El bosque rojo y el vasco azul

Mapa del inicio de la batalla

Mapa del inicio de la batalla

Hoy hace setenta años de la batalla de Krasny Bor, lugar cuyo nombre significa “el bosque rojo” aunque el topónimo viniera antes que la sangre. En ese día más de un millar de españoles murió enfrentándose a la operación militar soviética que intentaba aliviar el cerco de Leningrado.

La División Azul es una de esas anomalías de la historia que llaman la atención de todos. ¿Qué pintaban unos españoles allí? Desde el punto de vista más macro posible eran los malos de la película y bien está que perdieran. Defendían un régimen inhumano que consideraba que los hombres se dividen en grupos raciales y que su posición o su mera existencia en el planeta debe estar determinada por la raza a la que según su pseudociencia pertenecían. Ese régimen que gobernó Alemania durante doce años no se conformaba con la contemplación autosatisfecha de sus ideas estúpidas sino que se puso a llevarlas a cabo de modo criminal, primero dentro del país y luego en una campaña agresiva y asesina contra otros países y sus ciudadanos. Desde el punto de vista macro de la historia, todos los que contribuyeran a ese esfuerzo están condenados. Poco importa cómo se comportaron individualmente o si, como en el caso de la campaña de la Unión Soviética, el sistema político contra el que combatían tampoco lo inspiraban criterios de excelencia acordes con nuestros valores actuales.

Luego está la visión desde abajo de la historia, lo que se ve cuando uno pone los pies en el suelo y a la mirada a la altura de la de la gente pequeña. En esta visión micro, cuando uno está luchando sobre la nieve frente a enemigos en aproximada igualdad de condiciones  y si se respetan los códigos de honor de la guerra, al final un soldado es igual que otro soldado, independientemente de si la causa final que le ha llevado allí es la más noble o la más infame. Del mismo modo, cuando se quebrantan todas las normas de la decencia y se bombardean poblaciones con civiles, mujeres, niños y ancianos o cuando se utiliza la violación como arma de guerra, es bastante indiferente si eso se hace en nombre de la peor infamia o de los más altos valores de la democracia.

Me ha interesado siempre la historia de Rusia, que en el otro extremo del continente no tiene demasiados puntos de contacto con la de España. Por eso celebro las figuras de Agustín de Betancourt, o del general De Ribas y he leído mucho sobre los niños enviados por la República durante la guerra y algo sobre la División Azul. Me ha fascinado la idea de todas esas gentes que hablaban mi idioma en un mundo cultural tan distante y diferente.

Si en una guerra un bando es un mundo, del mismo modo cada batallón y cada una de las compañías que toman parte en ella son un microcosmos de gentes diversas. La visión simplista de la División Azul es la de unos fascistas españoles que van a dar su apoyo al Führer de Alemania y que coinciden en todo con los nacionalsocialistas alemanes. Luego mirando de uno en uno a los voluntarios y a los menos voluntarios nos encontramos con un poco de todo: un poco de fascistas, otro poco de aventureros, algunos perdedores del bando republicano que intentan redimirse o librar a alguno de los suyos de las represalias, algunos para que la guerra de España había supuesto una experiencia tal que ya no sabían o querían hacer otra cosa e incluso otros que huían del hambre. Mi padre me ha contado muchas veces que dos de su pueblo fueron, alentados por sus novias, que querían que fueran a ganar medallas. No volvieron.

Cuando yo tenía unos diez años, una pareja de ancianos se instaló en otro piso de nuestra planta, en el edificio en el que aún viven mis padres. Era una matrimonio podría decirse que de la burguesía guipuzcoana venida a menos, habían tenido una negocios textiles, pero se retiraban a vivir la última parte de su vida a una ciudad dormitorio y no a los barrios elegantes de la capital, lo cual digo yo que significaba algo.

Ambos murieron hace cosa de un lustro. Una de las últimas veces que pasé por allí cuando aún vivían mi madre me dijo que aquel señor le había contado cómo fue piloto de aviones con los alemanes en Rusia. Curiosamente aquel año yo había asistido a una especie de homenaje a una red francesa que ayudaba a llegar a territorio español a pilotos aliados cuyos aviones habían sido derribados en la Francia de Vichy. Saltaban en paracaídas, y una red clandestina les ponía en casas seguras y los ayudaba a cruzar la frontera cuando se daban las condiciones. En el acto, celebrado en el ayuntamiento de una población guipuzcoana, había unos cuantos pilotos ingleses de la RAF.

A menos de un kilómetro mi vecino octogenario había participado en otro episodio de la misma guerra y en cambio no era digno de homenajes por formar parte del lado malo. No veo los homenajes estrictamente como una forma de loa, sino como un modo de mirar al pasado, contar historias antiguas y aprender. ¿Cuántas historias interesantes no podría haber contado aquel hombre? Estar en el lado incorrecto le priva incluso de la atención, cuando otros que han luchado en el bueno pueden haber llevado a cabo actos de guerra más censurables. En la historia oficial que le gusta oír a la gente en el País Vasco los alemanes bombardearon Guernica y no hay sitio para un viejecito de apellido vasconavarro que volaba sobre Rusia en un avión de guerra alemán.

