesó tras unos pasos-. ¿Furete, entrenado? ¿Profesional? ¿Heterosexual?… ¿Padre de familia?


Mujeres célebres

08/03/2019

Para celebrar el día de la mujer se ha montado en la oficina un pequeño paripé que ni de lejos veo que se compare con el espectáculo en que se ha convertido esto en España en los últimos años. Las mozas del departamento de personal han colgado imágenes de mujeres famosas en la cantina y luego nos han hecho fotos a varios en un marco conmemorativo. No veo que esto vaya a derribar la democracia liberal ni la economía de mercado así que me parece bien.

Por fortuna casi nadie ha caído en la cuenta de que es un poco triste poner fotos de mujeres importantes y que nadie sepa quienes son. Yo conocía a 5 de las 8, pero mis compañeras a lo sumo llegaban a Marie Curie y a Amelia Earhart. Seguramente el hecho de que entre los hombres haya un interés más intenso por la esfera pública que entre las mujeres no tenga ninguna conexión con el hecho de que haya más hombres que mujeres entre quienes prosperan en la esfera pública.

Además de a estas dos yo conocía a Harriet Tubman, Simone Veil y la primera ministra de Nueva Zelanda.  Me faltaban la jugadora de bádminton india (que ahora creo que es Saina Newhal), una dama que Google Images me dice que es Elizabeth H. Blackburn (premio Nobel de medicina en 2009) y la doctora india Anandi Gopal Joshi.

El criterio de selección no he alcanzado a entenderlo, pero creo que se ha buscado un poco la diversidad geográfica y racial. Marie Curie y Amelia Earhart son elecciones clásicas en este tipo de lista. De todas las mujeres del mundo alguna tiene que ser campeona de bádminton sin que llegue yo a entender cómo de valioso es eso para la mujer o para la humanidad.

Una pequeña ventaja de ser hombre es que al menos nadie te da el coñazo sugiriéndote que seas como Ramón y Cajal o los hermanos Wrigth. Eso habría que pensarlo.

 


Dublín desaparecido (V): Grafiti en un solar

27/02/2019

Las chicas del antifaz

Hoy he vuelto al barrio de antes. No había vuelto desde la mudanza, hace ya año y medio. Ha cambiado mucho. Se está construyendo en todo aquello que desde la crisis de 2008 había quedado reducido a descampados tras vallas. Muchos edificios de oficinas en ciernes, una sucursal bancaria, tres o cuatro cafés nuevos. La urbanización es más plena cuando uno llega al Point.

Al lado del Hotel Gibson hubo un solar donde en mayo de 2013 algún artista pintó los rostros de siete mujeres con sus respectivos antifaces, cada uno de ellos de uno de los colores del arcoíris. No sé qué fue del grafiti, pero hoy el terreno lo ocupa una residencia de estudiantes en cuyos bajos ya se han establecido bulliciosos negocios de alimentación.

Esto del Dublín desaparecido fue una serie que quedó atrás hace años. Vuelven tiempos de burbuja de la construcción y está como para volver a considerarla.


El diario de Lena Mujina

25/02/2019

Esta edición de 2012

Cuando leí el libro de Anna Reid sobre el sitio de Leningrado uno de los elementos que me impresionaron favorablemente fue el uso de diarios personales en la bibliografía. No había sido publicado aún el diario de Lena Mujina que he estado leyendo este fin de semana, ya que salió en el mismo 2011 (y en español en 2013).

En general me parece bastante feo el defecto tan habitual en los titulares de prensa de definir algo en función de otra cosa supuestamente superior. Así que el inevitable “la Ana Frank de Leningrado” lo tengo por bastante horroroso ya de por sí, sin siquiera tener en cuenta el relevante hecho cronológico de que el diario de Lena Mujina acaba en mayo de 1942 mientras que el diario de Ana Frank comienza en junio de ese mismo año. El paralelismo interesante está en que ambas comienzan a escribir días antes de acontecimientos históricos importantes que tendrán importantes consecuencias en sus vidas. También me resulta interesante a falta de una mejor explicación (sólo tengo una hipótesis) el hecho de que los diaristas adolescentes más destacables sean del sexo femenino.

