Crónicas birmanas

Siguiendo la recomendación de escéptico, me he puesto a leer “Crónicas birmanas”, el excelente cómic de Guy Delisle.

Crónicas birmanas

Es el tipo de tebeo que siempre me apetece leer. En general casa bien con mis otros intereses, ya que está alejado de la ficción y trata temas políticos, a la vez que abre una ventana hacia una parte del mundo especialmente difícil de conocer. Esto enlaza con otros intereses míos: grupos étnicos, lenguas, viajes…

Básicamente, Delisle cuenta la experiencia personal de vivir un año en Birmania junto con su mujer, que trabaja para Médicos sin Fronteras, y su hijo pequeño. A través de sus pequeñas experiencias cotidianas y de los datos que aporta para contextualizarlas pueden apreciarse peculiaridades de lo que es el Myanmar de hoy, desde la perspectiva de un residente occidental.

Una de las primeras cosas que menciona tiene que ver con lo es quizá el dato más conocido sobre Birmania: los dos nombres del país, y la connotación política del cambio del nombre (de Birmania a Myanmar). A veces soy partidario de adaptar los topónimos, otras tengo dudas. Cuesta aceptar Beijing, porque no sé cómo llamar al perro pequinés. Del mismo modo, en Birmania se habla el birmano, ¿cuál es la lengua de Myanmar?. Tras más de veinte años no ha cuajado en castellano y dudo que lo haga algún día. Y el cambio de Rangún por Yangón, probablemente tampoco.

Lo que me gusta es la explicación bidireccional que uno obtiene a través de este tebeo. Una explicación en dos sentidos de cómo es el país, con datos desde abajo (vida cotidiana) y datos desde arriba (contexto histórico político), además hay una zona intermedia en la que se intenta vincular los unos con los otros, lo cual no es siempre sencillo en un país tan opaco y con una barrera cultural tan importante.

Me gustaría ver un billete de 45

Una parte de las historias de la vida cotidiana es su vida de viñetista: su grupo de estudiantes birmanos de animación, la aventura de comprar tinta, su investigación sobre la ilustración local. Esta parte se intercala con aspectos de la vida doméstica: las dificultades de buscar casa, el calor omnipresente, los cortes de frecuentes de electricidad. Luego están los viajes por el país, las lluvias torrenciales, los difíciles transportes terrestres y el pavor de viajar con Myanmar Airways. Las costumbres que ve en los locales: como la de mascar betel o el tradicional festival del agua, los monjes pidiendo por las mañanas. La vida irreal de las familias de los expatriados y que trabajan para las organizaciones internacionales, las petroleras y las oenegés. Cómo son los supermercados, qué productos globales hay, el mercado pirata de productos audiovisuales, cómo es la juventud “rebelde” birmana.

Luego hay otra parte, que toca aspectos más políticos de la vida del país. Se habla del régimen actual, de Than Shwe, de las protestas de 1988, del nepotismo dentro del sistema, las maniobras que supusieron la caída en desgracia de Khin Nyunt en 2004, el exilio interior de la premio Nobel Aung San Suu Kyi, la censura a tijera de la prensa extranjera, la burocracia oficial, la prensa del régimen, la extraña prohibición de que los ciclomotores circulen por Rangún, los extraños visados internos, la razón por la que se conduce por la derecha y los coches tienen el volante en ese mismo lado, las conjeturas sobre los porqués de todas estas cosas…

Conducir por la derecha y volante a la derecha

La propia misión de Médicos sin Fronteras decidió dejar el país, y me imagino que esa es la razón de que Delisle haya podido escribir una historieta tan sincera y con datos que de otra forma habrían comprometido a la organización de su mujer. Siempre me ha interesado el debate de la ayuda al desarrollo, si es eficaz o no, cuáles deben de ser sus funciones y sus parámetros éticos. Tangencialmente aparece la crítica a las multinacionales que cooperan con regímenes como el birmano. Hay material para la reflexión.

El libro trata el período de 2005-2006, momento en, por algún motivo sobre el que se pueden hacer cábalas, el país cambió la capital de Rangún a Naypyidaw, ciudad de nueva construcción en el centro del país . Se ven otras cosas, como la amenaza de la gripe aviaria. Es importante destacar que es anterior a las protestas de 2007 que algunos medios dieron en llamar revolución de azafrán o de los monjes. Como nota al margen, diré opinión este etiquetado proyecta un patrón unidireccional de la historia que adolece de falta de comprensión, y se corresponde con el material superficial que nos venden los medios en nuestra sociedad de consumo de información de hoy.

Adiós Rangún

En lo que es propiamente el tebeo, me gusta el estilo simple y monocromático de los dibujos, que son como un esbozo. Hay cosas interesantes desde el punto de vista de el guión, como escenas intercaladas de viajes por el país o a Bangkok, a las que no acompaña texto, supongo que porque son lapsos que no enlazan con la narrativa de la historia. En resumen, es un cómic que se hace agradable de leer y que puede ser un buen comienzo para todo aquel que quiera ganar conocimiento sobre Birmania sin empezar atragantándose con la literatura especializada.

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2 Responses to Crónicas birmanas

  1. escéptico dice:

    Parece que tendré que leer el libro que te he recomendado. Por lo que dices tiene muchas similitudes con Pyongyang, otro cómic del autor sobre su estancia en Corea del Norte.

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