Muerte del sueño americano

16/11/2017

Hace unas semanas escuché un buen programa de radio de la BBC que trataba sobre los orígenes de la idea del “sueño americano”. Estadounidense. La idea central es que tanto la expresión como el concepto son más modernos de lo que suele creerse. Muchos tienden a ubicarlo con George Washington cruzando el Delaware o en la colonización del Oeste pero es de los felices veinte.

Además de su periódo histórico en el programa discutían la esencia del concepto: si se trata de un sueño de libertad individual, de democracia, de trabajo, de condiciones de vida, de materialismo… También a quién está abierto ya que en gran medida ha sido un sueño “blanco” en el sentido de que ha estado limitado étnicamente.

A mí me parece que el concepto dentro de la cultura sociopolítica estadounidense da para mucho y no soy muy partidario de una definición cerrada y de libro de texto de propaganda como es la que dan a día de hoy en la página de referencia de casi todo el mundo:

The American Dream is a national ethos of the United States, the set of ideals (democracy, rights, liberty, opportunity and equality) in which freedom includes the opportunity for prosperity and success, as well as an upward social mobility for the family and children, achieved through hard work in a society with few barriers. In the definition of the American Dream by James Truslow Adams in 1931, “life should be better and richer and fuller for everyone, with opportunity for each according to ability or achievement” regardless of social class or circumstances of birth.  Library of Congress. American Memory. “What is the American Dream?”, lesson plan.

Será que yo no tengo que convencer a nadie de nada. Siempre fui muy escéptico con esto del “sueño americano”, aunque en general, habiendo vivido en el mundo anglo tantos años tiendo a ideas bastante más liberales que las de la mayoría de los hispanos. También es verdad que no soy lo que podría llamarse un liberal “puro”. No entiendo la dejación del Estado en sanidad ni me parece tolerable que la medicina se convierta en un negocio del que se pueda excluir a los que no tienen. En Estados Unidos hay mucha gente así y esto me parece parte de lo que convierte al sueño en pesadilla.

Hubo un día de hará unos cuatro años en que percibí el American Dream como un fraude mayor que todas las cosas y fue ojeando un informe del Credit Suisse sobre la riqueza en el mundo. Los EEUU eran uno de los países del mundo con mayor riqueza per cápita. En cambio si en lugar de mirar la media se miraba la mediana, resultaba que el español mediano (o sea, de los 46 millones de españoles el que esté en el puesto 23 millones si se ordena a todos por su riqueza) poséia bienes por valor de unos 70.000 dólares; mientras que el estadounidense mediano (de los 300 millones el que esté en el 150 millones o por ahí) tenía unos 50.000 dólares.

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La catolicísima Irlanda

15/11/2017

En el capítulo 30 de la segunda parte de “La berlina de Prim“, novela de Ian Gibson; José Paúl terminaba su conversacíón con el irlandés Patrick Boyd, ya que debía reunirse con unos aliados franceses:

—Le pido disculpas pero tengo que salir pitando —dijo—. Hay una reunión urgente de nuestra gente en Saint Jean de Luz. Luego necesito volver enseguida a París. Yo me llevo muy bien con los franceses —añadió—. Ellos, al fin y al cabo, pese a sus defectos, hicieron la Declaración de los Derechos del Hombre y la Revolución. Les cortaron las alas a la Iglesia, y, a quienes les hacía falta, la cabeza. Ahora están tratando de poner su casa en orden otra vez. Me encanta colaborar con ellos. Además —y Paul se rió— no son unos remilgados y aguafiestas, saben mucho de la joie de vivre. ¿Ha leído usted Madame Bovary? ¿Conoce Les Fleurs du mal, de Baudelaire?

Boyd dijo que sí, y que ambos le habían impresionado.

—No hay nada comparable en la pudibunda España, ni en la puritana Inglaterra de la reina Victoria, ni, por supuesto, en la catoliquísima Irlanda —sentenció el revolucionario.

“Catoliquísima” en lugar de “catolicísima“me sonó muy raro y me tuve que hacer un ngram.


Buzón georgiano

14/11/2017

Lo del microfilm es para quitar el brillo de un coche

El año pasado les mostré un buzón situado en la céntrica calle dublinesa que llevaba a la abadía de Santa María (Abbey st) y que seguramente lleva allí desde el reinado de Eduardo VII (1901-1919). Hoy traigo uno que se encuentra frente a la estación del ferrocarril de Greystones (condado de Wicklow), al sur de la capital y que se corresponde con el reinado de su hijo Jorge V (1910-1936). Es una lástima que no esté operativo y un bello gesto que no se retire de la calle y permanezca junto al buzón que lo sustituye. El periodo histórico o reinado se puede saber las letras GR que aparecen bajo la corona.

