Televisión lenta

Hoy me desperté temprano y me he puesto a ver vídeos. Uno que tenía anotado es un recorrido en coche por el fiordo de Fjærland, que está unos doscientos cincuenta kilómetros al norte de Bergen, en Noruega. Noruega es un país al que no tengo pensado ir a no ser que se produzca un cambio revolucionario en las condiciones de la economía mundial. Es una lástima que hacer cualquier cosa allí resulte tan caro, ya que desde Dublín hay vuelos de ida y vuelta por poco más de sesenta euros. De momento nos conformaremos con las cosas que nos lleguen a través de la pantalla. El paisaje del fiordo es entre bonito e impresionante y aunque la banda sonora me parezca mejorable, para gustos los colores.

Precisamente de Noruega proviene (o en Noruega ha florecido) una tendencia reciente, que es el consumo de programas de televisión lenta (o slow TV si sólo quieren usar seis letras). Los programas suelen ser trayectos de viaje, pero también pueden ser otras cosas, como las evoluciones de los peces en un acuario o un leño ardiendo léntamente hasta consumirse (de hecho el leño fue el precursor). No es que estén mal pero hace falta mucho tiempo y por eso la versión timelapse puede resultar más recomendable. Por ejemplo, uno del recorrido del transbordador entre Bergen y Kirkenes. También tengo visto el paso del canal de Panamá.

Volviendo a los recorridos en coche, hace unos días estuve viendo un paseo parecido por Pyongyang (y tengo en mi historial la mácula de haberme comido una ge).

También un sitio bastante interesante por el que no tengo pensado darme una vuelta. Sorprende mucho lo limpio que está todo y la ausencia de vallas publicitarias. Vale que la vida allí será un horror, pero desde luego que no se nota nada.

En esto de la televisión lenta, un proyecto que me gustaría acometer sería dejar una pantalla grande encendida con el recorrido del ferrocarril transiberiano, que está disponible en la red,  los diez días que dura. Sería en invierno y en lugar de ir a la oficina me quedaría trabajando en casa y mirando de cuando en cuando los paisajes de Siberia mientras leo el correo y pongo a hervir los macarrones. Aunque por ese aura mítica del Transiberiano le veo cierto interés a la experiencia real, creo que no me apetecería del todo pasar diez días de mi vida en un tren lleno de borrachos que atraviesa las llanuras heladas. En este caso concreto la televisión lenta me parece un gran sustituto de la realidad.

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One Response to Televisión lenta

  1. […] al museo de Collins Barracks. Me alegré de reencontrarme con la gente de Blackrock. Otros temas: Pyongyang, tsundoku, terrorismo y demografía, lagartijas y art déco en […]

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