Cubo de metacrilato

04/02/2020

Como este pero en rojo

Hace unos meses se cumplieron los veinte años de mi llegada a Irlanda y quise escribir algo solemne pero se me pasó la ocasión. Este mes hago los cinco años en la empresa de tecnología en la que me desempeño a diario y aprovecho para comentar lo que no deja de ser una nadería. Es un aniversario que me ha hecho ilusión por suponer un récord personal (en otras dos multinacionales duré cuatro años pero a los cinco nunca había llegado).

Mis privilegios son que he recibido un dado de metacrilato de color rojo con mi nombre grabado junto al logo de la empresa y cuya función podría ser la de pisapapeles. En una página de internet puedo elegir un regalo de entre una selección de varios entre los que se incluyen tostadoras y telescopios. También ha habido una tarta con mi nombre en el comedor.

Haciendo búsquedas de objetos de metacrilato (no es la primera vez) he observado las diferencias que se dan cuando uno pone en Google Images metacrilato y cuando lo anglifica y pone methacrylate. Esto me ha hecho suponer que la versión inglesa de la palabra no se utiliza tanto fuera del mundo de las ciencias químicas. Al parecer, a lo que yo llamo metacrilato (aunque en realidad se llame polimetilmetacrilato o polimetacrilato de metilo) se lo suele conocer en inglés por los nombres de acrylic, plexiglass o los de diversas marcas comerciales. Este es el tipo de cosa de la que uno se entera después de dos décadas y lo mismo podrían pasar cinco y no enterarse uno.

Y nada, que no sé si en un mundo tan cambiante vamos a aguantar cinco años más en el mismo lugar. Estos cinco han estado bien. No nos podemos quejar. Que los siguientes nos salgan parecidos y, si puede ser, mejor.


Aplazadas por defunción

03/02/2020

Algunas veces habré hablado de las elecciones irlandesas. Como en todas partes hay varios niveles: europeas, locales o presidenciales. En cambio las más importantes son las generales, de las que sale el gobierno.

Las últimas veces que ha habido elecciones generales fue en 2011 y 2016. Las legislaturas en principio duran 5 años. Sin embargo, el próximo sábado 8 de febrero de 2020 habrá elecciones anticipadas.

Hoy he descubierto una posibilidad fascinante. En uno de los condados, Tipperary, las elecciones se han aplazado hasta nueva orden por la defunción de un candidato. Han encontrado muerta a en su casa a una candidata independiente, que hasta donde alcanzo a entender no tenía posibilidades reales de alcanzar uno de los escaños. Las elecciones de ese condado se harán cuando se pueda, seguramente la semana siguiente.

En la cultura política española esto es bastante difícil de entender. Valgan como ejemplo las elecciones del 14 de marzo de 2004. Casi doscientos muertos en tremendo atentado terrorista el día 11 y tres días tarde todo el país a votar.

Estaba intentando conectar esta idea de que una circunscripción celebre sus elecciones sin el resto del país con las elecciones parciales que se producen en condados de Irlanda cuando queda un escaño vacante por muerte o dimisión. Esas llamadas by-elections también existen en el caso británico. Algo que podría estar vinculado a principios representativos diferentes: la diferencia que hay entre que el miembro del parlamento sea representante de un distrito o de toda la soberanía nacional.

A mí sobre todo me enojará que los votantes de Tipperary tengan la posibilidad de cambiar su voto en función de los resultados que se den en el resto del país. (Como ocurrió en Melilla cuando las elecciones generales 1989 tuvieron que repetirse en esa circunscripción). El hecho de que unos electores cuenten con más información que otros me parece que altera la igualdad y desvirtúa el proceso electoral.

En todo caso, es interesante como la idea de democracia al final pueden ser tantas cosas tan diferentes y determinadas culturalmente.

ACTUALIZACIÓN 09-FEB-2020: Hace unas horas concluyó la jornada electoral y las encuestas a pie de urna auguran resultados sorprendentes aunque el escrutinio comenzará mañana y  como en anteriores ocasiones durará seguramente varios días. El día 4 leí un artículo que ampliaba este aspecto del aplazamiento electoral en un condado específico por causa del fallecimiento de un candidato. En la actualidad esta posibilidad está recogida en el artículo 62 de la ley electoral irlandesa de 1992, si bien hasta esta reciente ocasión la última en que se había producido la lamentable circunstancia fue en 1948.

