Perú a través de la crisis de gobierno de agosto de 2005

Este fin de semana se celebra la segunda vuelta de las elecciones peruanas, entre Ollanta Humala y Keiko Fujimori. Casualmente, me he encontrado con un trabajo que hice en la Universidad para la asignatura de Sistemas Políticos de América Latina hace algo más de un lustro. Fue a propósito de la crisis de gobierno de 2005 y con vistas a las elecciones de 2006 que acabaron suponiendo el regreso de Alan García (en verano de 2005 yo creía que lo más probable era la victoria de Lourdes Flores). En fin, lo publico por si algún día acaba teniendo valor arqueológico. La crisis de 2005 sólo me sirvió como pretexto para considerar las características del sistema político peruano. Algunas de las que se describen siguen determinando el panorama político del país andino, más para mal que para bien. (4 de junio de 2011)

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El  Perú ha vivido una crisis de gobierno entre el 12 y el 18 de agosto de 2005. En esta ocasión, las circunstancias han sido de carácter puramente político. El Presidente, Alejandro Toledo nombró canciller (Ministro de Asuntos Exteriores) a Fernando Olivera, dirigente del Frente Independiente Moralizador (FIM) y hasta ese momento Embajador en España. Su nombramiento ocasionó la renuncia, el mismo día 12, del primer ministro Carlos Ferrero, y con posterioridad del gobierno en pleno, tal como obligan las leyes. Finalmente, tuvo que reconsiderar su decisión y, tras unos días de incertidumbre, nombrar un nuevo gobierno cuyo primer ministro será Pedro Pablo Kuczynski. Este artículo explica los factores que se esconden tras esta serie de movimientos, que provienen de antiguas enemistades personales y cambian el sistema de alianzas políticas que apoyan el poder, con el trasfondo de las próximas elecciones de abril de 2006.

  1. El contexto: El Perú imposible de Alejandro Toledo (2000-2005) y el Perú imposible anterior (1980-2000).

Alejandro Toledo alcanzó la presidencia del Perú tras la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, celebrada el 3 de junio de 2001. El año anterior se había descubierto la trama de corrupción de Fujimori  y Montesinos, lo que supuso la anulación el proceso electoral en curso. Toledo llegaba a la Presidencia tras derrotar a Alan García, del Partido Aprista Peruano (que presidió el país de modo lamentable, según la mayor parte de los comentaristas, entre 1985 y 1990), aunque sin un partido político sólido, apoyándose en la plataforma “Perú Posible”.

Antes de este proceso electoral, Toledo se había presentado en dos ocasiones a la Presidencia. En la primera, en 1995, su candidatura obtuvo el 3’2 por ciento de los votos presidenciales y su lista el 4’1 por ciento. La segunda ocasión fueron las elecciones de 2000, en las que se enfrentó a Alberto Fujimori, en esta ocasión obtuvo un 45% de los votos en la primera vuelta y renunció en la segunda, lo que provoco la victoria y reelección de Fujimori. Las elecciones fueron un escándalo debido a las irregularidades acreditadas por los observadores internacionales, aunque finalmente se proclamaron los resultados y Fujimori pudo gobernar durante tres meses, hasta que envió su carta de renuncia desde el Japón (una vez  descubierta la trama y los vídeos de Montesinos) y el Congreso lo suspendió por autoridad moral. En ese momento se abrió un interregno en el que la Presidencia de la República fue ejercida de modo interino por Valentín Paniagua Corazao, presidente del Congreso, hasta la celebración de las elecciones de abril en las que Toledo resultó victorioso.

De algún modo, su victoria no fue una gran victoria, ya que él se había proclamado “líder” de la movilización popular que condujo a la renuncia de Fujimori, y se observa que no capitalizó electoralmente ese impulso cívico, ya que no obtuvo una gran ventaja en relación al año anterior y ni consiguió el control de la asamblea, donde su plataforma “Perú Posible” tiene 45 escaños de los 120 de los que se compone el Congreso[1].

Al año de resultar elegido, la popularidad de Toledo, que comenzó alrededor del 58% se encontraba en un nivel bajísimo (alrededor del 10%). Sin embargo, ha conseguido sortear los obstáculos y hasta la crisis de agosto, se pensaba que iba alcanzar el fin de su mandato en 2006 sin más sobresaltos.

En cualquier caso, el Perú de Alejandro Toledo no se entiende sin remontarse a las dos o tres etapas anteriores: La dictadura militar (1968-1980), el regreso de la democracia (1980-1990) y la década de Fujimori (1990-2000).