He encontrado un breve en el que explican qué letras llevan los buzones viejos en la isla vecina.

  • VR post box – Queen Victoria (postbox put up between 1853-1901)
  • ER VII post box – Edward VII (postbox put up between 1901-1910)
  • GR post box – George V (postbox put up between 1910-1936)
  • ER VIII post box – Edward VIII (postbox put up between 20 January 1936 – 11 December 1936 before he abdicated the throne to marry Wallis Simpson)
  • GR VI post box – George VI (aka Bertie from the King’s Speech: postbox put up between 1936-1952)
  • ER II post box – Elizabeth II (postbox put up between 1952-recently)

Me he permitido titular “buzón georgiano” aunque el 99% de las veces que uno lea este adjetivo con relación a Dublín se referira a un período bastante anterior: el del los cuatro primeros reyes llamados Jorge, que reinaron consecutivamente durante casi todo el siglo XVIII y el primer tercio del XIX

  • Jorge I    (1714 – 1727)
  • Jorge II   (1727 – 1760)
  • Jorge III (1760 – 1820)
  • Jorge IV  (1820 – 1830)

Alguna vez me he preguntado si no sería útil decir jorgiano para evitar la ambigüedad, pero el adjetivo “georgiano” está correctamente formado. Para que se vea el salto de ochenta años hasta el quinto rey Jorge sigo con la lista de monarcas, que también servirá para contar lo siguiente:

  • Guillermo IV (1830 – 1837)
  • Victoria (1837-1901)
  • Eduardo VII (1901 – 1910)
  • Jorge V (1910 – 1936)
  • Eduardo VIII (1936)
  • Jorge VI (1936 – 1952)
  • Isabel II (1952 – )

Y ahora al lío. En teoría los buzones con GR son los últimos de la monarquía británica en Irlanda, ya que en 1922 se pintaron de verde (originalmente eran rojos) y el Estado Libre Irlandés comenzó a poner los suyos, que según compruebo en una página de historia postal irlandesa, se seguían haciendo en Londres y posiblemente por ello seguían incluyendo las iniciales reales (acaso el mismo molde), aunque también les ponían las letras S y É de Saorstát Éireann (Librestado irlandés). Creo yo que ni buzones del efímero Eduardo VIII ni de Jorge VI habrá habido en la Irlanda postindependencia, así que me centraré en traer uno de la reina Victoria la próxima vez.

La segunda parte del lío es que con la independencia no acaba la monarquía, sino que el Estado Libre pasó a ser una de esas entidades pseudobritánicas como las que tienen ahora en la Commonwealth. Una entidad cuya naturaleza precisa se sigue discutiendo hasta el punto de que no se sabe a ciencia cierta quién fue el Jefe de Estado entre 1936 y la proclamación de la república en 1949. En aquel momento el mundo estaba a otras cosas de mayor importancia que la teoría constitucional y creo que un efecto práctico es que ya no tenemos buzones británicos posteriores.

 


Arquitectura neerlandesa en Dublín

11/11/2017

Restos de la muralla y edificio de viviendas

El año pasado comenté algo sobre los restos que quedan de la muralla medieval de Dublín. Es algo que me ha interesado sólo muy recientemente, desde que hace algo más de dos años mi oficina se trasladó al barrio conocido como The Liberties, que tiene fama de cierta marginalidad aunque una historia muy interesante y que los turistas sólo recorren de pasada camino del museo de la Guinness.

Hace dos meses nos mudamos y ahora llego al trabajo desde St Stephen Green por otras rutas que intento variar para que se me haga más ameno. Ayer he subido por la calle del cordero (obviamente Lamb st), que sigue el curso de lo que fue la muralla y me he percatado de un detalle.

Arriba

Estas viviendas están colocadas sobre lo que parece un homenaje a la antigua muralla, pero en su parte alta se observan ciertas siluetas que traen reminiscencias de Holanda.

Creo que estas viviendas son una construcción relativamente moderna que hasta cierto punto homenajea a la muralla pretérita y a cierto tipo de construcción llamada Dutch Billy muy habitual en el Dublín del siglo XVIII, antes de la expansión del estilo georgiano (de los Jorges I al IV, no de Georgia) que ahora es seña de identidad de la capital. Una vez leí un artículo sobre este tipo de casas al gusto holandés y creo que no estaba claro si lo de Billy venía por Guillermo de Orange.

Aunque en peligro de extinción todavía subsisten algunas de las Dutch Billies originales. Otras han perdido su forma originar alcanzando la cuadratura mediante las convenientes reformas. A uno que además de en el solar patrio sólo ha vivido en los Países Bajos e Irlanda este rasgo arquitectónico le parece una interesante conexión.


