Haciendo cursos

Una vista poco habitual de la antigua casa de aduanas

Como de costumbre escribo desde Dublín. Hoy es el importante día de san Patricio. Hasta donde yo sé, es un día que consiste en un desfile y en emborracharse. A mí me resulta más interesante lo de que algunas calles del centro de Dublín se cierren al tráfico y la sensación de pisar trozos de asfalto imposibles. Los irlandeses tienen el desfile por un gran acontecimiento y este año me he enterado de que las organizaciones que desfilan tienen que pagar por hacerlo. Cada localidad tiene su propio desfile, que en algunos lugares de la Irlanda rural se limita a cuatro músicos y un tractor. Las celebraciones y  festividades en la Europa mediterránea son bastante más exageradas y es por ello que a mí esto de san Patricio nunca me ha parecido gran cosa. En especial lo siento por los que vienen a la verde isla desde los Estados Unidos, en cuya costa occidental hay ciudades donde la comunidad irlandesa monta desfiles a lo grande y de verdad.

Esta semana me la he pasado haciendo cursos. Todo empezó el sábado pasado en que asistí a un monográfico de biología en el cual no aprendí gran cosa, excepto el importante dato de que una mujer embarazada debe acudir al hospital cuando las contracciones ocurren cada diez minutos. También supe de la tradición que existió hace unos años y ahora está en desuso, de enterrar la placenta bajo un árbol y de la posibilidad de defecación simultánea a causa de la anestesia epidural, que en algunos casos supone que un embarazo acabe en otro. Juego de palabras imposible en inglés con el que mi mente se entretuvo.

Los siete hábitos de la gente altamente efectiva

Luego el lunes y el martes nos trajeron a una señorita australiana de la casa, que trabaja en Yanquilandia, para que nos diera un curso sobre productividad. Está todo basado en el sistema de los “siete hábitos de la gente altamente productiva” según traducción que encuentro en Internet, aunque a mí esos adverbios que acaban en -mente me provoquen cierta alergia. A toda la gente le ha parecido maravilloso y yo he dicho que también. No sé si soy el único cínico o si somos mayoría, tendré que estar atento a otras señales. En cualquier caso, ya dijo Cervantes (y antes Plinio) que no hay libro tan malo que no tenga algo bueno, así que puestos a sacar algo de provecho me he quedado con el diagrama de las tareas importantes y urgentes que copio aquí en su versión más minimalista, pero que se puede encontrar en diferentes variantes en la biblioteca universal.

Tareas urgentes, importantes y las que no lo son

Muchas veces, hay un momento luminoso en el que uno consigue encajar varias piezas que trasteaban en la propia mente. Me recuerdo claramente diciendo en mi empleo anterior “lo urgente no nos deja tiempo para lo importante”. Básicamente, el autor del libro, un calvorota proactivo sucesor de los vendedores de crecepelo y veneno de serpiente del Lejano Oeste y del Dale Carnegie de “cómo ganar amigos e influir en las personas”, monta su teoría a partir de qué hacer y cómo optimizar el uso que hacemos del tiempo en las tareas. El truco es asignar mucho tiempo a lo que es importante pero no parece urgente.

El esquema en conjunto es una serie de obviedades que es muy difícil adoptar en conjunto, ya que cada cual tiene una serie de carencias con respecto al mismo. Algunas de las actividades me parecían excesivas, como lo de escribir un manifiesto personal. Al final, creo que se corre el riesgo de acabar robotizado. Creo que mi interés principal está en aproximarme a la felicidad más que a la efectividad y muchas veces ambos destinos están en direcciones opuestas. En fin, un pequeño producto más del universo cultural estadounidense, con su ficción de libertad, su sueño americano y su industria de la autoayuda, pero del que siempre podemos aprender algo.

De hecho, inspirado por las palabras del telepredicador, me dio por ponerme a hacer cosas que había postergado, por ejemplo el interesante curso sobre Model Thinking de la Universidad de Míchigan. Con el subidón de inspiración del evangelista de la productividad, una tarde me puse a ver cinco o seis clases después de cenar. Esto del model thinking me gusta mucho. De hecho, creo que gran parte de las cosas que sé, son esquemas de procesos tan grandes que no se pueden saber como es debido. Por eso nunca he relacionado el ajedrez con la ingeniería. Me gustó volverme a encontrar con el modelo de segregación de Schelling, pero más encontrar un gráfico con el modelo de la burbuja especulativa en el precio de los tulipanes que se dio en los Países Bajos en 1636-37, de la que tanto he oído hablar pero que nunca había percibido visualmente.

Burbuja de los tulipanes

Dice el profesor Page que dirige el curso, que quienes piensan siguiendo modelos obtienen mejores resultados que quienes no. Respecto al nuevo apartamento, he hecho tantas gráficas con las tablas de amortización que espero cumplir lo que indica la teoría. Eso sí, con los papeleos no ayuda, ya que me acaban de rechazar un certificado por tener el deneí caducado. Mira que son quisquillosos. Total, por cuatro añitos de nada…

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