Hanóver

Hannoversche Allgemeine Zeitung

Ahora que casi ha pasado un año desde la Pascua de 2009, y viendo el relativo éxito que entre mis amistades han tenido las fotografías que saqué de cuando anduvimos por Hamburgo, Colonia y Düsseldorf, sólo me queda una ciudad que mostrar de las del viaje aquel por Alemania: Hanóver. Aunque el topónimo no aparece en el Panhispánico de Dudas creo que así, con una sola n y con acento es la mejor forma de escribirlo (Hannover es la forma alemana). Tengo la impresión de que la mayor parte de los hispanohablentes dicen Janóber, más que Janofa como se dice en alemán ( /haˈnoːfɐ/ para ser precisos). El nombre viene de Hohen Ufer, que vale tanto como decir la orilla alta. Se refiere a la margen más elevada del río Leine, donde empezó a desarrollarse la ciudad.

Parada del tranvía

Una vez que llegamos al centro, lo primero que me sorprendió fue que había grandes espacios abiertos y una gran parte de la ciudad era peatonal. En uno de los parques, frente a unos multicines, había un cementerio al aire libre, de esos que uno no ve en la península Ibérica, pero que conocemos por las películas yanquis. Había una iglesia en ruinas, supongo que por la Segunda Guerra Mundial. También vi el edificio del periódico local, el Hannoverische Allgemeine Zeitung, frente al cual había roca con una placa en recuerdo de los sindicalistas victimas del nazimo. Por desgracia y a causa de la guerra, hay muy poco de antiguo en Hanóver, apenas tres o cuatro calles entre la catedral protestante y el río Leine.

Unos manifestantes en Georgstrasse

La zona comercial está entre la estación del tren y un lugar llamado Kröpke, una plaza en la que hay un reloj donde es costumbre citarse, del mismo modo que sucede en tantas otras ciudades en las que un reloj, estatua o fuente sirve de punto de encuentro.

Calles peatonales. Al fondo estación de trenes.

En una mañana soleada de primavera, la calle se llena de paseantes: familias, ancianos, turistas. Es agradable caminar al sol y más en Centroeuropa, donde los inviernos son tan duros. Recogida de firmas, artistas callejeros, vendedores de helados, puestos de libros. Son todas cosas que evocan la felicidad.

El reloj de Kröpke

En Kröpke no sólo se encuentra este reloj, sino que está también el edificio de la Ópera. Estilo neoclásico, bastante grande, pero no me convence. Seguimos caminando por el centro y nos acercamos a una iglesia protestante, la Marktkirche (iglesia del mercado), a las puertas de la cual hay una estatua de Martín Lutero predicando en el desierto. Es frente a esta catedral donde se encuentra la cafetería llamada Bar Celona que tanto me recordó a Mortadelo y Filemón.

Así que dejo a las chicas tomando un café con leche mientras recuerdan el mediterráneo español y me acerco hasta el Leine pasando por la Kramerstrasse, la calle que más interesante me resultó de esta ciudad. Todas las casas son muy hermosas y es una pena que se haya dejado de construir en este estilo, o que hoy en día sólo los ricos puedan permitírselo.

Marktkirche

Al final de la Kramerstrasse se encuentra la Leibnizhaus que es una casa muy bonita. Por desgracia, en aquel momento el sol estaba del lado equivocado y no pude mostrar mi talento fotográfico. Al lado hay un museo de historia (me acabo de dar cuenta de que en español no debe de ser lo mismo “museo de Historia” que “museo histórico”, a pesar de lo que se han empeñado los medios de comunicación en devaluar el adjetivo).

Luego llego al río Leine (se pronuncia Laine) y hay otro de esos mercadillos de antigüedades y cacharros de segunda mano que tanto gustan a los alemanes. Desde allí se puede ver el Ayuntamiento Nuevo, que no queda tan lejos. Me pongo a mirar un poco de chatarra y me llaman la atención esas voluminosas estatuas modernas que llaman las Nanas. En La Haya había una parecida. El estilo es una mezcla de Joan Miró (por el color) y Fernando Botero (por la forma).

Kramerstrasse. Al fondo la Leibnizhaus

Después he seguido explorando. He llegado a una plaza llamada Ballhof, donde antiguamente había una fábrica que está reconvertida y  ganada para la cultura. Desde allí se veía la Iglesia de la Cruz (Kreuzkirche). El lugar estaba lleno de terrazas y la gente disfrutaba de lo lindo al solecito. Lo único que no me gustó fue un monumento moderno con una especie de bolas. No sé si lo de Ballhof tiene algo que ver con eso.