Tras los doce años de dictadura militar (1968-1980), dirigida por Velasco Alvarado (hasta 1975) y Morales Bermúdez (1975-1980), volvió a gobernar en el Perú el que fuera depuesto por los militares, Beláunde Terry, del Partido Acción Popular.

La primera etapa de la democracia (1980-1990) se caracteriza por un sistema de partidos sólido, en el que el espectro político está compuesto por: Izquierda Unida (IU), el Partido Aprista Peruano[2] (PAP), el Partido Popular Cristiano (PPC) y la Acción Popular (AP). Este sistema de partidos permanece estable desde la transición hacia la democracia, alrededor de 1978 hasta 1989-90 en el que finalmente queda roto tras la aparición del outsider Fujimori.

Aunque se trataba de cuatro partidos, lo que existía era básicamente tres modos distintos de entender Perú. Tres ideologías. Acción Popular y el Partido Popular Cristiano eran las fuerzas conservadoras a la derecha, defensoras del establishment y herederas de las oligarquías criollas que habían gobernado la República durante más de siglo y medio. El Partido Aprista Peruano, era heredero de la ideología del pensador de principios del siglo XX, Víctor Raúl Haya de la Torre, un nacionalismo redistribuidor de centro-izquierda, de carácter reformista y vocación panamericana. Izquierda Unida ocupaba el espacio político próximo al comunismo y representaba la herencia política de otro pensador, José Carlos Mariátegui, que tuvo gran influencia en los movimientos de izquierda latinoamericanos del siglo XX y que recientemente ha sido revindicado por Chávez.

Esta primera década de la democracia, la década de los ochenta, se divide a su vez en dos quinquenios: El primero entre 1980 y 1985 fue el de la restauración democrática en el que le correspondió el gobierno a Beláunde Terry. Éste, que ya había gobernado antes de la dictadura, se encontró con un país muy diferente al que había dejado atrás. La explosión demográfica, el éxodo rural, el cambio en la estructura económica, procesos propiciados por los gobiernos desarrollistas de la dictadura lo enfrentaron a una realidad diferente. Su gestión no fue exitosa, y fue víctima del estallido de la crisis de la deuda en 1982 y de la aparición con fuerza del fenómeno terrorista, con la guerrilla maoísta Sendero Luminoso y el Movimiento Revolucionario Tupac Amaru (MRTA).

El siguiente quinquenio, entre 1985 y 1990, es el de la llegada al poder del APRA, sesenta años después de su fundación. Un líder joven y carismático,  Alan García, de 35 años, llega al poder con mayoría absoluta. Durante su presidencia el fenómeno del terrorismo no remite. Intenta aplicar el programa histórico del APRA: máxima intervención del Estado en economía, gasto público para el desarrollo y con una mentalidad clásica de populista. García se niega a pagar los intereses de la deuda a la banca internacional. Expulsa del país a los miembros del Fondo Monetario Internacional, a consecuencia de lo que deja de recibir crédito, lo que a su vez conduce a la hiperinflación. Su solución para los problemas económicos es nacionalizar la banca en 1987. En un estado de crisis absoluta se producen manifestaciones de repulsa y finalmente da marcha atrás en su propósito estatalizador. Liderando estas manifestaciones aparece la figura del escritor Mario Vargas Llosa, que será protagonista de la siguiente convocatoria electoral. Alan García deja el país en bancarrota, asediado por escándalos de corrupción en su entorno, descrédito personal y descontrol en el orden público.

En 1990, Vargas Llosa aprovecha el tirón popular que le ha otorgado su presencia en las movilizaciones para postularse como candidato a la Presidencia de la República. En ese momento nadie conoce aún al que será el protagonista de la vida política peruana durante los diez años siguientes: Alberto Fujimori. Era rector de una Universidad y presentaba un pequeño programa de televisión. Su intención original era presentarse para senador, pero a la vista de las encuestas favorables decide intentar la carrera presidencial. En gran medida fue favorecido por el sistema electoral (mayoritario a doble vuelta, ballotage) y la fragmentación, la izquierda estaba dividida en media docena de partidos, el que APRA había conducido al país a una situación lamentable y una derecha que presenta a Vargas Llosa, representante de las clases altas, blancas y de origen europeo, que propone duros ajustes neoliberales. Antes de las elecciones, Fujimori había mejorado su intención de voto del 6 al 15%. En la primera vuelta resultó victorioso Vargas Llosa, pero en la segunda todos van contra él, de modo que tanto sus propios votantes, como el APRA y la izquierda votan a Fujimori.