ACTUALIZACIÓN 10-FEB-2020: Mientras comprobaba el estado actual del escrutinio, en el que de momento no se sabe a quién le caerá ni la mitad de los escaños, me he percatado de que al final el sábado 8 sí que se votó en Tipperary. Parece ser que se decidió que así fuera el jueves 6 y todo este asunto no se recordará ni como anécdota en las elecciones del Sinn Fein.


Inmersión irlandesa

05/01/2020

Knack weekend

Creo que si un irlandés oye la palabra immersion pensará automáticamente en el calentador del agua. En cambio aquí vamos a hablar de la inmersión lingüística haciéndonos eco de un artículo en la web de RTÉ (la tele pública irlandesa) en el que se indicaba que el ministro de educación quiere doblar el número de alumnos escolarizados en gaélico irlandés.

Más que nada lo interesante del artículo es que nos permite saber cuántos son en la actualidad:

  • Educación primaria: 45.400 alumnos  (6,9% del total)
  • Educación secundaria: 13.500 alumnos (2,7% del total)

El artículo indica que en 2009 estos porcentajes eran del 7,1% y del 3,7% respectivamente por lo que tras diez años la educación impartida exclusivamente en gaélico parece despertar algo menos de interés tanto entre los padres (que deciden en primaria) como entre los alumnos (si en secundaria son menos de la mitad parece como si algunos se dieran cuenta de que los padres no habían tenido una tan buena idea).

Pudiendo elegir, a mí me parece muy absurdo educarse en una lengua que ni es de cultura universal ni es la nativa del profesor ni la del alumno o su familia pero uno de los beneficios poco confesables que tiene el sistema escolar en gaélico y que no se menciona en el artículo es que los extranjeros (también llamados inmigrantes) huyen del mismo como de la peste y evitar el contacto con los mismos parece compensar a cierto tipo de personas.

En las escuelas en las que la lengua vectora de la educación es el inglés existe una asignatura de irlandés, lo cual está bien para un idioma importante en la historia del país pero hoy sin apenas hablantes. En cualquier caso, lo importante es que nadie cuestiona el derecho de las familias a elegir este aspecto educativo, lo cual me parece envidiable comparado con lo que hay en otros países que conozco.


Episodios Nacionales: Zumalacárregui

04/01/2020

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

El día en que se cumple el centenario de Pérez Galdós me alcanza iniciando la tercera serie de los Episodios Nacionales, uno de mis propósitos de lecturas para este año 2020 (y ya veremos, que voy con un año de retraso con respecto a la idea original). La primera novela de la serie es Zumalacárregui.

La acción transcurre en el país vasconavarro entre 1834 y 1835 en plena guerra carlista. Muchos escenarios por los que pasé siglo y medio después. Galdós ciertamente tenía oído para lo dialectal:

Saben ustedes -les preguntó- si están en la venta los miqueletes?

-Ya se fueron, pues, con tropa. Volver ya harán, pues, a las diez. La cena ya pedirle han hecho a Casiana.

Chapelgorris dormir hacen por la noche… y algunas noches ya hemos visto, pues, subir monte, y hablar confianza con partidas.

-No me fío -dijo Fago-; y ahora van ustedes a hacer lo que yo les mande, pero sin tratar de engañarme, porque en este caso lo pasarán mal.

-Serviremos ya, pues.

En el capítulo de cosas vascongadas variadas, unos carlistas hablan de cazar como erbias a los cristinos. Erbiak es liebres en vasco, pero si alguna vez lo he sabido no lo recordaba. A veces me ha dado por comparar cómo las raras veces que se meten palabras gaélicas en una conversación en inglés se respecta el plural original. Creo que tiene más que ver con cómo funcionan el inglés y el español que con las lenguas de origen. En otro orden de cosas, cuando Galdós escribe Hiújujú creo que se refiere grito festivo llamado irrintzi.