Iglesia de la cruz (Kreuzkirche) desde Ballhof

Luego he vuelto a Kramerstrasse para traerme a las chicas al mercadillo. Además de ser un apellido relativamente común, Kramer quiere decir “tendero”, pero hoy está llena de bares y restaurantes. No sé si los hosteleros quedan incluidos entre los tenderos, pero me parece obvio que la economía posmoderna de servicios ha sustituido a la medieval del comercio. En casi todas partes, pero seguro que también en esta calle.

Entrada a Kramerstrasse desde Leinstrasse

Luego hemos paseado por la orilla del Leine. El mercadillo está en la orilla sur, el contrario al lado en que se encuentra la parte vieja de la ciudad. Mercadillo en alemán se dice Flohmarkt, literalmente mercado de las pulgas. Este calco se produce también en inglés y en francés (fleamarket, marché aux puces) y es una de esas cosas que tienen los demás que primero parecen raras, y al final te acaba pareciendo que el raro eres tú por no tenerlo.

El río Leine a su paso por Hanóver

En el mercadillo hay de todo. Mucha chatarra, por supuesto. Cosas que no deben valer la molestia de traerlas. Alguna joyita. Cosas que me gustan como postales antiguas. Hace tiempo me dí cuenta de que en esto la función económica es  muy secundaria. Es más bien el modo de vida tranquila de conversar, regatear, intentar descubrir algún tesoro. Yo, muy prudente, soy de los que miran mucho y compran nada o casi nada.

Las nanas en el mercadillo

Teníamos que ir a Herrenhäuser a comer y no nos dio tiempo a ver el ayuntamiento nuevo de cerca. Me dio un poco de pena porque me dijeron que era bonito, pero así ya tengo algo nuevo que hacer la próxima vez.

El Ayuntamiento Nuevo de Hanóver

Las casas de Leinestrasse son alemanísimas en su construcción. Desde Alsacia hasta Prusia se ve la misma cosa. Creo que forman parte también de nuestro imaginario a través de los hermanos Grimm. De pequeño me pedían que dibujara una casa y prácticamente garabateaba una de estas, aunque en mi ciudad todos vivíamos en bloques de hormigón.

Casas típicas de la calle Leinestrasse

Cuando sale el sol hay importantes concesiones al arte callejero. Me gustó este juego de sillas.

El juego de las sillas

Deshaciendo el camino andado volvemos a pasar por delante de la Marktkirche, donde ahora el sol alumbra un edificio muy hermoso de ladrillo. También el estilo de la construcción es muy alemán.

Construcción alemana en ladrillo

Hanóver es una de las ciudades alemanas donde hay más punquis. Esto es un poco sorprendente para mí, que creía estos usos estéticos (y musicales y de modo de vida y lo que se quiera, etc.) extinguidos desde los ochenta. Suelen vagar (es la palabra precisa) cerca de la estación de trenes, donde se encuentra la estatua del padre de la patria (Landesvater), que es un título un tanto exacerbado que da “su pueblo fiel” a Ernesto Augusto I de Hanóver . Para el sector menos culto de mi público, que lee el Hola, diré que es un antepasado del Ernesto de Hanóver ese que la suele liar parda.

Estación de tren de Hanóver

Luego recogemos nuestro coche junto al cementerio y el Cinemaxx y de camino a Garbsen, hacemos una parada para ver el edificio imponente de la Universidad Leibniz. Eso es todo lo que dio de sí una mañana en Hanóver.

Cementerio urbano

Cementerio urbano

Universidad de Hanóver

3 Responses to Hanóver

  1. […] Me he puesto a buscarla y la he encontrado, sin caer en la cuenta de que ya la había colgado en otra ocasión. Aunque la vieja está mejor enfocada y coge todo el edificio, son bastante parecidas. No deja de […]

  2. […] año y nos hemos acercado al norte del país. La mayor parte de tiempo hemos estado en Hamburgo y Hanóver, que son las ciudades de siempre y sobre las que ya he escrito y mostrado imágenes en otras […]

  3. […] al que según la leyanda nuestro Bernardo del Carpio le dio las del pulpo. Leyenda todo. Como en Hanóver, hay “ayuntamiento viejo” y “ayuntamento nuevo”, sólo que aquí son […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s