Desde mi perspectiva de haber leído el año que abarca el libro en unas pocas horas lo más fascinante es cómo empieza hablando de guerra y bombardeos para acabar hablando de colas y comida. Esto es, la capacidad del ser humano para llegar a considerar que puede ser algo normal y ni siquiera digno de mención el que se estén lanzando bombas incendiarias desde aviones a la población en la que uno vive.

Mi entrada favorita es la del 17 de febrero de 1942, nueve días después de quedarse sola en el mundo:

Siento que soy rica. Tengo un bote con mijo, otro con cebada perlada y otro más con alforfón, un puñado de guisantes en una caja y 125g de carne en el alféizar de la ventana. En cambio no he tenido suerte con el azúcar: aún no he conseguido nada. Ayer comí sopa de guisantes y alforfón con mantequilla y para la cena cebada con mantequilla.

El pan de hoy, a 1 rublo y 25 kópecs, estaba rico y seco, muy bueno y sabroso.

Llevo tres días con la radio encendida. Está bien porque hace que no me sienta sola.

Tengo dinero – 105 rublos -, tengo leña, tengo comida. ¿Qué más me hace falta? Soy completamente feliz.

Hoy hace frío. El sol brilla y no hay ni una nube en el cielo

No tengo una idea muy precisa de lo que es la comida considerada en gramos. Estos simples cálculos y otras peripecias expresadas en este diario y otros similares me hacen suponer que estamos en mucha peor forma para sobrevivir a un colapso de la civilización que implique la renuncia a los niveles de calorías a los que estamos acostumbrados, además de nuestra falta de preparación física y psicológica.

Respecto a esto último siempre me ha fascinado que con una población famélica las escuelas siguieran abiertas y que hubiera exámenes, pero quizá fingir normalidad es la única forma de seguir adelante. En resumen, que mi impresión es que con un golpe mucho menor de lo que fue el asedio para los habitantes de Leningrado los occidentales de cualquier sitio hoy caeríamos como moscas. La inmensa mayoría no estamos nada preparados para el colapso de la civilización, ni para una guerra, ni para un cierre de fronteras, ni para una inflación un poco más elevada.

 


Demografía para entender el siglo XVI

24/02/2019

Este libro

Estaba empezando a leer The Ottoman Empire 1700-1922 de Donald Quataert, que creo que está traducido al portugués, no así al castellano, y me ha parecido interesante esta descripción de un mundo que solemos interpretar eurocéntricamente haciendo caso omiso del resto del globo:

Durante el siglo XVI el Imperio otomano compartía el escenario mundial con otro pequeño grupo de estados ricos y poderosos. En el lejano occidente se encontraban la Inglaterra de Isabel I, la España de los Austrias y el Sacro Imperio Romano Germánico así como la Francia de los Valois y la República de los Países Bajos. Los otomanos tenían más cerca a las ciudades-estado de Génova y Venecia, más importantes para ellos a corto plazo debido al enorme poder político y económico que ejercían gracias a sus flotas de largo recorrido y las redes comerciales con las que unían la India, el próximo Oriente, el Mediterráneo y el mundo europeo occidental. Hacia el este había dos grandes imperios que en aquel momento se encontraban en la cumbre de su poder y riqueza: el estado safávida con base en Irán y el Imperio mogol del subcontinente indio. Entre los imperios otomano, safávida y mogol abarcaban desde Viena hasta los límites occidentales de China y durante el siglo XVI los tres prosperaron al cuidado de administradores que los hicieron enriquecerse con el comercio entre Europa y Asia. Probablemente los tres juntos mantenían el equilibrio del poder económico y político mundial en el momento en que España y Portugal conquistaban el Nuevo Mundo y sus tesoros pero sin lugar a dudas era la China de la dinastía Ming era el estado más poderoso del mundo en aquella época.

