¿Estuve en Azerbaiyán?

Bandera de Azerbaiyán

Creo que nunca he estado en Azerbaiyán, pero voy a exponer el caso por si las razones convencieran a otros. Una vez que uno empieza a recorrer el mundo es difícil responder a la pregunta de por cuántos países ha pasado. Las razones son varias. Hay zonas que no sabe uno muy bien cómo definir (en mi caso Gibraltar, para otros puede ser Kosovo, pero es que he llegado a ver gente que cuenta las islas Canarias como un país separado), luego están los microestados (¿es realmente Ciudad del Vaticano un país? – un Estado no deja de ser una ficción, pero ¿un país?), también hay gente que cuenta a las cuatro naciones de la Gran Bretaña por separado, por una convención que creo que en la actualidad tiene más que ver con el mundo del deporte que con otra cosa. Los nacionalistas tienen un trabajo especialmente difícil, sobre todo si se ponen solidarios los unos con los otros (mis amigos vascos, con los catalanes, gallegos, flamencos, corsos, bretones, alsacianos). Eso sí, los que consiguen su Estado suelen olvidarse de los antiguos camaradas.

Fue después de comprar mi billete con British Midlands International (BMI) para ir a Georgia cuando me di cuenta de que el vuelo pasaba por Bakú, antes de llegar a Tiflis. Pequeña escala técnica y algo más de un par de horitas de propina. Quizá por eso era tan barato. ¿qué más daba, si total, me iba a pasar en el avión todo el día? Luego incluso me hizo ilusión – “voy a estar en Azerbaiyán”. Yo había desechado ese país en el recorrido caucásico del land-rover camperizado, debido a las trabas burocráticas de los visados y la falta de tiempo.

Londres-Bakú-Tiflis

Mi única experiencia en una escala técnica fue en un vuelo de la Lufthansa entre Fráncfort y la Ciudad de Ho-Chi-Mihn, que paraba en Bangkok. Bajamos del avión y estuvimos alrededor de una hora en una sala de espera de Suvarnabhumi. Dio tiempo a sacarse unas fotos con un cartel del rey de Tailandia y una especie de pagoda decorativa y ver algunas tiendas, mientras el avión repostaba y los eficientes empleados lo aseaban. Me esperaba algo así. Mi pequeña foto de recuerdo con la bandera de Azerbaiyán o con algo escrito en azerí.

Pero nos informaron de que el avión se quedaría en la pista durante 45 minutos y repostaría con el pasaje en su interior. No sé si entró algún pasajero, desde luego en la zona en la que yo me sentaba no había nadie nuevo. Diría que no. Es probable que no tengan licencia para vender billetes entre ambos países transcaucásicos. Eché un vistazo al exterior, pero ya era de noche y todo se veía como gato negro en pozo de petróleo. Ni siquiera me dió por tomar una instantánea.

Del mismo modo que la primera vez que estuve en el aeropuerto de Bangkok no estuve técnicamente en Tailandia (no hay visado de tránsito, ni sello en el pasaporte ni nada), en esta ocasión la ausencia es aún mayor. Creo que si hubiera cometido algún delito en la terminal tailandesa me hubieran juzgado con las leyes del lugar, mientras que de hacerlo dentro del avión en la pista del aeropuerto aún hubiera sido juzgado de acuerdo a la legislación inglesa.

Luego en Armenia hubo otros tres momentos en los que estuve cerca de estar en Azerbaiyán. La extinta República Soviética de Azerbaiyán tenía tres enclaves dentro del territorio armenio. En azerí transliterado al español se llamaban Karki, Barjurdali y Yujari Askipara y hoy en armenio Tigranashén, Azatamut y Verin Voskepar. Hoy tienen nombres armenios porque en la guerra de 1991 Armenia logró quedarse con ellos, a la vez que con el territorio de Nagorno Karabaj (Artsaj dicen los armenios) y zonas de Azerbaiyán que lo rodeaban.

Enclaves de Azerbaiyán en Armenia (en teoría)

Este territorio es de hecho (de facto) armenio, pero la comunidad internacional no reconoce otras fronteras que las de las repúblicas soviéticas, por lo cual se podría decir que según la ley de muchos países hemos pasado por lo que por derecho (de iure) es Azerbaiyán. Supongo que si alguna vez se cierra el contencioso del Alto Karabaj este detalle de los enclaves (además del Karabaj, también había un pequeño enclave armenio –Artsvatashén– en Azerbaiyán) será la parte más sencilla de resolver.

