De Dublín a Holyhead en barco

Mapa de la competencia

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El viaje a Gales comienza una mañana de miércoles saliendo de casa un poco después de la hora habitual para, en vez de ir al trabajo, acercarnos a la terminal 2 de pasajeros del puerto de Dublín. No vivimos lejos del puerto pero tenemos que tomar un taxi porque desde el lugar en el que empiezan los territorios portuarios, cerca del Point Theatre, hasta el lugar del que sale el barco debe de haber unos 40 minutos a pie por entre almacenes, depósitos de combustible y diversas industrias que no nos apetece nada atravesar cargados con el equipaje.

El taxista nos habla de lo cruda que esta la vida, que lleva siete años en el negocio y que lo va a dejar para ponerse a conducir camiones. Son los camiones que utilizan estos mismos barcos del puerto para pasar a Gran Bretaña y al continente. Dice que ya “no queda nadie ahí fuera” y sí que creo que el negocio del taxi ha tenido que pegar un bajón importante en el Dublín de los últimos años. Aunque en general no me gustan los taxistas, sí que puedo decir que la mayoría de los de esta ciudad son bastante amables. Espero que a este hombre le vaya bien con el camión.

Como hemos llegado con tiempo a la Terminal ni siquiera hay cola para la facturación, que es mucho más relajada que la del aeropuerto. Allí nos dan las etiquetas que hay que colocar en los bultos y luego nosotros mismos los llevamos a la cinta transportadora. La sala de espera es casi como la sala de estar de una casa, con sofás cómodos. Tiene una vitrina amplia desde la que se ve el movimiento del puerto y la fila de coches esperando para embarcar. Hay cafetería en la que aceptan libras esterlinas pero hacen el cambio uno a uno y también conexión de wi-fi, que paso de utilizar cuando veo que hay que registrarse dando dirección de correo electrónico etcétera. También porque quiero que la batería del teléfono me dure todo el día. Es la primera vez en muchos años que salimos de viaje sin cámara de fotos, un proceso de sustitución curioso.

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Un rato de espera mirando por la ventana la cola de coches, las grúas y los contenedores apilados en el puerto. Oigo a bastante gente con acento británico, algo que para mí no es habitual. En el muelle están el Stena Adventurer que nos va a llevar y el Ulysses de Irish Ferries, que también es un barco grande. Poco a poco los coches van entrando y cuando acaban nos llaman para que subamos al autobús que por una rampa nos mete en la bodega desde la que subimos en ascensor al septimo piso, la cubierta en la que están todas las instalaciones para pasajeros. Los de a pie somos los últimos en llegar, y en ese momento los mejores lugares del barco suelen estar ocupados. Supongo que la lógica es que los que van en coche aportan mucha más plata a las arcas de la compañía. Pero como el barco no está tan lleno podemos coger una mesa con ventana y vistas.

Me han dicho las compañeras del trabajo que es más caro llevar el coche a Gran Bretaña que ir a pie en el barco y alquilar uno allí, y por los cálculos que he hecho las creo. A nosotros nos salió a 70 euros cada billete de ida y vuelta, existe la posibilidad de pagar 20 más por trayecto (con lo que saldrían a 110 euros) y viajar en primera clase. La primera clase es una zona reservada, con menos gente y mejores asientos y en la que dan prensa y se pueden tomar apertivos y refrescos sin coste adicional. No tengo claro que valga demasiado la pena. Quizá sí en una travesía más concurrida. También los camioneros tienen una zona especial. Y luego lo que ya recordaba: tragaperras, máquinas de videojuegos, duty-free, revistas, caramelos, perfumes y cafeterías, todas las trampas del mundo para sacar dinero del pasajero. Mucha gente no sabría que hacer si tuviera que estar tres horas sin gastar.

Como es temprano y el barco va hacia el este se podrán hacer buenas fotografías del puerto de Dublín. Mi intención es salir a la cubierta exterior hasta que estemos lejos de la costa.´La brisa pega, pero es un día muy soleado y se puede estar. Tiene que haber veces que las ráfagas de viento frío sean inaguantables. La cubierta está en popa, tanto a babor como a estribor hay un pasillos amplio para los pasajeros  y entre ambos un espacio que ocupan varios camiones, que quedan por debajo de nuestro nivel.

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Vamos viendo diferentes imágenes icónicas de Dublín, pero siempre desde una perspectiva nada habitual. Al virar para salir podemos ver el puente Samuel Beckett a lo lejos. Luego los diferentes diques en los que están amarrados otros barcos. Zonas del puerto que están relativamente cerca de nuestra actividad cotidiana, pero que nunca hemos visto. En un momento las chimeneas de Poolbeg a la derecha, hacia el sur, y poco después hacia la izquierda toda la zona de Clontarf, la isla del ojo de toro y esa parte bonita del lado norte. Al otro lado las chimeneas van quedando cada vez más lejos y se ve la playa de Sandymount, todo el espigón sur (que hemos recorrido a pie un par de veces) y van apareciendo los límites meridionales de la capital, Blackrock, el puerto de Dun Laoghaire y los montes de Wicklow. Último cambio de banda y la península de Howth, que es uno de mis lugares favoritos. Me viene a la memoria la escena del libro de Borrow en la que los irlandeses congregados en el puerto de Holyhead que le piden su bendición para no estrellarse contra esta “montaña”.

Poco después el Swift de Irish Ferries nos adelanta por babor. Este barco hace el mismo recorrido en 90 minutos. Me he fijado en que no estábamos saliendo en línea recta y en  las boyas y los faros y como encauzan el tráfico marítimo, un aspecto que no me había planteado. Después de llegar a la mar abierta nos hemos metido para dentro a degustar un desayuno de precios abusivo y a esperar con los diversos entretenimientos que se ofrecen la llegada a Holyhead.

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Después de varias vueltas para arriba y para abajo y conseguir no dejarme los cuartos en las martingalas del barco, incluido algún error del que luego me arrepentiré que es el de no comprar un mapa detallado, avisan por megafonía de que estamos arribando a puerto y volvemos a salir para echar un vistazo. La peña grande de Holyhead que le da su nombre galés es el rasgo más destacado del paisaje. Es una excursión interesante pero se supone que no vamos a tener tiempo de parar ni a la idea ni a la vuelta. En su libro Borrow la compara con Gibraltar y ahí se le va un poco la mano. También tenemos una buena vista de la costa que queda al norte, por donde iremos después, y de la localidad portuaria que no deja de ser otra ciudad británica con hileras de casas de ladrillo casi idénticas. Debe de tener bastante peor aspecto en invierno. Hay un monumento que destaca, un obelisco en un montículo. Algo de confusión y lío para salir y nos llevan en autobús a la terminal, que a diferencia de la dublinesa queda relativamente lejos. Desde más cerca Holyhead me va gustando menos, aunque un brillante puente de formas elípticas me llama la atención. Bienvenidos a Gales. Vamos a coger el coche cuanto antes y a salir de aquí. Adiós Holyhead.

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One Response to De Dublín a Holyhead en barco

  1. […] fondo una sola de las chimeneas de Poolbeg, por culpa del ángulo. Siguiendo hacia la izquierda el Puerto de Dublín y más atrás la península de Howth, todos ellos puntos clásicos de este […]

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