Sunday el nigeriano

Mapa elecciones presidenciales Nigeria 2011

Hace unos meses comenzó a trabajar con nosotros un nigeriano, para sustituir una baja de maternidad. Un tipo simpático, muy vital. A la gente le hacía gracia que se llamara Sunday, y a mí también, hasta que me di cuenta de que Domingo es un nombre en español. Por aquel entonces se habían celebrado las elecciones presidenciales nigerianas, con victoria de Goodluck Jonathan, que también parece gracioso, hasta que uno se da cuenta de que Buenaventura es otro nombre español.

Tenía cuarenta y dos tacos y cuatro vástagos, pero creo que parecía más joven. De hecho nuestro rincón de la oficina es bastante oscuro y tardé algún tiempo en aprender a leerle los rasgos de la cara. Respecto a sus hijos, que viven con la mujer en otra ciudad, un día me contó el nombre de cada uno y todos significaban algo que tenía que ver con Dios. Era un hombre devoto y siempre acudía al servicio religioso dominical. De hecho, tuvo un accidente de coche yendo o volviendo de una de esas misas a causa de que el bebé de unos correligionarios, comenzó a vomitar en el asiento trasero y él se fue contra el auto de delante. Experiencias que a los que no tenemos fe nos la quitarían de inmediato, pero en fin, habrá que decir que gracias a Dios no hubo males mayores.

Lo que no me gustaba nada de él, es que parecía muy preocupado por el dinero y la apariencia. Tenía un cochazo y vestía bien, con ropa que entiendo que es cara. De hecho he leído que en Nigeria existen unas iglesias cristianas que se conocen como cultos de prosperidad. Nada de la religión de los pobres. Hace años vi una revista de la comunidad nigeriana en Dublín, y la pose típica del entrevistado era sentado en el capó del coche de alta gama, delante de su casa.

Relacionado con esto: me sorprendió que a las dos o tres semanas de empezar a trabajar allí me pidiera pasta (¿doscientos euros?), que no le presté con no sé qué excusa, pero que en realidad era porque no le conocía de nada y no me gustaba su actitud materialista más todo el racismo que se me quiera atribuir. Me pidió dinero dos veces mas, sin éxito. Una vez cincuenta euros, y coincidio en tiempo y lugar con la excusa perfecta, por auténtica (sólo llevaba unas monedas encima) y la tercera vez no me pilló de improviso  y como ya había reflexionado sobre el asunto y había decidido que ni agua, le dije directamente que no con una sonrisa. Fue un viernes en la cantina mientras desayunábamos juntos.

Nunca he llegado a saber si de verdad tenía problemas de dinero, o si en África es normal pedir prestado a personas a las que apenas conoces. Tengo la conciencia tranquila, en el sentido de que veía su nivel de vida y sabía que tenía un salario como el mío. No parecía faltarle de nada: A los cuatros críos los tuvo de vacaciones en Tejas todo el mes de agosto. En  casa de una hermana,vale, pero los pasajes cuestan tela. Y bueno, eso fue todo lo que lo conocí. Hablaba con él entre cinco y diez minutos todos los días, que es más que lo que lo hago con otra gente de la oficina. Algún otro viernes de desayuno, le tiré algo de la lengua para que me contara historias de Nigeria, de la situación política y las tensiones étnicas y de la guerra de Biafra. No saqué mucho en claro, apenas que era yoruba y que su visión de los otros grupos del país estaba basada en estereotipos (“los ibo son buenos en los negocios, los yoruba en la educación”). Me pareció simplista hasta a mí, que no tengo ni idea de las cosas africanas.

Otro detalle que no me gustaba nada, y está relacionado con la vacuidad y la apariencia, era la costumbre que tenía de intervenir en cualquier reunión de trabajo, aunque no tuviera nada que decir y sólo para que se le viera. En realidad, estoy hablando en pasado, porque Sunday ha conseguido que le echen de la empresa. Al parecer era nulo, pero no lo puedo decir por propia experiencia porque aunque estábamos en el mismo equipo nos encargábamos de cosas totalmente diferentes. La versión oficial es que se le ha acabado el contrato, pero mi jefa  encontró su perfil de Linkedin y en él había puesto que llevaba tres años en la compañía. Para hacer esto hace falta ser mendrugo. Parece que además en los últimos tiempos se había estado llevando papel con membrete. Pero todas estas cosas las sé por conductos extraoficiales. Lo que me sorprende es cómo pudo pasar tres entrevistas siendo tan malo. ¿Tanto viste la corbata?¿y la palabrería?

En fin, espero que tenga la buena ventura que lleva su presidente en el nombre. Mi jefa dice que tenía que haberlo echado antes, pero que le daba cosa por lo de los cuatro críos y todo el desempleo que hay. Puede que haya tenido suerte, porque de todos modos se le acababa el contrato en enero y no están renovando a ningún eventual. A ver si le sale algo pronto al hombre, y mejor si es donde vive la familia y no a doscientos kilómetros.

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2 Responses to Sunday el nigeriano

  1. […] alfanje alfileres, alfombras, alfajores… « Sunday el nigeriano […]

  2. […] lo que escribí en octubre puede que lo recuerde como el mes en que nos llegó la tableta o que echaron del curro a Sunday Obasanjo. Lo primero que hice público fue una partida de ajedrez callejero que disputé en Georgia: la […]

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