Muralla china

Libro

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A veces cometo el error de adquirir libros sin haberlos hojeado lo suficiente. Hoy he vuelto a uno que compré hace tres o cuatro años pero que se me había quedado en el fondo de una estantería sin haberle hincado yo el diente. Me encapriché en la suposición de que se trataba de una historia de la Gran Muralla de China y estaba esperando encontrarme con mapas y discusiones sobre tipos de ladrillo y estrategia militar que pudiera asociar a mi experiencia de aquel día en Simatai. Sin embargo en The Great Wall: China against the World 1000 BC – AD es el subtítulo el que de verdad da la clave y es la muralla una especie de metáfora del aislacionismo que se extiende a lo largo de la Historia de China que va de Great Wall a Great Firewall.

Así que he leído con mucho interés el primer capítulo, en el que sí se trata la muralla en sí, y luego he saltado muchísimas páginas hasta llegar al último y a la conclusión, que también me han parecido bastante interesantes. Por el medio me he enterado de algún episodio interesante como la misión de Macartney en 1793, que me recordó a las andanzas japonesas de aquel samurai William dónde ya aparecían algunos jesuítas que tuvieron influencia en las primeras ideas que sobre ambas culturas llegaron a Occidente.

¿Sabías que...?

¿Sabías que…?

Centro mi comentario entonces en cosas del primer capítulo, en el que vuelve a aparecer el dato que todo el mundo debería conocer: La muralla china no se ve desde el espacio. Lo interesante es que el falso dato, que según nos cuentan aparece en 1893 (y nos dan como fuente el libro de George Edward Geil The Great Wall of China, que quizá es el que debería haber leído para lo que yo quería, aunque hay referencias anteriores). Más curioso es enterarse de que el falso dato no desapareció de los libros de texto de los escolares chinos hasta el año 2003.

Ya siguiendo con el tema de los falsos datos y los mitos, hay tres que son los mitos fundamentales de la Gran Muralla:

  • Su singularidad: No hay una gran muralla china sino numerosas murallas, construidas en diferentes épocas y en diferentes grados de conservación. Si se observa el mapa con objetividad sería muy difícil defender que todas esas líneas forman “una” cosa.
  • Su función de frontera: No es ni nunca ha sido un límite claro que separara un estado de otro o un tipo de cultura de otra.
  • Su grandeza: Debido a un error de traducción o a un embellecimiento, la expresión china que significa “la larga muralla” (長城, changcheng) se ha convertido en “la gran muralla” en los idiomas europeos.


Otra de las creencias que es posible que también sea errónea es algo que se suele de dar por sentado: que la función de la muralla sea meramente defensiva. Habría que considerar además la posibilidad de que la muralla se plantara más allá de los territorios chinos para apropiarse de los de otros, de modo similar a como Marruecos ha plantado su muro en el Sahara Occidental o Israel el suyo en los territorios palestinos. La suerte de China es la de Roma, que al haber escrito su historia mientras que sus enemigos septentrionales no lo hicieron, pueden llamar “bárbaros” a todos sin necesidad de tener que demostrarlo. No creo yo que la arqueología vaya a resolver esta cuestión por mucho que la autora indique que la ausencia de armas en las tumbas sugiere que los bárbaros norteños no eran pueblos agresivos.

Es también muy interesante cómo durante siglos no se ha hecho caso a la muralla ni dentro ni fuera de China. Muralla que al fin y a cabo es el testimonio de un fracaso debido a su permeabilidad y el alto coste que ha supuesto a los chinos a lo largo de su historia. En cambio, en el siglo XX entre el exoticismo de origen occidental y el nacionalismo chino la dotan de un nuevo simbolismo de elemento poderoso que habría sido muy difícil de hacer comprender a nadie un par de siglos atrás.

Y como en el mundo contemporáneo el modo de convertir piedras en símbolos y pseudohistoria en acción política se llama nacionalismo, aquí tenemos una reflexión de tipo gellneriano para que nadie se quede con la impresión de que sólo tiene cien, doscientos o quinientos años de historia mientras que los chinos tienen cinco mil:

Se puede decir que la nación china nació hace apenas cien años cuando los intelectuales y políticos chinos fueron arrojados de modo violento al sistema moderno de relaciones internacionales que Occidente había construido a su imagen y, viendo cómo su país había sido invadido por extranjeros y desgarrado por las rebeliones internas mientras seguía lastrado por una dinastía reaccionaria y decadente empecinada en continuar con un sistema educativo y ético que no quería tener nada que ver con la ciencia occidental y el mundo moderno, aceptaron la idea de un resurgimiento nacional para rescatar a su país de la amenaza de un inminente derrumbe. Con anterioridad a ese momento los chinos ni siquiera tenían un término único y universal para denominar a China y en cada momento se referían al país  por un nombre que era el de la dinastía que estuviera en el poder. Aunque no se puede discutir que fue poderosa y resistente durante milenios, la idea del imperio chino era mucho más vaga e imprecisa de lo que exigen las rigideces del nacionalismo moderno con sus libros de texto, museos y antepasados en el armario. El imperio era un concepto laxamente definido por procesos lentos de evolución social, económica, política y cultural que comenzaron hace unos diez mil años. La idea fija de una única China con cinco mil años de antigüedad es una ficción del siglo XX.

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