El último del edificio

Aravind Adiga, “Last Man in Tower” (2011)

Ayer me leí de un tirón la segunda novela de Aravind Adiga, Last Man in Tower (2011), que veo que ¿aún? no ha sido traducida al español y que creo que podría serlo del modo en que intitulo esta entrada. La razón de la elección de este lector, poco aficionado a la ficción, es que la anterior novela del mismo autor me gustó mucho y creo que puedo aspirar a ser el mayor experto en Adiga de mi barrio.

No nos engañemos: en ésta la trama me ha parecido más floja. Ahora bien, uno lee a autores que provienen de lugares exóticos con ciertas intenciones que aunque modestas están bien definidas. Quisiera entender un poco qué es la India, más allá de lo que las estadísticas dejan entrever y esto es algo que hasta cierto punto se consigue a través de la literatura.

La convención por la cual la importación bruta de extranjerismos es muy aceptable en lengua inglesa me permite el entretenimiento de buscar términos angloindostaníes en los diccionarios, a veces porque son esenciales para la comprensión y otras por puro capricho. Ahora bien, lo que lexicográficamente es una deleite gramaticalmente es un castigo en cierto sentido. Muchas veces aspira uno a mejorar su fluidez por contacto: las expresiones y las formas se le van pegando de modo inconsciente. Esto trataría de evitarlo con dialectos exóticos y mi sistema es leer deprisa, como buscando las claves. Así me acabo una novela de estas de cuatrocientas páginas en cuatro horas. No me preguntéis como se llamaba el hijo de la vecina activista que la vida no me da para más.

Por lo demás. La India es muy grande y la acción se circunscribe a una zona concreta de Bombay que no es el centro Churchgate ni el famoso Dharavi. Me di cuenta de que la legislación sobre la propiedad horizontal tiene aspectos similares en varias zonas que pertenecieron al imperio británico y que en la India o al menos en Maharastra, está más desarrollada que en Irlanda.

El tigre blanco tenía como base Delhi pero acababa en Bangalore. La leí en tiempos en que trabajaba a diario con gente de esa ciudad de los call-centers. En esta novela de Bombay se menciona Puné como destino de escape.

-“¿Por qué querría nadie vivir hoy en día en Bombay?”- El señor Puri increpó a su esposa. -“Vámonos a un lugar civilizado como Puné. A algún sitio al que no lleguen diez mil mendigos en tren cada mañana. Estoy harto de esta ciudad, harto de esta carrera de ratas.”
-“Lo que hay que hacer en una carrera de ratas es ganarla. No escapar.”
-“Un lugar civilizado. Puné es civilizada. Nagpur también.”

La historia va de que unos constructores hacen una oferta a los dueños de un edificio y todos quieren vender menos uno. Aquí en gran medida ya no hay oriente ni occidente que valga. Me temo que en cualquier sitio del mundo que uno se ponga a mirar las comunidades de copropietarios son y serán una puta bomba.

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One Response to El último del edificio

  1. […] mismo que dije con la última novela que leí, también podría ser el mayor experto en la obra de Åsne Seierstad de mi calle. […]

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