Fujimori no tenía ni experiencia ni partido político, Cambio 90 no fue un partido político, sino una plataforma creada ad hoc (por eso lleva en su nombre el año 90, 1990) para la elección presidencial. Durante los dos primeros años implementó unos ajustes neoliberales muy duros, aunque sin renunciar al populismo, los baños de masas, la aparición en los medios y la crítica a los partidos políticos. Finalmente, el 5 de abril de 1992 da un golpe de estado (el “autogolpe”) en colaboración con las Fuerzas Armadas, golpe mediante el que disuelve el Congreso y el Tribunal Supremo. Este momento coincide con la detención de la cúpula de Sendero Luminoso, logro que se adjudica como propio y que refuerza su imagen ante la opinión pública.

La comunidad internacional no acepta el golpe, pero Fujimori se compromete a celebrar elecciones para elaborar una nueva constitución. A estas elecciones no se presenta el APRA, y además son muy irregulares[3] . En 1993 se proclama una Constitución política del Perú que introduce la reelección presidencial y el unicameralismo. En 1995 se convocan elecciones presidenciales, que dan el triunfo a Fujimori frente a una amalgama encabezada por Javier Pérez de Cuellar, ex secretario general de la ONU, pero que cuenta con más prestigio en el concierto internacional que en el interior del país. El leit-motiv de estas elecciones fue «partidarios de Fujimori» contra «detractores de Fujimori», lo que de alguna manera da una medida de hasta qué punto estaba malherido el sistema tradicional de partidos. Fujimori se asegura el poder por otros cinco años. Los peruanos prefirieron dar su apoyo al hombre que había vencido a la inflación y el terrorismo y que había creado empleo.

Estos diez años de Fujimori se caracterizan por una actuación muy autoritaria apoyada por un sector muy difuso de la sociedad y las Fuerzas Armadas. La conexión con las Fuerzas Armadas se efectúa en gran medida a través del Servicio de Inteligencia Nacional y su director Vladimiro Montesinos (que llega a gravar más de 20.000 casos de corrupción en los que participa en video). Fujimori tiene gran capacidad de sintonizar con sectores populares, Fujimori interpreta la Constitución de forma peculiar par presentarse a las elecciones de 2000 alegando que la primera elección es anterior a la Constitución. Con la Ley de la interpretación auténtica de la Constitución el Congreso se lo permite (el Tribunal Constitucional no, pero consigue neutralizarlo).

En estas elecciones aparece la figura de Toledo, ninguno obtiene mayoría absoluta y en la segunda vuelta Toledo no se presenta alegando fraude y cuando empiezan a aparecer los videos de corrupción, se producen movilizaciones Fujimori abandona el país y el Congreso le destituye. Se abre un proceso de transición con un gobierno que en el 2001 convoca elecciones a las que se presentan Toledo y Alan García, que recupera el APRA. Las elecciones las gana Toledo pero sin partido político (Perú Posible), el principal partido vuelve a ser el APRA. Es un gobierno débil, impopular en un país con el sistema de partidos totalmente destruido, salvo el APRA y donde Alan García se presenta como claro candidato después del fracaso que supuso su anterior mandato, aunque Lourdes Flores se lo va a poner difícil.

La previsión que puede hacerse tras lo visto los últimos años es que, tras la paulatina muerte de los partidos políticos,  en Perú no existen y los líderes se eligen de una forma mesiánica. Esta situación no es solo imputable a Fujimori, sino que hay que destacar que las leyes tienen un marcado carácter antipartido. Si el sistema de partidos no acaba sedimentándose de algún modo generando un marco estable, puede que sean necesarias reformas para evitar que siga sucediendo lo que sucede.

En el momento actual, la situación económica del país es razonablemente buena y el país lleva más de veinte meses consecutivos de crecimiento económico; en cambio, la vida política sigue desestructurada. En gran parte debido a los elementos antipartidistas del sistema, consagrados en la Constitución política del Perú, impulsada por Fujimori y aprobada en 1993.

  1. El Perú de hoy

 

Estos fueron los resultados de la primera vuelta de las elecciones presidenciales (celebrada el 8 de abril de 2001). La gran sorpresa fue el retorno a la arena política de Alan Garcia tras su ineficiente gobierno entre 1985 y 1990. Los peruanos se vieron forzados a elegir entre el fuego y las brasas, entre dos candidatos que no ilusionaban a nadie. Finalmente venció Toledo, que al poco tiempo era el presidente más impopular.

Partido Candidato Votos válidos % votos válidos
Perú Posible (PP) Alejandro Toledo

3.871.167

36.51

Partido Aprista Peruano (PAP) Alan García

2.732.857

25.78

Unidad Nacional (UN) Lourdes Flores

2.576.653

24.30

Frente Independiente Moralizador (FIM) Fernando Olivera

1.044.207

9.85

Solución Popular (SP) Carlos Boloña

179.243

1.69

Renacimiento Andino (RA) Ciro Gálvez

85.436

0.81

Proyecto País Mateo Arrunátegui

79.077

0.75

Todos por la victoria Ricardo Noriega

33.080

0.31

Votos nulos 402.416
Votos blancos 1.260.193
Total de votos válidos 10.601.720

Fuente: Pásara 2001, a partir de datos de la ONPE

 

Alejandro Toledo se impuso a Alan García en la segunda vuelta (celebrada el 3 de junio de 2001)

 

Partido

Candidato

Nº de votos % de votos válidos
Perú Posible (PP)

Alejandro Toledo

5.548.556

53,08

Partido Aprista Peruano (PAP)

Alan García

4.904.929

46,92

Votos nulos

1.341.938

11,06

Votos blancos

333.546

2,75

Votos emitidos

12.128.969

81,37

Total de votos validos

11.153.185

86,19

Electores hábiles

14.906.233

81,37

Partido Nº de  votos Porcentaje Escaños
Perú Posible (PP) 2.477.624

26.30

45

Partido Aprista Peruano(PAP) 1.857.416

19.71

28

Unidad Nacional (UN) 1.304.037

13.84

17

Frente Independiente Moralizador (FIM) 1.034.672

10.98

11

Solución Popular (SP) 333.172

3.57

1

Proyecto País (PP) 155.572

1.65

Todos por la victoria 191.179

2.03

1

FREPAP 156.264

1,66

Somos Perú (SP) 544.193

5.78

4

Acción Popular (AP) 393.433

4.18

3

Unión por el Perú (UPP) 390.236

4.14

6

Renacimiento Andino (RA) 127.707

1.36

1

Cambio 90 – Nueva Mayoría 452.696

4.80

3

Total escaños

120

Votos nulos 1.352.780
Votos blancos 1.213.152
Total de votos validos 9.421.709

Por su parte, la única cámara, el Congreso, dividió sus 120 escaños entre 11 grupos, lo que hace del mismo un foro notablemente fragmentado. El grupo principal, Perú Posible, el del Presidente Toledo tiene 45 escaños; mientras que el principal partido de la oposición, Partido Aprista Peruano, tiene 28. La cooperación del Perú Posible con el FIM ha sido importante y necesaria, y se ha visto favorecida por la amistad personal entre Toledo y Olivera. Esta crisis, dificulta sus relaciones hasta la próxima elección, pero puede que exista un realineamiento y que el FIM pierda su papel, ya que la popularidad de Olivera es bajísima en el país. Por un lado, la crisis ha contribuido a que ambos grupos mantengan una distancia que les puede convenir electoralmente.

  1. La crisis de gobierno de agosto de 2005

 

El 12 de agosto, Carlos Ferrero presenta su dimisión como premier, a la que sigue la de todo el gobierno. Toledo se encuentra en la disyuntiva de mantener a Olivera en el gobierno o de desechar al que ha sido su mejor aliado político durante los cuatro últimos años. Gran parte de la impopularidad de la figura de Olivera es debida al hecho de haber apoyado a Toledo en diferentes situaciones políticas.

El País lo recogía así:

Dimite el primer ministro peruano por discrepancias en el Gobierno

AGENCIAS, Lima.

El presidente del Consejo de Mi­nistros de Perú, Carlos Ferrero, renunció ayer al cargo de forma irrevocable minutos después de que el ex embajador de Perú en España Fernando Olivera asu­miera el cargo de ministro de Relaciones Exteriores.

La salida de Perrero es la pri­mera baja en el Gabinete tras el juramento como canciller de Olivera, con quien se enfrentó públicamente en los últimos días por sus opiniones dispares en relación a la legalización de la hoja de coca en la región de Cuzco.

Olivera, de 47 años y funda­dor del Frente Independiente Moralizador, ha sido, desde que Toledo llegó a la presidencia en 2001, su aliado político con im­portantes cuotas de poder en el Gabinete ministerial.

Finalmente, el presidente de la República, Alejandro Toledo, se decantó por el embajador Oli­vera para ocupar la cartera de Exteriores, cuya decisión ha si­do criticada por amplios secto­res de la sociedad peruana. “Las indiscreciones e imperti­nencias que cometerá Olivera son mayúsculas, porque el pro­blema no está sólo en su falta de formación doctrinaria, sino en su estilo”, afirmó el jurista Javier Valle Riestra tras cono­cer la noticia.

Además de al hecho de haber apoyado a Toledo en momentos clave, Olivera es impopular a causa de su propia personalidad. Las “indiscreciones e impertinencias” a las que alude el jurista Valle, no lo harían el mejor candidato para ser el jefe de la diplomacia peruana. Su carácter le ha jugado con anterioridad malas pasadas[4]. Curiosamente, no hace mucho tiempo fue uno de los políticos más respetados del país, debido a sus campañas y su lucha contra la corrupción, elemento al que hace alusión el nombre del FIM, el partido que fundó.

En la medianoche entre el 12 y el 13 de agosto, Toledo aceptó la dimisión del primer ministro y se puso a la tarea de recomponer el ejecutivo. En ese momento, la mayor parte de los medios daba por seguro que Olivera no estaría en el nuevo gabinete. Escribe Adolfo Bazán Coquis[5] que Olivera y Toledo “antes que siameses políticos, son compinches de rúbrica”, debido a los acuerdos que firmaron para que el primero venciera en las presidenciales de 2001 al candidato aprista.

Carlos Ferrero había sido, hasta su dimisión, el premier de más larga duración en el toledismo (17 meses)[6]. Había sustituido en diciembre de 2003 a Beatriz Merino, a la que Toledo reclamó la dimisión[7]. Entre los cuentas pendientes que tenía con Olivera se encuentran el que, en el año 2000, tras la huida de Fujimori se postuló ante el Congreso para ser elegido presidente interino. El FIM apoyó a Valentín Paniagua, que finalmente ejerció el cargo hasta la toma de posesión de Toledo tras las elecciones de abril y junio de 2001. Más recientemente, se habían enfrentado a causa de la decisión del gobernador de la región de Cuzco, Fernando Cuaresma (del FIM), de legalizar el cultivo de la hoja de coca. Decisión a la que Ferrero se opuso desde el gobierno.[8] En realidad, gran parte de la crisis deriva de un ajuste de cuentas personal entre Ferrero y Olivera que Toledo no ha sabido prever.

La Constitución de 1993 exige que el gabinete sea ratificado por el Congreso, y un consejo de ministros en el que Olivera hubiera estado presente no lo hubiera logrado, debido a que entre el Perú Posible y el FIM sólo suman 45 de los 120 diputados. Por eso Toledo, a su pesar, tuvo que dejar a su aliado político y amigo personal a un lado. El ministro de trabajo saliente, Pedro Sheput, uno de los posibles candidatos al cargo de premier, se negaba a unirse a la “trituración política de Olivera”, a la vez que reconocía que “había sacrificado su capital político por Toledo”[9]

La incertidumbre respecto a qué va a pasar tras esta crisis se despejó pronto, el mismo día 14 aparecieron en “El Peruano” unas declaraciones de Olivera comprometiéndose a apoyar la gobernabilidad. Uno de sus hombres de confianza, el congresista del FIM Gustavo Pacheco afirmó  que la “alianza con el Perú continúa firme” y que “siempre apoyarán la gobernabilidad del país”[10], aunque evitó comprometerse a decir si continuarían apoyando a Perú Posible.

En sus primeras declaraciones, también el día 13, el líder del FIM, anunció su alejamiento del Gabinete Ministerial, al manifestar que “nunca más” ningún integrante de su partido formaría parte del Ejecutivo, enfatizando que “con alianza o sin ella, nos seguiremos jugando completo por la gobernabilidad”.  Explicó que ni él ni su partido pidieron nunca un ministerio, “y menos la Cancillería”, y aseguró que el presidente Alejandro Toledo le pidió asumir el cargo. Según estas declaraciones la responsabilidad de la crisis correspondería totalmente al Presidente, que tomó la decisión sin contar ni con la opinión pública, ni con su primer ministro, ni con su partido.

Olivera también dijo que estaría siempre dispuesto a “defender la gobernabilidad y la moralidad a cambio de nada, como siempre con la única condición de que se siga por el buen camino y que haya moralidad”. Del mismo modo, señaló que no se arrepentía de haber apoyado las acciones del Gobierno para lograr la estabilidad, la gobernabilidad

la seguridad jurídica que permitieron –por ejemplo– incrementar las inversiones.

Lo más interesante es que responsabilizó al saliente jefe del Gabinete, Carlos Ferrero, de la crisis ministerial al haber renunciado “con premeditación y alevosía”, pese a que él firmó la resolución para su designación, en presencia del presidente Toledo. Se mostró dolido por lo sucedido[11] y recordó los apoyos que había prestado a Toledo y a Perú Posible cuando su apoyo era indispensable, en situaciones como la vacancia presidencial o la reciente elección del presidente del Congreso. Olivera ve claro que a un año visto de las elecciones nadie es indispensable y que todo el mundo está tomando posiciones para partir en la mejor situación posible.

En cualquier caso, intentó dejar claro que su afán no era el conseguir carteras ministeriales, ya que según él, en 2001, antes de la segunda vuelta electoral, se reunió con Pedro Pablo Kuczynski, Kurt Burneo y otros miembros del Perú Posible para suscribir un acuerdo programático sin pedir a cambio ningún cargo público.

Desde el aprismo, se mostraban satisfechos con la renuncia de Olivera a ejercer como canciller. Mauricio Mulder, congresista del PAP dijo que “Fernando Olivera ha sufrido la unión de todas las fuerzas de izquierda y de derecha en contra de su nombramiento como canciller. Esperamos que el presidente Alejandro Toledo no cometa el mismo error de colocar gente en el Gabinete que no alcance el consenso necesario”.

Desde los dos partidos principales de la oposición de la oposición se aprovechó el episodio para atacar, tanto a Olivera, como a Toledo, como a Ferrero: “Lourdes Flores y Alan García, líderes de los principales partidos de oposi­ción, dijeron que Olivera debe apartarse del poder por el bien del país. Además, Flores, presidenta del conser­vador Partido Popular Cristiano arremetió contra el ex jefe de Gobierno. La serie de vacíos de poder generados por la debilidad de la investidura presidencial que no fue cubier­ta por Carlos Ferrero, dijo, ge­neraron un cada vez mayor pro­tagonismo del FIM.”[12]

Por otro lado, el líder del APRA, Alan García, calificó de nefasta la alianza FIM-Perú Posible. “Esta alianza de dos personas —Alejandro Toledo y Fernando Olivera— hundió to­do el sistema político. En cuan­to se juntan la maldad, la menti­ra y el odio nada duradero se puede construir a partir de ello”[13]. García, además, exhortó al presidente peruano a nombrar un Gabinete de consenso con personalidades independientes y que garantice la neutralidad de las elecciones generales del abril próximo, cosa que no ocurrió.

A partir del momento en que Ferrero dimite, se abre una crisis en la que Toledo dilapida parte de la popularidad que había obtenido a consecuencia del buen momento económico[14] (Según el País, finales de julio había alcanzado cerca del 20% de popularidad, mientras que a lo largo de su mandato su media había rondado el 10%; IPS News da las cifras de 16% y 8%).

Días más tarde (17-08-05), El País recoge las mismas cifras en un artículo titulado La crisis peruana fulmina la popularidad de Toledo, en el que menciona un estudio según el que “para el 51% de los peruanos el principal responsa­ble es el presidente.”. Además, menciona otros problemas que lo acucian, a el y a su entorno:

“Una vez más, Toledo pone de manifiesto su voluntad suicida. Tras cuatro años de sobresaltada gestión, todo parecía indicar que, pese a los pronósticos, terminaría su mandato en julio de 2006 con relativa tranquilidad. Las denun­cias de corrupción en su entorno más cercano —tres de sus herma­nos tienen procesos penales y su ex asesor, César Almeyda, está pre­so— y su frivolidad lo colocaron muchas veces en la cuerda floja, alcanzando niveles de rechazo del 90%. El pasado 28 de julio, sin em­bargo, inició su quinto y último año con una aceptación del 20%. Los indicadores económicos le son­reían. Pero se disparó a los pies.” (El País, 17 de agosto de 2005)

Estas circunstancias personales, recuerdan aquellas con las que Toledo llegó a la Presidencia: aparición de una hija no reconocida legalmente, farra disimulada como intento de secuestro, manejo oscuro de fondos de campaña[15]. Ciertamente los meses que le quedan de Presidencia no van a ser un camino de rosas.

La siguiente tarea para Toledo encontrar un nuevo candidato. Diferentes encuestas iban apareciendo en los medios. En la que aparece en La República el día 14 de agosto, Fujimori aparece mejor valorado que Toledo, Alan García y Lourdes Flores, así como que la mayoría de candidatos a primer ministro. Los nombres que más suenan en los medios son Kuczyinski, Waisman y Pease.

 

El editorial de Peru21, apoyaba el día 15 de agosto la elección de Henry Pease, al que consideraba –dada su anunciada retirada de la política en julio de 2006-, un candidato al que definía como “Es un político curtido, preparado para la concertación -aunque un poco cascarrabias-, con capacidades administrativas y respetado por Perú Posible y por la oposición. Sería, en ese sentido, lo más parecido al Valentín Paniagua que se necesitó en 2001 para liderar una transición ordenada.”[16]

Fiinalmente, el día 18 de agosto, Toledo se decidió por el ministro de economía, Pedro Pablo Kuczynski (conocido como PPK en la prensa), el candidato mejor situado en las encuestas[17]. Kuczyinski era ministro de Economía en el gobierno dirigido por Ferrero y tiene mejor imagen que el propio Toledo. Se incorporaron al gobierno seis nuevos nombres, a la vez que se confirmó en sus cargos a los nueve ministros restantes.