Entre los elementos que me llaman la atención destaca el de que con la salvedad del paso por el Himalaya o el Tíbet se pudiera llegar desde Viena hasta el mar del Japón atravesando solamente cuatro entidades políticas, por vaga que fuera su efectividad en el control del territorio.

Lo de que en nuestra visión eurocéntrica de la Historia no tengamos en cuenta al Oriente para casi nada puede que sea un error y puede que no. Al fin y al cabo creo que por mucho que se nos hable de la importancia de la ruta de la seda… a grandes rasgos se puede decir que se trataba de un mundo conformado por compartimentos estancos.

No está claro a qué momento del siglo XVI se refiere el párrafo. Parece que más bien hacia la segunda mitad ya que Isabel I de Inglaterra comienza su reinado en 1558. En todo caso me parece que se adelanta en algo a la grandeza de Inglaterra. Puntos extra negrolegendarios por alusión poco velada a los tesoros del Nuevo Mundo.

En la Wikipedia hay una lista precaria con un cálculo de la población de distintas entidades políticas en el año 1600.

  1. China Ming 160 millones
  2. Imperio mogol 115 millones
  3. Unión Ibérica (con posesiones americanas) 30 millones
  4. Imperio otomano 29,5 millones
  5. Sacro Imperio 20,3 millones
  6. Francia 20 millones
  7. Japón 18,5 millones
  8. Rusia 14 millones
  9. Corea 9,9 millones
  10. Polonia-Lituania 8 millones
  11. Inglaterra (con Irlanda y Gales) 5,6 millones
  12. Imperio Habsburgo 5,5 millones
  13. Vietnam 4,4 millones
  14. Imperio safávida 3,2 millones

La evolución demográfica es algo a tener muy en cuenta a la hora del análisis histórico. Creo que todos sabemos lo suficiente como para tener en cuenta que la población ha ido aumentando en casi todo lugar y en casi todo período histórico, sin embargo la inercia nos hace considerar la razón entre las poblaciones de dos países como si fuera  constante.

Este aspecto me ha interesado en años recientes e ilustra como Irlanda fue una pieza más importante en el pasado tanto en las islas Británicas como en Europa de lo que su exigua población del siglo XX podría hacer pensar.

La dispar evolución demográfica es un elemento que se suele dejar de lado en consideraciones histórico-políticas de la realidad española (por ejemplo Cataluña tiene hoy siete veces más población que Extremadura pero a principios del siglo XX era apenas el doble). A lo mejor hago algo curioso con esto si me lo permiten mis otras aficiones.

 


Los setenta días de Ángel Pestaña en la Rusia soviética

17/02/2019

70 días en Rusia

El anarquista español Ángel Pestaña (1886-1937) representó a la CNT en el II Congreso de la Tercera Internacional (1920). Al volver a España redactó un informe para la Confederación y sendos libros titulados Setenta días en Rusia: Lo que yo vi y Setenta días en Rusia: Lo que yo piensoque ochenta años después del de la muerte del autor pasaron al dominio público y que, al ser de fácil acceso, he estado leyendo estos días.

En otra ocasión había comentado el viaje de Fernando de los Ríos al mismo tinglado. Creo que dejó un libro algo más curioso. Estando juntos en los mismos lugares es interesante cómo ni se mencionan el uno al otro. Además de ellos Daniel Anguiano (PSOE) fue el otro español que estuvo en el Congreso y cuyo informe favorable provocó la escisión . El ya convencido Ramón Merino Gracia llegó tarde al congreso y parece ser que décadas después acabó en el sindicalismo vertical franquista. Manuel Fernández Alvarez, fue el otro españoles que andaba en el epicentro del mundo en aquellas fechas, aunque como prisionero de la Checa: murió en Guadarrama al empezar la guerra de España. En todas partes hay españoles:

