La fiesta de navidad

El viernes pasado se celebró la fiesta de navidad de mi empresa. Era 2 de diciembre pero ¿qué más dará?. Este año vi el primer arbolito navideño el día 1 de noviembre, en un centro comercial que tengo cerca del trabajo. La navidad ha pasado de ser un día a ser una semana, luego casi dos, después un mes y ahora se acerca al trimestre. Son las necesidades de la economía, supongo.

La fiesta de navidad de la empresa se celebra a principios de diciembre por razones económicas (cuanto más tarde es más caro) y también de aforo (en la navidad del calendario, mucha gente parte hacia sus familias y no están dispuestos a renunciar a eso por tan importante acto social). Creo que en España cada vez se va extendiendo más esta tradición de la cena de navidad de la empresa, y creo que no me equivoco si digo que es una cosa yanqui y que lo español de toda la vida era el lote o cesta con productos navideños; pero tampoco me sorprendería si me dicen que hay lugares en Iberia en los que se lleva haciendo décadas.

En la compañía para la que trabajaba en 2006 se montó un tinglaodoo espectacula. Trajeron a decenas de empleados desde todas las oficinas de Europa: tres días a tutiplén con todos los gastos pagados, vuelos, hoteles y lo que se les ocurriera gastar de la tarjeta de la empresa, más tres días no trabajados por la jeró. Para los que vivíamos en la ciudad del cuartel general no fue nada especial. Nos invitaban a cenar a un hotel, pero yo no lo hice por dos razones. Una es que me dan pereza estas cosas y la otra era que había que ir con esmóquin. No dispongo de tan selecta prenda, pero en aquellos días descubrí que a) se puede adquirir uno por 300 euros b) se puede alquilar para una noche por 70 euros. Como soy más dado al análisis coste-beneficio que a la ostentación pensé para mis adentros ¡vaya invitación para cenar de los cojones! y excusé mi ausencia.

Pero el detalle del esmóquin y el dineral que supuso traer a toda la gente de cada oficina europea a finales del 2006 da un poco la dimensión de cómo estaba el patio financiero antes del estallido de la burbuja de las hipotecas basura en los EEUU. En agosto de 2007 la compañía tuvo que vender su cartera de hipotecas estadounidenses a 42 céntimos el dólar y pocas semanas después se canceló la cena de navidad de 2007 y ya no volvió a haber. Lo que cambian las cosas de un año para otro. Alguno que se habia comprado el esmoquin pensando en amortizarlo a lo largo de varios años lo habrá tenido que llevar a las bodas y los bautizos. Por cierto, la prestigiosa financiera yanqui entró en quiebra en algún momento de 2009. ¡Ah, los esmóquines!

Este año tampoco he ido a la fiesta de mi nueva empresa. Como compañía tecnológica son en apariencia menos capullos, aunque el dinero siempre sea el dinero. Aquí entre mis razones sigue destacando la pereza, pero le voy a sumar el que llevo más de dos años sin probar alcohol y el que no tengo casi nada en común con mis nuevos compañeros (o debería decir compañeras pues el mujerío es muy mayoritario). En realidad tengo más razones por si estas me fallan y en algún momento dado me veo acorralado y en la perspectiva de tener que asistir:

Tengo dudas de que una compañía deba apoyar festividades de tipo religioso. No soy muy radical con eso y por eso no tengo la convicción, sino la duda. A la vez, estoy en contra de que las compañías intenten inmiscuirse en la vida privada de las empleados con actividades fuera del horario laboral. Agradezco el gesto si es sincero, pero creo que también puede formar parte de una estrategia de fidelización que no casa con mi espíritu mercenario. Este año se ha reforzado mi fe en estas creencias con lo que le ha sucedido a una chica que trabaja en mi equipo, que quería ir a la fiesta.

Resulta que como está contratada a través de una agencia, no tenía derecho a la cena gratuita, pero ella estaba dispuesta a pagársela. Eso ya me parece mal, porque somos menos de cuarenta en la oficina y no creo que haya muchos eventuales, así que ya podían haber sacado el dinero de algún lado. Luego se ha enfadado cuando se ha enterado de que además, la compañía iba a dar cinco cupones para bebidas alcohólicas sólo a los empleados, y a ella de nuevo le tocaba pagarse la priva. Yo no tengo mucha idea de esto del espíritu navideño pero sí la sensación de que no se puede hacer mucho peor. De hecho, al final del puro cabreo, la chica ni ha ido.

Porque en la vida hay muchas desigualdades, y somos bastante eficientes camuflándolas. Sólo hay que ver que al consejero-delegado, que ganará millones y que vino a visitarnos, todo el mundo lo llamaba John y no señor Johnson. Pero si en un fiestorro navideño haces obvio lo de que hay individuos alfa e individuos beta, es que te lo has montado muy mal.

También me parece un poco ingenuo no saber de qué va la historia, cuando aunque hagas lo mismo que todos en realidad te han contratado a través de una ETT. El abuelo tenía razón cuando escribió que las relaciones humanas las determinan las relaciones con los medios de producción o algo de eso.

Hay que leer más a Marx y menos a Walt Disney.

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2 Responses to La fiesta de navidad

  1. escéptico dice:

    Una vez que te echas novia, este tipo de reuniones sociales dejan de tener sentido.

    • alfanje dice:

      Bueno esa es otra razón esencial, aunque en un momento dado se la podría uno saltar si trabajara para Victoria’s Secret.

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