Croke Park revisited

Mi plan para el sábado era quedarme en casa a resguardo de la lluvia y del frío e interrumpir mis lecturas sólo con el seguimiento guasapero de los derroteros de mi club de ajedrez de toda la vida, hoy en horas algo más bajas. Pero se presentó mi buen amigo Carlos con entradas para el hurling y el fútbol gaélico en Croke Park y me pareció una buena idea volver, después de tantos años.

No es que tenga ningún interés especial ni conocimientos de ninguno de estos deportes, pero realmente no hay que saber demasiado. Al final hay unas porterías y los que metan más goles ganan, y el dominio territorial y quién muestra superioridad física son análogos a los del resto de los deportes, sobre todo al fútbol, así que puedo decir que sé más de esto que de rugby.

Lo de vivir los colores y tal es lo que no. El partido de hurling enfrentaba a Dublín con Waterford y el de fútbol a Dublín con Mayo, que son campeón y finalista respectivamente del torneo del año pasado, así que se supone que buen partido. Los de la capital fueron superiores y vencieron en ambos lances. Dada la demografía de la isla esto debería ser lo habitual, sin embargo ha habido rachas de muchísimos años en las que Dublín no se ha comido una rosquilla en nada, porque esto es un poco como el deporte rural en el País Vasco, que tiene mucho más empaque en el retropaís en el que no hay demasiadas opciones de ocio que en las ciudades.

El gran Carlos y yo nos ponemos allí a hablar de nuestras movidas haciendo caso tangencial al espectáculo, pero he de decir que esta vez el fútbol gaélico me ha gustado bastante más que las veces anteriores. Hubo varias tanganas, y noté que el árbitro no fue tan expeditivo como creo que lo habría sido en la variedad internacional y pudo verse un partido algo más competitivo y fácil de seguir que en el hurling, donde entre que la bola es pequeña y se mueve rápido de un lado a otro del campo es más complicado saber qué está pasando y quién domina.

Lo único malo fue que hacía bastante fresquito y menos mal que las entradas eran de tribuna y podía uno entrar a un bar que había en esa zona del estadio. A pesar de que hace años que no bebo alcohol (es un decir), mi abstención es como las dietas de otras y se me ocurrió echar una pinta de negra gaznate abajo para combatir el frío, que suele ser mala idea a medio plazo. Tres horas sentados a cuatro grados y con viento, aunque sea a cubierto de la lluvia, son algo a lo que uno ya no está acostumbrado, pero las rodillas entumecidas no son nada que no pueda resolver el camino de regreso apresurado a casa y una buena ducha caliente.

Reflexión: Algo como el fútbol gaélico podría ser tranquilamente un deporte mundial, si no hubiera otros ocupando ya su nicho. De hecho, poder tocar el balón con pies y manos parece una solución más próxima al estado de naturaleza. Obviamente quedará relegado a Irlanda donde es interesante la cantidad de gente y dinero que mueve, especialmente en los condados rurales. Ayer leímos que tan sólo en el catering del estadio trabajan unas 300 personas. Esto debe de ser cuando se llena el aforo de 80.000 plazas, quizá ayer fueran menos (calculo que habría unos 30.000 espectadores). Por lo general, los extranjeros que vivimos en Irlanda somos totalmente ajenos a este mundillo pero en la tribuna oí a dos grupos separados que hablaban español.

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