Leningrado

Tragedia de una ciudad sitiada

Tragedia de una ciudad sitiada

Anoche acabé el libro de Anna Reid sobre el sitio de Leningrado. Me imagino que habrá descripciones mejores “a vista de pajaro” de las operaciones militares; esta obra entra como un zoom en la vida de los petersburgueses que escribían diarios. Por supuesto ofrece información sobre el desarrollo de la invasión alemana hasta que el cerco se cierra en septiembre de 1941, aunque del mismo modo ese frente informativo se cierra en gran medida durante la mayor parte de los capítulos para pasar a describir otros aspectos, entre los cuales es muy interesante el de la maquinaria del poder soviético y sobre todo el de la vida (y la muerte) en la ciudad.

La séptima de Shostakovich es la banda sonora obligada de esta lectura. Yo la había escuchado muchas veces y sigo sin llegar a entenderla bien, más allá de que reconozco los pasajes inquietantes. Del mismo modo me resulta muy difícil entender el hambre o cómo de difícil es sobrevivir a treinta grados bajo cero con una ración diaria de 250g de pan, para los que además hay que hacer cola. Es difícil entender los cadáveres abandonados por las calles y la masa famélica acudiendo a sus puestos de trabajo, pero sobre todo me resulta absolutamente incomprensible cómo en una situación así todavía hay conferencias, conciertos y exámenes en la universidad. Creo que no podemos entender y que en una situación ni siquiera tan grave todos los que intentamos comprender algo de esto seríamos de los primeros en caer.

En fin, hemos aprendido bastantes cosas de la geografía y la historia de una ciudad que algún día quisiéramos ver con nuestros propios ojos. Es interesante pensar que la iglesia de la Resurrección se salvó de la destrucción paradójicamente a causa del inicio de la guerra. No sabía o no recordaba haber leído que el plan de Hitler era destruir por completo tanto Moscú como Leningrado, aunque por la idea que tengo “plan” sea un modo demasiado generoso de definir los delirios de las sobremesas en la Guarida del Lobo.

La División Azul española aparece en dos breves notas: una a propósito del frío (azul por el color de sus caras) y otra en la que se indica que la defensa de sus posiciones en febrero-marzo del 1943 fue más que decente a pesar de la condescendencia alemana. Se habla una vez de españoles dentro del cerco, pero no de su destino posterior (tengo leído que algunos de los niños de la guerra de España salieron por el “puente” del Ladoga).

En la tradición de la bibliografía inglesa aquí las culpas se reparten entre la brutalidad nazi y la brutalidad soviética. El más malo es Hitler y el segundo Zhdánov. Me pregunto cómo son los libros que se leen en Rusia sobre estos episodios de la Gran Guerra Patria. Me puedo imaginar que sean bastante diferentes.

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