Segundas partes

En agosto de 2014 una reclutadora de una de esas compañías de Internet que todos conocéis y en la que la probabilidad de que tengáis cuenta es elevada me escribió un correo para ver si podíamos hablar de un puesto que había disponible en su empresa y que era muy similar al que yo andaba desempeñando en aquel momento.

Ahora no estoy muy seguro de si fue que yo había enviado mi currículum respondiendo a un anuncio o si ella me encontró porque me había dado de alta en varias páginas de búsqueda de empleo. Todo porque unas semanas antes nos habían informado de que hacia finales de año nos echarían a bastantes del sitio en el que por entonces trabajaba.

El caso es que yo respondí: me encantaría hablar y me viene bien cualquier día a tales horas y muy atentamente espero sus noticias y estuve algún tiempo aguardando respuesta pero jamás la tuve ni volví a saber nada de ella. Tampoco me dio por ser yo quien retomara el contacto, ya que aparecer necesitado no suele ser buena estrategia para conseguir ni trabajo ni nada. A la postre, si de verdad le necesitan a uno para algo ya le llamarán y si no llaman o bien han encontrado a alguien mejor o ese puesto finalmente no va a existir o lo que sea. Siempre parece mal que no te llamen ellos, aunque sea para decir que no, pero a veces eso es que tampoco ellos se quieren cerrar la puerta del todo ya que algunos puestos dependen de que se apruebe un presupuesto que no se sabe cuándo va a estar disponible y cosas así. Lo dicho: al final, nunca supe qué pasó.

Meses después supe que una jefa que tuve hace ocho años y tres empresas estaba trabajando allí de mánayer importante y pensé que quizá ella me había bloqueado. No me llevaba mal con ella, pero tampoco conectábamos especialmente, así que no sé. Cuando uno tiene algo no piensa demasiado en otras cosas bastante parecidas que podría tener en vez de la que tiene.

Hoy me ha vuelto a escribir otro reclutador de la misma casa. Lo curioso es que ha sido ofreciendo la descripción de un empleo como de programador que no tiene nada que ver con lo que yo hago. El correo iba dirigido a mi cuenta y a otra que debe de ser de una persona que tiene mi mismo nombre y primer apellido, ya que la cuenta era nombre.apellido@correoraro.com. Es mi nombre y apellido en un servidor de correo que yo ni conocía, pero la cuenta no es mía. En realidad el correo iba a esa cuenta que no es mía y la que sí es mía estaba en copia.

Como veo que tienen liada su base de datos me ha parecido graciosa la idea de que la otra vez, la reclutadora respondiera a mi homónimo y que éste simplemente no le contestara y que esa fuera la causa por la que el asunto no progresó.

Tiene más gracia si se piensa que se trata de una de las redes sociales famosas, que precisamente deberían facilitar el contacto entre personas.

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