Hay una breve mención a Miguel Antonio, hermano de Tomás Zumalacárregui, un personaje que dio mucho juego pero al que la historiografía ha postergado. En general los mártires de casi cualquier causa reciben bastante mejor trato sobre todo si lo son a edad temprana. El hecho de que en el país vasco sean pocos los que saben del hermano liberal del general carlista es causa y consecuencia de la imagen que los vascos de hoy tienen de sí mismos.

Esta lectura me ha recordado que hace tiempo quise leer y pospuse The Most Striking Events of a Twelvemonth’s Campaign with Zumalacarregui in Navarre and the Basque Provinces de Charles Friedrick Henningsen, aventurero de biografía fascinante.


Resumen de 2019

01/01/2020
Aquí y pocas veces allí

Aquí y a veces allí

Volvemos a sacar la plantilla para mirar un poco hacia los doce meses más recientes. Al igual que el año anterior hemos sobrevivido 2019 como una espera sin apenas cambios. He descubierto por casualidad que en algunos países avanzados es costumbre tener un plan financiero para la vida y aunque encontré el mío por casualidad una vez instalado en él puedo decir que al menos, año que pasa, menos deuda que queda.

En el trabajo seguimos a la espera de que se venda la empresa y de las oportunidades que ello pueda traer consigo. Aunque los desplazamientos a la capital de lunes a viernes sean bastante insufribles veo que no me queda otra que seguir aquí en la periferia, entre un mero campo de golf y unos aparcamientos (y cerca de un supermercado y una triste parada de bus) al menos otros siete u ocho años más, por lo que me conviene la flexibilidad de un entorno laboral en el que ya estoy consolidado. Esperamos también los problemas que se deriven del bréxit y de la próxima crisis cuando quiera venir. En todo caso nos pillará en este país. Las perspectivas en España no parecen mucho más halagüeñas por causa de la inestabilidad política, el desbarajuste institucional y la tendencia al faccionalismo y el centrifugado. Así que mejor aquí.

Un evento un tanto absurdo como puede ser haber perdido el teléfono que usaba desde 2012 me ha desconectado bastante de la gente con la que estaba en contacto bastante a menudo hace uno o dos lustros. Intentaré enmendarme a lo largo del nuevo año. Lo peor de 2019, como cada año, los que nos dejaron para no volver y no nos queda sino recordarlos.

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En cuanto a los viajes, apenas salimos de la isla esmeralda. Un par de visitas breves a España en la primera mitad del año y luego en verano pasamos casi dos semanas entre Salamanca y Extremadura y donde fue motivo de gran gozo poder disfrutar unos días con toda la vieja familia nuclear y la siguiente generación al completo. Entre todos ya sumamos unos cuantos. Ahí pudimos conocer al nuevo sobrino, que es de la cosecha del año anterior pero las distancias hacen que las cosas vayan despacio.

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Este fui yo

El blogueo como siempre concentrado en la primera mitad del año y algo más abandonado en la segunda. Debe de ser que se me van las fuerzas. Aproximadamente una entrada por semana pero para qué más. Más de la mitad de las entradas son comentarios, resúmenes o notas de libros que leo. La verdad es que no tengo demasiada imaginación ni una vida especialmente rica en acontecimientos y creo que esos dos elementos contribuyen a una moderada felicidad y a la vez a una experiencia literaria pobre. Por motivos que se me escapan España NO es el segundo país más montañoso de Europa ha sido especialmente exitosa.

Guitarra parecida

Guitarra parecida

Echo de menos el formato las antiguas y hermosas estadísticas anuales de WordPress (2015, 2014, 2013, 2012, 2011) no han de volver. En 2019 hemos tenido 69.263 visitas (que son menos aún que las 76.901 de 2017 y las 89.844 de 2016, pero más que las 67.322 de 2018, lo cual supone la primera subida desde 2012).