“En las pocas horas que pasamos en Petrogrado, por azar, dimos con dos españoles: catalán el uno, valenciano, el otro. El catalán era cocinero: lo había sido de Zinoviev, del jefe de la Tercera Internacional, al principio de la revolución. El valenciano, era repostero y confitero. Los dos, en tiempos del zarismo, habían ocupado plazas importantes en los mejores hoteles de Petrogrado, Moscú y otras poblaciones rusas. Habían ahorrado unos miles de rublos y que para más seguridad los colocaron en un Banco. Al confiscar los Bancos y sus existencias la revolución, quedaron, cocinero y repostero, sin un céntimo, lo que les hizo maldecir de la revolución y de todos los revolucionarios. Pero cuando les preguntamos si querían volver a España, contestaron que no.
—Esto cambiará —decían—, y como cuando cambie faltarán obreros de nuestro oficio y nosotros conocemos bien el país y sus costumbres, lograremos recuperar lo que nos ha confiscado la revolución. Además —agregaron— hemos pasado ya lo peor y queremos ver en qué para todo esto.”

De los dos libros de Pestaña el de “lo que yo vi” me ha resultado bastante más interesante que el de “lo que yo pienso“. Será que el retroturismo tiene más vigencia o simplemente me llama más que las retroideología y la retropolítica.

Además de por Petrogrado y Moscú, Pestaña recorre Nizhni Novgorod, Samara, Marx Stadt, Simbirsk, Saratov, Ivanovo-Vosnosienski y luego Tula, además de ir a Dimitrov a ver a Kropotkin.

Ya desde el principio parece ser bastante más consciente de lo que puede ver que muchos compañeros de viaje que hicieron el tour soviético en las siguientes décadas.

“Los dos días que pasamos en Saratof fueron animados y provechosos. Solo una cosa les faltaba para llenar nuestra ambición. Que el pueblo, el verdadero pueblo, no aquél que nos servía de comparsa y de coro en nuestras visitas, recepciones y mítines, hubiera también intervenido en los festejos y participado de las demostraciones de contento y algazara que parecíanos presidir con nuestra presencia.”

Algunos de estos prosoviéticos solían aderezar las discusiones sobre el problema territorial de España con loas al modelo de la URSS y el supuesto derecho a la autonomía y hasta a la secesión de las repúblicas. A Pestaña lo que ve en este respecto no parece impresionarle demasiado:

“Visitamos también la República Chuvasky, una de las muchas Repúblicas comprendidas en la República Socialista Federativa de los Soviets Rusos. Después de explicarnos las características del país, nos interesó saber en qué consistía la autonomía que gozaban dentro del régimen centralista ruso. Nos lo explicaron ampliamente. Ellos eran autónomos, pero venían obligados a acatar todas las órdenes, leyes y decretos que los Soviets establecieran, sin poder modificarlos en lo más mínimo.
Ajustar a la característica de las leyes y decretos de Moscú las condiciones económicas, sociales y políticas del país; pagar los impuestos, igual y en las mismas condiciones que las demás provincias; dar al Ejército Rojo los hombres que éste pidiera y acatar la disciplina del Partido Comunista y la dictadura del proletariado.
Como a través de todas estas manifestaciones, no viésemos la autonomía concedida y que ellos mismos decían gozar, insistimos en nuestras demandas y aclaraciones, llegando a la conclusión de que toda aquélla autonomía quedaba reducida a nombrar de entre los naturales del país sus propios funcionarios y autoridades, aún cuando el número de los mismos y sus atribuciones, era en Moscú en donde se determinaba. En resumen, que no había tal autonomía.”

