Lo de la fábrica de la Guinness, su museo y su mirador

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Se ve el pincho llamado “The Spire”

Además de la cena de Navidad hemos tenido otro acto social del trabajo, esta vez sólo para nuestro departamento, y el jueves pasado fuimos a comer a un restaurante que hay en el museo de la fábrica de la cerveza Guinness, que no queda lejos de nuestra oficina en el privilegiado barrio de Las Libertades.

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Instalaciones de la fábrica y bus turístico

De hecho hay días de un intenso olor a levadura que me trasladan a la infancia. Una de mis conversaciones habituales surge por iniciativa de desconocidos que me preguntan por indicaciones para llegar a este punto de interés turístico cuando salgo a comprarme el almuerzo. La entrada está un poco escondida y el complejo cervecero es grandote tirando a gigantesco.

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Un jueves cualquiera de diciembre

Estuve en el museo en el año 2000 con una chica mexicana que vivía en Amsterdam y que se llamaba Rosalía. Era amiga de una francesa con la que yo compartía casa por aquel entonces. Creo que pagamos cuatro libras irlandesas por la entrada, que hoy serían cinco euros. Luego por el año 2002-2003 hicieron unas reformas y pusieron un mirador con vistas a toda la ciudad y el precio de la entrada ascendió vertiginosamente hasta los 18 euros que creo que cuesta hoy. Me parece que además la pinta de cerveza que te daban antes (y que por sí sola justificaba la entrada) se ha visto reducida a media pinta.

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Ciudad gris

Por lo que recuerdo de mi paso por el sitio hace quince años, había una parte dedicada a explicar el proceso de elaboración de la cerveza y luego otra en el que ponían un montón de publicidad antigua de la marca, además de algunas estatuas de plástico con las que hacerse fotos graciosas. Nunca he entendido la fascinación por los museos de bebidas alcohólicas (cuando viví en Holanda era muy parecido lo del museo Heineken en Amsterdam). Es decir, que entiendo perfectamente que a uno le pueda mucho gustar beber alcohol sin que le interese nada saber cómo se elabora. La parte de la publicidad me pareció bastante mejor que los vídeos que explicaban como tostar la cebada o como fabricar un barril, pero esa es otra, al final les estás pagando por dejarte ver su publicidad. En general siempre he desaconsejado a la gente acercarse a lo que considero una trampa para turistas que, según parece, es la atracción turística número uno de Dublín.

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Pimplando

La comida del restaurante me pareció cara para lo que era (y eso que pagaba la empresa) además de que la carta no era demasiado variada, quizá por estar limitada a platos en los que puedan utilizar su cerveza o que combinen bien con ella. Incluso la pinta de cerveza estaba a 5 libras, más cara que en muchos tugurios dublineses. Al final para comer ahí hay que dejarse 25 ó 30 euros así que no lo recomiendo nada.

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Montañas de Wicklow. En diciembre a eso de las cuatro ya está anocheciendo en Dublín

Antes de salir a mi jefe se le ocurrió que subiéramos al Gravity Bar, que es el sitio en el que está el mirador sobre la ciudad. Cuando intentando aconsejar a turistas en contra de su propósito inicial de acercarse a este museo he solido decir que por muy bien que esté el mirador, al final Dublín no es Ciudad del Cabo ni Río de Janeiro. No sé si lo que hicimos (subir al bar este del mirador sin pagar la entrada del museo) está permitido o no. Sí sé que si uno puede subir al restaurante en el que estuvimos sin pagar la entrada del museo, así que puede ser que para el Gravity Bar sea lo mismo. Al final también es un punto en el que te pueden sacar dinero por echar una cerveza.

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Un millón de libros, pero no es aquí

El mirador me pareció bastante mejor de lo que había imaginado y eso que creo que había visto fotos del sitio con anterioridad. También me imagino que en días nublados o lluviosos, que en Dublín son muchos, puede parecer bastante peor.