Vacaciones de otoño 2017

07/11/2017

El sagucho

El nivel de estrés del último año y medio ha sido significativo y la mudanza ha sido el mayor causante. Ahora parece que las cosas se han estabilizado y, finalmente, hemos podido tomar una semana de vacaciones. Tampoco es que la hayamos elegido ya que estamos totalmente condicionados por el calendario escolar, pero algo es algo. La semana que pasamos en Tenerife allá por enero serán las últimas vacaciones improvisadas en muchísimo tiempo. Miro atrás y no hacíamos turismo que no fuera para visitar a la familia desde que fuimos a Malta en 2014. Los próximos años serán necesariamente de viajes a España y Alemania. Con eso y los días de vacaciones que me tome cuando venga alguien a visitarnos se me irán los 25 días que dan las multinacionales gringas en Irlanda (y que no están mal del todo, ya que la ley dice que 20).

Así pues, en esta semana blanca de octubre-noviembre el destino ha tenido que ser forzosamente Vasconia, lo cual no está nada mal, incluso para el turista. Para nosotros es además el hotel gratis, el vuelo a Biarritz con eficientes chóferes que nos recogen y devuelven al aeropuerto, excelente comida casera y magnifico servicio de guardería. Ninguna obligación de hacer nada si se descuentan algunos compromisos familiares y lo más parecido al auténtico descanso que alguien que tenga hijos pequeños pueda encontrar.

Hace dieciocho años que salimos de allí y lo que me más me choca cada vez que vuelvo es el invierno/infierno demográfico. Acostumbrado a la vida en una ciudad dinámica y llena de jóvenes mis paseos renterianos son una experiencia un tanto extraña condicionada por el sesgo de selección, ya que debo pasar por delante de la residencia de ancianos casi todos los días. En general el sitio es mucho mejor urbanísticamente y en cuánto al tráfico, la contaminación, la droga, el terrorismo y la tensión política que como lo conocimos en la infancia. A la vez, es imposible que yo pueda volver allí antes de la jubilación, tanto por falta de perspectivas profesionales como por un aspecto importante de la crisis de Cataluña de las últimas semanas (meses, años) como es el hecho de que no me parecería sensato cambiar la educación en inglés de mi niña  trilingüe por otra en una lengua menor.

Hablando de Cataluña, puedo decir sin miedo a equivocame que en noviembre de 2017 uno veía en los balcones y pintadas de Rentería más banderas catalanas independentistas (las de las estrellas) que ikurriñas (banderas vascas), lo cual para mí corrobora la intuición de que en muchos nacionalistas la antiespañolidad es un impulso más fuerte que la vasquidad. Mi hipótesis es que el frente del Cantábrico no se va a abrir hasta que se cierre el del Mediterráneo y se haga balance de la operación, como durante tanto tiempo hicieron primero por allá. No he dejado de oir hablar de Cataluña y de posibles soluciones a algo que en sentido estricto no tiene solución. Según el día que sea lo puedo seguir con interés, juliganismo o hastío.

Y lo que hemos hecho por allí… pues ahora vamos a fiestas infantiles de cumpleaños, también a visitar a los tíos y mucho por el carril bici que llega hasta Arditurri. Hay alguna gente que todavía quiere vernos y a la que se lo agradecemos muchisimo. También comprendemos mucho a los que están atrapados por la vida y no pueden sacar tiempo porque estamos igual que ellos. Ha habido varios reencuentros y todos muy agradables. Una revelación triste: en mis muchas horas de transporte público mantengo conversaciones imaginarias con los amigos de ayer que pospongo para cuando haya ocasión de verse ya que son temas banales por los que no vale la pena llamar, enviar un correo, etc. Semanas como la pasada confirman que nunca habrá tiempo.

Lo único medio turístico que hicimos fue subir al ratón de Guetaria (creo que sólo estuve allí otra vez, y hará ya treinta años) y volver caminando entre la villa de Elcano y la playa de Zarauz. Yo le cuento a la jefa las historia de la primera circunnavegación del globo, la conquista de las Filipinas, la defensa heróica de Cartagena de Indias y otras gestas protagonizadas por guipuzcoanos pero causan menos impacto en su consideración favorable de la provincia que los pinchos de tortilla de los bares. Me parece justo.

