Escalera a ninguna parte

Cuando uno está frente a la catedral florentina de santa María de las Flores, esquivando a los japoneses y haciendose hueco para poder ver los dorados de la puerta del baptisterio, apenas tiene tiempo para el síndrome de Stendhal. Ve algún detalle en la fachada de marmol, busca una vista de la cúpula desde la calle más allá. Es demasiado como para que los sentidos puedan procesarlo todo. Es casi imposible darse cuenta de que en lo alto de la fachada hay una escalera que conduce a ninguna parte.

Fachada

Escalera

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