Con Camba en Londres

El libro de hoy

El libro de hoy

Inglaterra es grande, es fuerte, es rica, es temible, sabe leer y escribir de corrido y está muy vestida; pero le falta el alma. La España pobre, sucia y analfabeta, puede llamarle bárbara. Es un consuelo melancólico.

Aunque quedé algo defraudado tras mi acercamiento a Camba de hace unos meses (1,2) no he podido resistir la tentación de echarle una ojeada a “Londres: impresiones de un español“. Al fin y al cabo, es la capital británica estación por la que uno ha tenido que pasar varias veces. Uno busca conectar la literatura con su biografía, aunque el mayor punto de unión que he encontrado con el gallego ha sido que un día fue a jugar a la pelota a un lugar en el que pasé dos días  (pero con el que me comunico casi a diario) y admiración compartida por el genio de José Raúl Capablanca.

Los artículos están escritos en 2012 y adolecen de la misma perspectiva que los escritos desde Berlín. De hecho, considero que el volumen sobre Alemania es superior. Aquí no hay demasiada alusión al contexto político del momento. Mucho costumbrismo sí y mucho tópico sobre el “carácter nacional”. A mí en general no me agrada demasiado este tipo de anécdota confirmadora del prejucio aunque me cuesta estar en desacuerdo con cualquier cosa que se escriba sobre la insignificancia de la gastronomía en la cultura británica.

En la edición antigua que he consultado hay problemas con la transcripción con las palabras extranjeras, que me invitan a pensar que Camba escribía una hache parecida a la ca y hacía la erre como la ene. También ha habido algunas cosas que no he llegado a entender.

Podría decirse que estos artículos son niebla que oculta el Londres de 1912 que yo quería ver.

Hace algún tiempo se decía que lo mejor de Londres es la niebla.
— ¿Por qué? — preguntaba uno cándidamente
— Pues porque impide ver todo lo demás.

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One Response to Con Camba en Londres

  1. […] una vista decente del Támesis y de un aparcamiento de coches. Esta vez era inevitable imaginarse dónde jugó Julio Camba a la pelota allá por 1912 mientras pensaba en el error de los deportistas. No es que me agrade especialmente venir a trabajar […]

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