Un tema clásico en el género de los españoles por el mundo es hacer visitas médicas cuando se retorna a los orígenes. Había dejado una cita en el dentista para el penúltimo día ya que me tenían que sacar una muela que estaba como el mapa de Santorini. Por fortuna estaba allí un doctor distinto al de la última vez y me dijo que la podía salvar. Y así fue: me hizo una reconstrucción artística que me ha dejado bien contento ya que esperaba volver con la muela en el bolsillo. Su consejo, que pongo aquí a disposición de todos, es que siempre que a uno le digan que le tienen que extraer una pieza dental hay que pedir otra opinión, ya que hay veces que las muelas se sacan por pura desidia. No nos esperamos que en el sector médico enfrenten a su trabajo con la misma actitud que ponemos nosotros en el nuestro.

Hasta el año que viene.


Polonia y Rumania: Dos transiciones a la democracia en Europa oriental (2005)

24/10/2017

Las transiciones a la democracia son un fenómeno que ha llamado la atención de los estudiosos a lo largo de las últimas décadas. No en vano, el número de países que han cambiado desde un régimen político autoritario para dar lugar a otro que reúne las características poliárquicas ha sido elevado en los años recientes, que han marcado lo que Huntington denominó la “tercera ola de democratización”.

Hay diferentes teorías sobre el cómo y el por qué de estas transiciones. En general, se pueden dividir en dos tipos: Teorías de gran alcance, como las de Theda Skocpol[1] inciden en factores estructurales que conducen al cambio. Según defiende Francis Fukuyama en El fin de la historia y el último hombre, la democracia es “el punto final de la evolución ideológica de la humanidad” y “la forma definitiva de gobierno humano”[2]. Otras teorías inciden en la génesis de los acontecimientos y los procedimientos utilizados. Por ejemplo, Przeworski en Democracia y mercado[3] remarca, desde el enfoque de la elección racional, el carácter estratégico de las diferentes decisiones de los actores políticos que condujeron a las transiciones.

En el presente trabajo pretendo analizar, en el marco de las diferentes transiciones que se produjeron en los países que formaron parte de lo que se denominó entre 1945 y 1989 el “bloque soviético”,  los casos de Polonia y Rumania y cotejarlos con las teorías existentes respecto de las transiciones a la democracia.

El año 1989 supuso un punto de inflexión en la Historia contemporánea. Los países que tras la segunda guerra mundial habían quedado bajo la tutela de la Unión Soviética inician una transición hacia la democracia. Un cambio de forma política que a su vez supone un cambio de sistema económico con la transición desde economías centralizadas a economías capitalistas de libre mercado.

El proceso se completa tras la disolución de la URSS en 1991. Rusia se convirtió en heredera de la Unión Soviética en el orden internacional y las otras catorce repúblicas accedieron a la independencia. En cualquier caso, la experiencia de estos quince estados (gran parte de ellos situados en el Cáucaso y Asia central) es lo notablemente singular y se rige por una dinámica propia. Del mismo modo, sus procesos de transición hacia la democracia de mucha menor calidad, en términos objetivables.

La comparación entre Polonia y Rumania parece valiosa. Por un lado tienen elementos comunes, en tanto que Estados post-comunistas que existían antes de la segunda guerra mundial. La comparación con otros países como Yugoslavia o Albania resulta más difícil debido al hecho de que sus unas peculiaridades en lo étnico-político los convierten de algún modo en modelos únicos. Los países que han cambiado su forma estatal por división o secesión (Checoslovaquia, Yugoslavia, URSS), incorporación (RDA) son también más difíciles de comparar.

En principio, el grupo compuesto por Polonia, la RDA, Hungría, Checoslovaquia, Bulgaria y Rumania parece idóneo para la comparación, al menos hasta 1990 ó 1993 (años en que la RDA y Checoslovaquia dejan de existir como estados). Dentro de este grupo de seis estados que vivieron procesos muy relacionados en 1989, Polonia y Rumania son, de alguna manera, extremos opuestos, en tanto que el proceso polaco viene gestándose desde 1979-80 y el rumano se definió en cuestión de días o de horas.

Tanto Timur Kuran como Przeworski citan una pintada callejera –un graffiti– en el que se dice: “Polonia, diez años; Hungría, diez meses; Alemania oriental, diez semanas; Checoslovaquia, diez días”. Kuran comenta que se podía haber añadido “Rumania, diez horas”[4]. He querido comparar estos dos casos, por lo sugerente que resulta la idea de que un país pueda cambiar en diez horas lo que en otro toma diez años de evolución histórica. Intuitivamente parece complicado, pero se entiende mejor cuando uno se aproxima a unos cuantos elementos clave de los que conforman la realidad.

Tipologías de regimenes no democráticos

Linz fue el primero en teorizar sobre los regímenes autoritarios. Su clasificación se establece a partir de elementos como el grado de pluralismo del régimen, si tiene una ideología definida o no, el grado de movilización de las masas que utiliza, o el tipo de liderazgo (personalista, colectivo).

