Contando pasos

Mi gráfico en algún momento intermedio

El mes pasado acabamos un experimento que estábamos haciendo en el trabajo. Otros hablarían de competición o desafío, pero era más la curiosidad que el afán de victoria lo que me llevó a tomar parte. Era un proyecto para el cual nos comprometimos a llevar un aparato pegado al cuerpo durante más de tres meses y registrar el número de pasos que dábamos cada día. Se llama el Global Corporate Challenge, y en él participan gentes de todo el planeta alineadas en equipos patrocinados por sus empresas. Estas corporaciones lo hacen para mantener a sus empleados en forma, por todo lo que conlleva. Como medida complementaria nos empezaron a traer fruta a la oficina todos los días y aunque el GCC concluyó la fruta sigue llegando.

Nos dieron dos aparatos a cada uno. En las instrucciones en inglés decía que se llamaba pedometer, que a mí me sonaba como a algo para medir niños; mientras que en las instrucciones españolas decía podómetro, que es más como para medirse los pies. A lo mejor le cambiaron la e por la o para que no pareciera que era para medir ventosidades. No sé por qué no se llama simplemente cuentapasos, como el cuentakilómetros. Entendería pasómetro si midiera la longitud de cada paso, pero no se trata de eso.

Certificado

Total, que al final de cada día debía anotar en la página oficial el número de pasos que había dado. Cada día intentaba hacer no menos de 12.000. En ir y volver del trabajo tenía aproximadamente unos 6.000, en la oficina hacía unos 2.000, si salía a comer fuera hacía otros 3.000 y con poco más que hiciera no solía tener problemas para llegar. El día que menos hice fue un sábado de mal tiempo en el que me quedé en casa casi todo el día y no llegué a 7.000 y el que más unos 24.000 andando por las montañas de Escocia en junio.

Un aspecto interesante de esto es que yo nunca había tenido ni la más mínima idea de cuántos pasos daba al día. Me podían decir que eran dos mil o un millón y me lo hubiera creido igual. Ahora en cambio, el paso es una unidad de distancia. Sé que de mi casa a la parada del autobús hay 1.750 pasos, de donde me deja el bus a la oficina 950 y también conozco las distancias por muchos sitios por los que paso. Incluso para recorrido poco habituales ahora las puedo calcular sin equivocarme demasiado.

El experimento duró exactamente 111 días, en los cuales hice 1.394.798 pasos, a razón de 12.565 al día. Esto supone 893 kilómetros, es decir unos 8 kilómetros al día, que no está mal del todo. Sobre todo si me comparo con otros miembros de mi equipo que hacían apenas la mitad. De hecho, de las siete personas que estábamos en el equipo había una chica que hacía entre veinte y veinticuatro mil pasos al día, luego yo, que quedaba en la media y los otros cinco miembros bastante por debajo.

Una cosa que me gustaba bastante de la página oficial del asunto era que las distancias que uno iba anotando quedaban marcadas en un mapa de Google Maps. Se sumaban a diferentes etapas que íbamos haciendo por el mundo. Comenzamos en Nueva Zelanda y llegamos hasta Rosario (Argentina) y por eso en mi certificado aparece la imagen del Che, como reflejando que el hecho de que esta era una lucha cargada de buenas intenciones pero no por ello menos absurda.

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