En un encuentro con Zinoviev plantea cuestiones interesantes sobre la imposibilidad práctica del comunismo. Esta parte que las fuerzas sindicales e izquierdistas siempre han aceptado, de que haya trabajadores privilegiados por estar en sectores tocados por la varita mágica del poder político siempre me ha resultado fascinante, incluso en el Occidente próspero, capitalista y explotador. A Pestaña también:

“El comunismo, sobre todo el bolchevizante, según Zinoviev, era el mágico talismán, el sésamo, la panacea que ha de dar al hombre la felicidad.
Me atreví a objetarle que no comprendía qué clase de comunismo era el implantado en Rusia, ya que, según mi creencia, el comunismo era solo posible en la fórmula de “a cada uno según sus necesidades, y de cada uno según sus fuerzas”, y que, además, creía que en un régimen comunista, el salario, y menos el salario con categorías, no se avenía con lo que yo entendía comunismo.
—Que haya treinta y cuatro tarifas de salarios, y que los funcionarios del Estado trabajen seis horas, mientras la jornada legal de las fábricas es de ocho, no me parecen prácticas de comunismo —añadí.”

Otro tema clásico es cómo a las clases populares las representan políticos izquierdistas que provienen de otras y están acostumbradas a unas condiciones de vida superiores, sea el salario de Lenin o el chalet de Galapagar:

“El punto de partida para otorgar una de estas cuatro tarifas extraordinarias era una de las treinta y seis tarifas establecidas; pero el límite, como ya hemos dicho, no estaba fijado. Se dejaba al arbitrio de la Comisión.
De este sistema arranca uno de los engaños más propagados en todo el mundo al principio de la revolución rusa y que nos presentó a los personajes más conspicuos de la misma rodeados de una aureola de austeridad y de sacrificio muy lejos de ser cierta.
Se nos dijo que Lenin, Trotsky, Radek y demás personajes dirigentes del Partido Comunista y de la revolución, dando pruebas de su amor al pueblo y de sacrificio por la revolución, se sometían a todas las privaciones y escaseces a que la falta de productos les obligaba y que, considerándose proletarios y obreros, se hablan asignado un salario como los demás y un racionamiento como el de los obreros intelectuales.
En teoría así era. Pero la práctica era muy otra.”

En fin, no va a ser todo arrearle a los comunistas, que el autor también tiene su sesgo y a su ideología no le faltan esqueletos en los armarios. A falta de mayor conocimiento sobre las condiciones de la vivienda en el Petrogrado inmediatamente posterior a la Revolución, mis prejuicios sobre el anarquismo me empujan a creer que Pestaña idealiza el potencial autoorganizativo de la gente para regular socialmente un mercado:

“Pronto, con esa intuición profunda que tiene el pueblo y que solo necesita el estímulo para manifestarse, se organizaron comisiones de vecinos que proveían a las necesidades de cada calle y de cada edificio.
Fijaron el precio del alquiler de cada habitación; levantaron estadísticas de los alojamientos disponibles; dispusieron y realizaron —cosa que después no se continuó— las reparaciones precisas; establecieron repartos más equitativos que los efectuados en el primer impulso y, por fin, ordenaron todo de la mejor manera posible…”

He leído el libro en el formato epub disponible en la página de la Biblioteca Nacional de España. En esta versión hay una errata distinta a la que aparece en el original escaneado. Al puente de la Trinidad, que sería el Puente Troitski, lo llaman “Puente Trotsky” en el epub y Troistky en el pdf (página 25 del pdf, numerada 19 en el original). También Kronstadt o Cronstadt aparece de un modo un tanto extraño.

“Nos dirigimos hacia el Neva, río que, como se sabe, divide a Petrogrado y lo une con la base naval de Crostand. Llegamos hasta el puente Trotsky, que desemboca entre el Palacio de Invierno, residencia habitual del Zar en Petrogrado y el Almirantazgo.”

Es una mania personal no confundir a Trotski con Troitski. Los errores y transliteraciones incoherentes son una plaga en la bibliografía del lugar y época son muy comunes y es una lástima que vayamos a peor cuando precisamente las ediciones digitales se podrían aprovechar para hacer correcciones. Entiendo que es un problema de falta de recursos.

De entre los recursos que he utilizado mientras leía estos libros quisiera destacar: