Más beneficencia: hoy una idea interesante

La catedral católica de Dublín es un edificio neoclásico relativamente feo para mi gusto que está en la trasera un tanto sórdida de la calle principal de la ciudad, esa que lleva el nombre del libertador Daniel O’Connell. No es una de las dos hermosas catedrales que los viajeros de paso verán: esas dos son protestantes.

Leo en las noticias irlandesas que el personal de la catedral (no sé exactamente a quién se refiere) va a recoger los regalos de navidad que no hayan gustado a sus receptores, para dárselos a otra gente que no ha recibido ninguno. Me parece una iniciativa curiosa. No es que sea muy partidario de la beneficencia y tampoco casi nada del concepto del regalo, pero me parece una forma sensata de redistribuir recursos. También me imagino resultados absurdos, como para qué puede querer un sintecho un jarrón feo, pero en fin, espero que les lleven cosas útiles y si son feas que sea ropa.

Irlanda es el país de la beneficencia, charity le llaman ellos. Hace poco salió en los medios que de los países de Europa era el más caritativo y que estaba en segundo puesto en el escalafón mundial, por detrás de los Estados Unidos. La verdad es que no creo que ni yanquis ni irlandeses sean mejores personas que la gente de otros lados. De hecho, en otros sitios la gente acepta mejor tener impuestos más elevados para cubrir necesidades sociales que aquí se dejan a la iniciativa individual. Uno se siente muy bien pagando impuestos que suponen el 20% de sus ingresos  y dando el 1% o menos libremente a organizaciones o pobres individuales. En Suecia la gente paga el 40% y no va colgándose medallas. No hay sistema perfecto, pero me gusta ponerlo en contexto.

Hace algunos meses dije que iba a contar varias historias de beneficencia y que la primera tendría que ver con la mendicidad y aquí va: Mi primer empleo en Dublín fue en una hamburguesería donde ganaba 4.5 libras irlandesas por hora antes de las 12 de la noche y 5 después. La conversión de la libra irlandesa al euro se estableció en 1.27 euros por libra, o sea que más o menos teniendolas todas en cuenta la hora de trabajo me salía a unos 6 euros, algo menos. Trabajaba unas 7 horas al día.

Había un mendigo que se sentaba en el puente de O’Connell y solía venir a cambiar las monedas por billetes. Normalmente traía unas 70-80 libras, y en los días de navidad más de 120. La vida es muy compleja y hay muchos matices para analizarlo todo, pero creo que es difícil que quien trabaja y paga impuestos sea muy partidario de dar dinero a otros que se limitan a dar pena en un puente si ve que ganan el doble que uno. Este es un ejemplo directo que yo he visto con mis ojos, y me temo que estos afectan más a las actitudes personales que los que uno recibe a través de los medios de información. Si encima hubiera sabido, y nunca tuve constancia, que este mendigo recibía subsidios del estado, mi falta de solidaridad hubiera sido aún mayor. Mi falta de solidaridad no se traduce en odio hacia la persona o hacia el sistema, sino simplemente en no dar dinero a mendigos.

El dinero simpre le viene bien a uno, en cambio no tengo ningún prejuicio a la hora de dar cosas viejas, que voy a tirar o que no me sirven, pero eso enlaza con la siguiente historia, si la cuento algún día.

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