Algunos analistas creen que Kuczynski quiere ser Presidente de la República, para lo cual debería dimitir en breve, lo que generaría una nueva crisis de gobierno. El ex viceministro de interior, Basombrío, no obstante, pronosticó en declaraciones a la prensa[18] que “pasada esta crisis habrá protestas y cierto movimiento en las calles, pero que, en rigor, no debería pasar nada grave. Por supuesto, si es que el presidente no vuelve a hacerse el harakiri político”. Para ello, tampoco le queda mucho tiempo, además de que cuenta con la ventaja de que, al ser su popularidad tan baja, no puede caer demasiado. Sus adversarios están esperando el día de su partida del mismo modo que la ciudadanía, con paciencia y resignación.

 

  1. Consecuencias y conclusiones

 

Una visión superficial sobre los acontecimientos políticos desarrollados en el Perú en la semana de la crisis de agosto de 2005, podría llevarnos a la conclusión errónea de que la crisis de gobierno que se produjo entre el día 12 y el 18, pudiera tener un carácter meramente coyuntural o que el motivo de la misma fuera tan sólo la idoneidad para ejercer los cargos de ciertas personas o la continuación de viejas rencillas personales.

Ciertamente, el personalismo (podría decirse incluso caudillismo) que ha caracterizado la política peruana a lo largo de las últimas décadas ha tenido una influencia notable en el proceso. La personalidad de Alejandro Toledo, que ha gobernado el país los últimos años con unos índices de popularidad más bajos que los de ningún otro presidente latinoamericano, y su “impulso suicida”, al tomar la decisión de nombrar canciller a Olivera. Es claro que más allá de las estrategias políticas a largo plazo, decisiones tácticas tomadas en un momento concreto pueden contribuir a generar una reacción contraria, que es poco previsible cuando quien toma la decisión está “aislado en lo alto”, pero también lo es que la configuración institucional presidencialista, en la que un solo individuo tiene grandes cotas de poder, favorece la toma de decisiones personalistas, que después no son corroboradas por otros actores importantes, produciendo crisis.

El hecho de que el Congreso sea una cámara dividida y desestructurada, en la que los 120 se dividen entre 11 partidos y en la que Perú Posible necesita el apoyo de otras fuerzas, tiene mucho que ver con el desarrollo de esta crisis. Al fin y al cabo, el grupo de Perú Posible en el Congreso sólo cuenta con 45 representantes, por lo que los 11 del FIM han sido de gran ayuda. Esta ayuda se paga y el precio político puede resultar, como ha sido el caso, caro.

“Tres días, apenas tres días bastó para que la alianza entre Perú Posible y el Frente Independiente Moralizador (FIM) pase de ser un matrimonio feliz a un divorcio de consecuencias insospechadas”[19], escribe Flor Huilca. El FIM ha pasado del gobierno a la oposición, Olivera se mostró dolido ante la prensa y anunció que el FIM no volverá nunca más al gobierno, a la vez que se declaró víctima de un “asesinato político” del que culpó a Carlos Ferrero.

Ciertamente, las relaciones entre el Perú Posible y el FIM ha  quedado muy dañadas, aunque se observan algunas actitudes posibilistas en Perú Posible[20], mientras que otros sectores se muestran más solidarios con el que acababa de dejar de ser socio de gobierno.[21] Parece que el Perú Posible puede sufrir un descalabro en las elecciones legislativas, cosa que intentará evitar Ferrero, su probable candidato.

 

Este divorcio está calculado con vistas a las elecciones que se celebraran el próximo año y el ruido de espadas pre-electoral. Habrá que ver si del nuevo Congreso surge un sistema de partidos sólido, que va a ser del Perú Posible y del que ha sido su socio, el FIM, si puede haber un gobierno conservador presidido por Lourdes Flores, candidata capaz y la mejor situada en las encuestas o si puede ser el momento para el retorno de Alan García, aunque parece que lo más probable sea un duelo entre Valentín Paniagua y ella.

En resumen, alguien que ha gobernado durante 5 años con tan poco apoyo como Toledo, puede agotar su mandato en abril finalizando su recorrido sin pena ni gloria, a la vista de que, para la opinión pública, la situación tan sólo parece tan mala como de costumbre y los peruanos no albergan esperanzas de que llegue algo mejor. Sería deseable que las elecciones clarificaran algo en panorama político peruano, pero lo más probable es que no sea así y que sean necesarias grandes reformas para limitar la fragmentación en el Congreso y encontrar un mayor acomodo institucional entre la Presidencia y el resto de actores políticos de la República

  1. Bibliografía

 

ALCÁNTARA SÁEZ, Manuel: Sistemas políticos de América Latina (2 vol.) Tecnos, Madrid, 2003.