11 respuestas a El bosque rojo y el vasco azul

  1. Manuel Vega dice:

    Yo también critico la visión simplista de la División Azul y cualquier visión simplista de cualquier conflicto. Mi padre fue uno de los miles de divisionarios españoles. Estuvo en Rusia en el año 1943, pero ignoro si participó en la batalla de Krasny Bor. Él no habla de la guerra cuando le preguntan, sino cuando él quiere (ésta, a mi entender, es la diferencia entre quienes saben lo que es la guerra y quienes no lo saben). Quizá no estuvo en ese combate, pero sí en otros, salvándose por cuestión de segundos de que algún obús ruso lo hiciera papilla. A veces recuerda cómo estaba en un búnker alemán al que había accedido junto a otros divisionarios españoles. Tras pasar un rato allí refugiados, entendiéndose como pudieron con los alemanes que estaban allí, siguieron camino hacia sus posiciones. A los pocos segundos de salir, los rusos volvieron a cañonear, y el lugar donde habían estado quedó convertido en un cráter. Aquel día mi padre volvió a nacer. Hoy tiene 92 años.

    En la División Azul, como en cualquier ejército, había gente con razones muy diferentes para estar allí. Mi padre conoció de todo, pero el ejemplo que más recuerdo es el de un argentino que había llegado en un barco mercante a Canarias y se alistó en un banderín de enganche allí.

    El caso de mi padre fue muy diferente. Al cumplir los 18 años, en abril del 38, fue movilizado por el ejército franquista. Vivía en Ponferrada, luego tuvo que vestir ese uniforme. Si hubiese vivido en Alicante o en Jaén, le habría tocado el otro bando. Cosas que pasan en una guerra civil. Tras la contienda, permaneció movilizado, y pasó por varios destinos hasta llegar a un cuartel en Pontevedra. A finales del 42, cuando Franco empezaba a temer que los aliados empezaran a mosquearse, decretó una nueva movilización, no fuera a ser que les diera por atacar a ese país que coqueteaba con el nazismo. A mi padre lo mandaron a un cuartel en Zamora. Estaba hasta los cojones de todo, y al enterarse de que buscaban voluntarios para los distintos destinos disponibles en aquella época (a saber Marruecos español, Sáhara, creo que también Sidi Ifni y Guinea y la División Azul), se apuntó para todo. Después de echar las solicitudes, se arrepintió de su locura, pero ya era tarde: le habían dado ‘plaza’ en la División Azul. Al menos tuvo la suerte de volver entero.

    Yo me alegro de que mi padre perdiera aquella guerra. E imagino que él, aunque sea un hombre de ideas muy conservadoras, también. No quiero ni pensar qué habría sido de Europa si la Alemania nazi hubiera ganado. Pero jamás me avergonzaré de que mi padre luchara en la División Azul.

    Gracias por el post. Creo que se nota que me ha encantado.

    • alfanje dice:

      Gracias compañero, por este comentario enorme que vale más que mi entrada. Solemos coincidir en nuestra visión de la historia y esta vez no iba a ser menos 🙂 Veo que tu padre es de la quinta del biberón, como lo fue mi abuelo. A la mayoría les tocó una mili larguísima sumada a la guerra. A mi abuelo concretamente en el protectorado de Marruecos donde para empezar no había guerra y obviamente no se podía estar tan mal como en Rusia. No dejó dicho mucho. Que no le gustaba la vida militar y que vio actuar a Juanito Valderrama, no recuerdo si era en Tánger o en Larache.

      Siempre pienso que menos mal que Alemania no ganó, aunque por otra parte, si lo hubiera hecho seguro que estaríamos pensando lo contrario. Al final las cosas se pacifican y el poder siempre encuentra mecanismos de legitimación, entre ellos el de manipular la historia.

      • Manuel Vega dice:

        Ahí das en el clavo. Fue una mili larguísima sumada a dos guerras. Mi padre siempre dice que hizo cinco años de mili: desde que lo mandaron al frente del Ebro (cruzó el puente de barcas al final de la batalla) hasta que regresó de la URSS. Efectivamente, fue de la quinta del biberón (nacidos en 1920), que creo que en zona republicana se llamó quinta del chupete, porque hubo que movilizar a chavales de 17 años ante lo desesperado de la situación.

        Y puede que tengas razón, los vencedores siempre hallan mecanismos legitimadores. Pero siendo realistas, pasó lo que tenía que pasar. Por muy fuerte que fuera la Alemania nazi, jamás podría derrotar a un país tan inmenso como la URSS ni a una potencia como EEUU. Por mucho que mi padre despotricara contra ambos imperialismos (el norteamericano y el soviético, que también era imperialismo, como el nazi), con el paso del tiempo se ha dado cuenta de que una victoria nazi hubiese sido aún más devastadora que la propia guerra en sí.