Aquí he intentando poner lo que me parece lo mejor de lo que ha salido de mis dedos tecleadores en cada mes de 2019:

12 meses, 12 entradas:

  1. Enero: Macedonia prenacional
  2. Febrero: Declive y caída del imperio Austrohúngaro
  3. Marzo: Superfreakonomics
  4. Abril: Buzón victoriano
  5. Mayo: Elecciones locales en Irlanda y en España
  6. Junio: Arendt sobre la violencia
  7. Julio: Cosas de la España medieval
  8. Agosto: Postal del lago Bled
  9. Septiembre: Tango en skai
  10. Octubre: Taxi Teherán
  11. Noviembre: Dalkey y Dowland
  12. Diciembre: En Lughnasa Franco no era aún generalísimo

Resúmenes de años anteriores:

Después de década y media mantengo la voluntad de seguir dando la lata por aquí. También intentaré que sea más en persona. ¡Feliz 2020 a todos!


Episodios Nacionales: Un faccioso más y algunos frailes menos

31/12/2019

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

Ha coincidido que la última entrada del año sea sobre el último episodio de la segunda serie de los Episodios Nacionales de Pérez Galdós. La décima y última novela de esta serie es Un faccioso más y algunos frailes menos, y la termino un día antes de que empiece el año centenario de la muerte del autor, en el que espero que me dé tiempo a leer la tercera serie.

Este episodio nos sitúa en 1833-1834 con Fernando VII a punto de morir y cambiando a última hora de opinión sucesoria. Siempre resulta curioso que el monarca que representa el absolutismo extemporáneo permitiese heredar a su hija Isabel, dando el trono a la España liberal y pasando su hermano, el tradicionalista Carlos María Isidro, de heredero a faccioso. La pragmática sanción de 1830 supone el inicio del carlismo como movimiento dinástico y político.

Su Majestad andaba con mucha dificultad, comía poco, dormía menos, y ya se le hinchaba una mano, ya una pierna. El vulgo, que le tenía por cadáver embalsamado, era en esta creencia menos necio de lo que a primera vista parecía, y en los ataques fuertes casi todo el Rey estaba dentro de vendas negras. Su mirada triste vagaba por los objetos, como depositando en ellos parte de aquella tristeza de que impregnado estaba. Su corpulencia era pesadez; su gordura hinchazón; su cara sonrosada de otros días, una máscara violácea y amarillenta que parecía llena de contusiones. La nariz colgante casi le tocaba a la boca, y en el pelo negro, como ala de cuervo, aparecían y se propagaban las canas rápidamente. Los negocios de Estado, en aquellos días más graves y espinosos que nunca, le aburrían y le preocupaban. La imagen de su hermano, que a veces le parecía un buen hombre a veces un hipócrita ambicioso, no se apartaba de su mente, sobreexcitada por el desvelo. Ya pensaba ablandarle con sus sentimientos fraternales, ya confundirle con las amenazas de Rey. Fue D. Carlos la persona a quien más quiso en el mundo, y había llegado a ser su espantajo, el martirio de su pensamiento, la fantasma de sus insomnios y el tema de sus berrinchines. Adivino de su próxima muerte, el Rey veía arrebatado a su sucesión directa aquel trono que quiso asegurar con el absolutismo. ¡Y era el absolutismo quien le destronaba! ¡La fiera a quien había alimentado con carne humana, para que le ayudara a dominar, se le tragaba a él, después de bien harta! ¡Cómo se reirían en sus tumbas, si posible fuera, los seis mil españoles que subieron al patíbulo para servir de cebo a la mencionada fierecita! Pues y los doscientos cincuenta mil que murieron en la guerra de la Independencia, en la del 23 y en la de los agraviados, ¿qué dirían a esto? ¡Justicia divina! si la mente de Fernando VII se poblaba con estas cifras en aquel tristísimo fin de su reinado y de su vida, ¡qué horrible mareo para hacer juego con la gota! ¡Qué insoportable peso el de aquella corona carcomida! Ya no eran el pueblo descontento ni el ejército minado por la masonería quienes atormentaban al tirano; eran el clero y los milicianos realistas, capitaneados por un hermano querido. La víctima antigua, inmolada sobre el libro de la Constitución con el cuchillo de la teocracia, no infundía cuidado; lo que perturbaba era el cuchillo mismo revolviéndose fiero contra el pecho del amo. ¡Oh, qué error tan grande haber sacado de su vaina aquella arma antigua cuando ya comenzaba a enmohecer!… El pobre Rey, a quien la Nación no amaba ni temía ya, debió, sin duda, los pocos consuelos de sus últimos meses al espíritu tolerante de su mujer, y si él no se dejaba arrastrar públicamente al liberalismo, sabía tener secretas alegrías cada vez que el Gobierno mortificaba a la gente apostólica. Su alma rencorosa hubiera llegado a la aceptación de las nuevas ideas, no por convencimiento sino por venganza, porque estaba harto de clérigos, harto de absolutismo, harto de camarillas, harto de su hermano, y si viviera más, hubiéramos visto un liberalismo verdugo, como antes vimos una teocracia cazadora de hombres.

