Culturas de honor, dignidad y victimismo

El mes pasado leí un artículo de Jonathan Haidt que me llamó bastante la atención y hace unos días lo he comentado en una charla de bar con amigos de los viejos tiempos. Me ha parecido que era interesante esbozarlo aquí, por si algún día se me olvida la idea principal. Para mí este modelo descriptivo tiene que ver con que gran parte de la actividad política tiene que ver con dar mayor o menor estatus a individuos o grupos. La idea es que esto sucede de diversas maneras dependiendo de si las colectividades sociales son culturas de honor, de dignidad o de victimismo.

Todo esto a propósito de que uno de los contertulios acaba de abandonar el Paquistán tras residir en este complejo país durante unos cuantos años. Traje a colación el concepto de cultura de honor para enmarcar la aparente contradicción entre el sentido exacerbado de la hospitalidad y la brutalidad con la que se castiga a quien no respeta las normas comunales. Meses atrás había leído otro artículo sobre las culturas de honor que daba claves muy interesantes. Sobre todo la de que quien no castiga las ofensas recibidas o percibidas por los demás como tales es considerado vulnerable y sujeto a la amenaza y el uso de la fuerza de otros. Cuando vemos al paquistaní que mata a su propia hija por tener novio creo que en general se nos escapa cómo de susceptible es al qué dirán y a la opinión que otros tengan de él. Las sociedades antiguas eran sociedades de honor y en España ser un cornudo antes estaba peor mirado que en la actualidad. Acaso hoy día el sentido antiguo del honor sólo perviva en grupos específicos como los militares y los gitanos aunque también creo que sería difícil encontrar militares o gitanos como los de antes.

Luego está la cultura de la dignidad, que a mí me parece heredera de los valores de la Ilustración, la Revolución Francesa y las declaraciones de los Derechos Humanos. La dignidad es un atributo inherente a la condición humana que las acciones de otros no pueden detraer. El mundo moderno democrático, liberal y burgués tiene este fundamento. Creo que la mayoría de la población en el mundo occidental se ha quedado aquí o en la transición entre el sentido de honor y el de dignidad, pero lo que está marcando el mundo que políticamente vivimos en los últimos años el tercer elemento del modelo.

Lo último y más reciente es la cultura del victimismo. Al final, la igualdad formal de la democracia liberal no supone una igualdad real acaso ni tan siquiera en las oportunidades. Del análisis histórico y sociológico se deduce que la situación de desventaja de individuos y grupos tiene que ver con situaciones de injusticia padecidas (quizá en el pasado muy remoto) y que se deben corregir. Muchas veces la respuesta de los miembros y grupos privilegiados de la sociedad se plantea también en términos de ser víctima de otros. Este es el mundo de la ¨discriminación positiva¨, el “racismo inverso”, la acción afirmativa, la política identitaria, la politización del lenguaje y la judicialización de casi todo.

Y aquí lo dejo esbozado por si también le sirve a alguien más para repensar el mundo.

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