Tulipanes

Bicho raro

República de flores

Esta semana me he enterado de que al directivo del trabajo anterior que vino a despedirnos le ha dado un infarto y me he sentido muy mal por el hombre, que me cayó muy bien cuando le conocí en persona y al que le debo un pedazo importante de mi felicidad cotidiana actual.

Una parte no pequeña de la misma es debida a que mi nuevo empleo está a una distancia razonable de casa y puedo ir caminando en una media horita (también en autobús si lloviera demasiado). Maravillas de la cuadrícula puedo escoger varios caminos para no aburrirme del trayecto.  Llego a la oficina mucho más contento y en mejor forma que en los tiempos del autobus, cuando pintaban espadas. Una de las mayores ventajas del recorrido es que atravieso zonas verdes y ya he visto petirrojos, ardillas y flores antes de encender el ordenador.

En el prado de san Esteban, ahora que se están yendo los narcisos, llevo unos cuantos días fijándome en un grupo de tulipanes morados entre los que hay otro de color rojo. No estoy seguro de si el jardinero lo ha metido aposta entre los otros o si es que se ha equivocado de bulbo. Cosa que dejo dicha en un veinticinco de abril, que era el día los claveles.

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