A partir de estas variables construye un esquema en el que los regímenes no democráticos se clasifican como autoritarios, totalitarios, postotalitarios o sultanistas. Según Linz, sólo puede existir una transición a la democracia desde los regímenes autoritarios y los postotalitarios. Para Linz, los regímenes de la Europa oriental eran postotalitarios, aunque creo que hay diferencias importantes en cuanto al grado, en especial en algunos elementos muy íntimamente asociados al totalitarismo como el culto a la personalidad.

Ciertamente, el estalinismo en la URSS fue un régimen marcadamente totalitario, el problema teórico con el comunismo en la URSS (1917-1991) es el mismo que el surge con el análisis del régimen de Franco, abarca un período histórico demasiado amplio como para poder encasillarlo en una sola categoría. Tras la victoria franquista en la guerra civil y tras la llegada al poder de Stalin, ambos regímenes mostraban elementos totalitarios que, con el tiempo fueron decreciendo, con la aceptación de mayores niveles de pluralismo. Los regímenes de los países satélites mostraban elementos autoritarios y totalitarios (así como de otra índole, patrimonialistas etc.) en diferentes proporciones.

En cualquier caso, el análisis de Linz no estaba muy bien adaptado a las circunstancias del “socialismo real”. De alguna manera, entre los años cincuenta y ochenta del siglo XX la “transitología” se había dedicado a analizar procesos de cambio político desde regímenes autoritarios hacia democracias que no implicaban, al mismo tiempo, un cambio de sistema económico. Como observó Maravall, los acontecimientos históricos desmintieron la teoría que defendía el postulado de que lo mejor era que el régimen autoritario emprendiera la reforma económica y que el cambio político fuera posterior.

Kitschelt, Toka y Mansfeldova consideran el análisis de Linz insuficiente. Analizan más específicamente los países del este de Europa (básicamente, Checoslovaquia, Polonia, Hungría y Bulgaria) y llegan a la conclusión de que el socialismo de Estado que ha gobernado estos regimenes desde el final de la segunda guerra mundial se puede dividir en tres tipos: el comunismo de acomodación (Polonia, Hungría), el comunismo burocrático autoritario (Checoslovaquia, RDA) y el comunismo patrimonial (Rumania, Bulgaria).

Lo que en su opinión explica que los países hayan desarrollado un modelo u otro de comunismo es el pluralismo político y social preexistente y el grado en el que la burocracia es de carácter legal-racional. Centran su análisis en el capital social existente en los años veinte y treinta. Sociedades civiles activas, que formaban parte del mercado mundial (Checoslovaquia, Alemania) conformaron Estados comunistas burocráticos autoritarios.

Los países del sistema de comunismo de acomodación (Hungría y Polonia) ya habían mostrado elevados niveles de disidencia con anterioridad a 1989. De hecho, Hungría fue el primer país más allá del telón de acero en el que se produjo una rebelión contra el régimen (1956). En la Polonia de 1980, el régimen tuvo que aceptar la existencia del sindicato Solidaridad, que fue ilegalizado el año siguiente, pero siguió siendo un actor clave gracias a su gran implantación social. El “comunismo del gulasch” de Kadar suponía un intercambio tácito de cierta prosperidad material por aquiescencia con el régimen.

Los países de comunismo burocrático-autoritario se caracterizan por haber transformado su estructura de modo más radical. Lo que durante cuarenta años fue la República Democrática Alemana se disolvió en 1990 en la República Federal Alemana. Checoslovaquia dejó de existir en 1993 para dar lugar a la República Checa y a Eslovaquia.

Los países de comunismo patrimonial, como Rumania o Bulgaria se caracterizan por un nivel de desarrollo industrial mucho menor. De hecho sus economías tienen un marcado carácter agrario. Se encuentran mucho más en la periferia del continente (e incluso del área de influencia soviética). En gran parte, han permanecido al margen de las grandes corrientes de la historia europea. Una orografía difícil y sus vínculos históricos con el Imperio Otomano. Un pueblo latino rodeado por un mar de eslavos.

Sus regímenes políticos tienen en común con los sultanismos de otras partes del globo el carácter patrimonial del Estado, que pertenece a una elite no mucho más amplia que una familia. Ceaucescu, en Rumania, es el ejemplo paradigmático. En su caso, se confirma el planteamiento de Linz, de que los sultanismos no pueden dar lugar a una transición y el cambio político se desarrollo conforme a un  modelo revolucionario, debido al hecho de que quien detenta el poder tiene demasiado que perder.

Alfred Stepan: Revoluciones “desde arriba”, “desde abajo” y “desde fuera”.

