Más de lo mismo

Versión original

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Hace unos días Twitter se volvió a “revolucionar” con una de esas historias que aproximadamente el 0,01% de sus usuarios hemos llegado a conocer y de la que nos olvidaremos en unos cuantos días.

Resulta que un español llamado Benjamín Serra acaba de ir a vivir a Londres y se queja ante su familia y amigos del mal empleo que tiene en un café. Malo teniendo en cuenta sus expectativas y las cosas que él había estudiado. No veo que señale a ningún culpable concreto de la situación, sino que sólo apunta la discrepancia aparente entre su grado de formación y su empleo actual. Luego, aunque esto sea un lamento privado, resulta que ocurre en Twitter que está abierto a todo el mundo y que es donde al parecer los medios de comunicación “formales” pescan hoy las noticias. Y entonces se monta la gran tormenta en el vaso de agua con opiniones de todo tipo: unas solidarias con el mozo, otras críticas con su actitud quejicosa y de propina las típicas soluciones a todos los males del mundo.

Un amigo me pide que escriba algo al respecto, ya que la situación parece bastante parecida a lo que yo pueda haber vivido. Y de hecho se parece muchísimo a mis cinco meses de hostelería en Dublín en la temporada otoño invierno de 1999-2000. Iba a ver cómo afrontar mis ideas, que en realidad no fueron hasta cierto punto muy distintas a la de este chaval aunque hoy lo sean. Quizá no tanto si tenemos en cuenta la matización que hace en un blog que ha abierto. Es posible que tan sólo estemos en fases distintas de la misma historia, aunque tengo la sensación de que mi caída del guindo se produjo bastante antes de llegar a Irlanda, probablemente en las primeras  semanas de  universidad  masificada  en 1993. También me ayudó a no depositar esperanzas en las titulaciones universitarias el hecho de haber sido un pésimo estudiante y el de haber estado matriculado en asignaturas en las que había más de mil alumnos.

Tengo que decir que no sólo la economía y la política española están de asco, sino que tienen un periodismo que está a su altura. Españoles fregando platos en Londres los ha habido al menos desde los años setenta del siglo pasado, y no es plan de narrar la epopeya de cada uno que sale de su casa. Del mismo modo he llegado a leer titulares sobre los libros escolares del palo “escribo en los libros con lápiz para que los pueda utilizar mi hermano pequeño” que me parecen cosas de toda la vida y que estarían pasando con crisis, sin crisis y hasta con guerra. Las historias de “españoles por el mundo” son otro subgénero de esta etapa 2008-2013 o hasta donde dure.

En realidad ya lo tengo todo escrito, por ejemplo en septiembre de 2010 en “Victimismo y autocompasión“, en donde trato un poco lo que llamé “las dos narrativas”: la del qué bien estoy aquí en el extranjero no como en España; y la de pobrecito de mí, emigrante que soy y que he tenido que irme a buscar la vida a un país frío. Al final, si uno persiste, creo que hay muchas probabilidades de que la primera acabe imponiendose. Vivir la propia vida de modo provisional tiene algunas ventajas y algunas deventajas, como he podido apreciar en esas personas que hacen un paréntesis de uno o dos años en esta o aquella ciudad europea con la creencia de base de que eso no es su vida real. Eso es más problemático. Cuanto menos tarde Benjamín Serra en darse cuenta de que vive en Londres, de que puede que no haya ningún lugar al que volver y de que puede que algo de lo que haya estudiado le sirva de algo, pero que el papelito que lo acredita no, mejor para él.

También escribí hace un par de años “Trabajar de lo mío” donde critico esa estupida mentalidad funcionarial española, según la cual por el hecho de que uno haya decidido invertir su tiempo estudiando tal o cual cosa la sociedad (o el mercado, los políticos, alguien) debería ofrecerle un empleo en condiciones ideales en ese sector. Eso sigue haciendo mucho daño en España, y el protagonista de la historia todavía no se ha librado del todo de ello, aunque su actitud me parece hasta cierto punto correcta y creo que con el tiempo lo conseguirá. Cuando uno sale de su país tiene que quitarse muchos vicios culturales y cosas malas del sitio de donde viene y esa es una de ellas. En el entorno adecuado se consigue, más  difícil me parece conseguir que este virus desaparezca en su propio caldo de cultivo hispánico.

Otra vez me interesé más concretamente por  los  “periodistas”, vocación de nuestro protagonista, en una entrada que daba continuación a la anterior.  Ahí vengo a decir que hay estudios universitarios como “periodismo” que apenas ofrecen ningún valor añadido a la sociedad. Hay algunas carreras universitarias como pedagogía, psicología, sociología, cuya carga lectiva es más fácil de superar que un bachillerato como es debido. No digo que todas deberían desaparecer, pero desde luego en España deberían redimensionarse. No puede haber cientos de miles de personas estudiando la que creen que es su vocación para que luego con veinticinco años no puedan aportar nada sustancial a la sociedad. Y si en lugar de reducir el número de plazas para que se ajuste a la demanda real de esos mercados de trabajo lo que hay que hacer es dejar que sigan siendo muy baratas, accesibles y fáciles de aprobar, por lo menos habrá que intentar que nadie las curse engañado.

Este no se engaña: de la petanca no se puede vivir

Yo hace mucho tiempo que me di cuenta de que no iba a vivir de mis hobbies. Quizá me ayudó el hecho afortunado de que no estuvieran establecidos como carrera universitaria. También hace un puñado de años que me di cuenta de que no iba a volver a España durante mi vida laboral, por numerosas razones.

A primera vista el mensaje original de Benjamín Serra no me gustó. Quizá porque dramatizaba demasiado (lo de decir “limpiar váteres” como si estuviera haciendo eso todo el día) o porque su actitud no es del todo la adecuada para que le vaya bien y porque me recuerda demasiado a la mentalidad española. Quizá también porque nos hace quedar mal al resto de españolitos que estamos en las islas británicas, pero en fin, peores son los que vienen a vivir de los servicios sociales. Del mismo modo que él hubo momentos de en los que yo pensé cosas parecidas, aunque entonces no hubiera Twitter, así que tampoco cargaría las tintas sobre el chaval como otros han hecho.

Cuando los problemas de tu país dejan de ser tus problemas o pasan a serlo sólo en mucho menor medida, la vida es mejor.

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