Inmigrantes, expatriados y nosotros

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Por simplificar

Hace casi un año un buen amigo, que está en las mismas que nosotros, nos envió un buen libro que aún no he comentado. El libro se llama Third Culture Kids: Growing up among Worlds y es una especie de clásico en lo relativo al desarrollo de niños y adolescentes en un entorno multicultural. Lo leí en pocos días y me dejó la sensación de que el asunto no es ciencia exacta, sino que cada decisión implica costes y beneficios y que como en el resto de las cosas de la paternidad y la educación de los hijos, puede intentarse hacer muy bien y que salga muy mal o todo lo contrario, y que así es la vida. En cualquier caso sí que me pareció conveniente volver a leerlo de entonces a un tiempo.

Una de las razones por las que las piezas del libro no acababan de encajarme es que no está escrito precisamente para ciudadanos de la Unión Europea que viven en otro estado miembro, sino más bien para militares o misioneros yanquis, o para los expats que tienen una vida privilegiada en la industria del petróleo en el golfo Pérsico. Muchas veces compara a los Third Culture Kids con los hijos de los inmigrantes, a los que considera en una situación bastante diferente aunque tenga algunos puntos en común.

Utilizo la palabra inglesa expat en lugar de expatriado porque para mí la forma española tiene una connotación de situación forzosa que sin embargo no aparece en el diccionario de la Academia. Puede que sea un prejuicio mío, o que sólo la hayamos oído hablando de destierros y guerras, o que provengamos de un país en el que poca gente se ha ido a otro por voluntad propia a llevar una vida más cómoda con sus inversiones o porque por su valía les hayan requerido de algún otro lugar.

Los expats suelen vivir como ricos en países menos desarrollados. No tienen ningún interés ni necesidad de aprender las lenguas propias del lugar, porque todo lo consiguen en inglés y por dinero. Ganan mucho más dinero que el ciudadano promedio de su país de destino y vivien en una especie de jaula de oro. Urbanizaciones de lujo, hoteles caros, empleada doméstica, escuela privada para los niños. Los occidentales que viven en Dubai son un ejemplo de esto. También hasta cierto punto los jubilados británicos en la costa del sol, o el típico gringo que pone una casa de huéspedes en Tailandia. Tienen problemas como todo el mundo, y específicamente con la multiculturalidad, pero sus problemas son de diferente índole que los de los inmigrantes.

Llamo inmigrantes a los que llegan a un país a formar parte de la base de la pirámide social. Para ellos adquirir la cultura dominante es una cuestión primero de superviviencia que determina en gran medida sus posibilidades de ascender en la escala social. Empieza desde abajo haciendo los trabajos que nadie quiere y aspira a que sus hijos acaben siendo como los nativos, sin demasiado énfasis en mantener la cultura de origen. Algunos hispanoamericanos en los EEUU pueden ser el mejor ejemplo. Familias hay que han perdido el español sin llegar a adquirir un buen inglés. Trabajo duro, sacrificio, desprecio, poco dinero, las peores de las veces racismo. Se me ocurren tantos ejemplos tópicos que no sé ni por dónde empezar.

Y luego estamos nosotros, que somos mucha gente que llega a otro país ni como rico ni como pobre, sino aproximadamente como el ciudadano mediano del país de destino. Con algunos problemas de inmigrante y otros de expats y para las ventajas lo mismo. Los funcionarios de la UE en Bruselas me resultan una especie de privilegiados de esta categoría intermedia (quizá sean expats), pero también están las miles de personas de toda Europa que trabajan en Londres sin necesidad de visado: la camarera italiana, el vigilante de metro rumano, el estudiante erasmus francés que se queda a vivir en Roma porque le encanta y tiene la suerte de encontrar un empleo. Aquí hay toda una serie de individuos, que encuentran parejas y forman familias y tienen unos hijos que están en un punto intermedio entre los TCK y los hijos de los inmigrantes, lo cual hace que haya que pasar el libro por un tamiz a la hora de procesar según que recomendaciones.

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2 Responses to Inmigrantes, expatriados y nosotros

  1. […] de la de sus lectores británicos y por decirlo de algún modo se encuentra en tierra de nadie, que salvando las distancias es algo que nos suele ocurrir a los que vivimos en un país distinto del de nuestro […]

  2. […] un nuevo país y cultura. Lo que nos pasa a muchos, al igual que al periodista que escribe, es que nos queremos quedar en el terreno del medio y vivir lo mejor de ambos mundos. Sólo un cambio muy radical puede obligarte a integrarte de modo más intenso en el país de […]

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