Visto desde otra lengua (1)

Un libro

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Hace un par de meses coincidieron en la misma semana tres circunstancias que me impulsaron a escribir una pequeña serie, que titulé “visto desde otra lengua”. La primera es que un amigo colgó en Facebook un artículo en el que se incluía una lista con los idiomas más difíciles de aprender para un angloparlante. La lista, con la que estoy poco de acuerdo, incluye por orden los siguientes idiomas: vasco, árabe, cantonés, finés, húngaro, navajo, mandarín, japonés, estonio y polaco.

Tampoco me voy a cebar con el compilador de la lista. Se podría discutir qué se entiende por dificultad. Por ejemplo, esas lenguas que sólo hablan una o dos o diez personas, y para las que no hay materiales disponibles en Internet ni bibliotecas. Para esas, el único modo es ir al remoto valle donde habitan los últimos hablantes y sonsacarles hasta la última palabra. No se puede criticar la lista por eso. Si yo tuviera que hacer una lista obviaría estos casos y obviaría también todos los idiomas que estén por debajo de un cierto umbral de hablantes, que puede ser lo mismo mil que diez mil, que cien mil o que un millón.

Hay un aspecto curioso relativo al número de hablantes. Lo normal es que una lengua con muchos hablantes se hable en muchos lugares y tenga muchos dialectos. Es decir, que no es el medio de expresión de una cultura, sino de muchas, lo cual hace más difícil abarcarla. Es, por ejemplo, el problema del aprendizaje del árabe. Incluso una lengua que se hable en un solo país con muchos hablantes puede ser el vehículo de expresión de una cultura enorme y enormemente compleja, como la japonesa. Por eso podría ser más simple la lengua de una tribu que sólo se dedique a dos o tres cosas; ojo, la complejidad gramatical puede ser igual, menor o mayor, pero el número de aspectos del mundo que hay que describir es otra variable importante.

En todo caso, sorprende que no haya más lenguas asiáticas en la lista, por poner una característica especialmente diabólica me pregunto por qué no hay más lenguas tonales. Por poner otra de tipo lingüísticosocial, la abundancia dialectal. Y por hablar de regiones cuyas lenguas definen una cultura peculiar y ya difícil de encontrar, las lenguas de los aborígenes australianso.

La verdad es que uno puede elaborar una lista como esta y salir impune porque no hay modo de saber. El mejor modo de descubrir qué lenguas son más difíciles es el empírico y cuesta tanto aprender una sola lengua y hay tantas lenguas que casi nadie tiene ningún interés en estudiar, y los pocos que lo hacen son lingüistas con un bagaje notable y una motivación casi  sobrehumana. Incluso escuchando a los que hablan varias lenguas es complicado saber, porque al menos una (o puede que varias) nos viene dada desde la infancia, después la dificultad de aprendizaje (al menos para la memorización) no es la misma a los veinte años de edad que a los cincuenta.

Todas las lenguas son muy difíciles. Para los que hablamos español son todas dificilísimas excepto las que son latinas, y en el resto tenemos un punto de apoyo en el nivel de latinización. La latinización léxica afecta a muchas lenguas y cuanta más se dé en una que queramos aprender más ventaja para nosotros. Luego, hasta cierto punto me podría llegar a creer que las lenguas germánicas sean algo más fáciles que las eslavas, pero ni siquiera estoy convencido de eso. Más fácil me parece defender que las lenguas indoeuropeas sean más fáciles de aprender que las del resto de familias. Esto sería lo mismo para un hispanohablante y para un angloparlante, así que el polaco se me caería muy pronto de una lista de las diez lenguas más difíciles en un mundo con seis mil.

Algunos que me leen tienen contacto con el País Vasco y otros saben que el vasco es una lengua difícil. El vasco no es una lengua indoeuropea, lo cual la hace candidata a ser lengua difícil, ahora bien su nivel de latinización es tal (y no sólo lexicamente sino también en aspectos que afectan a su estructura) que aparte de un sistema de formas verbales excesivamente complejo no creo que tenga demasiada dificultad para los hispanohablantes. Más allá de la latinización originaria, la castellanización del léxico es también muy alta. Para los anglosajones no hay tanta ventaja, pero a la hora de aprender hay aspectos que lo hacen sencillo en comparación con otras: se utiliza el alfabeto latino, la ortografía es muy simple, la pronunciación es bastante sencilla con apenas cinco o seis vocales y pocos sonidos que no se den en inglés.

Creo que en Europa se hablan 63 lenguas, de las cuales no son indoeuropeas el finés, el estonio, el húngaro, el vasco y las que hablan los lapones en el norte de Escandinavia. Aparte de las otras no indoeuropeas, creo que la mayoría de las que no son latinas son más difíciles de aprender para un hispanohablante que el vasco. Es cierto que para un angloparlante tanto las latinas como las germánicas serán más fáciles, pero intuyo que el vasco estará en el mismo rango de dificultad que el ruso.

Total, que la primera entrega de la serie es en sí una serie de elucubraciones de entre las cuales, si hablan español, deberían quedarse con dos ideas:

  • Es imposible determinar con objetividad qué lenguas son más difíciles.
  • Para un hispanohablante, las lenguas más fáciles son las latinas. Después las latinizadas (como el vasco y el inglés). Después es posible que las indoeuropeas sean menos difíciles que el resto. Puede que las siguientes más sencillas sean algunas bastante tuneadas como el bahasa. El resto es una carrera de obstáculos en la que si uno no cae al fuego cae al foso de los cocodrilos y es muy difícil saber que es peor.

Y sobre la dificultad del vascuence o euskera, que es mucha si se compara con el catalán o el gallego como suele hacerse y poca si se compara con una lengua humana al azar:

  • El vasco es una lengua curiosa por su origen, pero debido a su evolución es más fácil para el hispanohablante que por lo menos otras cinco mil lenguas del planeta.
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4 Responses to Visto desde otra lengua (1)

  1. patymichel dice:

    Excelente… yo tengo empezada una nota sobre “las dificultades de hablar el mismo idioma”, ¡saludos y felicidades!

  2. […] El segundo encuentro casual fue con un artículo titulado Los insultos en segunda lengua ofenden menos publicado en uno de los blogs de El País y que hice circular entre mis amistades. Por mi experiencia diría que es cierto. Es más, que incluso insultar, blasfemar o cualquier expletivo en una lengua que no es la primera que uno aprende relaja mucho menos que en la nativa. Y eso si lo hace, que yo vivo ya muchos años en el mundo anglosajón y no digo ni fac, ni facof ni faquiú y sigo profiriendo barbaridades hispanas que aquí no puedo ni reproducir. […]

  3. […] la tercera coincidencia (1, 2) de aquella semana de agosto fue que estaba leyendo un libro llamado Through the Language Glass: […]

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