Memoria ajedrecística y número de jugada

William Shinkman, White Rooks, 1910

William Shinkman, White Rooks, 1910

Últimamente la cobertura de los torneos de ajedrez de elite es una maravilla. En mis tiempos uno podía apenas ver unas cuantas partidas en las revistas que se publicaban un mes después de que se celebraran. Ahora en cuanto empiece noviembre podré disfrutar del encuentro por el campeonato del mundo desde casa.

Una de las cosas que me gustan de los torneos modernos son las entrevistas de después de la partida, donde entre otras muchas cosas que los comentaristas ya han mencionado durante el  juego, los protagonistas comentan sus impresiones.

Hay una cosa que me llama la atención de los jugadores de la elite. No sólo recuerdan las jugadas y las secuencias precisas, sino que parecen ser conscientes también del número preciso de cada jugada.

Unos cuantos escalones más abajo recordamos aproximadamente las jugadas, y probablemente fallamos másen posiciones cerradas en las que el orden preciso no es determinante y en los apuros de tiempo, donde las cosas a veces suceden demasiado deprisa como para poder fijarse en la memoria. Puede decirse que recordamos el argumento de la película sin recordar exactamente los diálogos; pero lo del  número de jugada es algo que me llama la atención. Sólo suelo recordar algunos en algunas aperturas que tengo estudiadas, y eso es de tanto haberlos visto. Y luego sí, aproximadamente y con relación a la fase de la partida,  la parte de la planilla en que uno anota  y la distancia con el control de tiempo.

Obviamente esforzarse en eso no va a convertir a nadie en un gran jugador. Recordarlo es probablemente una consecuencia de serlo, pero sin músculo no se puede ser velocista y sin una  memoria fuerte no se  puede ser maestro de ajedrez.

Hace muchos años me llamaba la atención un jugador de mi club, maestro FIDE, que necesitaba un tablero con las coordenadas para poder anotar bien las jugadas. A mí me costaba entender que un jugador de esa fuerza desconociera la notación algebraica, pero eso debe de ser como el músico que toca de oído sin saber leer las notas en el pentagrama. Con más o menos ciencia así jugamos casi todos.

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