Domingo social

El Porter House, un clásico

En raras ocasiones consagro una jornada completa a la vida social, pero debo apresurarme. Por un azar esta mañana, en busca de un café, nos topamos con unos compañeros de trabajo de la que manda. Alemana ella, israelí él. Compartimos un desayuno en el que el tema de conversación fue Bobby Fischer que, no es sorpresa, debe de ser bastante conocido en Israel. No me gusta que mi dueña informe a otras personas de mi afición al juego rey ya que eso me obliga a conversaciones en las que no me siento cómodo, a causa de mi injusta ventaja. Este Ehud de Tel Aviv me ha caído simpático. Al menos en apariencia teníamos opiniones similares sobre el conflicto palestinoisraelí y ambos nos defendemos  so oder so en alemán. Como ellos me preguntaron sobre Fischer y Kaspárov yo le pregunté si su familia hablaba yidis. Me dijo que sus abuelos sí y que también checo y rumano. Que el yidis aún se oye no sólo en Nueva York, sino también en Israel; pero que el ladino está extinguido. En cambio mucha gente habla español, aunque son sobre todo argentinos. Él me preguntó si entendía el ladino y yo dije que bastante bien, y que no es demasiado difícil para los españoles que hayan leído a los clásicos. Aunque, ahora que lo pienso, éstos también son una especie en extinción.

Luego me he ido al centro yo solito a comer un bento con Carlos. La sopa de miso me salva la vida en invierno. Curiosamente, el menú del día incluía faisán, que es una carne que hacía lustros que no cataba. Con eso y mi poquito de sushi me he quedado más contento que unas pascuas y hemos salido a echar un café con Lothar, Óscar y Edmundo que habían estado comiendo en un restaurante vegetariano de los hare krishna. No se ha perdido el arte, pero sí el placer de conversar. Hacía mucho que no oía a varias personas hablando de asuntos generales y tocando varios palos a la vez. No sé si es porque ahora trabajo y como casi todos los días con mujeres. Diría que sus preocupaciones son más inmediatas y tienen que ver más con intereses que con ideales. Parte será la visión machista del mundo, pero vayan a comer una semana con mis colegas y me cuentan.

2012: el año del dragón

Cuando marchaba para casa se me ha ocurrido llamar al Cañita, al que a ratos tengo abandonado, pero es que me lleva por el camino del mal. Él tenía su clase de tango un rato después así que hemos decidido vernos aunque fuera media hora. De camino a la cita y antes de llegar a una esquina muy cara para mí, me he encontrado con las celebraciones del Año Nuevo chino. Un escenario rojo como la bandera nacional, ornado con faroles como aquella linterna de la película de Zhang Yimou en el que sonaba una música oriental muy bonita e iban apareciendo varias princesas y algún príncipe vestidos con trajes coloridos; puestos de comida china y todo tipo de baratijas de las que produce la gran fábrica del mundo.

Mariposas

Esperando a ese gran hombre me he percatado de que en algunos árboles había unas mariposas gigantescas de ornamento. No sé si esto tendrá que ver con la festividad china, pero he supuesto que sí. Después hemos dado una vuelta conversando sobre el tango, las posibilidades remotas de abandonar la isla en estos tiempos difíciles y las hipotecas. Nos hemos vuelto a pasar por las celebraciones chinas, donde había una exhibición de tai chi. Luego nos hemos encontrado con mi amiguete Michael que andaba en el pluriempleo de músico callejero y hemos estado un rato de charla. Tengo que juntarme pronto con la gente de mi antiguo empleo. Nos hemos zafado de esa pesadilla dublinesa que son los recaudadores de donaciones para causas nobles. Y después, como he caminado tanto a lo largo del día, he hecho lo que casi nunca: volver a casa en tranvía.

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2 Responses to Domingo social

  1. […] variadas (Irán, OK, Infografía, Odesa) y recordando a los amigos de los viajes, las postales y las tardes dublinesas. Poco más de esta ciudad y país, salvo que empezó a fraguarse el plan del […]

  2. […] fin de semana nos hemos pasado por las celebraciones del año nuevo lunar en Dublín. La última vez que recuerdo haber ido eran en Temple Bar y ahora nos lo han puesto más cerca de casa. No sé yo decir si la comunidad […]

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