El ejército de terracota

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El ejército de terracota del primer emperador de China es una de las cosas del mundo sobre las que debería saber más de lo que sé. No es sólo que estuvimos viéndolo allí en Xi’an hace ya tantos años, es que incluso otra vez fuimos a Londres de fin de semana con la excusa de una exposición del Museo Británico sobre el particular.

Total, que hará tres o cuatro años me dio por comprar un libro que no he leído hasta ahora. No sé si antes o después tuve otro que me gustó mucho por sus ilustraciones, pero que en cuanto empecé a hojearlo y vi que hablaba de profecías raras y cosas medio paranormales pasé de leer. Respecto al que tratamos hoy, The Terracotta Army: China’s First Emperor and the Birth of a Nation, resulta que yo ya había leído un libro del mismo autor, de John Man, que trataba de la historia del alfabeto. Me quedé muy impactado por cuánto ignoraba sobre algo como las letras, que utilizo a diario y me pareció que seguramente este hombre podría ayudarme también a aprender algo de China o si no, al menos, del modelado de arcilla.

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Creo que a estas alturas de la película poca gente leída habrá que no sepa que en la antigua capital de Xi’an apareció allá por 1974 y más o menos por azar un ejército de figuras de terracota que habían permanecido más de dos milenios bajo tierra y que constituían el séquito del primer emperador -Qin Shi Huang- en su entierro.

La tumba que debe de estar debajo del monte Li no se ha excavado aún y se cree que puede contener tesoros maravillosos, pero no se sabe cuándo creeran los chinos que están listos para esta proeza. Recuerdo subir al monte aquel donde paramos antes de ir al museo sin ser consciente de nada ni entender qué era lo que había que ver allí. Si vivimos lo suficiente quizá podamos descubrir si lo que escribió el gran historiador Sima Qian sobre los ríos de mercurio y esas cosas era cierto. En el libro, John Man propone cubrir la montaña entera para proteger su contenido, pero la estructura tendría que abarcar 0,5 x 1,5 km o algo así…

Sima Qian es la fuente de todo lo que se cree saber, pero escribió un siglo después del primer emperador. Por desgracia no me he enterado muy bien de las intrigas que se dieron antes de su accesión y durante su reinado, pero la China de hace veintidós siglos ya era bastante bizantina en lo palaciego. Después de quince años en esta historia apenas recuerdo el nombre del emperador y olvido todos los demás, pero se encuentra uno con todo lo chespiriano que sepueda imaginar: hijos bastardos, conjuras, cuernos, ambición desmedida, traición, venganza, crimen, lo cual viene a indicar que la gente es gente igual aquí que en China.

La parte histórica sobre el período de los reinos combatientes, la efímera dinastía Qin y sus crímenes me ha quedado bastante oscura en la mente, dada mi falta de base, pero me ha parecido interesante volver a la tensión entre legalismo y confucianismo y cómo la imagen de Qin Shi Huang ha ido variando en función del tipo de “memoria histórica” dominante en cada momento. (Simplificando: para los fansde Confucio era malísimo; para la maquiavélica Banda de los Cuatro, lo más grande, y así.)

Ya en tiempos más cercanos, la historia del hallazgo es muy interesante como suelen serlo todos las que tienen tesoros como objeto. La frustración de los hermanos que buscaban un pozo y el miedo del arqueólogo local que temía que barbaridades del estilo de las de la entonces aún reciente Revolución Cultural pudieran tocarle en desgracia. El cómo empezó aquella industria turística y en lo que se ha convertido. Un caso curioso que aparece en detalle y que no había leído con anterioridad es el del empleado del museo que se confabuló con otro para robar una cabeza de estatua y venderla en Hong Kong. Con el poder político chino pocas bromas: condenado a pena de muerte y ejecutado. Otro que quiso hacer parecido después, cadena perpetua.

Conclusión: Hoy en día hay muchísimos libros y materiales para conocer esta grandiosidad y puede que sean más recomendables que la visita al museo en el que se encuentran las estatuas, en donde uno las ve desde lejos a pesar de llevar recorridos muchos dólares de distancia. Por otra parte, para quienes no conocemos la cultura china en profundidad también los límites del aprendizaje  siguen siendo grandiosos.

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