Por la selva negra

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Acabamos de llegar a casa tras unos pocos días por la Selva Negra, la del sur de Alemania. Los más viejos del lugar se tienen que acordar de la serie aquella de la clínica. Se llama selva negra porque de puro frondosa la luz no alcanza el suelo, pero me temo que también porque como Gladstone intuyó sin ver en la Iliada, en el pasado matizaban menos los colores.

Ha sido un viaje que me ha permitido entrar por vez primera en territorio de la Confederación Helvética (uno menos para mi lista) y ver tres ciudades de tres países que tienen interesantes puntos en común desde el río Rin hasta el color de la piedra de sus catedrales: Basilea, Friburgo de Brisgovia y Estrasburgo. Zona de colisión desde tiempo inmemorial entre las culturas latina y germánica, la que otrora fuera frontera disputadas a muerte es hoy una de las más seguras y permeables.

Problemas fronterizos los de en mis tiempos de información y reservas aéreas, en los que el aeropuerto internacional (en el cual el adjetivo tiene más sentido que en el casi todos los demás) se llamaba tan sólo Basle-Mulhouse. Ahora es de Basilea, Mulhouse y también de Friburgo. Recuerdo que me solían hacer preguntas complicadas sobre los visados para la UE y si se podía entrar o salir del aeropuerto por el lado suizo. Ahora que ya lo he visto en persona no me he aclarado nada: el único agente de fronteras al que enseñamos los pasaportes llevaba uniforme suizo, aunque entramos y salimos por el lado francés del aeropuerto (que está todo en territorio galo pero que tiene una salida hacia Suiza)

Además de las tres grandes poblaciones antes mencionadas pasamos algo de tiempo en Ofemburgo y en Kehl por aquello de las conexiones familiares, que en el caso de la segunda ciudad lo son por triplicado. Y lo más turísticamente interesante: un par de días en el Titisee, que es un lago en las alturas de la Selva Negra, y donde pudimos degustar la tarta topónima por aquello de la metaexperiencia. Allí he descubierto la queja local sobre el origen de los relojes de cuco, injustamente atribuido a Suiza. También oí alguna cosa sobre las diferencias entre Baden y Wútemberg y ahora que hemos llegado a casa me he puesto a investigar cuáles son las conexiones entre los suebos y los suavos.

En el Titisee, como en todos los laguitos, caminar su perímetro y recorrerlo en barco son dos de las principales actividades que pueden llevarse a cabo. El día que bajamos de sus alturas glaciares pasamos por la base de la montaña más alta de la región, el Feldberg adonde subimos en teleférico. Las vistas son espectaculares y deben de serlo más aún en un día totalmente claro.

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2 respuestas a Por la selva negra

  1. […] demasiado tiempo para extenderme voy a poner unas fotos de nuestro reciente paso por la Selva Negra, concretamente del día que subimos al Feldberg que es la montaña más alta de la región […]

  2. […] el mes pasado nos tocó recorrer algo del sur de Alemania, este ha sido el de las vacaciones más largas que vamos a tener este año y nos hemos acercado al […]

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