      • alfanje dice:

        Y a lo de ahora lo llamamos crisis… sin duda tiempos mucho más duros que vivir, y eso los que lo conseguían. Yo he oído a mi padre decir que mi abuelo estuvo en el ejército seis años, pero me faltan datos.

        Sobre las ucronías e historias alternativas que consideran la posibilidad de la victoria de la Alemania nazi he leído algunos planteamientos. Es un mero divertimento, porque nunca se puede pasar. Es de suponer que algún tipo de victoria podían haber tenido si hubieran logrado tomar Leningrado y Moscú en el 42, y quizá desde esa posición pactar la paz con Gran Bretaña. La ocupación total del territorio de la URSS era imposible, por lo que siempre quedarían muchísimos irredentos. Después de Stalingrado parece que ya es casi imposible ahí ya victoria habría sido la capacidad de conseguir cualquier paz honrosa. Pero el fanatismo es lo que tiene, que no supieron/quisieron verlo. Si el nazismo hubiera sobrevivido, supongo que se habría moderado tras la guerra y al final lo tendríamos conceptuado como lo que era pero en versión suave, tipo el apartheid surafricano o lo que pasaba en los estados sureños de EEUU. Incluso los genocidios pueden olvidarse cuando conviene, como es el caso de los indios de Norteamérica o todo lo relativo a los esclavos africanos.

  2. Gran entrada.

    El homenaje al que te refieres fue a la Red Comète y se hizo en el ayuntamiento de Rentería, ¿no?. Quería señalarlo, para una vez que podemos presumir de pueblo hay que aprovecharlo.

    • alfanje dice:

      En efecto, no quería decirlo expresamente para no dar demasiados datos de la vida de este señor, que al fin y al cabo era una persona normal y corriente de la calle. Yo no soy historiador ni periodista y no me corresponde contar su historia y menos sin saber. Sí que quería mentarla a modo de ejemplo para algo que quería ilustrar: que en el mismo espacio físico conviven memorias que queremos mantener y otras que nos pueden resultar incómodas.

      Lo de la Red Comète, como muchas de las historias de la resistencia francesa me pareció algo hasta cierto punto sobrevalorado, pero meritorio ya que en aquel tiempo cualquier cosita le podía costar a alguno la vida. Hasta qué punto cada uno de los que participaba lo hacía por ganarse la vida o por ideales ya es más subjetivo, pero la versión facilita es la de que todos eran luchadores contra el fascismo y por la causa de la libertad.

      En ese acto estuve charlando con un piloto inglés muy majete. Tenía 83 años pero no los aparentaba, estaba casado con una mujer mucho más joven. Se habló poco de la guerra, era más lo de los valores y el espíritu de camaradería y tal. Es interesante hablar con esa generación y contar lo que dicen ellos, que han pisado el barro y han olido la muerte.

      • Manuel Vega dice:

        Me hubiera encantado asistir a ese acto en Rentería. La conversación con ese piloto inglés tuvo que ser de lo más interesante. La II Guerra Mundial también me toca por ese lado, porque una de mis tías paternas se casó con un inglés y él estuvo en la campaña de Italia allá por 1943-1944. Cuando estuve en su casa me enseñó una foto de una erupción del Vesubio, que ocurrió cuando a no mucha distancia se estaban librando combates entre los Aliados y los alemanes. Mi tío apenas aprendió español y, claro, conversó poco con mi padre aunque coincidieran en muchas ocasiones cuando venían a España. Cuando yo le conté a mi padre que el tío John había luchado en la guerra, no se lo podía creer. “Ni él ni tu tía me lo dijeron nunca”, me contestó entonces.

      • alfanje dice:

        Bueno, no tan interesante, no te creas. Es lo que tu decías, la gente que ha vivido la guerra tampoco quiere estar hablando de eso. Es curioso, porque ves a un vejete de esos y sabes que es historia viva y que ha hecho cosas que alucinas y que quizá ha estado veinte veces a centímetros de la muerte atravesando el canal de la Mancha en un avión que hoy día considerarías chatarra con motor, pero en realidad le tienes que dejar llevar la conversación, y estuvimos hablando de acentos, de comida y cosas así. Ahora me viene a la memoria que mi hermana estuvo un verano cuidando a un crío y que el abuelo había sido piloto de la RAF y tenía colgados cuadros con las medallas y los diplomas. No hablo de un inglés sino de un hombre de San Sebastián. Pero vamos, yo creo que en tu familia tienes historias mejores, deberías escribirlas bien sea como viñetas o como una gran historia si encuentras un hilo conductor.

  3. Manuel Vega dice:

    Tengo pensado lo de escribir algunas de esas historias, lo que todavía no encuentro es el tiempo suficiente para hacerlo 😦 Un libro de relatos estaría bien. De eso tengo algo avanzado, pero el tema central no es la guerra. Ya te contaré. Como proyecto a largo plazo sí he pensado en una novela sobre los españoles en el frente ruso, pero me hace falta mucha investigación para eso.

  4. […] División Azul española aparece en dos breves notas: una a propósito del frío (azul por el color de sus caras) y otra en […]

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s