La revolución española vista por una republicana

19/01/2022

La revolución española de 1936

Llevaba algún tiempo detrás de este volumen, La revolución española vista por una republicana, escrito por Clara Campoamor desde el exilio a finales de 1936. La principal impulsora del derecho al voto de la mujer durante el periodo de la República tuvo que escapar del Madrid controlado por el bando republicano (aunque menos por el Gobierno que por las milicias y los chequistas) para evitar perder la vida en uno de los «paseos» que se habían convertido en cosa cotidiana. A mi modo de ver esto la sitúa en la tercera España a pesar de los esfuerzos de algunos partidos políticos actuales para apropiarse de su figura. Ella explica cómo fue aquello en un artículo publicado en La Republique (20-01-1937):

Dejé Madrid a principios de septiembre. La anarquía que reinaba en la capital ante la impotencia del gobierno y la absoluta falta de seguridad personal, incluso para los liberales -o quizás sobre todo para ellos- me impusieron esa prudente medida… Si la gran simpatía que uno siente siempre por quienes se defienden puede ir hasta explicar los errores populares, se niega en llegar hasta el sacrificio oscuro e inútil de la propia vida. Se sabe también que los autores de los excesos, o los que han tolerado que se cometan, siempre encuentran excusas aunque sólo consistan en pretender que hay que juzgar las revoluciones en su conjunto y no en sus detalles, por elocuentes que sean. ¡Y yo no quería ser uno de esos detalles sacrificados inútilmente!

Este artículo es uno de los interesantes anexos que contiene el libro. He descubierto que la parte principal es traducción de lo que hoy se tiene por el original, que está en francés. A falta de que se descubra un manuscrito o unas notas anteriores en castellano le ocurre lo mismo que a lo de Barea, que aunque la obra haya sido pensada en español, el documento que se conserva como original está en otro idioma, en el caso de don Arturo en inglés. La traducción de Luis Español parece cuidada y sólo han aparecido para desasosegarme un sol que se acuesta en vez de ponerse y un par de subordinadas adjetivas en las que en español usamos el posesivo mientras que los franceses las forman con el artículo determinante. Como es una sexta edición debe de estar mejor cuidada que las anteriores, aunque por sacar algún fallo falta la duodécima nota a pie de página (repetida está la oncena).

Creo que hay obras que expresan mejor lo que fue la segunda mitad de 1936 en el Madrid revolucionario y sitiado, pero la perspectiva de una protagonista de la etapa inmediatamente anterior tiene un valor intrínseco. Como no tengo demasiado que comentar recojo unos cuantos fragmentos que me llamaron la atención.

Vivimos un periodo mucho menos oscuro de la historia, en cambio resulta inevitable no fijarse en ocasiones en las que parece rimar (108):

Fueron las consignas, dócilmente seguidas en España como en cualquier otra parte por los marxistas. a los que en parte secundaron los ciegos republicanos de izquierda, quienes hicieron surgir el partido fascista de la nada en la que se encontraba.

Realmente la expresión «fascismo» no me parece que sirva para explicar nada del mundo actual e incluso en años los treinta de España era más que discutible que se tratara de eso (132):

[…] Prieto habló del «movimiento insurreccional extenso y complejo cuyos objetivos y alcance nos son totalmente desconocidos».

Por tanto se ha confesado oficialmente que no se atribuía un objetivo absoluta o totalmente fascista al movimiento iniciado.

También desde el otro bando niegan, no sin motivo, a los elementos gubernamentales la condición de representantes puros y auténticos de la democracia.

Añadamos que los insurrectos mostraron al principio muy poca unidad. Así, las emisiones radiofónicas de las diversas capitales sublevadas terminaban con himnos distintos: mientras que en Burgos se tocaba el himno fascista, en Sevilla se interpretaba el himno de Riego (himno nacional republicano) y en otras se emitían simples marchas militares. Sólo al cabo de tres semanas dejó de oírse el himno de Riego sin que, por otro lado, se interpretara en todas partes el himno fascista. Lo mismo ocurrió con la bandera: en todas las provincias sublevadas siguió enarbolándose la bandera tricolor de la República. Sólo tras el 15 de agosto -un mes después del alzamiento- la bandera fue sustituida por la antigua bandera española, sobre la que se conservó el escudo republicano en lugar del escudo monárquico.

¿Fascismo contra democracia? No, la cuestión no es tan sencilla. Ni el fascismo puro ni la democracia pura alientan a los dos adversarios.

Una idea que sí que puede tener largo recorrido es la de España como país de opinión, con niveles bajos de compromiso político y escaso sentimiento de responsabilidad por las malas decisiones a las que uno ha contribuido (137):

Consideremos primero dos características políticas de España: la dirección política de las masas y luego el estado de madurez democrático de esas masas, es decir, la medida en la que son capaces de entender las consecuencias inevitables de su actividad electoral.

En lo que se refiere al primer punto, observamos que España no es un país de partidos sino un país de opinión. El número de inscritos en Madrid, entre los dos grandes partidos -Izquierda Republicana y socialistas- es muy elocuente en este sentido.

El siguiente párrafo sobre el deterioro de las condiciones materiales y estéticas de la vida me ha recordado a uno muy citado de Agustín de Foxá que ya cité en su día. Madrid de corte a cheka se hace uno una mejor idea de conjunto que en esta memoria personal (160):

Una tropa, de la que los periódicos alababan la actividad, llamada «Escuadrilla del Amanecer» porque empezaba su triste labor a la una de la madrugada, efectuaba registros y arrestos.