Alfred Stepan reconoce las múltiples vías de acceso a la democracia en la realidad política contemporánea, pero las acaba reduciendo a tres tipos ideales: “desde arriba”, “desde abajo” y “desde fuera”[5].

Si se analiza el caso de los países de Europa oriental, vemos que ninguno de ellos encaja plenamente en una sola de las categorías. Polonia, por ejemplo, fue a principio de los ochenta el país en el que la oposición alcanzó un papel más importante (en ese momento no quedan ni rescoldos de la experiencia húngara de 1956, o checoslovaca de 1968). Pero, ciertamente, la voluntad del Partido Obrero de acceder a negociaciones para conducir el proceso fue muy importante y las reformas iniciadas desde mediados de la década por Gorbachov en la URSS fueron un catalizador importante del proceso. Definitivamente, Polonia no encaja bien en ninguna de las categorías, ya que la revolución se produjo tanto desde arriba, como desde abajo, como desde fuera.

En cambio, el proceso en Rumania, cuyo cambio de régimen es cuestión de días o incluso de horas se ajusta bastante bien al modelo de revolución desde abajo. El carácter personalista del régimen de Ceaucescu. La caída del Conducator muestra similitudes con la de los dirigentes de los regímenes patrimonialistas y sultanistas latinoamericanos. Ninguna concesión a las demandas externas, caída de tipo revolucionario o violento.

En todos los países, las influencias externas (la revolución desde fuera) existieron y fueron importantes. La perestroika en la URSS, y la doctrina de la soberanía enunciada por Gorbachov, que declaró ante los medios en Finlandia que el Ejército soviético no intervendría, fueron un factor decisivo. A su vez, el proceso en cada país alimentaba el de los demás. Se podría hablar de efecto dominó. Como ya hemos dicho: Polonia, diez años; Hungría, diez meses; RDA diez semanas, Checoslovaquia, diez días; Rumania, diez horas.

Respecto a la revolución desde arriba, ciertamente en Polonia, Hungría y la misma Unión Soviética se produjo el “colapso del centro”. Fue la dirección de cada partido comunista quien tomó las decisiones que provocaron que el sistema se desmoronase desde dentro. A diferencia de las transiciones en Latinoamérica e Iberia, el ejército no desempeñó un papel político autónomo. En cambio, en Rumania, el Ejército (al igual que la pequeña nomenklatura) abandonó a su líder.

Polonia

Según la clasificación de Kitschelt, Toka y Mansfeldow, Polonia, al igual que Hungría, entra en la categoría de “comunismo de acomodación”. Probablemente esta condición incidió en el hecho de que ambos países comenzaran su democratización antes que el resto de los estados satélites de la URSS.

En palabras de Carmen González Enríquez: “ambos regímenes se distinguían del resto por su carácter más liberal, con unas relaciones de los partidos socialistas-comunistas con sus sociedades mucho más inclusivas, más tendentes al pacto, a la conversación, a la resolución de los conflictos, mientras que los demás partidos comunistas del área estaban instalados en el seguidismo fiel a Moscú o en una reelaboración nacionalista de su identidad”[6].

Tanto Polonia como Hungría habían llevado a cabo reformas económicas (más audaces en Hungría) y un hecho distintivo de Polonia era que no se habían estatalizado las propiedades agrarias, por lo que el sector terciario permanecía en manos privadas.

En Polonia contamos con dos actores políticos de gran importancia, que no existen en otros países con esa fuerza. La Iglesia Católica y el Ejército. Su importancia se puede entender en términos históricos, debido a que el catolicismo es un rasgo definitorio de la identidad nacional. A lo largo del siglo XIX y XX su territorio se dividió en diversas fases entre protestantes germánicos (Prusia, el Imperio Austro-Húngaro) y ortodoxos eslavos (Rusia). Lo católico era la esencia de lo polaco. El ejército tiene un papel clave en el mantenimiento de la independencia nacional.

Desde el comienzo del comunismo, la sociedad polaca se organizó de modo autónomo. En 1956, los obreros de Poznan se movilizaron mediante huelgas para conseguir mejoras salariales. Gomulka accedió a negociar con ellos. A las elecciones de 1989 se llegó tras un año de conversaciones. Otra diferencia importante con Rumania es que hubo una renovación mucho mayor del liderazgo y que el régimen buscaba tener una base más amplia: Przeworski cita el plan de Gierek para, en los años 70, incluir a una serie de diputados católicos en el parlamento.

