En tiempos de Hitler

Demolición del Deutschlandhalle

Un día mencioné de pasada, y si no lo hice lo hago ahora, que soy miembro de una asociación cultural cuya sede se encuentra en la planta baja de un edificio de viviendas y que en un momento dado, hará una veintena de años, se produjo un conflicto con los copropietarios del inmueble, que precisaban de un pequeño trozo de nuestra planta para acometer las obras de instalación de un ascensor. El edificio, de seis alturas, se construyó en 1958 sin este complemento hoy considerado esencial.

El caso es que en las discusiones para la cesión de esos pocos metros cuadrados un vecino dijo varias veces lo de “llevamos con esta situación desde el franquismo”. Bien. Con dos cojones. No le valía con decir más de treinta años o lo que fuera. Parecía que mentar al mal absoluto le cargaba de razón en algo en lo que realmente no la tenía, aunque finalmente se acabara saliendo con la suya. Probablemente hoy en día se le habría añadido algo de gender perspective al argumento emocional, ya que la ausencia de elevador afecta sobre todo al ama de casa que vuelve al hogar cargada con las bolsas de la compra.

Hoy me he encontrado con una pequeña nota en El País que trata de la demolición del Deutschlandhalle, un edificio polideportivo multiusos berlinés construido en la década de 1930. Yo lo digo así porque la razón del derribo es que el edificio es viejo y no está en condiciones. En cambio, el país prefiere “un edificio construido en tiempos de Hitler”. Bien otra vez. O sea, en algún momento entre 1933 y 1945  si tomamos en cuenta el tiempo en que Hitler estuvo en el poder. O quizá entre 1923 si tomamos como referencia el putsch de la cervecería, cuando su figura empieza a tomar relevancia o 1889 si preferimos pensar en su año de nacimiento. Probablemente lo primero de todo.

En los tiempos actuales, cuesta menos de diez segundos saber que el edificio se construyó en nueve meses y fue inaugurado por Hitler el 29 de noviembre de 1935. No creo que le debamos exigir a la prensa seria menos precisión que el año. Es que además el edificio lo tiran porque está viejo, y no porque tuviera nada que ver específicamente con el nazismo.

Cada vez que uno lee la palabra “franquismo” puede estar casi seguro de que se encuentra frente a una vaguedad moralizante y cada vez que uno lee el nombre “Hitler” lo más probable es que se encuentre con una comparación que no viene a cuento o una generalización de estas. Son dos términos que casi quitaría del libro de estilo.

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