No se veía en las calles un solo sacerdote porque aquellos que se habían arriesgado a salir durante los primeros días habían sido exterminados. Las monjas que habían sido expulsadas de orfanatos y hospitales tuvieron que huir vestidas de civil. Como su cabello corto estaba de moda, pudieron pasar desapercibidas. Los ciudadanos que, siendo funcionarios o empleados, debían forzosamente salir a la calle, lo hacían disfrazados de «descamisados».

Madrid, la ciudad coqueta por excelencia donde, por tradición, las mujeres cuidan su peinado y su calzado, pareció transformada por la varita de una bruja fea y mala. El sombrero femenino considerado como un tocado «burgués» fue desterrado. Nadie osaba llevarlo por la calle y las pocas mujeres que se empeñaron en hacerlo tuvieron que claudicar ante las miradas desconfiadas y las amenazas.

Madrid ofrecía un aspecto asombroso: burgueses saludando levantando el puño y gritando en todas las ocasiones el saludo comunista para no convertirse en sospechosos, hombres en mono y alpargatas copiando de esta guisa el uniforme adoptado por los milicianos; mujeres sin sombrero; vestidos usados, raspados, toda una invasión de fealdad y de miseria moral, más que material, de gente que pedía humildemente permiso para vivir.

La gente que en tiempo normal llenaba las calles y las terrazas de los cafés, yacía bajo tierra o se disfrazaba.

Por último dejo un fragmento bastante extenso en el que puede percibirse la clarividencia de la autora (211). Para calcular bien cómo puede ser el futuro es condición necesaria comprender el presente. Es un juego que hay quien ni con la partida acabada lo entiende.

Ya hemos observado, desde el punto de vista de la política futura de España, que la división tan sencilla como falaz hecha por el gobierno entre fascistas y demócratas, para estimular al pueblo, no se corresponde con la verdad.

La heterogénea composición de los grupos que constituyen cada uno de los bandos, tal y como expusimos en las primeras páginas de este libro, demuestra que hay al menos tantos elementos liberales entre los alzados como anti demócratas en el bando gubernamental.

A la izquierda, socialistas y comunistas se han impuesto a los republicanos y ahora mandan ellos. Los sindicalistas y los anarquistas han sido el talón de Aquiles de la defensa gubernamental y serán los que saquen provecho de la resistencia.

A la derecha, la unión aparente mantenida con mejor táctica durante los trascendentes días de combate, empieza a debilitarse en el mismo instante en que se vislumbra la posibilidad del éxito final. El esfuerzo de conciliación intentado por la Junta de Burgos se ha revelado inútil. Se había nombrado al general Franco jefe de Estado, vaga y atractiva fórmula, y al mismo tiempo algunos jefes anunciaban un plebiscito para el momento en que se restableciera la tranquilidad, con un programa en que se acumulaban todas las teorías teocráticas y sociales de los cuatro grupos principales: monárquicos absolutistas, monárquicos constitucionales, fascistas y republicanos de derechas.

Fueron los carlistas, fuerzas extremas de la derecha, los que han hecho el primer gesto al rechazar ese programa general y tratando de imponer su vieja doctrina teocrática, pretensión que, si se puede conciliar con otros programas, se opone frontalmente al de los republicanos y sobre todo al de los monárquicos constitucionales de la última dinastía.

La «Junta de Gobierno» de Burgos ha tenido que permitir la publicación del manifiesto carlista, porque se encuentra en una situación delicada y no puede permitir que se agriete el conjunto de sus ejércitos que comprenden unos efectivos de al menos 40.000 carlistas.

La lucha ha empezado entre los alzados. Y también entre los republicanos, socialistas-comunistas y anarcosindicalistas en el grupo de las izquierdas.

Los rostros de las fuerzas antagónicas reflejan su heterogénea composición como en un espejo deformante, anunciando nuevas disputas internas en el grupo vencedor.

Esa tendencia a la división, a las facciones, a los matices, al espíritu individualista, es lo que ha hecho que España ofrezca tan escasa disposición para sistemas de bloque como el fascista o el comunista.

En el terreno de las armas, el resultado definitivo de la guerra civil española queda todavía lejos. Pero la gran desgracia de esta lucha fratricida -torpemente provocada por la debilidad del Frente Popular ante el desorden, lucha desencadenada con ligereza por los militares en un momento en que la situación internacional hacía prever complicaciones, y prolongada por los gubernamentales que rehusaron aceptar un gobierno de composición-, la gran desgracia, repetimos, consiste en que la víctima de esa lucha será la República plebiscitaria de 1931. Y sin embargo, cualesquiera que sean sus errores, sólo en ella albergábamos la esperanza de una renovación democrática y social.

Si el porvenir trae la victoria triunfal de los ejércitos gubernamentales, ese triunfo no llevará a un régimen democrático, ya que los republicanos ya no cuentan en el grupo gubernamental. El triunfo de los gubernamentales sería el de las masas proletarias, y al estar divididas esas masas, nuevas luchas decidirán si la hegemonía será para los socialistas, los comunistas o los anarcosindicalistas. Pero el resultado sólo puede significar la dictadura del proletariado, más o menos temporal, en detrimento de la República democrática.