Rumania

En la Rumania anterior a 1945, los comunistas no habían sido significativos. La Unión Soviética presionó para conseguir la inclusión del minúsculo Partido Comunista en el gobierno post-bélico. Tras la abdicación del rey Miguel en diciembre de 1947 se proclamó la República Socialista de Rumania. Entre 1947 y 1948, a la vez que el país veía la colectivización agraria y la estatalización de la banca, se produjeron importantes luchas internas dentro del Partido, que concluyeron con la victoria del sector liderado por Ghorghe Gheorghiu-Dej, que fue apoyado por Stalin. Este rasgo de la lucha entre elites por el poder parece interesante, ya que la revolución de 1989 vio emerger una clase dirigente que había formado parte de la nomenclatura.

Al igual que Polonia, Rumania también tenía problemas territoriales con Rusia, pero estos no se remontaban al siglo XIX. La constitución de la República Socialista de Moldavia contribuyó a ampliar la brecha que separaba a Gheorghiu-Dej un estalinista de la línea dura, de Jruschov.

Tras la muerte en Moscú de Gheroghiu-Dej en 1965, el ascenso al poder de Nicolae Ceaucescu no mejoró las relaciones con la URSS. Ceaucescu denunció la intervención soviética en Checoslovaquia. En su primera etapa fue muy popular en el interior (debido a mejoras en la situación económica) y especialmente en el exterior (debido a la distancia que mantenía con la URSS).

Un elemento clave para entender cómo era Rumania es que el país no desarrolló una elite amplia. Aparte de Ceaucescu y algunos allegados muy próximos. Esto supuso que ni desde dentro del aparato comunista ni desde dentro del Estado pudiera surgir un sector reformista que pudiera alcanzar acuerdos con quien se opusiera al régimen.

Como, a diferencia de lo que ocurrió en Polonia, Ceaucescu no fue nada tolerante con los movimientos de oposición y basaba su poder en gran parte en las redes de informadores y su policía política (la Securitate), el proceso siguió el modelo de una olla a presión, no había ninguna válvula de escape para el vapor acumulado con lo que, finalmente, sólo hubo que esperar a que llegar el momento crítico. Finalmente, el calor proveniente de los otros países aceleró el momento de la explosión.

Hay muchos elementos inciertos en los acontecimientos que ocurrieron en la semana que va del 17 al 25 de diciembre de 1989, pero a grandes rasgos, el modelo rumano se caracterizo por el personalismo del liderazgo y la ausencia de pluralismo y dinamismo en la sociedad.

Conclusiones

Polonia y Rumania pertenecieron al bloque soviético entre el final de la segunda guerra mundial y 1989. Nominalmente, estos países eran repúblicas socialistas a las que unían acuerdos de cooperación y lealtad (Pacto de Varsovia, Comecon) entre ellas y con la URSS. Su sistema económico estaba basado en los mismos principios de control central de la economía y su sistema político en la dictadura del proletariado y el partido comunista como vanguardia de la clase trabajadora.

Formalmente se podía considerar que respondían al mismo modelo, que eran una misma cosa, pero excepto ese esqueleto jurídico-económico-político ambos países compartían poco más. La experiencia histórica de Polonia, un país compuesto por eslavos mayoritaria e intensamente católicos[7], que había sobrevivido como nación a pesar de la presión de las potencias que lo habían rodeado e invadido no tenía mucho que ver con la de Rumania, un país de religión ortodoxa y habla latina, en la zona de influencia de los decadentes imperios otomano y austro-húngaro.

La agricultura tenía una importancia destacada en ambos, con la notable diferencia de que en Rumania había sido colectivizada y en Polonia permanecía en manos privados. Este destacado peso del sector terciario muestra que ambos países adolecen de falta de desarrollo. A pesar de ello, Polonia había experimentado un mayor nivel de desarrollo industrial y vida urbana en los años de entreguerras. En ninguno de los países los comunistas habían sido un poder influyente antes del conflicto. Durante la guerra, Rumania formo parte del Eje, mientras que Polonia fue el primer país en ser invadido por el mismo.

Una vez que ambos países se constituyen como repúblicas socialistas, se comienzan a observar diferencias en su modo de funcionar. El sistema polaco es más colegiado, el ejército ejerce una tutela importante sobre el poder civil y el Estado tiene un adversario importante en el contrapoder que supone la Iglesia católica y las redes sociales que se generan a su alrededor. La sociedad civil rumana está mucho más desestructurada, nada más establecerse el nuevo estado comienzan las luchas entre facciones comunistas. El tipo de liderazgo que se construyó fue de tipo personalista, muy centrado en la figura de Gheorghiu-Dej, primero y Ceaucescu después. La elite fue muy reducida y la oposición muy escasa. A partir de estos elementos, podemos categorizar el tipo de régimen desarrollado en Polonia como comunismo de acomodación y el que se da en Rumania como comunismo patrimonialista.

