Lingua Tertii Imperii

El lenguaje del Tercer Reich

El lenguaje del Tercer Reich

He visto citado el libro de Klemperer en multitud de ocasiones. Para alguien que ha estudiado ciencia política y tiene interés en cosas de lenguas su lectura es obligada. En cambio creo que no había tenido tan buena ocasión hasta que esta semana cayó en mis manos una edición en inglés más o menos reciente (2006; la primera en alemán es de 1947).

Es más o menos notorio que a partir de sus diarios Klemperer dejó constancia de novedosos usos de la lengua alemana que se dieron durante el nazismo (1933-1945) y que estaban destinados a favorecer al partido en el poder y facilitar sus objetivos. Entre dichos usos se incluían eufemismos, neologismos, clichés y nuevos significados para palabras antiguas. En la Wikipedia en inglés hay un glosario que puede servir de introducción a la terminología del periodo nacionalsocialista.

La conexión entre lengua y política es un aspecto que siempre me ha interesado mucho. No estoy muy seguro de que se pueda transformar la realidad mediante meros cambios terminológicos, aunque en la medida en que la pretendida transformación dependa de la voluntad o falta de acción de las masas es posible que ciertos términos más publicitarios o diplomáticos hagan más digeribles ciertos programas y contribuyan de mejor modo a la movilización o aletargamiento de sectores específicos de la población. Se me ocurren muchos ejemplos, pero es mejor reservarlos para entradas específicas.

Al final existe una batalla cultural entre diferentes sectores ideológicos. Tengo la sensación de que en el periodo histórico actual nacionalismos, feminismos y populismos utilizan este recurso de modo más efectivo que otras ideologías, que a los ecologistas no se les da mal del todo y que las ideologías tradicionales basadas en el eje izquierda-derecha no les funciona tanto aunque tienen la ventaja de que utilizan el lenguaje dominante de la sociedad, que como consecuencia podría considerarse el más neutro. Al final, modificar el idioma implica una ambición no sólo de redistribuir el poder sino de redefinir el marco según el cuál se reparte.

Ideas sueltas

Los diarios de Klemperer fueron publicados en 1995 pero las notas en las que se basa LTI están tomadas de los mismos. Aún no los he leído en su integridad pero tienen puntos de contacto con las “Memorias de un alemán” de Sebastian Haffner que leí hace más de una década.

El título del libro me ha hecho volver a preguntarme cuál será la razón por la que, en español, se suele llamar “Tercer Reich” en lugar de “Tercer Imperio” a ese periodo de la Historia alemana. No se hace ni con el Imperio alemán que va desde 1871 a 1918 ni con el antiguo Sacro Imperio Romano Germánico. Otra curiosidad es que en inglés a éste último le quitan lo de “germánico”.

Kemplerer nació en Prusia en un pueblo a orillas del Varta y a pocos kilómetros del “pequeño Berlín” en el que nació otro judío alemán coetáneo suyo cuya biografía me ha interesado: el campeón mundial de ajedrez Emmanuel Lasker. Esta región pasó a formar parte de Polonia en 1918.

13 de enero de 1934: “Nuestro colega el profesor Israel, concejal nacionalsocialista, ha vuelto a adoptar con autorización del ministerio el antiguo apellido de su familia. En el siglo XVI ésta se llamó Oesterhelt, y en Lusacia, ese apellido se fue deformando a través de Uesterhelt, Isterhal (asimismo Isterheil y Osterheil, Istrael e Isser hasta convertirse en Israel”.  En el nacionalismo que yo he conocido, de mucha menor importancia histórica y probablemente menos creativo (y por precisar, más ortográfico que etimológico) sólo he llegado a conocer los casos de Santxez y Gartzia, pero me quería anotar el ejemplo.

El pariente que escribe desde Jerusalén en agosto de 1935 y dice que se encuentra mejor allí que en Tel Aviv donde los judíos sólo quieren estar entre ellos y ser judíos y nada más, mientras que en Jerusalén las cosas son más europeas. Hasta donde sé, hoy por hoy la situación de las dos ciudades es la inversa, siendo Tel Aviv la ciudad abierta y la disputada capital de nadie y ciudad tres veces santa es el reducto de los hebreos ultrarreligiosos. Toda la emigración de tras la guerra mundial y las tres guerras subsiguientes algo habrán tenido que ver, pero sería interesante saber cuándo cambió el carácter de estas dos ciudades.

El perfil de Elsa Glauber, germanista judía y patriota alemana, amiga de Klemperer me recuerda al del rabino Vogelstein de Breslau.

La consideración de qué pudo haber tomado el nacionalsocialismo del sionismo y Hitler de Herzl, así como la influencia que pudo tener que el sionismo fuera una corriente austriaca y no alemana tiene su punto de interés. No es la primera vez en la historia que posturas en apariencia contrarias se retroalimentan. Estaba pensando en la obligatoriedad de que ciertos cargos de las colonias españolas recayeran en funcionarios nacidos en España y cómo eso contribuyó a las revoluciones criollas. También que a la expansión y limpieza étnica nazi en el Este no le siguió una victoria aliada que se caracterizara por el respeto a la multiculturalidad y valores posnacionalistas sino precisamente la expulsión de los alemanes y la configuración de estados nacionales cuya congruencia ciudadanía-nacionalidad era inaudita en la región.

 

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2 Responses to Lingua Tertii Imperii

  1. […] políticas actuales, que pronto pueden cambiar. En parte gracias al Kindle leí bastantes libros: “Lingua tertii imperii” de Klemperer, “La leyenda negra” de Juderías, “El sombrero de tres picos” de Alarcón, […]

  2. […] No he estado en Dresde. Leí hace poco que es muy bonito el trayecto en coche desde Berlín. Me alegro de que la ciudad haya sido reconstruida. Cuando voy a la Galería Nacional de Irlanda, me suelo fijar en dos cuadros en los que Canaletto retrata la Florencia del Elba alrededor de 1750 y si alguna vez paso por Dresde intentaré compararlos con la ciudad actual. Con Vonegutt ya he leído a tres autores que pasaron las noches fatídicas en la capital de Sajonia. Son los otros dos Hauptmann y Klemperer. […]

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