Si, como ya hemos indicado, las causas de la debilidad de los gubernamentales llevan a la victoria de los nacionalistas, éstos habrán de empezar por instaurar un régimen que detenga los enfrentamientos internos y restablezca el orden. Ese régimen, lo suficientemente fuerte como para imponerse a todos, sólo puede ser una dictadura militar.

Pero si la dictadura militar, como lo vimos durante el periodo de 1923 a 1930, es una forma de gobierno fácil de imponer, es muy difícil salir de ella. Se dirá que otros países viven desde hace años bajo una dictadura militar y les va muy bien. Sin embargo no conviene olvidar que España ya ha sufrido ese régimen… Fueron esos siete años de dictadura los que separaron de la monarquía al pueblo y los que trajeron la República. En consecuencia el experimento ha fracasado.

Cierto es que tras el desastre nacional causado por esta lucha y sus excesos, mucha gente, incluso republicanos y liberales, se resignará, en interés del país, a aceptar cualquier régimen transitorio sólo con que restablezca el orden y que emprenda la tarea de reconstruir el país y de restablecer las jerarquías espirituales, demasiado pisoteadas por la debilidad de los republicanos de izquierda. Porque no hay que olvidar que no solamente se ha perseguido a los elementos considerados como enemigos de la República sino también a sus partidarios, perseguidos por grupos políticos que a la manera de los clanes primitivos buscaban la muerte de todo aquel que se opusiera a su jefe.


Usucapión – adverse possession

18/01/2022

Una de las cosas para las que me debería servir este cuaderno de notas a la vista de todos es dejar constancia de lo que voy encontrándome por ahí e incorporando al acervo. Trataremos de hacerlo más a menudo.

Acabo de ver una película pasable aunque no puede decirse que buena: Hampstead (2017) con una Diane Keaton que ya no es Annie Hall. Basada en el homónimo barrio londinense de clases acomodadas y a propósito de un tipo que se monta una chabola y que acaba teniendo sus más y sus menos con la protagonista femenina, los promotores inmobiliarios y la justicia. Lo que aporta el chamizo son todos los elementos de planning applications, codicia inmobiliaria, nimbyismo y bananas.

Por el juicio que se celebra al final me entero de que al equivalente a la usucapio latina en el derecho anglosajón lo llaman adverse possession. No es ni puede ser una traducción exacta. Si ni siquiera son idénticas entre sí las usucapiones en los países de nuestro entorno por un lado, ni tampoco la adverse possesion del Reino Unido es idéntica a la de los EEUU o a la de Irlanda es imposible que ambas expresiones signifiquen exactamente lo mismo, pero como aproximación puede servir.


El extremo centro

15/01/2022

Extremo Centro: El Manifiesto

Otra de las adquisiciones por gratitud que hice durante las vacaciones navideñas en el solar patrio fue el libro de Extremo Centro: El Manifiesto. No sé exactamente cómo llegué al podcast allá por 2017 pero he pasado innúmeras horas escuchando a esta gente hasta el punto de que me costaría encontrarme con Pedro Herrero y no creer que estoy hablando con un amigo de toda la vida (es la misma sensación que me generan la voz de Fernando Díaz Villanueva, la de José Carlos de Memorias de un tambor y alguna otra más).

Con los años servidor de ustedes (que va para la cincuentena) se ha moderado o derechizado (a diferencia de los autores de EC a mí me da lo mismo decir derecha que «no izquierda» ya que esas etiquetas, si bien sirven para ordenar un poco, en realidad tampoco indican nada sustantivo). Mis intuiciones morales se parecen en mucho a las de los extremocentristas más por oposición hacia lo que no somos que por coincidencia en lo que habría que construir o en las medidas necesarias para lograrlo.

Como he dejado mi ejemplar en la casa paterna voy a comentar siguiendo los puntos que dejó hace unos días Jorge Bustos en su columna de El Mundo:

1- No izquierda es mejor que derecha. Indiferente, pero quizá sea mejor decirles derecha a los de la pretendida superioridad moral de la izquierda. Son anomalías del discurso político español que la derecha tenga que hacerse pasar por centro, que la extrema derecha empiece un milímetro más allá de la socialdemocracia y que no se pueda llamar extrema izquierda (el vocablo «ultraizquierda» parece que ni existe) a lo que hay más a la izquierda de todo ni comunistas a los comunistas.

2- La tecnocracia ha muerto. Desde luego que si quieres ganar en política hay que ir a lo visceral y que con lo racional no vale la pena ni intentarlo, pero las soluciones que nos harán ser más ricos como país serán técnicas…. en cómo repartirlo, que eso es la política, hace falta mucho arte pero ahí no hay técnica que valga.

3- Este consenso es un timo. Puede que así sea, pero si alguien quiere que sus valores estén más presentes tiene que incorporarlos y sobre todo tomar el Estado. La sobrerrepresentación de ciertas tendencias en el espacio público (fútbol, feminismo, lenguas regionales) no se ha hecho sólo privadamente sino utilizando los medios financiados por todos. Parece ser que ahí el laicismo ya no interesaba.

4- La Constitución no es la Biblia. Correcto y habría que hacer entender a sus enemigos habituales que a muchos otros tampoco nos acaba de gustar, que sólo la aceptamos porque vemos mil formas de empeorarla y pocas de que mejore y que ellos también pueden perder y que quizá vayan a ser ellos los que acaben con un saldo desfavorable el día en que de verdad cambien las cosas.