Cuando por fin muere nos dice Galdós que “No ha habido Rey más amado en su juventud ni menos llorado en su muerte“. A rey muerto, rey puesto pero siempre pobre España. Entre las cosas menos trágicas, me divirtió mucho el capítulo XIII la inventiva latina de D. Rodriguín, o este diálogo entre D. Benigno y Dña. Sola del capítulo XVI que refleja qué podían pensar los habitantes del país del ferrocarril antes de la llegada del invento:

-Ya no recuerdo cuánto se tarda de aquí a Madrid.

-Pues no es mucho. Tomaremos el coche de Peralvillo, que es el que va más pronto. ¿No sabes la novedad que hay en el mundo? Pues ahora han inventado en Inglaterra unas máquinas para correr, un coche diabólico que va como el viento, y anda, anda… No sé lo que anda; pero si hubiera uno desde Toledo a Madrid, iríamos en dos horas.

-¡En dos horas! Eso es fábula.

-¿Fábula? Me lo ha dicho D. Salvador, que lo ha visto.

-¿Él ha visto esa máquina?

-Y ha andado en ella.

-¿Él ha andado en ella? Será cosa magnífica.

-Figúrate…

D. Benigno se detuvo, y con la complacencia que producían en él las maravillas de la naciente industria del siglo, se preparó a dar a su hija explicaciones demostrativas, para lo cual puso horizontal el bastón y deslizó los dedos sobre él.

-Figúrate que hay en el suelo dos barras de hierro donde se ajustan. las ruedas de unos enormes coches… así como casas. Estos coches van atados unos a otros. A poco que les empujen, como las ruedas se ajustan a las barras de hierro, ¡zás! aquello corre como una exhalación.

-Ya entiendo… las mulas…

-Si no hay mulas, tonta… Ya te lo explicará D. Salvador, que ha montado en esos vehículos. Esa diablura la han puesto los ingleses entre un pueblo que llaman Liverpool y otro que nombran Manchester. Dice D. Salvador que aquello es volar.

-¡Volar! ¡Soberbia cosa!… -exclamó Sola con entusiasmo-. Decir «quiero ir a tal parte ahora mismo» y…

-Y salirse uno con la suya. Pues, te dirá: no hay caballos. Todo aquel rosario de coches está movido por un endemoniado artificio o mecanismo, que tiene dentro fuego y vapor, y sopla que sopla, va andando. Yo no sé cómo es ello. Me lo ha explicado D. Salvador; pero no lo he podido entender.

-¿Y esa manera de ir acá y allá no se pondrá en otras partes?

-Sí, dice nuestro amigo que se va extendiendo; que en Inglaterra están haciendo más de esos benditos caminos de hierro, y que en Francia, van a empezar a ponerlos también.

-¿Y en España, ¿no los pondrán?

Cordero dio un suspiro.

-Ahora va a empezar una guerra, si Dios no lo remedia -dijo con tristeza.

La acción politica se acerca al país vasconavarro y eso me ha dado la oportunidad de indagar en la biografía de Joaquín Julián de Alzáa, que levantó Oñate para la causa carlista y su captor en 1848, Juan Antonio de Urbiztondo, que después fue Capitán General de las Filipinas e incorporó el archipiélago de Joló a las posesiones españolas. Guipuzcoanos que si no olvidados no están muy presentes,

La parte del título que trata de los frailes menos hace referencia a la matanza de religiosos que se produjo el 17 de julio de 1834, a consecuencia de la llegada del cólera a Madrid y ciertos rumores sobre envenenamiento de aguas. Los que conozcan los entresijos de la guerra de 1936 en la capital verán unos cuantos temas comunes. En Irlanda suelo mencionar la fuerte tradición anticlerical española como aspecto sociológico diferencial para hacer contrapeso frente a las no menos ciertas similitudes que se dan entre países de tradición católica.


