Yereván (II): La Cascada

22.08.2011 En el momento de la revelación estábamos en la plaza de la Ópera. Obviando los museos y galerías y todos esos otros sitios en los que se paga por entrar, miranba el plano de Yereván en la convicción de que ya habíamos visto todo lo visible en la ciudad… cuando de pronto recordé lo que había leído sobre la Cascada. Me dieron pena estos pobres, a los que ya se ls notaba la fatiga acumulada, pero de todos modos me los llevé a la carrera para allí porque estaba oscureciendo. Soy así de cabrón.

La Cascada y la estatua de Mesrop Mashots

La Cascada es en realidad una escalera sobre una colina. Debajo de las escalones hay salas de un centro de las artes. Esto no siempre ha sido así, la Armeniapedia nos indica que la construcción se inició en la década de 1970 con la intención de que fuera un monumento, pero que unos veinte años más tarde acabó convertida en zona discotequera.

Juanito y Jorgito iniciando la ascensión

Y que en la actualidad pertenece a un señor mecenas estadounidense llamado Gerardo Cafesián, que la compró y es el que ha organizado el centro de las artes. Lo interesante es que la escalera y los jardines que tiene delante se han convertido en un punto neurálgico de la ciudad en el que se concentran numerosas obras escultóricas de autores famosos, y también los yerevanitas para oir conciertos.

Las dos cumbres del Ararat desde la Cascada de Yereván

En cuento uno empieza a subir puede apreciar a lo lejos las dos cimas del Ararat gobernando el horizonte de la capital armenia. Uno ha de oír o leer hasta la saciedad cosas como  que en la actualidad el Ararat está en Turquía, pero que sigue formando parte del legado espiritual del pueblo armenio. Y también lo del Arca de Noé. Y lo de que los armenios descienden de Hayk el nieto, o biznieto o tataranieto de Noé.

Yereván oscura

Al pobre Jorge, que estaba malito, le hicimos la putada de subir raudos y veloces como hacía por aquellas semanas la prima de riesgo de la deuda española. Yo quería llegar a lo más alto antes de que oscureciera por completo y lo conseguimos por poco. La Cascada es una obra inconclusa, en la parte de arriba hay cimientos y grúas trabajando. Básicamente hay un momento en que deja de haber escalones y uno cruza por el asfalto y sube a una plataforma que hace muy bien las veces de mirador.

Allí hay un monumento que parece una bomba que ha quedado clavada y sin explotar, pero representa la fealdad del cincuentenario de la Armenia soviética. En varios mapas aparece, y lo he leído también, que allí al lado está el Gladiador de Fernando Botero, pero les aseguro que lo he visto abajo del todo. Me imagino que lo habran cambiado de sitio, pero si alguien ha subido todos los escalones con la sola intención de verlo, ruego que deje un comentario.

Gato y nene

Abajo también hay un gato del genial colombiano amante de la gordura. Fue por esas alturas del mirador cuando me di cuenta de que había perdido la mayoría de las fotografías del día que vinimos de Tiflis. Con gran pragmatismo decidí hacer menos, por si la cámara estaba rota o algo. En Estocolmo en enero de 2002 también vi muchas esculturas de Botero en la calle y perdí el carrete de la cámara analógica que llevaba por aquel entonces. No creo que sea una señal para que me dedique a las bellas artes.

A este amante de los alfabetos, le pareció que la escultura más interesante que había en la zona de la Cascada era la creada por el artista español Jaume Plensa, que seguro que tiene algún significado profundo, pero que a mí me recuerda el sabor de la sopa de letras que me hacía mi madre hace tantos años. Es lo que tiene apelar al subconsciente del inconsciente.

Sopa de letras

También volví a ver la liebre de Barry Flanagan, que es un caballero que montó una exposición en Dublín en 2006, a causa de la cual las calles se llenaron de conejos. Es más, yo juraría que esta liebre de la campana es la misma que estaba en la calle O’Connell.

Yereván 2011

Dublín, septiembre de 2006

Por suerte le había hecho una foto desde el autobús el día de la final del fútbol gaélico. Es curioso que nos hayamos reencontrado tan lejos después de casi cinco años.

La liebre desde el lado contrario (Dublín 2006)

Y por seguir con animales, otra estatua que me gustó mucho es la que representa las fases del salto de un antílope.

El salto de la cabra

A mí me gustaba pensar que yo era el más friqui de los tres sobrinos del pato Donald, pero bajando del mirador a mis camaradas se les ocurrió contar los escalones. Mi déficit de concentración me impide tales proezas: siempre que he intentado contar pasos he fracasado vilmente. Después de más de seiscientos escalones coincidieron en el número. Eso me sorprendió así que ciego de envidia y animado por el éxito me puse a contar yo también, aunque cuando llegamos abajo del todo cada uno tenía un número distinto. Digamos que la Cascada tiene entre setecientos y setecientos treinta escalones. Esperemos que las obras concluyan y que en el futuro tenga más.

Ese día intentamos volver por un atajo y acabamos rodeando el Parlamento y dando una vuelta más larga aún. El Parlamento está bien como edificio, pero eso sólo lo descubrimos al día siguiente porque de noche no luce mucho. A pesar del rodeo no tuvimos problemas para encontrar las escaleras que dan acceso a la calle Demirchián y nuestro querido apartamento.

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4 Responses to Yereván (II): La Cascada

  1. […] melancólico de las bandas sonoras. Muchos músicos callejeros lo utilizan y, por ejemplo, en la Cascada de Yereván la música de ambiente que sale por los altavoces, es música de duduk. El gran solista del duduk […]

  2. […] lugar tiene estupendas vistas hacia Yereván. Habíamos visto la estela desde la Cascada, a la que hay dos kilómetros y medio en línea recta, aunque llegar por tierra sea bastante más […]

  3. […] Yereván (II): La Cascada […]

  4. […] Tras pasar un rato en la tienda he salido a darme una vuelta por los jardines. He descubierto que hay por aquí una de esas liebres que poblaron la ciudad en 2006 (arte que comenté al encontrarme una de ellas años después en Yereván). […]

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