5- Ojo con el paradigma de lo productivo. Muy de acuerdo aquí. La derecha tiene que desligar sus intereses de los del capital y las empresas, que son fines y no medios. Se puede hacer mucho con las empresas pero para la gente. Como nación o como ciudadanos el centro de todo tiene que ser la gente.

6- Demasiada distancia entre vida declarada y vida vivida. No creo yo que se vaya a acabar con esta hipocresía. Está el país lleno de anticapitalistas a los que les gustan los bolsillos llenos, defensores de las lenguas regionales tque no las hablan ni estudian y las ya clásicas gentes del «a Dios rogando y con el mazo dando». En algún otro sitio, por convicción propia o por presión popular, la gente sería más coherente. En España sinceramente no lo veo.

7- El patriotismo no es pagar impuestos. Sin nación no hay redistribución. El centralismo no es español. Siempre me he preguntado en qué lugar nos deja a los españoles residentes en el extranjero esa cosa que dicen en la izquierda de que el patriotismo es pagar impuestos. Nosotros que apenas pagamos algo de IVA como cualquier turista cuando pasamos las vacaciones en España. Está claro que hay elementos culturales que nos hacen españoles aunque tengamos nuestra vida fuera de allí. En teoría el centralismo no es necesario y ojalá en toda la periferia se dieran las condiciones para mantener esta cultura de elementos comunes que es tan valiosa como la que tiene como centro la región u otra comunidad aún menor. En los territorios dominados por ciertas etnocracias algún modo de centralismo va a ser la única forma de proteger a las minorías que se identifican más con el conjunto del país que con las élites regionales.

Dejé el volumen en casa por si alguno de la familia quería enterarse de qué eran la Charocracia, la España movistar, las pedrettes y la Izquierda patinete y de la tremebunda batalla que disputan contra ellos en Twitter el Mediterráneo moral, la derechita punk, y los faminazis.


Liderar

08/01/2022

No había visto aún la película española Mientras dure la guerra (2019). Por cuando salió sí que leí sobre ella y descubrí que siempre había o habíamos dado por cierto lo que era una narración literaria y de parte sobre el encuentro entre Millán Astray y Unamuno en el paraninfo de la universidad de Salamanca el 12 de octubre de 1936. El relato que había quedado impreso en la memoria colectiva lo escribió en los años sesenta Luis Portillo, padre del político inglés Michael Portillo a quien suelo ver en la BBC en documentales de viajes en tren, uno de los cuales (Great Continental Railway Journeys, S7E1) lo llevó precisamente a la ciudad del Tormes, donde habló de este episodio histórico.

Aunque entre los españoles el sentimiento que predomina ante estas cosas es el desinterés creo que hay bastante verdad en esa descripción de que, tras vivir cuarenta años en la mentira franquista, España ha vivido cuarenta años en la mentira antifranquista y hoy se sabe con certeza que la escena supuestamente histórica es en gran parte una invención literaria de un exiliado que había luchado con la República.

De la película, que me ha gustado y en la que Salamanca sale estupenda, puede decirse al menos que no cae en el «venceréis pero no convenceréis». Su motivo principal es el sufrimiento del propio Unamuno en sus meses postreros, sus errores, sus cambios de opinión, su agonía por el destino de sus amigos y tanta gente. Como en toda película histórica hay elementos más o menos inventados y algunos errores históricos. En ABC se publicó un artículo sobre los mismos y algún otro puede encontrarse por la red de redes.

Yo voy a una cosa mucho más pequeña. En un momento alrededor de los tres cuartos de hora se produce una escena en la reunión del aeródromo de San Fernando, cerca de Salamanca (un extraño lugar histórico en el que hoy no hay nada), en la que antes de que la Junta de Defensa Nacional elija a su generalísimo Millán-Astray les interpela haciendo alusión a la baraka, el aura de afortunado que adornaba a Franco desde Marruecos y lo compara con el malhadado Sanjurjo. No sé si Millán-Astray estaba en Salamanca y aunque hubiera estado es probable que no se le hubiese permitido participar en la junta y mucho menos en estos términos. Esto dice el guión:

Permítanme, antes de que voten ustedes… Una preguntita, nada más. ¿Ustedes saben lo que es… la baraka? Cuando no hace ni dos meses el general Sanjurjo, que Dios tenga en su Gloria, se disponía a coger aquel avión el piloto se quejó de que su maleta pesaba demasiado. Y no es de extranar, iban ahí sus medallas y condecoraciones… Porque Sanjurjo venía a España a liderar el Alzamiento. ¡Él tenía que ser el ge-ne-ra-lí-si-mo! Entonces… Ese avión que no remonta, que no coge vuelo… Mal empezó aquello. Unos dirán que si fue por la maleta, otros dirán que si fue por el piloto… O que no tuvo suerte. La suerte providencial… Eso es la baraka.

Quiero llamar la atención sobre el verbo liderar. Como he solido leer cosas de los años treinta del pasado siglo me he percatado de que por entonces líder era una palabra rara que aún se escribía leader. La palabra no estaba naturalizada aún por lo que parecería extraño que hubiese dado derivados. Hace relativamente poco tiempo que oigo hablar de «lideresas». A Mola se le conocía como «el Director» y a Franco se le puso un título de raigambre como Caudillo. Sería muy raro que un anglicismo entrara en esa categoría de nombres que denominan al máximo gobernante en regímenes nacionalistas (Fuhrer, Duce, Caudillo, Conducator…)

Creo recordar que Lázaro Carreter criticaba en sus dardos el uso de líder que suele hacerse en las clasificaciones deportivas (y que hoy ya está en el Diccionario). Él decía algo así como «¿cómo va a ser el líder si todos los demás equipos van contra él? Eso sería en los sesenta o setenta. El ejemplo más antiguo de liderar que aparece en el Fichero General es una noticia de El País de 1976.