Episodios Nacionales: Los apostólicos

29/12/2019

“…y entre los muertos habrá siempre una lengua viva para decir que Zaragoza no se rinde.”

Seguimos con la segunda serie de los Episodios Nacionales de Pérez Galdós. La novena novela de esta serie es Los apostólicos, que el autor escribió en 1879 haciendo referencia a la situación española durante la etapa final de Fernando VII, entre 1829 y 1833 en la que se da su último matrimonio con María Cristina de Borbón Dos Sicilias y el nacimiento de su hija que reinaría como Isabel II. Existe una tensión creciente entre los bandos liberal y absolutista y en ambos sectores aparecen nuevas sociedades secretas como los numantinos y los apostólicos respectivamente. El asunto sucesorio es uno de los grandes temas del momento y en poco tiempo estos bandos serán cristinos y carlinos.

Entre los fragmentos de bella prosa que encontré me agradó especialmente este alegato de D. Benigno Cordero sobre el deber:

-El cumplimiento estricto del deber en las diferentes circunstancias de la existencia es lo que hace al hombre buen cristiano, buen ciudadano, buen padre de familia. El rodar de la vida nos pone en situaciones muy diversas exigiéndonos ahora esta virtud, más tarde aquella. Es preciso que nos adaptemos hasta donde sea posible a esas situaciones y casos distintos, respondiendo según podamos a lo que la Sociedad y el Autor de todas las cosas exigen de nosotros. A veces nos piden heroísmo que es la virtud reconcentrada en un punto y momento; a veces paciencia que es el heroísmo diluido en larga serie de instantes.

Tambén este otro sobre el cainismo español que si hoy es bélico en sentido figurado en el siglo XIX lo era literalmente:

Hay pueblos que se transforman en sosiego, charlando y discutiendo con algaradas sangrientas de tres, cuatro o cinco años, pero más bien turbados por las lenguas que por las espadas. El nuestro ha de seguir su camino con saltos y caídas, tumultos y atropellos. Nuestro mapa no es una carta geográfica sino el plano estratégico de una batalla sin fin. Nuestro pueblo no es pueblo sino un ejército. Nuestro gobierno no gobierna: se defiende. Nuestros partidos no son partidos mientras no tienen generales. Nuestros montes son trincheras, por lo cual están sabiamente desprovistos de árboles. Nuestros campos no se cultivan, para que pueda correr por ellos la artillería. En nuestro comercio se advierte una timidez secular originada por la idea fija de que mañana habrá jaleo. Lo que llamamos paz es entre nosotros como la frialdad en física, un estado negativo, la ausencia de calor, la tregua de la guerra. La paz es aquí un prepararse para la lucha, y un ponerse vendas y limpiar armas para empezar de nuevo.

Y este extenso coloquio que se da entre D. Benigno Cordero y D. Felicisimo Carnicero en el capítulo XVIII y que trata del eterno problema de España y la dicha que espera a quien huye del mundanal ruido:

-He perdido todas las ilusiones. He vivido mucho tiempo en España en medio de las tempestades de los partidos victoriosos, y mucho tiempo también en el extranjero en medio del despecho de los españoles vencidos y desterrados. La experiencia me ha hecho ver que son igualmente estériles los Gobiernos que persiguen defendiéndose y los bandos que atacan conspirando. Yo he conspirado también algunas veces, y en aquellos trabajos oscuros he visto en derredor mío pocos móviles generosos y muchas, muchísimas ambiciones locas, apetitos y rencores que no se diferenciaban de los del despotismo más que en el nombre. La realidad me ha ido desencantando poco a poco y llenándome de hastío, del cual nace este mi aborrecimiento de la política, y el propósito firme de huir de ella en lo que me quedare de vida.

