Todo se desmorona

Portadas de dos ediciones

Portadas de dos ediciones

Hoy que ha hecho un día de bastante mal tiempo hasta para Irlanda me he podido leer la famosa novela de Chinua AchebeThings Fall Apart (1959), que se tradujo al español como Todo se desmorona. Como aquí hablamos mucho de Irlanda diremos que el título original proviene de un poema de Yeats. Hace años que quería leer esta novela. No sé cuantos, pero he encontrado un correo de 2010 escrito a un amigo en el que le digo que ya hace mucho tiempo que quiero hincarle el diente. Esto venía de que él me había enviado un enlace a una presentación de Chimamanda Adichie en la que escritora, también nigeriana, hablaba del peligro de la falta de diversidad en la narrativa. Como también en el mundo hispánico abusamos de nuestros clichés me ha costado horrores separar la trágica historia del protagonísta Okonkwo de la tragicómica odisea de Yogurtu Mghé.

Hace años oí a otro escritor creo que africano en un programa de radio la BBC. Le daban un minuto para proponer una idea para mejorar el mundo y dijo que si cada persona leyese tres novelas al año escritas por gentes de otras culturas el mundo sería un lugar mejor. Hasta hoy no se me había ocurrido relacionarlo con la conexión que Pinker establece entre ficción y empatía (y consiguientemente con la reducción de la violencia).

Se considera que la novela de Achebe es la primera novela africana internacional, escrita en inglés y para un público amplio. Lo del inglés es relativo y conviene tener a mano el glosario que aparece en las últimas páginas. No sé cuántas páginas tiene porque la he leído en un Kindle pero aseguro que se puede leer en una tarde. La novela se sitúa en la última década del siglo XIX y más allá de las tribulaciones de los personajes el tema principal es un mundo viejo que recibe los primeros avisos de su próxima extinción. A mí me parece que la llegada de unos extranjeros es el catalizador más que la causa del declive o del final de la estructura tribal y que incluso sin colonialismo tarde o temprano África habría tenido que pasar de los clanes a los estados, que habrían sido otros diferentes, pero esto ya es mi propia ficción histórica.

La nvela se desarrolla en pueblos ficticios de la zona Ibo o Igbo de Nigeria

La nvela se desarrolla en pueblos ficticios de la zona Ibo o Igbo de Nigeria

Tenemos entonces a un escritor nigeriano (y en parte a su pesar, ya que después se alineó con el separatismo de Biafra) haciendo novela sobre el periodo precolonial y colonial que también es prenigeriano. La defensa que se hace de la civilización africana es que está más estructurada de lo que los europeos dan a entender con su narrativa única. A mí, por mucho que me quieran contar, todas esas salvajadas y brujerías me parecen legitimadoras de los intentos civilizadores europeos y si el propósito de la novela es decir que África no estaba tan mal, para mí no lo consigue.

Incluso alguien que no es amigo de la religión ve que el paso del animismo de los pequeños dioses presentes que exigen sacrificios inmediatos al monoteísmo del dios único y distante es un paso positivo. Me parece maravilloso que haya un montón de voces en muchas lenguas y que no se caiga en la tiranía del estereotipo, pero al final la civilización sólo es una y muchas prácticas que existieron en territorios luego colonizados por los europeos incompatibles con la misma.

Desde que a mediados del año pasado Grecia dejó de importarle a mis amigos izquierdistas del Facebook, el centro de su preocupación internacional se trasladó de la ribera sur al mar Mediterráneo propiamente dicho y a las pateras de sirios y otros que se hacen pasar por sirios e intentan llegar a Europa. Muchos declaran que se avergüenzan de ser europeos. No entiendo muy bien que vergüenza ni orgullo en ser lo que uno es cuando no se puede ser otra cosa, pero me pregunto si se podría estar más orgulloso de ser africano, siendo África lo que es. O del mundo islámico. O de la propia Siria. La Antártida.

En el campo de las pequeñas cosas hemos descubierto que las conchas llamadas cauríes, que se utilizan como dinero, ostentan el hermoso nombre científico de Monetaria moneta. Para hablar en español del palm wine que en la novela aparece en casi todo momento no hace falta recurrir a la traducción por separado de ambas palabras inglesas: esta bebida blancuzca que se produce a partir de la savia de ciertas palmeras se llama tuba en México y Filipinas. La omnipresencia del ñame y el fufu me han recordado las habilidades culinarias de quellos hermanos de Ghana con los que viví hace ya tantos años.

En el campo de las cosas grandes África sigue muy lejos de mi entendimiento y me temo que no he avanzado mucho con esta novela que sí que me ha gustado leer.

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