Parece claro que en cualesquiera de los dos supuestos, ni la Alianza Atlántica, liderada por los Estados Unidos, ni el Pacto de Varsovia, conducido por la Unión Soviética, pueden permitirse más contradicciones internas;

Puede que aparezca algún ejemplo anterior pero he buscado el Ngrams y me parece hay poca duda de otro como dirigir, conducir o encabezar sí, pero que ese verbo no podía haberse utilizado.

«Liderar». Uso en libros hasta 2009


L’homme est une femme comme les autres

03/01/2022

El afiche

Hoy he encontrado una carpeta con imágenes y recortes de prensa que escaneé alrededor de 2004. La historia que contaré viene de antes. Hacia 1996, 97, 98… tenía montado en mi cuarto de la casa paterna una especie de collage en la pared. Creo que fotos propias no había, pero sí recortes, entradas de conciertos y otros trozos de papelería sentimental como billetes de tren y postales… La mayoría de las postales las había comprado yo en viajes, y había algunas otras de propaganda. Creo que es un tipo de mercadotecnia que no duró demasiado y que ya se ha dejado de practicar: había productos que se anunciaban en bares mediante postales gratuitas. Coleccioné algunas de películas y les tenía aprecio aunque a veces ni siquiera había visto la obra. Me recordaban el día que salí de fiesta con tales o cuales amigos. En concreto una de ellas, ganada en buena lid en el viaje iniciático por el extranjero que me cambió la perspectiva de la vida, mostraba el cartel no sé si muy erótico o no de una película francesa llamada L’homme est une femme comme les autres (1997) que no sé ni si se llegó a estrenar en español.

La cartulina a saber por dónde andará, pero al encontrar el archivo de imagen se me ha ocurrido mirar a ver de qué trataba el filme y por suerte estaba disponible en Youtube. Resumiendo mucho trata de judaísmo y homosexualidad que son temas que me tocan mucho más de lejos que si dijéramos poscatolicismo e intentar acostarse con mujeres mucho más atractivas que uno sin demasiado éxito, pero con todo la película es comprensible y se deja ver. Un joven gay debe casarse y tener descendencia para poder heredar de un tío millonario y le buscan una candidata sin que las cosas acaben de funcionar, como podría parecer lógico.

Sabiendo esto, que yo nunca había sabido, la imagen del cartel cobra algo de sentido. Me ha parecido que en el momento en que se produce esa escena el protagonista además lleva una kipá puesta. No sé si con eso ya eran demasiados elementos para el cartelito. Leo que el título viene de una frase de Groucho Marx que sin embargo no consigo encontrar. En un momento en que la acción se desplaza a Nueva York nos avisa un cartelito negro con letras blancas de la misma tipografía que aparece en las películas de Woody Allen. Más cosas alenianas: aparte de que el planteamiento es totalmente neurótico, el protagonista toca el clarinete. En vez de jazz de Nueva Orleans hace klezmer de Europa oriental pero es uno de los mejores elementos que incorpora la película.


Un faisán en el jardín

02/01/2022

Phasianus colchicus torquatus, creo

Hace unos pocos días, hablando de los urogallos, comentaba que lo más parecido que se podía ver en Irlanda eran faisanes. Yo mismo los había visto varias veces en sembradíos, a veces desde la planta de arriba del autobús. Lo que nunca había pasado es que se nos hubiera presentado un faisán en casa, como en este primero de enero en lo que esperamos que suponga un buen auspicio (del latín: avis ‘ave’ y specere ‘mirar’) La pequeña ha visto «un pato con una cola larga» y allí estaba junto al árbol del jardín.

Rebuscando junto a los setos

Gracias a Glynn Andersson (Birds of Ireland: Facts, Folklore & History) descubro que el faisán fue introducido en Irlanda hace varios siglos aunque no se sabe a ciencia cierta cuándo: como pronto con los normandos en el s. XII y como muy tarde en el s. XVI. Es un ave originaria de Asia y su nombre científico Phasianus colchicus hace referencia al río Fasis de la Cólquide (hoy río Rioni de Georgia), la tierra en que Jasón y los Argonautas buscaron el vellocino de oro. Por los tiempos en que unos europeos vieron por vez primera a este animal la Cólquide o Colquis se encontraba en los confines orientales del mundo conocido.

Me resulta bastante sorprendente que pueda haber un millón de especímenes en esta isla y que se puedan cazar unos doscientos mil al año. También he estado mirando el asunto de las subespecies. Al parecer había una más antigua Phasianus colchicus colchichus y los que tienen un anillo en el pescuezo son de origen chino, Phasianus colchicus torquatus, pero debe de haber bastante hibridación así que aunque era obvio que el que hemos visto tenía anillo no estamos como para hacerle un análisis de ADN si ni un zoom decente en el teléfono tenemos. Por cierto, que bastante suerte es haber visto al colorido macho ya que en esta especie el dimorfismo es notable y la hembra nos podría haber parecido cualquier otra cosa.