Ahora bien, ¿qué ocurre si hemos pasado por allí pero no hemos estado allí? Podría darse el caso de que no hubiéramos detenido el vehículo y puesto el pie sobre el terreno. Esta era una regla antigua que tenía para determinar en cuántas provincias españolas había estado. Hay algunas cuyas carreteras he recorrido pero que no he hollado y no cuento mi presencia en ellas. Es una versión terrestre del avión estacionado en la pista del aeropuerto Heydar Aliyev.

Sí que pisamos Yujari Askipara/Verin Voskepar y allí acaeció una historia curiosa, que ya tendré ocasión de contar. Luego hubo otra ocasión en la que estuve cerca de estar en Azerbaiyán. Fue en una calle de Tiflis. A ciertos efectos, que no a todos, las embajadas se consideran territorio soberano del país al que representan. Estuve en la cola de la embajada azerbaiyana junto a mis amigos argonautas, esperando a ver si les tramitaban el visado. La verdad es que yo no llegué a poner el pie en el recinto y me limité a observar todo desde la verja de fuera. A ellos los hicieron pasar y sentarse en un banco que hay en un jardincito interior. Habría otra veintena de personas en el tumulto.

Luego les iban haciendo pasar por grupos con el formulario relleno. Llegaban a una puerta desde donde los atendia un funcionario desde detrás de una reja. No les dio ninguna opción. Al parecer, desde julio sólo es posible obtener el visado azerbaiyano con una carta de invitación que sólo se puede obtener a través de las agencias de turismo aprobadas por el gobierno de Azerbaiyán, pero tampoco les quisieron indicar el nombre o la dirección de ninguna. Esto alteró los planes de mis acompañantes de cruzar el Caspio y tras separarnos el día siguiente volvieron a atravesar Armenia hasta Meghri para intentar obtener un visado de tránsito iraní, plan que también resulto fallido. Hoy han comprado boletos aéreos desde Yereván a Tashkent, renunciando a la Argos. Todo por culpa de la embajada de Azerbaiyán.

Nunca he estado en Azerbaiyán y viendo lo visto, no creo que vaya.

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10 Responses to ¿Estuve en Azerbaiyán?

  1. […] Ya era de noche cuando el vuelo de BMI hizo su escala en Bakú, y más noche aun cuando aterrizó en Tiflis. Como no hace falta visado, el tramite burocrático […]

  2. […] Azerbaiyán. Ya dije que este era uno de los casos dudosos por los que podría llegar a decirse que hemos estado en Azerbaiyán, aunque en este en concreto no cumplimos con la regla del pie en tierra. El recorrido de aquel […]

  3. […] a Kirants la carretera pasa no ya por un enclave sino por terreno del propio Azerbaiyán. Esta es otra de las ocasiones discutibles en  las que se puede decir que hemos estado en el país enemigo. Nunca estábamos seguros de […]

  4. […] la mañana del 26 de agosto fue acercarnos a la embajada de Azerbaiyán, en la calle Kipshidze. Fue un episodio que no contribuyó a aumentar nuestra simpatía hacia el país. Allí mostraron a mis compañeros […]

  5. […] El jardín que hay junto a la carretera lleva el nombre de Heydar Aliev, el primer presidente de Azerbaiyán, país al que estamos empezando a coger bastante manía. Los baños termales de Abanotubani desde […]

  6. […] El jardín que hay junto a la carretera lleva el nombre de Heydar Aliev, el primer presidente de Azerbaiyán, país al que estamos empezando a coger bastante manía. Los baños termales de Abanotubani desde […]

  7. […] que me colocaran en un asiento de los de salida de emergencia, con más espacio para las piernas. A diferencia de la primera, esta vez sí que pude ver algo en Bakú, aunque sólo fuera la pista del aeropuerto, un alminar, […]

  8. […] escrito a lo largo del mes de septiembre está todo lo que sucedió en los tres países, aunque la presencia en Azerbaiyán siga siendo más que discutible. Me ha parecido conveniente hacer una especie de índice para […]

  9. […] guerra de Crimea que se celebró a unos cientos de metros de mi casa. Me volví del Cáucaso con la duda de si había estado en Azerbaiyán. […]

  10. […] que nunca me había planteado. De las lecturas previas y posteriores al paso por Georgia, Armenia e incluso podía decirse que Azerbaiyán me quedó la voluntad de leer el “Ali y Nino” y con gran fortuna esta […]

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