DÍAZ-ALBERTINI FIGUERAS, Javier: La participación política de las clases medias y las ONGDs en el Perú de los noventa, en Revista América Latina Hoy, 28, 2001, pp. 115-147.

GARCÍA MONTERO, Mercedes: La década de Fujimori: Ascenso, mantenimiento y caída de un líder antipolítico en Revista América Latina Hoy, 28, 2001, pp. 49-86.

MELÉNDEZ GUERRERO, Carlos: Último mapa político. Análisis de los resultados de las elecciones regionales de 2002. Instituto de Estudios Peruanos, Lima

PÁSARA, Luis: Perú, después de las elecciones, en Revista América Latina Hoy, 28, 2001, pp. 87-98.

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Prensa

Diario Oficial El Peruano, El Comercio, El País, IPS News online, La República,

Perú21


[1] Los 120 escaños de los que se compone el Congreso de Perú se oponen a la lógica demográfica, ya que parecen pocos para un país de unos 28 millones de habitantes (2002). La razón de esta composición está en el fundamento antipolítico del gobierno de Fujimori (como la política y los partidos son algo malo, cuanto menos representantes haya, habrá menos políticos).

[2] También conocido por su nombre original: APRA, (Alianza Popular Revolucionaria Americana) con el que fue fundado en los años treinta por Víctor Raúl Haya de la Torre.

[3] De hecho, hoy todos los sucesos acaecidos durante el período de Fujimori están en tela de juicio, ya que el nivel de corrupción fue de tal magnitud y afectó a tantos sectores de la sociedad que no hay certeza de que los procesos electorales anteriores al del 2000 fueran limpios.

[4] En septiembre de 2004, Olivera, a quien Toledo considera su ”aliado más leal”, fue captado por la prensa cuando hacía gestos obscenos en plena vía pública contra manifestantes que lo recriminaban frente a un hotel limeño, y en abril pasado agredió a una periodista que quiso entrevistarlo (IPS News online, 17 de agosto 2005).

[5] El Comercio, 14 de agosto de 2005

[6] La República, 14 de agosto de 2005

[7] Aunque en el momento de su dimisión, según las encuestas tenía un índice de aprobación del 57% y de desaprobación de tan sólo el 30%,altos para lo que es la cultura política peruana. Para Ferrero eran 22% y 63%.

[8] El País, 13 de agosto de 2005

[9] El País, 14 de agosto de 2005

[10] “Nuestra alianza siempre ha sido con el Perú y va a continuar así, por eso, vamos a otorgar gobernabilidad con moralidad cuando sea necesario.”

[11]  “Estoy dolido, muy dolido, por el odio que han destilado los personajes con sus medios aliados y campañas difamatorias, en este linchamiento general a mi persona.” (El Peruano 14/09/05)

[12] El País 14 de agosto de 2005

[13] El País, 14 de agosto de 2005

[14] El País, 14 de agosto de 2005

[15] Pásara, Luis (2001:89)

[16] Perú21, editorial, 15 de agosto 2005

[17] En una encuesta publicada en el diario “El Comercio” del dia 14 de agosto, Kuczynski aparece como el candidato mejor situado por los encuestados (39% de acuerdo con que sea el próximo primer ministro). Otros candidatos que aparecen son David Waisman (33%), Henry Pease (24%), Javier Sota Nadal (15%), Javier Reátegui (13%) y Juan Sheput (12%). Es de destacar el alto nivel de desacuerdo con cada uno de los candidatos: 51%, 56%, 59%,51%, 58% y 61% ilustrativo del carácter antipolítico de la opinión pública peruana. En la misma encuesta, un 77% se pronuncia a favor de que el nuevo primer ministro sea un independiente (7% miembro de la oposición, 7% miembro de Perú Posible)

[18] IPS News online, 17 de agosto 2005

[19] La República, 14 de agosto de 2005

[20] “La política es el arte de lo posible. Entendemos las palabras de Olivera como fruto del dolor que siente ahora”. Hugo Garavito, Secretario de Ideología de Perú Posible; “El paso al costado de Olivera  abre un camino para la superación de la crisis y la renovación  del gabinete ministerial” Daniel Mora. Dirigente de Perú Posible, en La República, 14 de agosto de 2005

[21] “La lealtad es un valor que debe rescatarse en la política”; Juan Sheput. Ministro de Trabajo y Dirigente de Perú Posible,

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