En 1979 el Papa polaco visita su país natal, y en este punto simbólico sitúan algunos el inicio de la transición. Al año siguiente comienza una serie de huelgas en los astilleros Lenin de Gdansk. El poder no tiene más remedio que aceptar la existencia de una sociedad civil autónoma (uno de los requisitos de la democracia) que se organiza alrededor del sindicato Solidaridad. Durante los años ochenta, los líderes de Solidaridad (en especial, Walesa) hacen valer su voz en el escenario internacional y finalmente vuelven a ser legalizados para vencer en las elecciones parcialmente democráticas de junio de 1989. En cambio, lo que ocurre en la Rumania de Ceaucescu no tiene apenas repercusión en Occidente. Ceaucescu reprime duramente cualquier intento de oposición. A finales de diciembre de 1989, cree que sigue teniendo todo el país bajo su control. Sin embargo, fue fusilado el día 25. Mientras que Polonia estaba en una fase postotalitaria, que implicó diversas negociaciones y pulsos a lo largo de toda la década de los ochenta, Rumania permanece en el totalitarismo neopatrimonialista hasta el último de los días.

Se puede considerar la transición polaca como un proceso que comienza en 1979-80 y que concluye en 1989-90, o bien dividirse en dos partes. Hay quien considera que el proceso de transición de 1980 fue frustrado por la promulgación de la ley marcial por parte del general Jaruzelsky. En cualquier caso, aunque se discute sobre si es cierto o no, el propio Jaruzelsky ha justificado la promulgación de la ley marcial como una medida necesaria para evitar una intervención soviética (habida cuenta de la experiencia húngara de 1956 y la de la Primavera de Praga)

En Rumania, más que transición, se produjo una vertiginosa revolución. Gran parte de lo ocurrido permanece en la oscuridad y probablemente quienes acabaron tomando el poder no estaban demasiado lejos de quienes lo detentaban en los años del autoritarismo. La escasa renovación de las elites es una consecuencia lógica de una sociedad civil poco activa y desestructurada con pocas redes sociales de relación al margen del aparato del Estado.

Como conclusión podemos establecer que la capacidad de inclusión de un sistema lo dota de mayor estabilidad y previsibilidad, ya que la libertad de expresión de preferencias genera un marco de seguridad en el que los comportamientos de los actores políticos son más predecibles. El régimen polaco mostró esa voluntad en diversos momentos, aunque en otros tuvo que mostrar su fuerza, finalmente acabó disolviéndose por decisión propia. Ceaucescu, en cambio, optó por no incluir a nadie ni negociar nada, acabó identificando el Estado consigo y con su camarilla. Finalmente, el sistema no sólo le estalló, sino que se quedó sólo y la ira se concentró en su persona.

Bibliografía

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[1] SKOCPOL, Theda. Los Estados y las revoluciones sociales

[2] FUKUYAMA, Francis (1994): El fin de la historia y el último hombre, Barcelona: Planeta-Agostini

[3] PRZEWORSKI, Adam (1996): Democracia y mercado (Barcelona: Cambridge University Press)

[4] KURAN, Timur (1994): Ahora o nunca: el elemento de sorpresa en la revolución de Europa oriental de 1989

[5] Citado en «Paths toward Redemocratization: Theoretical and Comparative Considerations», en O’DONELL, Guillermo, SCHMITTER, Philippe y WHITEHEAD, Laurence, Transition from Authoritarian Rule. Comparative Perspectives, Baltimore, The Johns Hopkins University Press, 1986, pp. 105-135.

[6] GONZÁLEZ ENRÍQUEZ, Carmen (2002): Rasgos peculiares de la transición polaca, en La transición a la democracia en Polonia. Seminario sobre Transición y Consolidación Democráticas 2001-2002

[7] Durante siglos existió una notable comunidad judía que fue exterminada durante el Holocausto


Postal de Praga

24/09/2017

Aún no he adquirido el hábito de mirar en el buzón cuando llego a la casa nueva. De hecho todavía estamos viviendo entre los dos lados, así que no sé cuándo llegó exactamente esta postal de Praga. que es la primera correspondencia no comercial que recibimos aquí. Yo la encontré el viernes 22 y el matasellos es del 13 de septiembre.

Muy agradecidos a nuestro corresponsal habitual en el antiguo reino de Bohemia y Moravia. Praga es una de las ciudades que más me han gustado y de las pocas por las que he pasado en más de una ocasión. No es la primera vez que recibo una postal desde la capital checa, a la que espero volver dentro de algunos años, preferiblemente en temporada baja.