Liubliana, ciudad de dragones

Así que aquel mismo 2 de julio, tras haber recorrido la distancia entre el aeropuerto de Treviso y la frontera eslovena, con nuestra parada para comer en Pirán y otra más fugaz para ver el castillo de Predjama, acabamos llegando a Liubliana por la tarde. Creo que nos complicamos innecesariamente con el sentido del tráfico. El hotel que habíamos reservado no estaba exactamente en el centro, pero sólo había un paseo de cosa de un cuarto de hora. Tras aposentarnos salimos a pasear para hacer una toma de contacto con la capital. Por pura casualidad, en la calle que escogimos para llegar al centro se encuentra uno de los edificios más bonitos que hay en la ciudad, el del Banco Cooperativo de Crédito (Zadružna gospodarska banka).

 

Fachada del Banco Cooperativo de Crédito

También en la misma calle había otros edificios art nouveau muy interesantes y que me recordaban a Praga. De allí llegamos a la plaza de Prešeren, donde están el puente triple que atraviesa el río Ljubljanica, del que toma la ciudad su nombre esloveno: Ljubljana. Hay quien dice que esta palabra tiene que ver etimológicamente con “aluvión”. La ciudad formó parte del Imperio Austrohúngaro hasta 1918, y su nombre en aleman es también el mismo que el del río: Laibach. Como se sabe, en Alemania Bach es el  apellido de algunos músicos y el nombre de cualquier arroyo.

 

Puente triple: al fondo la casa Hauptmann, a la derecha la estatua de Prešeren

En la plaza de Prešeren (Prešernov trg) había una de esas performances modernas de arte de calle. Una grúa amarilla y enorme de cuyo gancho colgaba la figura de un angelito y gente haciendo cosas extrañas, con música y fuego debajo. Seguimos hacia la alargada Mestni trg, plaza de la ciudad que en realidad es una calle. Por allí nos encontramos con la chupitería Hijo de Puta, que como suponía y he podido comprobar después por internet es todo un foco de atención para los españoles de paso.

Mestni trg

Había un ambiente muy animado por las calles, con terrazas de verano a la vera del río y muchas actividades musicales y de teatro por todos los rincones. Vimos, entre otras cosas, unos mariachis mexicanos. Es una lastima que hayamos tenido un día tan cansado y que el sueño nos venciera. Hemos tenido que irnos pronto a dormir.

 

Puente del dragón y castillo

Al día siguiente nos hemos levantado relativamente tarde y tras desayunar nos hemos puesto rumbo al castillo que domina la ciudad. Hemos bajado al centro por otra ruta, atravesando el puente del dragón (Zmajski most), y en lugar de subir por el funicular lo hemos hecho por las escaleras. No es mucho trecho y creo que nos ha dado más fatiga el calor que los escalones. La vista de la ciudad desde arriba es espléndida en un día soleado. No había demasiados turistas, pero sí muchos séquitos de boda. He visto al menos tres trajes blancos de novias diferentes, así que entiendo que este debe de ser el lugar obligatorio que existe en todas las ciudades y al que las parejas nupciales vienen a retratarse.

 

Liubliana vista desde el castillo

Había algún museo y se podía subir a la torre más alta, en la que ondea la bandera verdiblanca con el escudo del castillo y el dragón, que es la enseña de la ciudad, pero hemos prescindido de todo ello. Sólo hemos entrado a una exposición gratuita y a una tienda de recuerdos para comprar postales. Había cosas de madera muy bonitas y sobre todo me han gustado las tapas de las colmenas, aunque no he comprado ninguna. En el patio del castillo había una iniciativa muy interesante del municipio, que sacaba las bibliotecas a la calle. Hemos hojeado un libro con fotografías de los lugares a los que pensamos ir.

 

Patio del castillo

Después de otro pequeño paseo por las alturas, esta vez por fuera del patio del castillo, hemos acabado bajando a la ciudad por otra ruta en parte diferente, pero que al final se ha unido al primer camino que tomamos. Abajo en la ciudad, mucha animación. Un mercadillo muy grande con productos de los que no encontramos en las islas británicas. Hemos sacado un litro de zumo de manzana de una máquina expendedora. También hay máquinas asi para la leche fresca. En este lugar sí que tuve la sensación de que era cierto lo que dicen de que los eslovenos son gente de campo o muy apegada al campo.

 

Río Ljubljanica

Luego, para la hora de comer las calles se pusieron desiertas y calurosas. Paseamos por las mismas calles del día anterior y apreciamos con mayor luz y detalle algunos de los edificios que nos habían pasado inadvertidos. Por ejemplo la casa Hauptmann. Tras varias vueltas nos acabamos sentando en un restaurante que se llamaba Sokol (águila), comida muy mediterránea. Y después de comer dimos un paseo por el río, hasta el puente cerca del cual se encuentra la embajada española. Algunos chavales saltaban al río desde el puente, otros andaban de un lado para otro en lancha. A un lado del puente había otro puesto de la biblioteca municipal ambulante.

