Tristeza extraña

Mangan

Mangan

James Clarence Mangan es un poeta cuya estatua en Dublín tiene más fotógrafos que lectores sus obras. Un día pasando por delante de la misma me percaté de que el argótico verbo mangar seguramente tiene bastante que ver con llevarse algo escondido en la manga.

La semana pasada, a pocos metros del busto inmortal del autor, me encontré con un billete de cincuenta en el suelo. Al abrirlo vi que envolvía a otro de diez y una inspección más detallada confirma que los billetes anaranjados son dos y que de golpe y porrazo me he encontrado con ciento y diez euros. Nadie cerca. No parece que haya cámara oculta.

Tengo que ampliar el mapa que hice en su día con los lugares dublineses donde me había encontrado dinero para agregar la cartera con más de trescientos euros que se me apareció en Merrion sq en octubre y este último hallazgo. La china de la cartera tuvo la suerte de haberse dejado también las tarjetas y de tener colgado su currículo en internet.

Estas cosas no deberían ocurrirme a mí, estando como está la calle llena de gente que malvive. Ni cien euros ni mil me resuelven la vida y en realidad ni siquiera me la alegran el día, dado que no me compensan por la alteración del orden natural de las cosas. Me quedo unos veinte minutos por los alrededores de la estatua, a la espera de esa persona azorada que deshace el camino andado mirando al suelo con preocupación y como no aparece me acabo yendo más triste y casi igual de pobre o de rico.

2 respuestas a Tristeza extraña

  1. María Ángeles Fernández dice:

    Aplaudo tu gesto, Alfanje. Esa estatua la fotografié hace un mes y la casualidad que está enfocada desde el mismo ángulo que la tuya. Es muy bella, Me gusta St. Stephen Green Park y cuando estoy en Dublín lo visito a diario. Cuando estuve delante de Mangan y fotografiarlo fui a a visitar Ivegh Gardens con ese reloj de sol dentro del laberinto. Bellísimo también ese parque y muy relajante el paseo admirando las estatuas, algunas deterioradas, pero repletas de belleza.Gracias por este bonito artículo en el que para nada debes estar triste sino alegre porque te pusiste en la piel de la persona que había perdido sus euros. Saludos.

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