-Bien, bien -dijo D. Felicísimo agitándose en su asiento y golpeando sus manos una con otra en señal de júbilo-. Es usted un enemigo más de esas endiabladas teorías constitucionales y de esas invenciones satánicas llamadas partidos y del estira y afloja de Cortes que gobiernan y rey que reina y hurga, por aquí y escarba por allá, y el demonio que lo entienda… De pensar así a ser apostólico proclamando esta gloriosa monarquía del porvenir no hay más que un paso. Le veo a usted en el buen camino y en jurisdicción apostólica.

El caballero no pudo reprimir la risa que estas palabras provocaron en él.

-¡Yo apostólico! -dijo-. No espere tal cosa el Sr. D. Felicísimo. Para que eso suceda será preciso que Dios varíe mi natural ser, y arranque de mí la memoria. Esa forma nueva del despotismo que se anuncia ahora va a ser más brutal que cuantos despotismos se han conocido, porque sobre todos sus inconvenientes va a tener el de ser populachero. No es el absolutismo de Felipe II o de Luis XIV, grande, aristocrático, batallador, adornado de mil glorias militares y artísticas, y que disculpa sus atrocidades con grandes empresas y conquistas de mundos; va a ser un sistema de mojigatería y desconfianza, adicionado con todas las corruptelas de las camarillas que vienen funcionando desde los tiempos de Godoy. Se alimentará del suelo por dos grandes raíces, una que estará en las sacristías, claustros y locutorios de monjas, y otra que se fijará en las tabernas donde se reúnen los voluntarios realistas. Va a ser una tiranía ramplona que si es sufrida por nuestro país, lo que dudo mucho, pondrá a este en un lugar que no envidiará seguramente ninguna región del África.

Al oír esto D. Felicísimo hizo un gesto tan displicente que su cara se arrugó toda, y desaparecían los ojos, y los pliegues de sus labios se extendieron multiplicándose y describiendo un número infinito de rayas hasta el último confín de las orejas.

-Según eso es usted liberal…

-Lo soy, sí, señor; soy liberal en idea, y deploro que el país entero no lo sea. Si no estuvieran tan arraigadas aquí las rutinas, la ignorancia, y sobre todo, la docilidad para dejarse gobernar, otro gallo nos cantara. El absolutismo sería imposible y no habría apostólicos más que en el Congo o en la Hotentocia. Por desgracia nuestro país no es liberal ni sabe lo que es la libertad, ni tiene de los nuevos modos de gobernar más que ideas vagas. Puede asegurarse que la libertad no ha llegado todavía a él más que como un susurro. Es algo que ha hecho ligera impresión en sus oídos, pero que no ha penetrado en su entendimiento ni menos en su conciencia. No se tiene idea de lo que es el respeto mutuo, ni se comprende que para establecer la libertad fecunda es preciso que los pueblos se acostumbren a dos esclavitudes, a la de las leyes y a la del trabajo. A excepción de tres docenas de personas… no pongo sino tres docenas… los españoles que más gritan pidiendo libertad entienden que esta consiste en hacer cada cual su santo gusto y en burlarse de la autoridad. En una palabra, cada español, al pedir libertad, reclama la suya, importándole poco la del prójimo…

-Luego usted -dijo D. Felicísimo, que ya había recobrado la fijeza pétrea de su rostro- no es liberal al modo de acá.