 

Casa Hauptmann

Luego hemos vuelto despacito por zonas menos concurridas de la ciudad. Hemos visto una curiosa pirámide de unos tres metros de altura y hemos llegado a la plaza de la Revolución Francesa. Nuestra intención era ver el Alemania-Argentina en la terraza de un bar. Mi acompañante quedó muy contenta del resultado y yo feliz de no tener que oír las tonterías de Maradona ante una hipotética semifinal frente a España. Luego el día se ha puesto un poco peor. Hemos dado otro paseo y frente a un bar indicaba en quince idiomas que su nombre era “En el semáforo” ,  nos hemos encontrado con una manifestación del orgullo gay, que ha sido un carnaval desenfadado para alegrar un día que se estaba poniendo gris y anodino. La troupe ha subido al castillo, y lo han engalanado con una bandera multicolor.

 

Castillo y bandera del arcoiris

Cuando ya atardecía nos ha apetecido estirar las piernas e ir a ver el parque Tívoli ese que quedaba relativamente cerca de nuestro hotel. Para llegar allí pasamos por la plaza de la República, donde se encontraba un edificio alto y feo, pero de importancia arquitectónica; y también la sede de la cámara baja del parlamento esloveno.

 

Parlamento de Eslovenia

Para llegar al parque Tívoli tuvimos que cruzar corriendo una carretera de entidad, pero una vez allí el riesgo pareció merecer la pena. Una zona verde muy tranquila a la que la gente va a para pasear, hacer deporte o sacar a pasear a los perros.  Tras dar una vuelta tomamos el que parecía el camino principal que llevaba a una especie de mansión.

Casa del Parque Tívoli

El castillo se ve a lo lejos. Aprovechamos los penúltimos rayos del sol. Había una exposición muy interesante en el parque, con paneles que mostraban el pasado y el presente arquitectónico de  Liubliana. Puede ver cosas como el interior del edificio del Banco Cooperativo de Crédito y recoger algunos datos interesantes sobre Jože Plečnik, arquitecto al que tanto debe la ciudad.

 

El castillo de Liubliana desde el parque Tívoli

Luego hemos vuelto al centro para cenar, pasando por delante de la iglesia ortodoxa serbia, que como tantas otras está dedicada a los santos Cirilo y Metodio. Esa zona del parque Tívoli es zona de embajadas. La iglesia ortodoxa está justo al lado de la embajada de Serbia, otras que vemos son las de Alemania y la de los Estados Unidos. Los edificios son muy señoriales y elegantes y tienen un aspecto que no se asociaría mucho a sus funciones administrativas.

 

Embajada estadounidense

En nuestro regreso al centro hubo de nuevo teatro callejero y arte de vanguardia. Compramos un quebab cerca de la plaza de Preseren y nos dispusimos a zampárnoslo sentados en las escaleras de la iglesia, para así poder contemplar la función, pero el número de curiosos era tal que decidimos huir con el bocado a otra parte.

Galería Nacional

Cuando anocheció nos dio tiempo a tomar algo en las terrazas que había junto al río. Volvimos a ver a los mariachis y comenzamos a ver el España – Paraguay en unas pantallas gigantes que habían instalado a tal efecto. Nos retiramos en el descanso y acabamos de sufrir con los penaltis fallados y todo lo demás en la habitación del hotel. El 3 de julio fue un buen día, incluso por el fútbol.

Anochece en Liubliana

8 Responses to Liubliana, ciudad de dragones

  1. tania dice:

    Hola

    Mi nombre es Tania y soy administradora de un directorio de webs/blogs. Me ha gustado mucho tu blog. Quisiera intercambiar enlaces. Puedo agregar tu blog en mi directorio para que así mis visitantes puedan visitarlo tambien.

    Si te interesa, escribeme a mi email

    Exitos
    Tania

    • alfanje dice:

      Gracias Tania:

      No, no tenemos ambiciones. Este blog es para nuestros amigos, y ellos ya saben dónde encontrarlo.

      Suerte y un saludo.

      alfanje

  2. Carlitos dice:

    Como decimos en Argentina, ¡qué pedazo de post, Alfanje!

    Me lo llevo a Eslovenia Corazón, eh? Usté no se opone, no? 😉

    • alfanje dice:

      Si usté no se opone a una jornada lublianense con eliminación argentina de los Mundiales, poco puedo decir 😉

  3. […] Liubliana, en esloveno Ljubljana y en alemán Laibach, la capital del país dominada por su castillo. Río Ljubljanica […]

  4. […] de retornar a Breslavia, que finalmente no se concretó, pero tuve tiempo para escribir el paso por Liubliana, la ciudad de los dragones en el mes de julio anterior. Puente del dragón y […]

  5. […] Liubliana, ciudad de dragones enero, 2011 6 comentarios […]

  6. […] y eso acrecienta el recuerdo. Recuerdo haber visto el Alemania-Argentina y el España-Paraguay en Liubliana y el España-Alemania en la casita de Kranjska Gora. Hace unas semanas, poco después de las […]

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