Una incineradora

Planta incineradora más estilizada de lo que uno pensaría

Hace unas semanas vinieron los abuelos de visita y por echarle una mano al viejo en sus diez o veinte mil pasos diarios me lo llevé de paseo por la zona portuaria hasta sórdidos desiertos postindustriales. Hacía bastantes años que no me acercaba a las chimeneas de Poolbeg y creo que es el modo en que la peste de la depuradora se me quedó grabado en la memoria olfativa la última vez lo que me ha impedido volver hasta ahora. Al menos en esta ocasión no hedía como la anterior. Luego, de entre todas las cosas del mundo, a mi señor padre le pareció una buena idea que le hiciera una foto frente a una incineradora nueva y reluciente que, tras años construyéndose, dentro de unas pocas semanas iniciará su labor. Es fascinante el modo en que el mundo mecánico fascina a los hombres de la generación anterior: mirar las zanjas de las obras desde las vallas, los vagones de los trenes acoplándose, una fábrica de cualquier cosa trabajando a pleno rendimiento y una incineradora por qué no.

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