Resumen de 2021

01/01/2022
Aquí y pocas veces allí

Algo más de once meses de verde y algo menos de uno de anaranjado

No me había dado tiempo a contar la gran anécdota de estos últimos doce meses. Mi primogénita, expuesta al tabú anglosajón sobre los tacos y de tanto oír hablar de la f-word, al volver de la escuela me dijo un día:

Yo creía que John F. Kennedy quería decir John Fucking Kennedy.

Tiene otra muy graciosa, que se la debe a que mi madre quería comprar un prado que hay al lado de la casa en el pueblo y eso de que la abuela iba a comprar el prado lo procesó como que iba a ser dueña del museo nacional homónimo incluidas Las meninas, El jardín de las delicias y Los fusilamientos del 3 de mayo.

Y ahora sí. Una vez más, aquí nos encontramos haciendo balance del año anterior. Ha sido 2021, año segundo de la guerra del covid, un año de transición sin grandes noticias ni sobresaltos. Por un momento pareció que iba a ser el de la liberación en la forma de una vacuna que, si no ha sido tan buena como algunos creímos que iba a ser, al menos nos llegó a tiempo para poder irnos de vacaciones en verano. Seguimos teletrabajando y un día me di cuenta de que ya habíamos pasado más meses en casa que en la oficina nueva. Por falta de posibilidades me sobraron días de vacaciones que había que gastar antes del 31 de diciembre y he podido volver a pasar unas navidades en casa de los padres, cosa que hacía más de una década que no ocurría y ya de paso ver también a unos cuantos amigos que no veía desde 2019 o incluso antes.

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Bolas

Releyendo lo que escribí el año pasado por estas fechas compruebo que la sensación de extrañeza se ha evaporado por completo y que aquel mundo raro es ya el mundo sin más. Especialmente en invierno me harto de mi monótono empleo y a la vez me falta energía para empezar en ningún otro sitio. Me pregunto si podría seguir así las dos décadas que me faltan hasta la jubilación y la respuesta es que seguramente sí. Cada año que pasa le vamos debiendo menos a los bancos y la duda que tengo es si en algún momento podré permitirme dejar de trabajar y vivir de rentas aunque en mi caso los días de trabajo se parecen mucho a los de ocio por lo cual no tendría demasiado sentido. Tampoco si eso es triste o si más bien se aproxima bastante a la felicidad absoluta. En este 2021 también he visto decenas de películas aunque casi todas me parecen obviables hasta el punto de que he dejado de tomar aquellas notas breves ya que me ha acabado pareciendo que muchas no merecen ni las cuatro líneas que les dejaba.

Cumplí mi objetivo de dejar de jugar el ajedrez a un minuto. He jugado a 3+0 y a 2+1 y en ambas modalidades blitz y bullet he pasado de 2400 puntos. Mi objetivo para 2022 es llegar a 2500 en ambas. Si en 2020 jugué 17.000 partidas en 2021 habrán sido unas 4.000. He aparcado la guitarra y no tengo otras aficiones aparte de leer algún que otro libro (este año menos de treinta, lo compenso con la cantidad ingente de vídeos de historia que habré visto en Youtube) y por supuesto con este blog.

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En algún momento volveremos a viajar

En 2021 hemos blogueado más que en anteriores ejercicios. Cuento 99 entradas. Hubo una época entre septiembre y octubre en la que algo publicaba casi todos los días, no porque tuviera tantas ideas sino porque quise vaciar la carpeta de borradores y la galería de fotos del teléfono.

Guitarra parecida

Guitarra aparcada

En 2021 recibimos 58.228 visitas. Veníamos de 76.334 en 2020 y el de este año es el registro más bajo desde los 36.765 de 2010. Por un lado hay veces en las que me gustaría ser un autor famoso y que me dieran el Nobel de literatura por mis ocurrencias de aquí mismo e incluso un merecido Óscar de Hollywood y una pensión vitalicia a cargo del Estado, pero por el otro lado, que es el que domina mis pensamientos el 97% del tiempo, la difusión que esto tenga importa relativamente poco. Un dato curioso es que en algún momento del mes de marzo llegamos al millón de visitas acumuladas desde que empezamos este invento.

A continuación voy a volver a hacer lo de poner una entrada destacada por mes aunque no de cada mes ya que esta añada ha resultado irregular:

12 entradas de 2021:

  1. Una lección
  2. Una intuición moral
  3. Una intuición política
  4. Una curiosidad
  5. Una excursión histórica
  6. Una excursión natural
  7. Un dato bastante desconocido
  8. Unas fotos de Dublín
  9. Un mapa
  10. Una decepción
  11. Un libro para disfrutar
  12. Un libro para aprender

Resúmenes de años anteriores:

Y sin nada más que añadir les deseo un feliz 2022 con mucha salud a todos ustedes y a sus seres queridos.