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Brutalismo industrial

Lo que puede ser bastante interesante es subir al Gravity Bar sin pagar entrada. Incluso estoy dudando si no podríamos habernos metido hasta en el museo. Lo malo que puede tener este bar de planta circular es que si en un triste jueves de diciembre estaba relativamente lleno puede ser que haya días del verano en los que no se pueda dar ni un paso, ni disfrutar de la cerveza ni apropiarse de algo de espacio en los cristales para ver algo del panorama de la ciudad.

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Dale que te pego

En septiembre salió una noticia de que a Guinness Storehouse, que es como se llama este complejo , lo habían nombrado la mejor atracción turística de Europa por delante de la torre Eiffel, la Sagrada Familia, la Acrópolis y el Coliseo de Roma. Me pregunto si el premio lo daba una asociación de fabricantes de cerveza.

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Allende el río, en lontananza, el Phoenix Park

Los irlandeses son como todo el mundo y otorgan credibilidad a este tipo de noticias ridículas. A mí me da una mezcla de pena y vergüenza contradecirles, entre otras cosas porque cuando vivía en Guipúzcoa solía leer el Diario Vasco cuyo leit-motiv es básicamente este tipo de aldeanismo.

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Por aquí sin saltar se va a nuestra oficina

La ausencia de todo sentido de urbanismo es una característica básica para entender la psique nacional irlandesa y su proceso político. En cualquier otro país habría habido planes para sacar esta industria fuera del casco urbano que aquí brillan por su ausencia.

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La industria favorita del país

Una de las tipicas tonterías dublinesas es la discusión sobre en qué sitio ponen la mejor pinta de Guinness, que básicamente es la misma en todas partes. Entre los candidatos suelen estar los grifos de la propia fábrica y los pubs de los alrededores. Sí que voy a decir que es una bebida que sabe mejor cuanto menos a menudo se toma. Yo hace muchos siglos que no la cato, así que puede que la próxima sea espectacular.

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Lo siento, rubita, tengo que marcharme

6 respuestas a Lo de la fábrica de la Guinness, su museo y su mirador

  1. Un texto cargado de ironía crítica. Un saludo.

  2. […] En Thomas st he visto a los de atestados haciendo el papeleo de dos coches cutres que se habían chocado. Luego he pagado cuatro euros por un bocadillo infame. He perdido la cuenta de los negocios cerrados y los edificios en ruina. Será que la alegría la exportan en barriles, pero creo que hay mucha tristeza por los alrededores de la fábrica de la Guinness. […]

  3. […] Ayer fui caminando hasta el Phoenix Park y hoy voy a enseñar unas pocas fotos de mi safari. El primer lugar en el que paré está frente al Museo Nacional (sección Artes Decorativas) en los antiguos cuarteles que aún se conocen como Collins Barracks (por el famoso Michael Collins). Frente al museo y la parada homónima del tranvía hay un fantástico terreno urbanizable que se llama “Croppy Acre” o “Croppies Acre” y probablemente no se le da un mejor uso debido a los clásicos tabúes relacionados con la muerte. Hay quien cree que aquí enterraron a los croppy boys de la rebelión de 1798, pero a saber. Es una especie de parque que permanece cerrado casi todo el tiempo y los yonquis utilizan una especie de monumento que hay en su centro para chutarse a placer. Ya he dicho mil veces que la absoluta falta de sentido urbanístico define la gran mayoría de las políticas públicas en estea ciudad. He parado más que nada porque me he dado cuenta de que desde aquí se ve bien el mirador de la Guinness donde estuvimos el otro día. […]

  4. […] Están siendo estos los días más fríos del invierno, pero no me quejo ya que apenas llueve. Algo de aguanieve en la ciudad y dicen que estos días ha nevado en Wicklow y en Arabia Saudí. Hemos salido de casa (porque hay que moverse y por la comida japonesa) llegando tan sólo hasta el museo de Collins Barracks. Es un sitio al que deberíamos venir más a menudo. Desde una ventana se veía bien la extensión del Croppy Acre y al fondo la fábrica de la Guinness. […]

  5. […] ver con una película que también vimos en su día. El caso es que la Guinness de la cerveza, cuyo museo es uno de las atracciones turísticas de Dublín se encuentra en St James Gate, que así suele […]

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