Luneburgo

Am Sande

Am Sande

En julio estuvimos de vacaciones por el norte de Alemania y ahora que ha llegado el otoño me agrada recordar aquellos días de manga corta. Volamos a Bremen para pasar primero unos días en el Hamburgo veraniego (ya que la anterior vez había pasado tanto frío). De camino a Hanóver hicimos parada en la hanseática ciudad de Luneburgo (Lüneburg).

Es Luneburgo o Lunemburgo una ciudad de unos setenta mil habitantes a orillas del río Ilmenau, afluente del Elba. Es famosa desde antiguo por la sal que producían sus minas y en la actualidad por las landas repletas de brezales que hay en sus alrededores. La mina ya no está operativa aunque queda un museo, los tonos del brezo aportan un valor para la industria aún vigente del turismo.

Como sólo paramos un par de horas en la ciudad no puedo dármelas mucho de listo. Mientras mis jefas tomaban café yo me dediqué a patear las calles y a sentirme fascinado por esos tejados germánicos. Todo lo que vi está en el mismo centro de la ciudad, como muestra este mapa viejo.

Mapa de 1910 con rayas de 2015

Mapa de 1910 con rayas de 2015

Aparcamos el coche cerca de la plaza mayor “Am Sande“. Algo que me llamó la atención es que muchos comercios tenían una sardina de cartón a la puerta. Buen adoquinado. La calle cuyos edificios más gustaron se llamaba Grapengiesserstrasse que creo que quiere decir de los caldereros. En la parte alta de Am Sande está el edificio oscuro de la Cámara de Comercio y de allí en adelante es todo una belleza de balcones y tejados que intentan de suspender la ley de la gravedad.

En otra plaza en la que se celebra un mercado se encuentra el ayuntamiento. En su fachada del ayuntamiento vi una estatua del Emperador de España y Alemania, que es bastante más famoso en el país del sur que en el del norte de Europa. Hay un par de farmacias dignas de mención por la grandeza de los edificios que las albergan. Una tiene como estandarte un unicornio y la otra, que queda cerca del ayuntamiento, un colorido umbral y una estupenda inscripción latina dirigida al Altísimo que indica “que ni las hierbas ni los ungüentos son los sanan sino tus divinas palabras que todo lo curan” (traductio libérrima).

 

 

Aparte de la belleza de los pequeños elementos arquitectónicos y de la interacción de ladrillo y vigas de madera, una peculiaridad de la ciudad que puede y debe verse es la vieja grúa (Alter Kran) que servía para cargar y descargar los barcos de la sal que iban por el Ilmenau. La parte de la ciudad en la que se encuentra es especialmente bonita, gracias a la combinación de viviendas bellas y vistas al río.

Si paramos alguna otra vez a lo mejor intento ver el museo de la sal, o uno que hay sobre Prusia Oriental del que he leído cosas bastante interesantes.

Una respuesta a Luneburgo

  1. […] que ir más y lo sentiré porque me gustaría volver a ese zoo. En ese viaje también conocimos Luneburgo y fuimos a la playa para bañarnos en el Báltico, plagado de medusas. Me gusta mucho Alemania y un […]

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