Tercios

31/12/2021

Historia ilustrada de la legendaria infantería española

Mi última lectura de 2021 ha sido este libro de bolsillo que agarré el otro día en el aeropuerto. Me leí la mitad en el avión, cosa poco habitual en mí, que suelo caer dormido poco después del despegue. Ojalá aparezcan algún día en el trastero de mis padres unos apuntes que tenía en la EGB con poco más que los nombres de unas cuantas batallas de Italia y de Flandes, que es lo poco que supe durante muchos años de los Tercios: Bicoca, Pavía, San Quintín… Tres décadas después, en tiempos del destierro hacia las lejanísimas afueras de Dublín y en mis infinitas horas yendo y viniendo en autobús fue cuando tuve ocasión de escuchar y mucho a Hugo A. Cañete cuyos libros más específicos sobre el asunto espero leer algún día y para los que creo que Tercios de José Javier Esparza habrá sido una buena introducción. Esas horas y horas de conversaciones grabadas sobre historias e Historia es a lo que tengo que agradecer no haber tenido que afrontar esta lectura casi desde cero.

Tercios no da precisamente la visión revertiana de la Historia mirada por sus protagonistas menores con cierto cinismo y siempre desde abajo. Los alatristes de Esparza no son mercenarios ni enganchados que salen de presidio o que huyen de la Justicia. Tienden a ser hombres de honor que luchan por su rey y por la religión verdadera. Sabemos que entre los dos puntos extremos caben todos los casos y la gran duda estriba siempre en qué es lo más cercano a la verdad.

El Imperio de los Habsburgo no era España. Flandes no era España. Flandes tuvo durante algún tiempo el mismo rey que España. Entre quienes comparten misiones y penurias se despierta una solidaridad que trasciende las fronteras y que podría ser similar a la que sentimos hoy por nuestros compañeros quienes trabajamos en empresas multinacionales. Esta solidaridad es sin duda superior a la abstracta que en principio uno siente por sus connacionales, que creo que en el mundo imperial prenacional no existe aún o no como la conocemos hoy. El autor bien dice que en aquel tiempo ser español y ser italiano no era tan diferente pero no podría suceder lo mismo con los territorios del norte de Europa, sin una lengua en común, por muy sincero que uno fuera en su lealtad al rey y al catolicismo.

Este es el libro, en 34 capítulos, para saber por qué el nombre de «tercios», cuál era su estructura y sus rangos, cómo luchaban, cuánto ganaba un soldado, qué expresiones de los tercios han quedado en nuestro idioma y cuántas prostitutas había que llevar por cada cien soldados. Hay un capítulo cuyo título no me gusta «Flandes fue nuestro Vietnam» y otro que comenta el poema de Calderón, con la transcripción que nos gustaba más pero que pareció que no era la correcta (tratando de ser lo más y de aparentar lo menos).


Seguir viviendo (Ruth Klüger)

30/12/2021

Durante las vacaciones navideñas recibí dos libros de un escéptico amigo que como es de los del siglo pasado nos conoce bien y acierta. Hasta ahora sólo he podido leer Seguir viviendo, las memorias de Ruth Krüger (1931-2020), judía vienesa superviviente de los campos de exterminio y tras la guerra profesora de universidad en los EEUU.

Como ya había leído en algún otro lugar sobre el terrible contexto y el proceso por el que los judíos austriacos fueron desposeídos de todo me ha resultado muy interesante la perspectiva doméstica, infantil e íntima de sus recuerdos de niñez. Algún aspecto me habría pasado inadvertido en vidas alternativas o anteriores (si por ejemplo no hubiera vivido un primer día de escuela protagonizado por un enorme cucurucho repleto de caramelos).

El libro se divide en cuatro partes cronológicas y geográficas: Viena, los campos de concentración, Alemania tras la huida y el final de la guerra y los EEUU. Quizá la última parte sea la menos interesante desde un punto de vista histórico aunque contenga mucho a partir de lo que valorar el trauma y la percepción del pasado. Hay un fragmento que me pareció muy curioso sobre bromas respecto al número tatuado en el brazo: cuando trabajando de camarera le dice a un cliente que es el teléfono de su novio. Me ha parecido interesante su perspectiva crítica con la sentimentalización del Holocausto y con la cultura museística y reverencial que se ha producido alrededor del mismo y sus escenarios geográficos. También me han llamado la atención algunos comentarios de corte feminista y otros sobre aspectos que no sé si denominar freudianos de las relaciones con su propia madre que en principio no parecen tener demasiada relación con el gran tema, aunque también es verdad que la vida es un continuo en el que todo se produce a la vez y sin tregua.

En mi selección de fragmentos hay uno que me pareció interesante sobre la condición de víctima. Algunas veces otorga un aura de santidad justificada pues hay personas maltratadas que por su conducta posterior se convierten en una referencia moral. Esto no siempre es así y aunque resulte sorprendente que quien ha sufrido injusticias continúe esa cadena del mal, en realidad no debería sorprendernos:

Estoy almorzando en Gotinga con un grupo de doctorandos y candidatos a la habilitación. Uno de ellos cuenta que en Jerusalén conoció a un prisionero húngaro que había estado en Auschwitz y que, no obstante, empezó, sin solución de continuidad a meterse con los árabes, que para él eran todos mala gente. ¿Cómo puede hablar así uno que ha estado en Auschwitz?, preguntó el alemán. Yo ahondo en el tema, comento, quizá con más dureza de lo necesario, que qué se esperaban, que Auschwitz no fue un centro de enseñanza de nada y menos de humanidad y tolerancia. ¿Y él esperaba que saliera nada menos que perfeccionamiento moral? Jamás ha habido instituciones más inútiles, más absolutamente superfluas, añadí, que esos campos: que no lo olvidaran, aunque fuera de eso no supieran nada al respecto. Ni me dan la razón ni me llevan la contraria.

