De Bray a Greystones por los acantilados

El fin de semana pasado he hecho por segunda vez un recorrido que es uno de esos que se recomiendan para hacer senderismo en Irlanda: de Bray a Greystones por los acantilados, una ruta plana que va por encima del ferrocarril. La otra vez que lo hice fue, creo, en junio del 2000, acompañado de nuestro embajador del lejano oriente. Me ha parecido que desde entonces han arreglado el camino bastante, ya que creo recordar que antaño pisaba uno más pedruscos y ahora hay muchos tramos de pista de cemento y mucha valla protectora.

Bray desde el inicio del camino

Bray desde el inicio del camino

Dice el inefable Gugle que la ruta desde la estación de Bray son 8,3 km. y debería llevar unas dos horas. Algo así es lo que tardamos. Primero hay que atravesar todo el paseo marítimo de Bray, población unos 20 km al sur de Dublín y que se considera parte de su extrarradio aunque ya forme parte de otro condado (Wicklow). A mí es un sitio que nunca me ha gustado demasiado, tan abierto al mar y a los golpes de viento. Es el típico resort victoriano que vio días mejores y ha caído en desgracia: un Blackpool, un Llandudno o un Margate. El pésimo estado de los inmuebles hosteleros atestigua el pasado glorioso y la decadencia actual, hija de los vuelos chárter por cuatro duros al Mediterráneo.

Howth tras toda la bahía de Dublín

Howth tras toda la bahía de Dublín

Eso sí, a mediados del siglo XIX sería la monda lironda dejar el ajetreo dublinés para acercarse a pasar el verano en Bray. La línea hacia el sur se inauguró en 1834, más de una década antes de que hubiera ningún tren en España (ni el Barcelona-Mataró de 1848 ni el cubano de 1837). Llegaba sólo hasta Kingstown, que hoy se llama Dun Laoghaire. Los túneles y la vía por encima de la que pasamos se construyeron en años siguientes y entraron en funcionamiento en 1855. El desarrollo tardío del ferrocarril es una de las historias tristes de España y el desmantelamiento a lo largo del siglo XX de una red bastante extensa y más que decente una historia triste de Irlanda.

Greystones desde los acantilados

Greystones desde los acantilados

Por lo demás, el camino no tiene demasiados sobresaltos. Con suerte podría encontrarse uno algo más que ortigas y helechos y alguna gaviota o alca suelta. En llegando a Greystones uno percibe la renovada burbuja inmobiliaria en ciernes. El puerto en el que la población terminaba hace apenas tres años se encuentra en estado de urbanización inminente. Nunca he entendido la fascinación de las clases altas dublinesas por este lugar. El paseo entre los dos pueblos en uno u otro sentido debe intentarse cuando menos amenace lluvia pues no hay donde resguardarse. La ida y vuelta no parece tener sentido y es mejor regresar en tren.

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