-Lo soy al modo mío, según mi idea, y creo que estos principios, aprendidos donde no son sólo principios sino hechos, prevalecerán en todo el mundo y conquistarán todas las tierras incluso España; pero cuando me detengo a calcular el tiempo que tardaremos en ser conquistados, me confundo, me mareo, porque todos los años me parecen pocos para tan grande obra. De aquí mi escepticismo, que no es realmente escepticismo, sino tristeza. Creo en la libertad porque he visto sus frutos en otras partes; pero no creo que esa misma libertad pueda darlos allí donde hay poquísimos liberales y de estos la mayor parte lo son de nombre. España tiene hoy la controversia en los labios, una aspiración vaga en la mente, cierto instinto ciego de mudanza; pero el despotismo está en su corazón y en sus venas. Es su naturaleza, es su humor, es la herencia leprosa de los siglos que no se cura sino con medicina de siglos. He visto hombres que han predicado con elocuencia las ideas liberales, que con ellas han hecho revoluciones y con ellas han gobernado. Pues bien, esos han sido en todos sus actos déspotas insufribles. Aquí es déspota el ministro liberal, déspota el empleado, el portero y el miliciano nacional; es tiranuelo el periodista, el muñidor de elecciones, el juntero de pueblo y el que grita por las calles himnos y bravatas patrióticas. La idea de libertad entrando súbitamente aquí a principios del siglo nos dio fórmulas, discursos, modificó algo las inteligencias; pero ¡ay!, los corazones siguen perteneciendo al absolutismo que los crió. Mientras no se modifiquen los sentimientos, mientras la envidia que aquí es como una segunda naturaleza, no ceda su puesto al respeto mutuo, no habrá libertades. Mientras el amor al trabajo no venza los bajos apetitos y el prurito de vivir a costa ajena no habrá libertades. No habrá libertades mientras no concluya lo que se llama sobriedad española que es la holgazanería del cuerpo y del espíritu alimentada por la rutina; porque las pasiones sanguinarias, la envidia, la ociosidad, el vivir de limosna, el esperarlo todo del suelo fértil o de la piedad de los ricos, el anhelo de someter al prójimo, la ambición de sueldo y de destinos para tener alguien sobre quien machacar, no son más que las distintas caras que toma el absolutismo, el cual se manifiesta según las edades, ya servil y rastrero, ya levantisco y alborotado.

-Según eso -dijo D. Felicísimo que empezaba a estar algo confuso-, usted considera a nuestro país inepto para las libertades. Por consiguiente, como no puede haber más que dos clases de gobiernos y el liberal es imposible, tenemos que aceptar el absoluto.

-No -replicó el otro-, porque una ley ineludible arrastrará, mal de su agrado, a España por el camino que ha tomado la civilización. La civilización ha sido en otras épocas conquista, privilegios, conventos, fueros, obediencia ciega, y España ha marchado con ella en lugar eminente; hoy la civilización tan constante en la mudanza de sus medios como en la fijeza de sus fines, es trabajo, industria, investigación, igualdad, derechos, y no hay más remedio que seguir adelante con ella, bien a la cabeza, bien a la cola. España se pone las sandalias, toma su palo y anda: seguramente andará a trompicones, cayendo y levantándose a cada paso; pero andará. El absolutismo es una imposibilidad, y el liberalismo es una dificultad. A lo difícil me atengo, rechazando lo imposible. Hemos de pasar por un siglo de tentativas, ensayos, dolores y convulsiones terribles.

-¡Un siglo!

-Sí, y esta es la causa de mi tristeza. Yo me encuentro en la mitad de mi vida. He trabajado mucho por la idea salvadora; pero ya me siento fatigado y me reconozco sin fuerzas para esta labor inmensa que será cada día mayor. Otros vendrán que arrimen el hombro a tan terrible carga. Yo no puedo más. Las circunstancias en que me encuentro, solo, sin familia, lleno de tedio y viendo cuán poco hemos adelantado en la cuarta parte de un siglo, me desaniman atrozmente. Reconozco que cuanto de mis fuerzas dependía ya lo hice; está mi conciencia tranquila y me retiro. Hasta ahora yo no he vivido para mí ni un solo día. Llega la hora en que me es necesario vivir un poco para mí. No obteniendo gloria ni siquiera éxito, el sacrificio de mi existencia a un ideal sería estéril; pues vivamos, vivamos siquiera un poco y descansemos. Sobre las ruinas de mis quiméricas ambiciones se levanta hoy una ambición grande, potente, la ambición de ser feliz, tener una familia y vivir de los afectos puros, humildes, domésticos. ¡Es tan dulce no ser nada para el público y serlo todo para los nuestros! Apartado de todo lo que es política, deseando el olvido, miro a todas partes buscando un rincón en que ocultarme y a donde no llegue el fragor de la lucha.

Creo que podré acabar la segunda serie antes de que termine 2019 y será de las mejores cosas que haya hecho con mi tiempo libre.