Otro de los temas es que en la dicotomía víctimas-perpetradores se borran matices muy interesantes sobre los diversos tipos de víctimas y las relaciones entre esos grupos.

La placa encubre las verdaderas relaciones -casi siempre malas, si es que se daban- entre los presos políticos y los judíos. Los políticos, que en parte procedían de ambientes antisemitas, despreciaban a los judíos porque ellos se tenían por moralmente superiores, ya que los habían detenido por sus convicciones, y a los judíos, por nada de nada. (Los judíos políticamente activos seguían siendo tratados como judíos). Incluso después de la guerra me llamó la atención esa suficiencia de los políticos, que en el fondo es fanatismo.

Mi fragmento favorito tiene que ver con una percepción que persiste en la actualidad y según la cual la solución a todos los males sería la educación y la cultura. Puede haber cierta correlación pero estamos donde estamos en cuanto a sistema político, democracia y derechos humanos por una secuencia de accidentes históricos y si vienen mal dadas ni la educación, ni la cultura, ni las bellas artes nos salvarán de nuevas tragedias.

Centroeuropeos en Birkenau. Por ejemplo, la catedrática de secundaria que, tras su llegada a Auschwitz, y a la vista de la chimenea humeante y llameante, afirmaba, en tono doctoral y plenamente convencida, que lo evidente no era posible, pues estábamos en el siglo XX y en Centroeuropa, o sea, en el corazón del mundo civilizado. Lo sé como si fuera hoy: esa mujer me pareció ridícula, pero no porque no quisiera creer en el asesinato en masa. Eso lo podía comprender, pues la cosa, en efecto, no era totalmente plausible (¿por qué matar a todos los judíos?), y cualquier objeción encajaba muy bien con los deseos de vivir, es decir, con el miedo a la muerte, de mis doce años. Lo ridículo eran las razones, aquello de la cultura y del corazón de Europa. A mí también me gustaba la cultura, en la medida en que había tenido acceso a ella a través de los libros, pero no creía que fuese vinculante, que crease comunidad. El legado humanista que impregnaba los extractos de literatura clásica que yo conocía había valido la pena leerlo, pero yo no me extrañaba de que los alemanes no pareciesen haber aprendido nada de él. Sobre eso reflexioné ya de mayor y cuando me iba bien en la vida. La pretensión didáctica de esa literatura me era desconocida, y me sigue pareciendo ahora un postulado excesivo. La literatura no estaba unida a lo que sucedía fuera de ella. Su valor consistía en que podía consolar; que también pudiese enseñar o convertir era algo que nunca esperé de ella. No en balde había recorrido de la mano de mi padre la Mariahilferstrasse de Viena después de la Noche de los Cristales Rotos.

Creo que siempre volvemos al nazismo y al Holocausto porque es una especie de vara de medir extrema de la Historia europea. En realidad es mejor no utilizarla para nada contemporáneo porque quien lo hace acaba resultando casi siempre inmoral de puro frívolo y ridículo por exageración. Sabemos que desde entonces no ha vuelto a haber masacres industriales de civiles de esta magnitud, pero los medios para hacerlo siguen ahí. El hombre puede haber mejorado mejorado algo moralmente, pero basta apretar las teclas precisas para que unos odien, otros desconozcan y a los demás les resulte indiferente tal o cual persecución. La mejor garantía para que no ocurra podría ser alguno de esos equilibrios de teoría de juegos, uno similar a la destrucción mutua asegurada de la carrera armamentística. O sea, nada que podamos controlar del todo.


Postal navideña con villancico

29/12/2021

12 Days of Christmas

Uno de los días memorables de 2021 será el 6 de noviembre, primera jornada en Dublín desde marzo de 2020, o sea tras más de año y medio de pandemia, cosa que tenemos que agradecer a la visita del Canciller. Uno de mis propósitos cumplidos en estas últimas vacaciones ha sido la renovación del pasaporte para en cuanto sea posible devolvérsela en el Reino Unido postbréxit que ya no nos deja ir sólo con DNI. A ver si en primavera. Durante mi ausencia llegó una postal suya para felicitarnos las Navidades y el nuevo año. Yo he perdido la buena costumbre de escribir cartas y mandar postales, pero a quien tenga la deferencia de hacerlo conmigo le prometo la gloria eterna de aparecer en este espacio y la menos duradera, aunque esperemos que muy longeva, de mi agradecimiento.

Hombre cuidadoso con los detalles, me apostaría que ni la elección del sello con los Reyes Magos es casual. La postal ilustra un villancico bien conocido en las islas Británicas, el de los doce días de Navidad. Ya he llegado a esa fase en que los hijos te superan: yo sabía que este villancico existía y su mecánica de enumeración, mientras que mi hija conocía la letra. Hemos pasado un buen rato intentando que yo memorizara la secuencia y descubriendo cosas como que el peral inglés (pear tree) seguramente fuera una perdiz francesa (perdrix).

Esto de los doce días de Navidad es una cosa del mundo anglicano. Van del 25 de diciembre al 5 de enero. En el mundo católico se supone que duran algo más (en España no encontrarás quien diga que el 24 de diciembre y el 6 de enero no forman parte de las Navidades). Hace pocos años me entere de que el 6 de enero solía ser en Irlanda la «pequeña Navidad» o «Navidad de las mujeres». Muchas variaciones sobre aproximadamente los mismos temas, mundo muy diverso y muy igual.